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Posts Tagged ‘Partido Popular’

La Comunidad de Madrid pide un trato especial sobre el hecho diferencia de ser más España que nadie, de que todo el mundo tiene familia en Madrid (yo no) o que va a la capital a ver un musical u otro espectáculo (yo tampoco por ahora). Los populares madrileños barruntaban que no querían ser una comunidad como las otras y que están deseosos de un régimen diferenciado respecto de las otras comunidades, especialmente de las más pobres.

Están en su derecho, pero la cuestión es cuanto resultará sostenible para el PP este regionalismo madrileño, que antes era neocentralismo. En este aspecto hemos de diferenciar la retórica y la realidad. En la retórica, el discurso con el que te presentas a las elecciones, los populare siempre han sido favorables al uno frente a diecisiete, aunque en la realidad han mantenido un fuerte programa autonomista llevando al Constitucional numerosas leyes por violar las competencias de las CCAA, provocando uno de sus recursos uno de los mayores seísmos compentenciales que se recuerdan. Pero en política la retórica prima. y de lo que hablaremos.

El PP siempre ha hecho de la retórica contra los hechos diferenciales uno de sus caballos de batalla fundamentales. Buena parte de sus electores tradicionales, ahora muchos en Vox, les votan para parar a los nacionalistas y en el deseo de un Estado central más fuerte y unas comunidades más débiles o incluso desaparecidas. Con habilidad algunos han disfrazado de “igualdad ilustrada” lo que no era Jacobinismo de derechas, sino una simple pretensión de homogeneización social y cultural, basada más en el dominio que en la igualdad de derechos.

La reivindicación del hecho diferencial para Madrid solamente se basa en que Madrid es diferente porque es más rica (como también otros hechos diferenciales) y por ello merece un tratamiento diferenciado respecto al resto del país. Así Cataluña, Euskadi, Navarra y Madrid tendrían un sistema económico y político “ad hoc”, no compartido con el resto del país.

Puede ser una propuesta excepcional para arrasar en la Comunidad de Madrid, pero es pésimo para los populares en el resto de España. Decíamos que la retórica popular era centralista, pero no su proceder. ¿Qué quiero decir con ello? Que los cuadros del PP en las restantes regiones pueden convertir su proceder autonomista en retórica y comenzar todos ellos a jugar la carta del regionalismo, incluso contra Madrid que se convertiría en una entidad extraña como sus tres compañeras de viaje y sin Bildu que lo enmascare todo como en Navarra.

Anda Juanma Moreno anunciando que monitorizará (no dice cómo) las segundas residencias en Andalucía, propiedad de madrileños, para evitar un éxodo en caso de que el confinamiento en la CAM se extienda. Moreno lo hace no porque pueda hacerlo, sino para tener un mal exterior y en este caso es la Comunidad de Madrid, orgullo e insignia de su partido. Madrid y los madrileños se han convertido en un amenaza para sus votantes e intenta sacar tajada de ello.

Un gobierno regional en la CAM insistiendo en privilegios, será el nacimiento de movimientos regionalistas de derecha por el sencillo hecho de que la política madrileña es política nacional y todas sus intenciones, declaraciones y decisiones serán del dominio general de forma instantánea. La alternativa al regionalismo de derecha es la extrema derecha.

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El comunicado conjunto del Gobierno de España y del gobierno regional de Madrid es la expresión del fracaso de éste último y de la necesidad de recurrir a Gobierno de España como garante ante la incapacidad de Ayuso y los suyos. El Gobierno de España no ha tenido más remedio que crear una series de órganos bilaterales (realmente novedosos) que sean los que tomen las decisiones que firmen Ayuso y sus consejeros, al no haber habido un 155 formal.

Cuando el Gobierno del España tiene que recurrir a este tipo de acciones es porque el comportamiento del gobierno regional no es solamente lesivo para los ciudadanos de la CAM, sino peligroso contra la totalidad de España.

Es laudable que que se haya optado por una vía indirecta de intervención en la CAM para no alterar aún más la vida política y aumentar la polarización con la medida que podría haberse tomado.

