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Posts Tagged ‘Teología’

No es el primer libro de entrevista al que se presta Joseph Ratzinger. Hace años se lo hizo posible a Messori, conocido periodista católico ultraconservador. Ahora ha dado otra entrevista de la que se ha adelantado, por el periódico vaticano, algunos de sus contenidos con más gancho.

Lo que se está haciendo con la entrevista en forma de libro a Benedicto XVI es una magnífica campaña publicitaria para que algo bastante previsible y que se puede resumir en la tesis ‘sed buenos y obedecedme’ pueda hacerse merecedor de los euros que cuesta, incluso para los más devotos, es dar un poco de novedad, algo de picante que ocupará muy pocos en el libro y que será reproducido hasta la saciedad. El Papa ha admitido que es bueno usar el preservativo en determinados casos y ya tenemos toda la campaña publicitaria a pleno rendimiento.

Dos observaciones finales. La primera es que yo, personalmente, no necesito que Benedicto XVI me dé orientaciones en materia moral; habrá quienes lo valoren pero me extraña tanto entusiasmo por las palabras papales cuando la sociedad española desde hace décadas tiene absolutamente incorporada las técnicas preservativas y anticonceptivas.

La segunda es que técnicamente estas palabras del Papa no forman parte de lo que se llama ‘magisterio pontificio’ pues siempre se puede decir que lo dijo a título personal y que no lo hizo ni en una celebración litúrgica, ni en un texto de carácter netamente doctrina como es una encíclica.

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“Europa debe abrirse a Dios, salir a su encuentro sin miedo […]”

(Benedicto XVI, 6/XI/2010)

“Juan Pablo II [y su sucesor] acusa a la moral que surge de la Ilustración de ser exclusivamente subjetiva, de depender de la mera voluntad, de ser susceptible de doblegarse a las presiones de los que detentan el poder, a diferencia de la moral cristiana, que es inmutable porque se fundamenta objetivamente en la palabra de Dios. Sin embargo, podemos preguntarnos si esa objetividad es real, ya que nadie puede atribuirse estar en contacto directo con Dios, y los hombres se ven obligados a aceptar intermediarios acreditados por instancias puramente humanas, profetas y teólogos que pretenden conocer el designio divino. La ortodoxia de una religión depende de un grupo de hombres que nos ha legado una tradición.”

(T. Todorov, El espíritu de la Ilustración, p. 37-38)

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El tema de la ordenación sacerdotal de mujeres dentro de la Iglesia Católica estriba en la cuestión de si el hecho de que la ordenación sólo sea conferida a varones es una norma jurídica puramente eclesiástica o bien pertenece al núcleo dogmático indisponible. La verdad es que ahora no me gustaría hablar de esta cuestión, sino de otra cercana pero sensiblemente diferente.

Ser cardenal de la Iglesia Romana no tiene nada que ver con el sacramento del orden, por más que normalmente todos los que son nombrados cardenales son obispos o sacerdotes que son ordenados obispos a raíz de su nombramiento cardenalicio. Hay numerosos precedentes de seglares que han sido cardenales y no recibieron ninguna de las órdenes sacramentales.

Pero hay unanimidad en reconocer que el cardenalato es una institución jurídica, no religiosa, que solamente confiere el derecho a ser elector del nuevo obispo de Roma cuando hay ‘Sede Vacante’, siempre que se sea menor de ochenta años según las normas vigentes.

Dado que el cardenalato nada tiene que ver con el sacramento del orden y que, por tanto, está fuera de la polémica sobre la relación entre sexo y sacramento del orden, me sorprende que no se plantee más a menudo la cuestión de que haya mujeres que a las que les sea conferida la dignidad cardenalicia, ya que las normas que lo impiden son puramente positivas, como es la propia institución del Cardenalato’.

Al no haber ningún impedimento teológico, ni para la interpretación más estrecha, el hecho de que las mujeres no puedan ser cardenales manifiesta a las claras que, contra muchas manifestaciones, a la jerarquía católica no quiere que haya mujeres en los ‘lugares sensibles’ de la Iglesia Católica, como son los cónclaves.

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Una de las características más peculiares de la Iglesia Católica desde finales de los años setenta, coincidiendo con el inicio del Pontificado de Juan Pablo II, ha sido la proliferación de los movimientos católicos, una novedad histórica dentro de la Iglesia Católica.

Estos movimientos tuvieron sus antecedentes en determinados intentos, por parte de la jerarquía católica, de tener organizaciones de masa, paralelas a las organizaciones de masa de tendencia izquierdista. Más tarde se vio que eran una buena forma de dar una cobertura emocional y afectiva que las parroquias convencionales no estaban desempeñando y que difícilmente lo pueden ser. Estos movimientos se han convertido en la principal forma de articular a los sectores católicos más activos.

