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Posts Tagged ‘Nacionalismo’

En el debate de investidura el portavoz del PNV en el Congreso aconsejó a la Corona no dejarse instrumentalizar políticamente. La pasada semana volvió a recordar su desatendido consejo al señalarle al Rey que no decir nada cuando es utilizado por una parte del espectro político para criticar una decisión del Gobierno, es una forma de consentir esa instrumentalización y es igualmente una forma de participar. El presidente del gobierno vasco, Urkullu, manifestó en el parlamento que era necesario “republicanizar” la Monarquía, en el sentido de que la institución fuera ratificada en cada generación.

Un medio digital de derecha, Vóz Populi, ha atribuido esta posición de los nacionalistas vascos de derecha a la lucha política con Bildu y a la posición antimonárquica de este último partido. Es curioso cómo se construye un relato falso.

Falso porque el PNV avisó de un problema y aconsejó una postura, ha reiterado a la Corona la necesidad de distanciarse netamente de la instrumentalización y, además, acaba de ganar con soltura las elecciones vascas y lidera un gobierno de coalición con mayoría absoluta.

Si algún partido está siendo leal con la Corona es el PNV, porque es el único que señala los comportamientos nocivos y ofrece remedios, mientras los otros callan los problemas o alientan los comportamientos perjudiciales.

Alguien podría decir que lo de “republicanizar” queda poco leal. No es así por en primer lugar porque el término tiene varias acepciones y, en segundo lugar, la “republicanización” de la que habló Urkullu ha sido la legitimación que se ha usado durante los casi cuarenta años de reinado constitucional de Juan Carlos II: la Monarquía fue aceptada al aprobarse en referéndum la Constitución.

Al igual que nuestra desactualizada e irreformable Constitución se está volviendo un fósil viviente, la Monarquía contenida en ella ha perdido legitimación al pasar más de una generación sin posibilidad de pronunciarse ni sobre una ni sobre otra. La idea de generación constituyente, de sabores jeffersonianos, es una exigencia política y moral en torno a la soberanía de un pueblo respecto a sí mismo y una garantía de que las instituciones del Estado responden a la voluntad popular.

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La Comunidad de Madrid pide un trato especial sobre el hecho diferencia de ser más España que nadie, de que todo el mundo tiene familia en Madrid (yo no) o que va a la capital a ver un musical u otro espectáculo (yo tampoco por ahora). Los populares madrileños barruntaban que no querían ser una comunidad como las otras y que están deseosos de un régimen diferenciado respecto de las otras comunidades, especialmente de las más pobres.

Están en su derecho, pero la cuestión es cuanto resultará sostenible para el PP este regionalismo madrileño, que antes era neocentralismo. En este aspecto hemos de diferenciar la retórica y la realidad. En la retórica, el discurso con el que te presentas a las elecciones, los populare siempre han sido favorables al uno frente a diecisiete, aunque en la realidad han mantenido un fuerte programa autonomista llevando al Constitucional numerosas leyes por violar las competencias de las CCAA, provocando uno de sus recursos uno de los mayores seísmos compentenciales que se recuerdan. Pero en política la retórica prima. y de lo que hablaremos.

El PP siempre ha hecho de la retórica contra los hechos diferenciales uno de sus caballos de batalla fundamentales. Buena parte de sus electores tradicionales, ahora muchos en Vox, les votan para parar a los nacionalistas y en el deseo de un Estado central más fuerte y unas comunidades más débiles o incluso desaparecidas. Con habilidad algunos han disfrazado de “igualdad ilustrada” lo que no era Jacobinismo de derechas, sino una simple pretensión de homogeneización social y cultural, basada más en el dominio que en la igualdad de derechos.

La reivindicación del hecho diferencial para Madrid solamente se basa en que Madrid es diferente porque es más rica (como también otros hechos diferenciales) y por ello merece un tratamiento diferenciado respecto al resto del país. Así Cataluña, Euskadi, Navarra y Madrid tendrían un sistema económico y político “ad hoc”, no compartido con el resto del país.