Era perfectamente legítimo que el PP eligiera a la CAM como modelo de gestión para hacer oposición a la coalición de PSOE y UP, pero es lamentable que el fracaso de esta gestión haya devenido en una defensa a ultranza del desastre. Una solución, intermedia y menos intensa de lo deseable, pero elegante e institucionalmente respetuosa, es lo que el Presidente del Gobierno ha buscado frente a quiénes solamente se guiaban por la necesidad de oponerse a él sin tener en cuenta la salud en su región.

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Aguado y Ayuso saben que la situación de la pandemia en la Comunidad de Madrid es mala y la perspectiva es además negativa. Piden la ayuda del Gobierno de España. Parece que es la necesidad de confinamientos es Madrid es indiscutible y que los instrumentos jurídicos del gobierno regional no son los suficientes, por más que antes hubieran dicho que sí.

Ayuso y Aguado necesitan un estado de alarma pero no pueden pedirlo. El estado de alarma fue una de los caballos de batalla de la derecha contra el Gobierno de España y fue tildado de dictadura constitucional. Ayuso jaleó en sede parlamentaria las concentraciones contra el estado de alarma y se gustó al decir que éstas irían a más. Después de todas esas concentraciones, excesos retóricos y torticeras maniobras políticas que buscaban únicamente buscaban la derrota del Gobierno en una prórroga del estado de alarma, pedirlo resulta vergonzoso. Podría acarrear pérdida de apoyo en los sectores de la derecha mediática más exaltada, una pérdida de apoyo que sabemos que tiene un destino.

El segundo motivo es que Casado y todo el PP ha puesto como bandera de su formación la gestión de Ayuso. Pedir el estado de alarma es reconocer el desastre y pedirle al “dictador” que les resuelva la papeleta que ellos no son capaces. Saben además que ahora Sánchez no va a cargar con toda la responsabilidad, sino que la Presidenta de la CAM será la responsable de dirigir el estado de alarma en su territorio, de forma que poder culpar al Presidente del Gobierno es igualmente difícil.

Espero que Ayuso y Aguado tengan más en cuenta los intereses de los ciudadanos que los cálculos políticos arriba expuestos.

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“Yo era un diputado de mierda por una sórdida, vacía y aburrida provincia”, así me ha sonado la explicación de Pablo Casado respecto de su posición dentro del Partido Popular cuando ocurrían los hechos que están dentro de la investigación denominada “Kitchen”. Casado ha dicho que él sólo era “un simple diputado por Ávila”, lo que mi cerebro ha traducido por lo anterior.

No tengo elementos para decir que Casado estaba o no estaba dentro de los círculos que presuntamente decidieron utilizar medios policiales para espiar a Bárcenas. Si él lo niega, he de creerle, pero no debe mentir y decir lo que ha dicho.

En primer lugar porque no hay simples diputados, porque un diputado representa a una provincia y al país al completo y él debería ser conciente de ellos. En segundo lugar porque Pablo Casado era algo más que un diputado, ya que ocupaba una alta jerarquía dentro del Partido Popular.

¿Quiere esto decir que lo sabía? No necesariamente. Pero él podía haber dicho que estaba fuera de esos grupos de decisión si los ha habido, que nunca se habló en su presencia de esos presuntos delitos, que sus funciones eran tan distante que nunca se relacionada, más allá de la cortesía, con las personas involucradas. Podía haber dicho muchas cosas, pero eligió una forma grosera que levanta más sospechas que dudas disuelve.

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Es fácil para un político de derecha español ser moderado. Basta con decir una vez que algo que ha dicho Vox es inaceptable y antidemocrático y conseguirá haber dicho una verdad y ser considerado un “moderado”.

Una de esas moderadas de la derecha es Ana Pastor Julián. Además de haber sido ministra, Ana Pastor fue la primera persona que presidía el Congreso siendo a la vez miembro de un partido de la oposición, hecho que se dio con la aprobación de la moción de censura de 2018. Esta situación si se había dado en el Senado.

Pero no sólo Ana Pastor siguió siendo presidenta del Congreso, sino que en la mesa del Congreso el PP y C’s tenían mayoría absoluta. La mesa del Congreso es un órgano que tiene funciones directivas y organizativas, pero nunca legislativas, de modo que un ejercicio de sus funciones suplantando a la cámara o impidiendo a la cámara el ejercicio de su potestad legislativa ha de ser considerado ilegítimo.