Estos movimientos tienen una serie de características propias que los diferencian de otras corrientes y de otras instituciones de la Iglesia Católica. Son herederas intelectuales del Ultramontanismo defendiendo un ‘papismo’ a veces más radical que el de los eclesiólogos más conservadores (‘más papistas que el Papa’).

Se estructuran internamente con absoluta independencia del resto de la Iglesia Católica, salvo de la jerarquía vaticana. Buscan todas las excepciones canónicas posibles respecto de los párrocos, vicarios y obispos intentando configurarse como una ‘Ecclesia in Ecclesia’. Se une la creación de ritos propios y de toda una simbología diferenciada del resto del Catolicismo circundante, tanto que su doctrina eclesiológica y sacramental, en algunos casos, podría ser considerada como heterodoxa.

Hay un liderazgo carismático, siguiendo la clasificación weberiana. De hecho muchas de estos movimientos han vivido momentos de decadencia tras la muerte del líder y la incapacidad de sustituirlo carismáticamente. Las estructuras formales y las garantías jurídicas son formalidades sin efectividad, ya que lo único importante es tener o no un carisma o tener la confianza del líder.

Estos movimientos se caracterizan por ser emotivos antes que racionales, por buscar la reproducción de una época dorada (cuanta más antigua mejor) pero sin sentido histórico-crítico y por intentar dar todos los recursos de socialización para que no tengan asideros fuera del movimiento. Son anti-intelectuales, especialmente en cuestiones religiosas, y por ello se encuentran ‘teológicamente’ más cercanos al Agustinismo y, como concesión racionalista, a determinada Escolástica esclerotizada.

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El filósofo Leo Strauss tipificó la falacia conocida como ‘Reductio ad Hitlerum’, según la cual se intenta rechazar algo por el sencillo hecho de que Hitler o los nazis lo hubieran hecho. Por ejemplo: Hitler intentó limitar el consumo de tabaco y preparó la primera legislación en contra y no por ello las leyes antitabaco son malas (como sí insinúan aquí)

La ‘reductio ad Hitlerum’ tiene una versión en Internet con el nombre de ‘Ley de Golwin’ según la cual cuando alguien argumenta comparando una circunstancia cualquiera con Hitler o los nazis la discusión termina y el  que hace eso pierde la conversación. Cabría decir que se rechaza el empleo del ‘mal absoluto’ como argumento dialéctico.

Llevo tiempo dándole vuelta a la siguiente idea: se termina la conversación cuando se hace una comparación con un bien absoluto y pierde la conversación quien emplea este argumento. La podríamos denominar ‘Ley de Golwin inversa’.

¿Cuál puede ser ese bien absoluto? Toda entidad a la que se atribuya tanto la verdad absoluta como el bien absoluto, de forma que todas sus acciones y proposiciones tienen que ser verdaderas y buenas. Por ejemplo: si en un debate alguien considera que algo es bueno porque en un texto sagrado la divinidad así lo establece o así lo realiza, entonces la conversación debería terminar y dar por perdedor el que recurra a ese argumento.

[Evidentemente, todo esto no vale para la Teología]

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Posteridad ‘low cost’

El fútbol siempre ha sido el deporte dominante en la cultura española del siglo XX y en lo que llevamos de siglo XXI. En los últimos años hemos asistido además a la inundación futbolística, ya que nunca como ahora ocupa tantas horas en los programas de televisión, que también es el medio dominante.

Ello se ha unido a un uso de una retórica que destaca lo agónico, lo épico y lo histórico de cada jornada de Liga, de cada eliminatoria de Copa del Rey y nos señala las glorias celestiales en cada partido de Champions League.

El redactor-jefe de “Público” confirió ayer la posteridad a Guti por el taconazo que dio el pasado domingo y que terminó, gracias a otro jugador, en gol. Se utilizan palabras gruesas para cuestiones minúsculas y nunca la posteridad costó tan poco como a Guti.

No sé si la posteridad que Guti ha ganado será la misma de la que disfrutan Julio César, Alejandro Magno, Cervantes, Aristóteles, Tomás de Aquino, Cristóbal Colón, Fleming o Einstein (me temo que no). Si realmente esta posteridad es tal, caduca el próximo domingo, salvo que a alguien le interese otra cosa o que un hábil representante consiga mantenerla con vida algunas semanas más.

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Natalio FERNÁNDEZ MARCOS: Septuaginta. La Biblia griega de judíos y cristianos. Sígueme. Salamanca. 2008. 157 páginas.

Este pequeño libro es una interesante introducción a lo que ha sido una de las traducciones más importantes de la Historia: la que se hizo de la Biblia en lengua hebrea al griego. Esta traducción recibe el nombre de sus setenta traductores (‘septuaginta’ es setenta en latín).

