Subida contable del PIB

Hoy El País trae una noticia realmente importante, pero tratada desde la anécdota.

La Unión Europea ha modificado los criterios para calcular el PIB, que es un cálculo estadístico aunque Montoro no lo sepa, de tal manera que hay que incluir dentro del PIB una parte de las actividades ilegales como es el narcotráfico o alegales como la prostitución. La fecha límite para hacerlo es 2026 y como siempre vamos apurados.

El reportaje narra las dificultades que están teniendo los técnicos del Instituto Nacional de Estadística para medir el peso que la prostitución tiene en la economía española. Vamos, tres anécdotas simpáticas como si no tuvieran realmente a quien preguntar, como si la prostitución no tuviera muchos clientes.

Pero en todo este ligero reportajillo se introduce el dato clave: con estos nuevos criterios contables el PIB podrá subir hasta un 2% de golpe. Una subida del PIB que es meramente contable, porque esos sectores ya existían, sólo que no lo contabilizábamos.

Rajoy, Montoro y Fátima Báñez podrán ir al Rocío a agradecer la mejora espectacular del dato del PIB aunque sean conscientes de que no han hecho nada, de que realmente es un ajuste de algo que debería haber sido computado desde hace mucho tiempo, como sucede en otros países.

Ese 2% añadido al PIB ayudará, poco pero ayudará, a que baje nuestra deuda, ya que se calcula en relación con este dato y a decir que estamos más cerca de la gran creación de empleo, que suele darse a partir del 3%.

Y sí, los medios tratando temas importantes desde la anécdota.

¿Para qué sirven las Fuerzas Armadas ucranianas?

Uno de los motivos comunes a todos los países que deciden tener o más bien mantener unas fuerzas armadas es la garantía de su integridad territorial. Depende de un conjunto amplio de variables que las fuerzas armadas sean más o menos efectivas en ese objetivo primario que es el mantenimiento de la integridad territorial, pero al menos deben ofrecer alguna dificultad al invasor.

Las fuerzas armadas de Ucrania han visto como las tropas rusas con base en Crimea han apoyado la secesión e incorporación de esta república autónoma a la Federación Rusa con una mezcla de entrega de buques, declaraciones de lealtad a Rusia y tratar de no moverse nada para pasar desapercibidas. Algo que podría comprenderse respecto de las unidades estacionadas en Crimea, pero que es a priori inexplicable respecto del resto de las fuerzas armadas ucranianas.

No han movido un dedo. Nadie ha hecho nada porque todos temen un enfrentamiento contra una potencia militar consistente, con un ejército rearmado con petrodólares, y con un Presidente que no tiene en cuenta las potenciales bajas, ni siquiera entre sus filas, a la hora de tomar decisiones.

Ninguno de ellos ha querido enfrentarse a los rusos y puede que sea la decisión más razonable. Pero que sea la decisión más razonable no elimina la cuestión consecuente: ¿para qué sirven las fuerzas armas ucranianas si no son capaces de ofrecer la mínima resistencia ante un ataque a la integridad territorial? ¿para qué sirven si no ofrecen la mínima disuasión?

La única amenaza real y con posibilidades es la amenaza rusa y todos sabemos lo que han hecho o más bien lo que han hecho. Desde luego no tiene sentido esperar una amenaza ni de Polonía, ni de Eslovaquia, ni de Bielorrusia, ni de Moldavia o de Rumanía.

Ucrania, según los datos publicados por la CIA, emplea el equivalente al 2,77% de su PIB en gastos militares (6144 millones de dólares). Bien podría abolir las fuerzas armadas por absolutamente inútiles e incapaces y dedicar esos dólares a otros menesteres, por lo menos que funcionen.

Eduardo Serra y la impugnación de la democracia

En el debate posterior de “Operación Palace” intervino el ex ministro de Defensa Eduardo Serra. Es la segunda vez que yo recuerde que participa en el programa de Évole y siempre con el mismo discurso que ahora me apetece comentar.

Contó una obviedad y mintió en un dato. Nos descubrió que buena parte de la política de recortes y la reforma del célebre artículo 135 de la Constitución se debió a las presiones de quienes compran la deuda para garantizar el pago de lo prestado, porque debíamos en ese momento, dijo Serra, tres veces más de lo que producido en un año.

Supongo al decir “lo que producido en un año” se refería al Producto Interior Bruto (PIB). El año que se produjo la reforma constitucional (2011) la deuda representaba el 68,5% del PIB y cerramos 2013, máximo histórico, con un 94% del PIB. Luego Eduardo Sierra mentía.

Eduardo Serra critica que los políticos busquen los votos de los ciudadanos prometiéndoles cosas que les benefician, como subidas de pensiones. En su penetrante crítica macroeconómica sobre la situación financiera del país todo iba sobre la cuantía de las pensiones o de las becas, nada sobre los agujeros negros fiscales que él contribuyó a crear en el Ministerio de Defensa. Eduardo Serra no hace otra cosa que utilizar un argumento antidemocrático clásico presente ya en Platón: la conversión de la democracia en gobierno de las masas que solamente buscan la satisfacción de sus intereses.

Lo que sucede es que la realidad desmiente a Eduardo Serra. Mal han tenido que jugar las masas españolas sus bazas porque hay pensiones, muchas, ridículas, de mierda, que no posibilitan la mera subsistencia. Pésimamente han actuado las masas si se ven las ayudas a las familias y el desmantelamiento de lo poco logrado en dependencia, por sólo poner dos ejemplos.

Eduardo Serra le tiene un poco de repeluco a eso de votar y ser votado. Ha ocupado altos cargos en el Ministerio de Industrial y en el de Defensa con UCD, PSOE y PP, llegando a encabezar Defensa cuando fuerzas ocultas lo impusieron en 1996 a Aznar que lo tuvo que mantener en su puesto durante toda la primera legislatura. Vamos, alguien que ha conseguido gobernarnos sin que nunca le hubiéramos elegido y con capacidad para permanecer independientemente del resultado electoral sin necesidad de ocupar su puesto de funcionario.