La mesa del Congreso, presidida por Pastor, impidió que un número no pequeño de propuestas legislativas llegasen a ser votadas en el pleno del Congreso ampliando sin límite el plazo para presentar enmiendas. A través de este truco procedimental, propuestas legislativas que contaban en el pleno con la mayoría suficiente para ser aprobadas se quedaban paralizadas indefinidamente.

Impedir al pleno ejercer su potestad legislativa es un ejercicio ilegítimo de los poderes dados por el Reglamento y supuso una grave alteración del sistema establecido en la Constitución, al imponerse los representantes de una minoría a los representantes de una mayoría.

Por ello la caracterización de moderada de Ana Pastor me produce una profunda desorientación constitucional, porque ella encabezó un órgano que pervirtió la regla de la mayoría.

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El ejercicio de la política al máximo nivel nunca es fácil, pero hay políticos que lo tienen más difícil que otros. Uno de ellos es Pablo Casado, presidente del Partido Popular.

Desde el desastre electoral de 1986, la estrategia de la antigua Alianza Popular fue, sin dejar su espacio de derecha y extrema derecha, ampliarlo hasta todo el que ocupó la UCD, eliminando numerosas fuerzas regionalistas, provincialistas y localistas de derecha que le restaban utilidad a su voto.

Desde 1986 los dirigentes de los que rebautizaría como Partido Popular han tenido las espaldas de la derecha absolutamente cubiertas, garantizándose el voto más de derecha y el voto ultra simplemente porque no había otra opción con las mínimas posibilidades de llegar al Congreso y menos con ser decisiva. Por ello la cúpula del PP ha comenzado innumerables “viajes al centro político” sin ningún tipo de desgaste en su retaguardia más radical.

Desde la entrada de Vox en la escena política, el Partido Popular tiene que mantener a su retaguardia y se encuentra entre dos fuegos, como tradicionalmente le ha sucedido al PSOE. Por ello Casado no puede hacer la clásica oposición de los populares dura en la gestión y vacía de contenido ideológico, para no espantar a los votantes de centros, con los que ganaba escaños. Ahora si hace eso, perderá a los más situados a la derecha, a quienes la gestión les importa bien poco y se mueven con parámetros básicamente ideológicos. Si Casado opta por “achicarle” el espacio a Vox, le da resuello a Ciudadanos y al PSOE.

Los estrategas del PP tienen que valorar dónde las ganancias potenciales superan a las pérdidas en término de votos, porque los antiguos movimientos donde no había nada que perder han dejado de ser factibles.

Además tienen que preocuparse por las disidencias territoriales. Hasta 2016 quienes abandonaba por las bravas el PP, dejaba la política, pero ahora existe en peligro, dado el pluripartidismo imperante en todos los ámbitos territoriales, que un grupo de airados puedan poner en marcha un proyecto (nacional o regional) viable, creando otra vía de agua y otra fuente de desequilibrio para el PP.

Casado lo tiene mucho más difícil y buena parte de sus decisiones, encaminadas al bloqueo institucional, se explican desde un agarrotamiento político de quien teme cualquier paso debido a la incertidumbre de las consecuencias.

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La política española tiene algunas leyes generales que no son más que generalizaciones a partir de pocos casos o, incluso, de casos únicos.

Una de las esas leyes decía que nadie podía tener futuro político y posibilidad de acceder a la Presidencia del Gobierno no siendo diputado en el Congreso. Como respaldo “empírico” se cita el paso de Hernández-Mancha por el liderazgo de Alianza Popular no siendo diputado, sino senador designado por el Parlamento de Andalucía.

El 26 de octubre de 2016, tras la primera votación de la segunda investidura de Rajoy en ese año y sabiendo que el Comité Federal del PSOE había aprobado la abstención, Pedro Sánchez dimitió para no verse en la tesitura de o romper la disciplina de voto o investir a Rajoy.

Los comentaristas apuntalaron el ataúd de Pedro Sánchez aplicando el principio de que, pasara lo que pasara en el futuro, no siendo diputado no podría llegar a ser Presidente del Gobierno. Cuando ganó las primarias repasaron la tapa con el mismo argumento.

