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Posts Tagged ‘Política Monetaria’

Monopoly
Decía en Twitter, sobre las seis de la tarde, que lo peor de las campañas electorales municipales son las ideitas. Una ideita para mí es la iluminación que una candidatura tiene según la cual una medida en concreto va a cambiar la realidad de su municipio.

Al escribir ese tweet no conocía, creedme, la propuesta de Ada Colau, candidata a la Alcaldía por Barcelona en comú. La propuesta es crear una moneda municipal, moneda social parece que la llaman. Esta moneda sería un medio de pago del Ayuntamiento de Barcelona para subvenciones y parte de la nómina de los empleados municipales y solamente podría gastarse en el término municipal de Barcelona y, con acuerdos, en los municipios de su área metropolitana.

Algunos apuntes:

1) El Ayuntamiento de Barcelona, como el resto de los municipios españoles, no tiene competencia en política monetaria. De hecho el ejercicio de esta facultad la tenemos delegada en el Banco Central Europeo tras nuestra integración en el Euro.

2) ¿Es una moneda o un cupón? Para que podamos hablar de moneda hemos de estar ante algo que tenga las características del dinero y que además su aceptación sea legalmente obligatoria de forma que el no cumplimiento de esta obligación merezca alguna sanción. El hecho de que un Ayuntamiento, una tienda o un bar hagan cupones por un valor no lo hacen moneda: sólo la obligatoriedad. Querer pagar nóminas en Euros-Colau es de difícil encaje legal y algo que gustará muy poco a los empleados municipales y a sus familias.

3) Por lo que he leído, todas las experiencias de monedas complementarias en algunas ciudades, o el ejemplo del WIR que ellos citan, establecen un respaldo de la moneda complementaria en la moneda oficial. De esta forma por cada Euro-Colau debería estar depositado un Euro-de-verdad. Sin este respaldo lo que emitan no dejan de ser papelillos. Si un Euro-Colau paga un Euro-de-verdad sin tener respaldo, en poco tiempo no tendrán ningún valor, porque al Ayuntamiento le saldrá muy barato, a precio de una imprenta, financiarse.

4) La idea de fondo de la moneda local me parece terrible. El dinero gastado por un municipio debe quedarse en ese municipio. Sí, soy de los que cree que es bueno que uno pueda gastarse el dinero que gana donde le dé la gana, de forma que pagar en una moneda que no se puede gastar fuera de un municipio determinados creo que va contra la libertad. Es una especie de proteccionismo bienintencionado que comparte el mismo planteamiento que los discursos xenófobos: “lo que aquí para los de aquí de siempre”.

5) Esta dinámica es inflacionaria. Supongamos que los Euros-Colau se establecen e incluso tienen respaldo de Euros-de-verdad depositados. Alguien me viene a mi negocio y quiere pagarme en Euros-Colau con los que le han pagado media nómina del Ayuntamiento. Dado que esa moneda tiene un gasto añadido que la oficial no tiene (gastarlo en determinado lugar), yo la acepto pero a cambio de que me compense pagando un sobreprecio. Esa persona pedirá al Ayuntamiento más Euros-Colau y así “ad infinitum”. El resto de los negocios harán lo mismo, sobre todo, si sus proveedores están fuera de la Zona Euro-Colau y no pueden pagarles con ellos: o consigues más por lo mismo o desincentivas el uso de los Euro-Colau en tu establecimiento.

6) No sólo provocará inflación, sino peores servicios. Dado que hay una parte del dinero que está cautivo en el término municipal, los diversos sectores podemos colusionar (disimulando lo justo) para dar peores servicios por el mismo nominal pero en Euros-Colau ya que no sólo el dinero está cautivo, sino sus poseedores que habrán de gastarlos necesariamente en nuestros establecimientos.