Puede ser una propuesta excepcional para arrasar en la Comunidad de Madrid, pero es pésimo para los populares en el resto de España. Decíamos que la retórica popular era centralista, pero no su proceder. ¿Qué quiero decir con ello? Que los cuadros del PP en las restantes regiones pueden convertir su proceder autonomista en retórica y comenzar todos ellos a jugar la carta del regionalismo, incluso contra Madrid que se convertiría en una entidad extraña como sus tres compañeras de viaje y sin Bildu que lo enmascare todo como en Navarra.

Anda Juanma Moreno anunciando que monitorizará (no dice cómo) las segundas residencias en Andalucía, propiedad de madrileños, para evitar un éxodo en caso de que el confinamiento en la CAM se extienda. Moreno lo hace no porque pueda hacerlo, sino para tener un mal exterior y en este caso es la Comunidad de Madrid, orgullo e insignia de su partido. Madrid y los madrileños se han convertido en un amenaza para sus votantes e intenta sacar tajada de ello.

Un gobierno regional en la CAM insistiendo en privilegios, será el nacimiento de movimientos regionalistas de derecha por el sencillo hecho de que la política madrileña es política nacional y todas sus intenciones, declaraciones y decisiones serán del dominio general de forma instantánea. La alternativa al regionalismo de derecha es la extrema derecha.

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Convergencia Democrática de Cataluña siempre gustó ir a las elecciones en compañía de alguien y no exponer la totalidad de sus siglas a los resultados electoral. La única vez que se presentó con su denominación a unas elecciones fue a las Generales de 2016. El partido sigue existiendo hasta el punto que se presentó en coalición a las últimas elecciones catalanas con su sucesor, el Partido Democrático de Cataluña (PDeCat).

El PDeCat parece que se deshace entre seguidores de Puigdemont y aquellos que piensan que el tiempo de Puigdemont está acabado. La pregunta ahora es qué resultará de estos movimientos.

Aunque muchos piensen que eso no es importante, un partido se construye desde sus bases municipales. Ése es el verdadero colchón y no otro. Que de esta crisis, si culmina, emerjan dos partidos viables dependerá sobre todo de qué bases municipales van a cada lugar.

La segunda variable es el liderazgo regional. Está claro que los de Puigdemont tienen un liderazgo porque las bases de su proyecto son personalistas y que puede resultar que el PDeCat tenga menos proyección, pero también es cierto que la permanencia de Artur Mas en el PDeCat permite atisbar una cierta proyección más allá del conglomerado de alcaldes y concejales . Esto es una condición necesaria, pero no suficiente.

La tercera es saber explicar qué ha producido la ruptura y qué hace a una parte mejor que la otra. Esto dependerá de qué sector del público objetivo se considere mayoritario y también de cuál se considere accesible. Los partidarios de Puigdemont tienen bazas fuertes para convencer al electorado común y los del PDeCat poseen en el personalismo de Puigdemont un arma interesante.

Quien reúna más bases municipales con sus representantes, tenga una liderazgo claro y explique bien cómo se ha llegado allí, tendrá una ventaja de partida. Luego vendrá lo siguiente, que es el buen hacer de cada cual, pero puede que el punto de partida no sea el mismo.

Mientras escribía esto recordaba las mil divisiones del Andalucismo y creo que ejemplifica muy bien lo que quería decir. Cada una de las partes (los de Pacheco o los de Rojas-Marcos) atrajo a estructuras municipales y tenían sus nutridos grupos de concejales y municipios de cierta entidad, pero en las dos veces que esto sucedió (PAP y PA; PSA y PA) quedó claro que la división entre los andalucistas se debían solamente al ego de cada cual y, además, ninguno de ellos fue capaz de articular un liderazgo regional. Y esto fue un pecado en el PA reunificado, pues no supo tener líderes conocidos y votó su disolución teniendo trescientos diecinueve concejales.