¿Qué supone que proporciona la condición de diputado a un líder político? Ser diputado proporciona visibilidad y más si eres líder de uno de los principales partidos. En los grandes debates todo el mundo escuchará tu intervención y podrás presentarte ante el público y mandar dos o tres mensajes, si tienes mucha suerte y eres muy bueno.

Si ya eres conocido por el público, si ya has hecho esos debates: ¿qué aporta ser diputado? No aporta nada e incluso puede ser negativo. Los debates en el Congreso son cada vez más rituales y la mayoría de los ciudadanos no los siguen en directo, sino que se informan a través de los cortes más relevantes de los medios. Tienes el peligro de tener una mala mañana o una pésima tarde. Si no eres diputado, puedes ver el debate al que has mandado a un portavoz, y luego hacer una meditada y sumamente preparada declaración donde cuelas los mensajes que te interesan.

Todo el mundo conocía a Pedro Sánchez cuando llegó a la Presidencia sin ser diputado. Su dimisión anterior no le había quitado nada y le había evitado tener que votar las vergonzosas PNLs que la Gestora negociaba con Rajoy y presentaba como logros legislativos, sabiendo que no tenían ningún valor normativo. También le dio todo el tiempo del mundo para la campaña de las primarias y no estar atado a un escaño, mientras el aparato le hacía todo a su principal rival.

Hernández Mancha no fracasó por ser senador y no diputado, eso solamente fue uno de los elementos de un liderazgo truncado y probablemente no fuera el que tuvo más peso. Fracasó porque era un desconocido, algo que no se resuelve en dos debates en el Congreso, no tenía rasgos que resultaran atrayentes y mantuvo un discurso de un conservadurismo que quería parecer moderno, en el sentido de los ochenta, resultando ridículo.

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No es la primera vez que Cayetana Álvarez de Toledo deja sus funciones dentro del Partido Popular reprochando al máximo dirigente de éste puntos fundamentales de su política. Pidió no ser incluida en las lista de las Elecciones Generales de 2015, cuando todo el mundo sabía que no iba a serlo.

En una columna publicada el 14 de octubre de 2015, en El Mundo, la ahora ex portavoz del PP en el Congreso atacaba duramente la política territorial, en concreto, las decisiones tomadas respecto a la consulta del 9-N en Cataluña a Mariano Rajoy, entonces Presidente del Gobierno y del Partido Popular.

Es la segunda vez que deja la función que desarrollaba en el PP y esta vez no se ha conformado con una columna en prensa. La primera vez dejaba de ser una diputada de a pie, la segunda la portavocía. La primera dijo irse antes que oficialmente se le echara, la segunda ha sido cesada.

Los ceses en política son normales, pero en muy pocas ocasiones se escenifican como ceses, porque si cesante ni cesado consideran sacar beneficio alguno de tal ejercicio de poder. Se acuerda una dimisión y si el cesado tiene relevancia, se le busca un agujero donde “ser alguien” pero sin poder real.

Como es agosto decidí emplear un tiempo en escuchar las declaraciones y las preguntas de Álvarez de Toledo ante la prensa. La primera impresión que tuve es que la ex portavoz hacía no mucho que se había enterado de que no era la Presidenta del Partido Popular y que es Pablo Casado quien ocupa ese puesto.

Podrá parecerle que Pablo Casado tiene menos capacidad intelectual o política que ella, y puede que sea así, pero de lo que no hay duda es que fue el elegido entre cinco candidatos a la Presidencia del PP. Para poder tomar las decisiones que Cayetana Álvarez reivindicó en la comparecencia en la prensa hay que haber sido elegida Presidenta y ella ni se presentó como candidata.

Y es que Álvarez de Toledo representa un tipo de políticos que llegan muy alto sin recorrer los escalafones del partido del que se trate, lo cual tiene sus ventajas y sus inconvenientes. El principal inconveniente es que tienen la fantasía de que ellos aportan más al partido que el partido a ellos, cuando muchas veces el partido les da una posición que con casi toda seguridad nunca hubieran alcanzado. Como bien dijo Carlos Hidalgo al conocerse la noticia y antes de sus declaraciones, aquí no hay una cuestión ideológica, sino una cuestión de disciplina de partido.