La obra recorre las fuentes más antiguas sobre el modo en el que se realizó la traducción, las revisiones semitizantes a la que la traducción griega fue sometida, las diferencias textuales entre el texto griego y el hebreo y el modo en el que los manuscritos de Qumran han supuesto un respaldo al texto griego sobre el masorético, así como al hecho de que fuera el texto que los autores cristianos de la Patrística manejaron y las consecuencias hermenéuticas que esto tiene.

La Hermenéutica tiene dos fuentes originarias: los estudios bíblicos y los estudios jurídicos. Este libro le da un referente, muchas veces no explicitado, a numerosas cuestiones hermenéuticas tales como la conexión de cosmovisiones, la relación entre pensamiento y semántica, la independencia del texto del autor e, incluso, la independencia del texto del soporte. Recomendable para los interesados en la interpretación.

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La dimensión friki que ha de tener todo bloguero en mi caso no se cubre tanto con los videojuegos o los comics (como es más general dentro de la excepcionalidad), sino con la Teología contemporánea, tanto católica como evangélica. Todos tenemos nuestras profundas contradicciones.

Hoy quiero hablar de un teólogo evangélico alemán, Gerd Theissen, que más que teólogo sistemático o especulativo podríamos encuadrarlo entre los escrituristas. Su gran aportación ha sido la aplicación de patrones sociológicos a la investigación del Nuevo Testamento.

Su primera obra, programática y agotada en castellano, fue Sociología del movimiento de Jesús donde sitúa tanto a Jesús, a sus discípulos cercanos como a sus seguidores en un sentido más amplio como un grupo a los márgenes del Judaísmo, un grupo con las dinámicas propias de todo conjunto de personas que se consideran poseedores de una verdad (en el sentido de ser el verdadero Israel) y los paralelismos con otros muchos movimientos similares en el Judaísmo de la época. Este libro, reelaborado y ampliado ha sido nuevamente editado bajo el título de El Movimiento de Jesús. Posteriormente esta línea se ha ampliado hasta lo político en La redacción de los evangelios y la política eclesial.

De todas sus obras traducidas al castellano destacaría dos: La religión de los primeros cristianos y El Jesús Histórico. En La religión de los primeros cristianos aborda el nacimiento del Cristianismo y la difícil cuestión de establecer las claves y los momentos en los que una secta judía se escinde de su religión-madre. No cae en la mitificación del Cristianismo primitivo, tan en boga en muchos círculos religiosos actuales, sino que presenta cada tendencia y corriente con sus luces y sus sombras, haciendo un panorama exquisito del proceso de decantación doctrinal.

El Jesús Histórico debería ser una obra imprescindible para quien quiera saber algo de este personaje más allá de las obras de piedad o de los libros conspiranoicos de “Cuarto Milenio”. Presente el estado de las investigaciones en el momento en el que fue publicado, junto a su asistente de investigación (gesto de honradez intelectual) y siendo una obra técnica no evita ningún debate con las idas de olla de moda. Finalmente me gustaría señalar también su obra divulgativa La sobra del galileo.

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La excomunión tiene una importancia relativa. Si uno es católico convencido puede que sea algo grave. Si uno no lo es, equivale a la amenaza de expulsión de la asociación de amigos de la copla española a la que no se pertenece.

Tengo la impresión de que la excomunión lanzada por Martínez Camino tiene nombre y apellidos por más que haya cierta generalidad en su formulación. La excomunión es contra la persona de José Bono, Presidente del Congreso de los Diputados.

José Bono nunca ha ocultado su condición de católico. Siempre se ha mostrado orgulloso de ser un católico. Bono siempre ha sido del PSOE y católico, como muchos militantes del Partido Socialista Obrero Español.

Comprendo a Bono que se reaccione claramente contra quienes dicen que él es un asesino. Es fácilmente asumible el sentimiento que tiene el Presidente del Congreso cuando ve como le quieren excluir de la comunión y pedirle un público arrepentimiento, cuando tiene a la memoria a tantos dictadores criminales llevados bajo palio, recibiendo la comunión y siendo tratados como protectores de la fe cristiana.

Por este camino la Conferencia Episcopal va a lograr que los católicos no se muestren como tales dentro de las formaciones de izquierda, perdiendo visibilidad en este espacio del espectro electoral. Es más, la asimetría de exigencias entre lo que se le pide a un diputado católico del PSOE y a uno del PP son tan escandalosas que hace la Conferencia Episcopal se retrate.

La Conferencia Episcopal no es que tenga manga ancha con el PP, tiene unas tragaderas extremas con este partido, como lo tuvo con la Democracia Cristiana en Italia, de la que no excomulgó ni a un solo diputado cuando este partido aprobó una ley de plazos en este país. Estoy convencido que, a pesar de todo, habrá más consideración con el PNV.