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El Banco de Inglaterra ha anunciado que va a tomar medidas que propicien el crecimiento aunque éstas tengan como consecuencia el aumento de la inflación. Algo que ahora es totalmente impensable por parte de la sucursal del Bundesbank que es el Banco Central Europeo.

Los alemanes tienen un miedo tremendo a la inflación. Un miedo del que han conseguido contagiar a las opiniones públicas de otros países. A la inflación hay que tenerle respeto, no hay que jugar con ella pero tampoco debería ser un tabú.

Esta relación de los alemanes con la inflación proviene no de los dominios económicos, sino de los morales, sociológicos e históricos. Hubo una vez un pueblo que hizo ganar tres veces las elecciones a un partido de indeseables, vestidos con uniformes pardos, que en el poder eliminaron a sus adversarios políticos, organizaron una política expansionista en Europa, prepararon y ejecutaron un terrible Genocidio y comenzaron la guerra más terrible de la Historia.

Como eliminaron las elecciones, gracias a las elecciones y a los partidos del centro y de la derecha del Parlamento, los alemanes no pudieron pronunciarse políticamente hasta después de la Guerra, y sólo en la zona Occidental. Los alemanes (salvo cuatro militares prusianos, tres estudiantes bávaros, dos pastores evangélicos y un obispo católico) no se pronunciaron de ninguna forma y es más, dieron toda la adhesión al régimen construido hasta el último minuto.

Los alemanes, sin duda, son un pueblo con grandes aportaciones científicas y culturales y tiene, como pueblo, admiradores y partidarios en todas las élites europeas y americanas. Estos germanófilos no podían creerse que sus idolatrados germanos desarrollaran las agresiones que desarrollaron, las matanzas que llevaron a cabo y fueron los culpables de la destrucción de Europa.

Comenzó dentro y fuera de Alemania una campaña de exoneración de los alemanes de sus responsabilidades. El primer paso fue la diferenciación entre alemanes y nazis, una diferenciación obvia pero parcial que se explotó hasta hacerla la guerra general. Era evidente que no todos los alemanes eran nazis y mucho menos miembros de su partido, pero el grupo de los nazis fue reduciéndose tanto (se excluía hasta a los que voluntariamente se habían afiliado) que daba la impresión que siete personas eran los que se habían hecho con el poder absoluto en Alemania y que los nazis habían llegado en una nave espacial para hacerse con el poder.

El segundo mecanismo, que realmente fue simultáneo, consistió en afirmar que realmente los alemanes no se enteraron de nada, más allá de las consecuencias del conflicto bélico. De repente ningún alemán, ni ascendiente, había estado siquiera en las Fuerzas Armadas y todos habían cumplido su servicio en unidades auxiliares, en la Cruz Roja o en el metro de Berlín (como se retrata magistralmente en la película de 1961 ‘Uno, dos, tres’ de Billy Wilder).

Este segundo mecanismo tuvo éxito, por más que una breve visita a Dachau desmonte esta idea. Pero persistía la necesidad de justificar del ascenso al poder de Hitler y sus secuaces una vez fracasada el argumento del desembarco de marcianos antes expuesto.

¿Por qué los alemanes votaron a ese personal? Una buena parte de los que trataron este tema atacaron directamente a la República de Weimar y a sus instituciones por no ser capaces de parar a los nazis.

Rápidamente coincidieron en sus argumentos con todos esos junkers y conservadores que, capitaneados intelectualmente por autores como Carl Schmitt y políticamente por personajes como von Papen y von Hindenburg, planteaban que la situación política era una consecuencia inherente del régimen democrático y parlamentario. Estos y los apoyos parlamentarios fueron los que entregaron todo el poder a Hitler en una infame Ley de Plenos Poderes. Lo hicieron porque culpaban a la democracia parlamentaria de la inestabilidad política que ellos y los grupos extremistas provocaban. Culpaban a la democracia de los males que ellos mismos causaban, como Chaves Nogales dijo de la dura derecha francesa antes de la caída, pocos años después.