Cayetana Álvarez admitió diferencias disciplinarias, aunque en todo momento quiso presentarlas como ideológicas, porque un cese ideológico tiene una cualidad del que carece que te echen por indisciplinada.

En primer término me llamó la atención que se sorprendiera de que Pablo Casado considerara gravísimo el contenido de su entrevista en El País. Si la cuestión de un gobierno de concentración con el PP como socio menor había sido propuesto en los órganos internos y se había rechazado: ¿A qué viene volver a sacarlo? ¿Sabe además Álvarez a qué suena eso hoy? Porque en el fondo creo que la política popular tiene problemas graves de percepción de los mensajes políticos.

Y lo que uno pienso no es relevante cuando estás en política, sino lo relevante es lo que los demás piensen que tú piensas, el heteroposicionamiento contra el autoposicionamiento. Es cierto que Cayetana Álvarez ha atacado a Vox y sus planteamientos y tiene toda la razón cuando dice que los presuntos “moderados” del PP son precisamente los que gobiernan con Vox (Almeida en Madrid o Moreno en Andalucía), pero debería reflexionar por qué su personas y sus palabras son tan bien recibidas en el entorno de Vox y por qué han sido los dirigentes de la extrema derecha los que se han más en su apoyo. No es lo mismo lo que son las cosas y como se perciben las cosas, y cuando hablamos de ideas, la distancia se hace más extensa.

No comprendo que Álvarez de Toledo ensalzase su propia decisión de dar libertad de voto a los diputados en materias morales. En el Congreso de los Diputados no hay materias morales y materias políticas, son todas materias políticas.

Si yo fuera votante del PP y uno de los elementos que han decidido mi voto por los populares frente a otras opciones ha sido su oposición a los vientres de alquiler, ¿por qué los diputados luego pueden votar lo que quieran? ¿los que se han presentado en mi provincia me han dicho cuál era su posición personal o realmente lo que han hecho ha sido respaldar el programa del partido? Puedo comprender que un portavoz libere a algún diputado, en casos extremos, de la disciplina de voto, pero como norma es incomprensible.

Me llama la atención la fijación de Cayetana Álvarez en el consenso del 78 y que recuerde tan mal los actores de ese consenso. Ella divide el espectro político entre los que participaron de él y los que se quedaron fuera, pero se olvida de que los nacionalistas y el PCE, ahora en Unidas Podemos, fueron destacados actores. Ese repliegue que propone al consenso del 78 es un repliegue con pérdidas y eso también debería ser materia de reflexión.

Sin lugar a dudas la ex portavoz del PP se tiene por una persona liberal y esa autopercepción quiso dejarla patente en la comparecencia ante los medios. Y ello es algo que me llama la atención. Se podría admitir la existencia de dos almas en el PP, el alma liberal y el alma conservadora, pero el alma liberal no tiene el mismo peso, ni la misma densidad que el alma conservadora de los populares. Lo que Álvarez de Toledo piensa que es decisión al nacionalismo, no es más que formas de particularismo propias del conservadurismo, porque nada hay más particularista que un conservador. De hecho “moderado” en el PP es más sinónimo de conservador que de otra tendencia.

Insistió, en su reivindicación liberal, en la libertad y en la igualdad. Repitió varias veces la expresión de “igualdad ante la Ley” y tengo la sensación que ahí se agota su idea de igualdad, en la llamada “igualdad formal”. Que la igualdad ante la Ley es un elemento fundamental de la igualdad en las sociedades democráticas no es cuestionable, pero en esas mismas sociedad la igualdad va más allá y se relaciona con condiciones de vida digna, oportunidades o con acceso universal a determinados servicios. La igualdad de Álvarez es del siglo XIX.

Nada relativo a una vida mejor para los españoles fue proferido por Cayetana Álvarez, porque posiblemente el bienestar de los ciudadanos, más allá de la libertad y la igualdad formal no esté entre sus prioridades. Por eso cuando leo a alguno decir que han escuchado los ecos de Rawls en sus palabras, me gustaría tener su dirección para regalarles A Theory of Justice, aunque sin la esperanza de que lo lean y lo comprendan. La ex portavoz del PP, que tiene su palmeros, es sin duda una de las personas más sobrevaloradas intelectualmente en la España actual.