Y es que la Iglesia es sumamente caprichosa con la administración de la excomunión. Si los disidentes se encuentran en la derecha política o religiosa la “finezza” es la pauta; si se está en la izquierda, no hay contemplaciones e incluso la comunión para los verdugos de los obispos católicos.

El Catolicismo está en una dinámica de reconcentración sobre sí mismo, de exaltación de la mediocridad sobre la valía y de ruptura de cualquier vínculo con una sociedad para la cual cada día es más insignificante. Ocultar durante décadas a los pederastas, sin sanción y cambiándoles de destino en el caso de escándalo público, no les coloca a los obispos en esa posición de superioridad moral de la que se creen investidos.

Es lamentable que lancen una excomunión con nombre y apellidos. Es lamentable que no utilicen el “iudicium caritatis” (empleando la terminología luterana) con más frecuencia y más amplitud de comportamientos. Posiblemente no lo hacen porque muchos de ellos tampoco no podrían acercarse a la comunión.

[Especulación final: si culminan la excomunión, estarán lanzando la candidatura presidencial de Bono.]

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Hipona contra Aquino

Tomás de Aquino y la escuela que lleva su nombre, el Tomismo, han sido considerados a lo largo de la historia como sinónimos de lo más reaccionario. Últimamente la derecha del Catolicismo, con el Papa a la cabeza, y seguido de un montón de fervientes integristas o de aspirantes a integrista han tomado como referente intelectual a Agustín de Hipona. ¿Moda o ideología?
Sin duda lo segundo. Es una opción ideológica porque Tomás de Aquino por muy medieval que fuera, por muy premoderno que fuera, por muy teólogo que fuera, no dejaba de ser alguien con un espíritu sospechosamente racionalista. Tomás de Aquino se maravilló de la ciencia de su época, el Aristotelismo, y se dio cuenta de dos cosas: la primera, que no era reducible a su fe religiosa y, la segunda, que la ciencia racional tenía una entidad veritativa “per se”.
Estos dos aspectos parecen que hoy sin inasumibles para una concepción religiosa presta a encerrarse en sí misma en una alocada carrera hacia el Fideísmo. No un fideísmo de presupuestos o de puntos de partidas, sino un fideísmo que lo mancha todo, tanto lo religioso como lo social. La absoluta inseguridad de sus creencias religiosas fuerza ese repliegue hacia dentro: es otra cosa que inseguridad.
Agustín de Hipona no entraba en consideraciones sobre la diferencia entre lo racional y lo procedente de la fe, porque para él el conocimiento racional era absolutamente innecesario. Agustín de Hipona despreciaba la razón y es esto, y no otra cosa, es lo que valoran sus actuales seguidores.
Llama la atención que sean los sectores teológicos más reaccionarios lo que ahora arrinconen a Tomás de Aquino, lo consideren secundario, frente a un autor tan en línea fronteriza del Catolicismo como es Agustín de Hipona.

Apoteosis de Santo Tomás
Tomás de Aquino y la escuela que lleva su nombre, el Tomismo, han sido considerados a lo largo de la historia como sinónimos de lo más reaccionario. Últimamente la derecha del Catolicismo, con el Papa a la cabeza, y seguido de un montón de fervientes integristas o de aspirantes a integrista han tomado como referente intelectual a Agustín de Hipona. ¿Moda o ideología?

Sin duda, ideología. Es una opción ideológica porque Tomás de Aquino por muy medieval que fuera, por muy premoderno que fuera, por muy teólogo que fuera, no dejaba de ser alguien con un espíritu sospechosamente racionalista. Tomás de Aquino se maravilló de la ciencia de su época, el Aristotelismo, y se dio cuenta de dos cosas: la primera, que no era reducible a su fe religiosa y, la segunda, que la ciencia racional tenía una entidad veritativa “per se”.

Estos dos aspectos parecen que hoy sin inasumibles para una concepción religiosa presta a encerrarse en sí misma en una alocada carrera hacia el Fideísmo. No un fideísmo de presupuestos o de puntos de partidas, sino un fideísmo que lo mancha todo, tanto lo religioso como lo social. La absoluta inseguridad de sus creencias religiosas fuerza ese repliegue hacia dentro: es otra cosa que inseguridad.

Agustín de Hipona no entraba en consideraciones sobre la diferencia entre lo racional y lo procedente de la fe, porque para él el conocimiento racional era absolutamente innecesario. Agustín de Hipona despreciaba la razón y es esto, y no otra cosa, es lo que valoran sus actuales seguidores.

Llama la atención que sean los sectores teológicos más reaccionarios lo que ahora arrinconen a Tomás de Aquino, lo consideren secundario, frente a un autor tan en línea fronteriza del Catolicismo como es Agustín de Hipona.

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