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El PP ha ganado en Galicia con holgura, demostrando su capacidad para ganar elecciones sin demasiados problemas. Como Galicia no es Andalucía, y el PP no es el PSOE, los gallegos no son vagos, subvencionados o sometidos al clientelismo por votar siempre al mismo partido.

En el País Vasco ha ganado el PNV. No ha arrasado, porque la verdad no sé cómo se puede arrasar cuando ni tienes mayoría absoluta. Todo pinta a una reedición del pacto entre PNV y PSOE, aunque cabría una mayoría alternativa, que a día de hoy parece poco factible. De todas formas, dada la forma de investidura en el País Vasco, el pacto no es necesario que sea antes de la investidura.

Lo que sí ha sido es una gran victoria para el nacionalismo vasco, que suma 53 diputados de 75 posibles. Desde esta perspectiva sí se puede decir que los nacionalistas han arrasado.

La cuestión de Podemos. En una cata que hicimos anoche en algunas localidades del País Vasco (nada científico, en plan datos de El País) se observaba que alrededor la mitad de los votantes de Podemos se habrían ido a Bildu y la otra mitad a la abstención. En Galicia no hicimos esa cata, pero está claro que, por la vía que sea, la mayoría han terminado en el BNG. Está claro que los votos de Podemos en las autonómicas gallegas y vascas de 2016 eran de votantes de la izquierda nacionalista que, por lo que sea, han cedido volver a partidos más representativos de sus tendencias políticas. Es difícil gobernar España y ser nacionalista periférico simultáneamente.

El PSOE ha mantenido la representación en Galicia y ha subido un diputado en el País Vasco. Seguirá dentro del Gobierno Vasco y en Galicia la cosa sigue como siempre. Estos resultados ilustrarían perfectamente la definición de “salvar los muebles”.

El PP de Iturgaiz, Mayor Oreja, Aznar y Casado no ha tenido éxito en el País Vasco. Tengo la impresión (y esto es una corazonada) de que sus votantes se le van a manos llenas al PNV porque son tan de derecha como ellos y además defienden que el dinero de los vascos no se mueva del País Vasco.

El sistema electoral y la provincia de Álava propician el diputado testimonial.

Foto: de www.eldiario.es bajo CC

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La izquierda española está mal acostumbrada con los que podemos denominar “derecha hispánica”. La derecha hispánica, representada por el PP, es muy visible, normalmente ofensiva con el que no piensa como ella y tiene sus elementos folklóricos siempre bien presentes.

La derecha periférica tiene una presencia y unos modos, por lo general, desacostumbrados fuera de Euskadi y Catalunya o al menos eso nos parece desde el resto de España. Ello ha llevado a la conclusión de que la derecha nacionalista catalana o vasca no son tan de derecha como la que representa el Partido Popular y ello es una confusión lamentable. Unos buenos modos solamente hablan de la educación que alguien tenga y de la perspectiva cívica que adopte, pero no de su ideología.

El hecho de añadir el nacionalismo a su receta ideológica, es un elemento más de su derecha ideológica. Contra lo que muchos piensan, ser de izquierda debería ser incompatible con el nacionalismo, de modo que alguien de derecha es aún más de derechas si es nacionalista.

PNV, CDC o UDC se han integrado tradicionalmente en los grupos del Parlamento Europeo que se identifican con los partidos de derecha democrática (liberales o populares) sin más problemas.

Podemos tiene gravísimos problemas para entrar en un gobierno con Ciudadanos (también integrado con los liberales europeos), pero no para recabar el apoyo de nacionalistas vascos y catalanes. Y sin duda porque cuando se sale de la meseta el partido morado confunde la izquierda con la derecha, tiene synaesthesia ideológica.

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La izquierda fue internacionalista hasta la Primera Guerra Mundial. En esa maldita fecha, millones de jóvenes dejaron los vidas en los lodazales de Europa y los izquierdistas compartieron el nacionalismo con la derecha política. Hoy en día vemos normal que haya formaciones nacionalistas tanto de izquierda como de derecha.