La conclusión de que la responsabilidad moral era culpa de la Constitución de 1919 (un texto inspirador para todo el constitucionalismo de todo el siglo XX) y del propio régimen democrático, salvaba a los alemanes, pero condenaba a la Democracia y justificaba en cierto sentido a los criminales y legitimada el golpismo como medida.

Había que descartar esta nueva eximente del pueblo alemán. Alguien cayó en que la economía en el periodo de después de la Primera Guerra Mundial había sido muy mala y se fijaron en la hiperinflación de principio de los años veinte, debida al descontrol en la emisión de moneda entre otras causas. Tras un periodo de estabilización llegó el Crack de 1929 y sus consecuencias en todo el mundo.

Obviado curiosamente el “Crack”, todo el periodo de Weimar fue puesto bajo el prisma de la inflación. Los alemanes, acuciados por una situación económica penosa, se lanzaron en manos de un redentor por culpa de algo tan anónimo e impersonal como es la inflación. Fue la inflación o la hiperinflación quien votó a los nazis en los años treinta y no millones de alemanes, que fueron solamente meras marionetas en manos de este demiurgo económico.

La inflación debe ser controlada no únicamente porque se desprendan normalmente consecuencias positivas para la economía, sino, sobre todo, para que la inflación no cree en Alemania y por ende en toda Europa regímenes como el nazi. Mantener una política coyuntural de moderada inflación supone abrirle la puerta al totalitarismo nuevamente en Europa porque es la inflación y no las personas quien votan ya que fue la inflación y no los alemanes quienes le dieron millones de votos a Hitler.

Una moderada política inflacionaria que restableciera el crecimiento económico, desmentiría la exoneración histórica de los alemanes.

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Tuve un compañero de clase que consideraba que las devaluaciones de la moneda (la peseta) eran una devaluación de España y de nuestro prestigio como país. Seguramente no habrá cambiado de opinión y ahora será de esos de los que considere que un euro fuerte sólo nos trae bienes y que un euro menos apreciado frente al dólar únicamente nos da males. Era tonto antes y posiblemente siga siéndolo ahora.

China se ha convertido en el gran exportador del mundo. Su producción industrial se basa en unos costes bajísimos de producción, que se mantienen así gracias a que se pagan en la moneda nacional que el gobierno se encarga de mantener por los suelos.

Tradicionalmente los países evitaban este tipo de competencia mediante los aranceles aduaneros. Actualmente, dentro del marco de la OMC y otras foros institucionalizados de negociación comercial internacional, las principales economías del mundo han bajado muchos e importantes aranceles aduaneros.

China mantiene el ‘yuan’ bajo y así los precios de exportación son enormemente atractivos y consiguen mantener un balance comercial muy beneficioso. Es cierto que la compra de petróleo se les dispara, pero eso no es un problema cuando uno tiene una capacidad casi infinita para atraer dólares.

La diferencia fundamental es que los países compradores de los productos chinos tienen sus monedas en libre cotización y por tanto siempre se encuentran por encima del ‘yuan’. Los chinos tienen ventajas monetarias para vender al extranjero y, por el contrario, los extranjeros no encuentran interesante la venta en China y los propios chinos ven poco rentable la importación (siempre que no sea de un producto en un régimen de monopolio o similar).

Que China anuncie más libertad en la cotización del ‘yuan’ es una buena noticia, ya que hace entrar a este país en las normas comerciales comunes al resto de los países. Evidentemente este anuncio no ha sido un gesto de generosidad ante la crisis, sino fruto de unos cuantos ‘toques’ y algunas amenazas sobre un rearme arancelario de la Unión Europea y de los Estados Unidos.

En el fondo es hacer jugar a todo el mundo con las mismas reglas, por consuetudinarias que puedan ser éstas, porque si el proteccionismo sólo puede ser bueno si los restantes estados no lo son; cuando todo el mundo es proteccionista la ganancia es cero.

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