Una prueba del desinterés de Cayetana Álvarez de Toledo por el bienestar de los españoles es que la única exclusión que no le reprocha a Pablo Casado es la de la negociación de los Presupuestos Generales del Estado. Es en los PGE donde se decide la política de verdad, no la de las palabras sino la de la colocación de los recursos limitados, que es política que a Álvarez no le interesa.

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El PP ha ganado en Galicia con holgura, demostrando su capacidad para ganar elecciones sin demasiados problemas. Como Galicia no es Andalucía, y el PP no es el PSOE, los gallegos no son vagos, subvencionados o sometidos al clientelismo por votar siempre al mismo partido.

En el País Vasco ha ganado el PNV. No ha arrasado, porque la verdad no sé cómo se puede arrasar cuando ni tienes mayoría absoluta. Todo pinta a una reedición del pacto entre PNV y PSOE, aunque cabría una mayoría alternativa, que a día de hoy parece poco factible. De todas formas, dada la forma de investidura en el País Vasco, el pacto no es necesario que sea antes de la investidura.

Lo que sí ha sido es una gran victoria para el nacionalismo vasco, que suma 53 diputados de 75 posibles. Desde esta perspectiva sí se puede decir que los nacionalistas han arrasado.

La cuestión de Podemos. En una cata que hicimos anoche en algunas localidades del País Vasco (nada científico, en plan datos de El País) se observaba que alrededor la mitad de los votantes de Podemos se habrían ido a Bildu y la otra mitad a la abstención. En Galicia no hicimos esa cata, pero está claro que, por la vía que sea, la mayoría han terminado en el BNG. Está claro que los votos de Podemos en las autonómicas gallegas y vascas de 2016 eran de votantes de la izquierda nacionalista que, por lo que sea, han cedido volver a partidos más representativos de sus tendencias políticas. Es difícil gobernar España y ser nacionalista periférico simultáneamente.

El PSOE ha mantenido la representación en Galicia y ha subido un diputado en el País Vasco. Seguirá dentro del Gobierno Vasco y en Galicia la cosa sigue como siempre. Estos resultados ilustrarían perfectamente la definición de “salvar los muebles”.

El PP de Iturgaiz, Mayor Oreja, Aznar y Casado no ha tenido éxito en el País Vasco. Tengo la impresión (y esto es una corazonada) de que sus votantes se le van a manos llenas al PNV porque son tan de derecha como ellos y además defienden que el dinero de los vascos no se mueva del País Vasco.

El sistema electoral y la provincia de Álava propician el diputado testimonial.

Foto: de www.eldiario.es bajo CC

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Existe la corriente de opinión de que se podría establecer un régimen constitucional específico para Cataluña sin tocar el resto del sistema autonómico, copiando lo que en 1978 se hizo con la financiación del País Vasco y de Navarra: una disposición adicional que contenga el régimen. Desde el punto de vista técnico sería muy hábil ya que mantendría la integridad del texto constitucional, pero abriría una puerta a la asimetría, que es uno de los sueños del nacionalismo catalán. ¿Qué problema tiene?

El primer problema y más evidente es que no sería fácil de aprobar. Los dos partidos en las Cortes con más representación tendrían amplísimos sectores que estarían en contra y que pedirían, en el mejor de los casos, contraprestaciones. Incluso Podemos ha tenido un nuevo encontronazo con Compromís por la renovación del sistema vasco de financiación.

Una parte del PP, del PSOE y la práctica totalidad de Ciudadanos estaría en contra. Incluso consiguiendo la mayoría necesaria para aprobar la reforma en Cortes no habría que descartar que tuviera que ser ratificada por referéndum al así pedirlo la décima parte de los diputados o de los senadores.

Y en este punto es donde creo que moriría la disposición adicional, porque si algo ha creado el “procés” es mucho españolismo que no va a aceptar privilegios para recompensar la ruptura del orden constitucional. La propuesta sería derrotada en las urnas precisamente porque las bases electorales de los grandes partidos no son partidarias de estos regímenes como lo han sido las élites políticas españolas.

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