La CUP es una formación muy de izquierdas y muy nacionalista. El famoso empate en la Asamblea refleja perfectamente este doble alma de la Candidatura de Unidad Popular. Apostar por terminar el “proceso” o pactar con los responsables de la situación económica y social contra la que luchaban. Independientemente de cuál hubiera sido su opción entonces y ahora hubieran traicionado a la mitad de su ser.

La pregunta es ¿por qué han preferido traicionar al alma izquierdista y no al alma nacionalista? La cuestión es compleja pero creo que tiene que ver con la alma postergada. Los nacionalistas y soberanistas fundamentan su postura de que es mejor un Catalunya independiente en la idea de que los catalanes están siendo expoliados por los españoles y que, desde un punto de vista exclusivamente económico, el fin de la “opresión” mejorará la vida de los catalanes. Con independencia no habría crisis, ni corrupción, ni problemas sociales.

La idea creada de que o ahora logran la independencia o tardarán tres siglos, ha calado en los dirigentes de la CUP. Y todo el mundo quiere escribir la Historia. De paso la tremenda alegría del otro sector, especialmente de la derecha españolista, por las decisiones de la CUP también ha ayudado a sus dirigentes a no intentar llegar a la repetición de las elecciones.

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Una de las bases fundamentales sobre la que se ha edificado la hegemonía, a prueba de bombas atómicas (como Zaplana, Camps o Fabra), del PP en la Comunitat Valenciana ha sido la defensa de la “identidad valenciana” frente al “imperialismo pancatalanista”.

La lucha por defender las diferencias entre el catalán y el valenciano ha sido tal que en ocasiones ha rozado el ridículo, siendo la Generalitat una de las pocas instituciones que defiende posiciones radicales tras el acuerdo que “una lengua con dos estándares y denominaciones”.

Pero en el PP no interesan esas cosas como los estándares lingüísticos, porque para ellos la lengua es un arma política: lo que se critica en Catalunya lo hacen ellos con pocas diferencias en Illes Balears.

Siendo importante la lengua no era el único que constituía la “identidad valenciana” que, en manos de los actuales dirigentes, consiste en una mezcla de folklore, lengua y todo lo que sea diferente a los catalanes. Porque no es el aprecio por lo que propio lo que se hace ganar elecciones, sino tener muy claro un enemigo común exterior (con infiltrados) y presentarte como el único muro de contención posible.

Un elemento paradójico que nos trae el colapso financiero de la Comunitat Valenciana es el hecho de que el sector bancario está dejando de ser valenciano y pasando a manos del “enemigo catalán”. La CAM ha sido absorbida por el Banco de Sabadell y el Banco de Valencia por CaixaBank de forma que el sector bancario valenciano ahora es parte del catalán.

Sin duda el PP valenciano continuará con su rentable electoralmente política de “identidad valenciana frente a imperialismo catalán”, pero su mala gestión ha hecho que la Comunitat se quede sin autonomía bancaria. Esto parecerá poco importante, incluso puede que lo sea, pero no deja de ser significativo que se te escape uno de los sectores más importante para una economía.

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El debate político está donde a la derecha le viene bien que esté: en la identidad. Mas y Rajoy se mueven muy bien expresando identidades, naciones, banderas y otras gaitas mientras las zarandajas de la pertenencia y la patria esconden los monumentales, y habitualmente, ideológicos recortes que están practicando.

A Artur Mas le conviene un ambiente polarizado en torno a lo nacional, porque así no se habla ni de cuestiones sociales, ni de problemas económicos y de muchas de las cosas que su gobierno autonómico va haciendo. A Rajoy le conviene por las mismas razones, porque él se mueve en el terreno nacionalista como los de CiU, ya que es nacionalista como ellos pero de otra identidad.

Ambas formaciones lanzarán a sus perros mediáticos a calentar el ambiente: una declaración incendiaria en Barcelona o Madrid eleva el apoyo al gobierno del otro lado por parte de sus ahora flaqueantes núcleos duros de votantes y mientras tanto, con una tupida cortina de humo, se seguirá realizando una política en la que derecha hispana dice creer pero que solamente es capaz de ejecutar a escondidas.

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Basagoiti ha anunciado que el PP deja de apoyar parlamentariamente al Lehendakari de manera que el gobierno vasco presidido por Patxi López que con solamente veinticinco diputados frente a los cincuenta que tiene la oposición compuesta por PNV, PP, Aralar, EA, EB y UPyD. Una situación que suele ser propicia para el adelanto electoral, salvo por el hecho no despreciable de que el Lehendakari consiguió aprobar los Presupuestos para este año 2012.

Creo que las explicaciones que el Presidente del PP del País Vasco recojan casi todas las motivaciones para la ruptura del acuerdo programático que llevó a Patxi López a la Lehendakaritza y que le ha proporcionado sostén parlamentario.

Los populares se han dado cuenta que le están dando a los socialistas un lugar privilegiado dentro de la política nacional, pues el Lehendakari siempre tiene cientos de micrófonos dispuestos a tomar sus declaraciones. En una época en la que el PSOE solamente tiene dos presidentes autonómicos, quitarle uno de ellos es un logro.

Además quitarle una nueva autonomía al PSOE, eliminaría una pieza fundamental en la estrategia opositora de Rubalcaba. El Lehendakari López ya había anunciado recursos de inconstitucionalidad contra determinadas medidas de recorte de Rajoy, por lo que sostener a quien te recurre es poco coherente hasta para alguien del PP.

Pero el caso de Patxi López es realmente especial. La jugada de convertirle en el próximo candidato socialista a la Presidencia del Gobierno está más clara cada, de forma que cada día que permanezca al frente de un gobierno tan significativo y con tanta repercusión como el vasco es un día de campaña que los populares le regalan. Cuando Basagoiti habla de que está más preocupado en cosas de su partido, habla de esto.

Para los populares vascos el elemento simbólico también se ha terminado. Es evidente que el acuerdo entre PSE y PP se basaba en el deseo que ambas direcciones nacionales de quitarle al nacionalismo vascos, en general, y al PNV en especial el monopolio sobre las instituciones autonómicas vascas.

Después de tres años esto ha dejado de importar y ahora el Partido Popular, tanto a nivel nacional como a nivel regional, prefiere cuidar el eje ideológico frente al identitario. Alguien ha debido pensar que alargar la Presidencia del socialista es incrementar los votos de la izquierda abertzale en perjuicio de la derecha nacionalista vasca, que sin duda será una aliada de primer orden en caso de que el PP, a partir de 2015, necesite apoyos parlamentarios (siempre no vivan un desastre a lo UCD).

Y llegamos al centro de todo esto. El PP va a sentir un fuerte desgaste, como el PSOE sigue encajando, de manera que si quieren un gobierno conservador en Euskadi, lo mejor que pueden hacer los populares es intentar que se adelanten las elecciones, y así ellos conservar fuerza suficiente para apoyar a un candidado del PNV frente a uno de la izquierda abertzale.

Hay prisas porque el deterioro económico puede beneficiar mucho a la izquierda abertzale, porque a su mensaje ya conocido se le une uno ‘anticapitalista’ que puede reunir muchos votos del cabreo.

Con un Lehendakari del PNV el PP gana en dos aspectos. El primero es la sintonía a la hora de hacer determinadas políticas. El segundo es que nuevamente hay un nacionalista vasco lo suficientemente nacionalista vasco como para cabrear a su público más españolista y no tan soberanista como para ser un problema constitucional.

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Tengo la impresión de haber escrito ya esta entrada, pero advertido el riesgo del autoplagio inconsciente, continúo adelante.

El otro día el ex director de La Vanguardia, Lluís Foix, escribía una arrebatada entrada contra lo que él considera deseos recentralizadores del nacionalismo español.

El hecho de que el nacionalismo español le ponga de los nervios a alguien que ha dirigido La Vanguardia entra dentro de lo normal, pero lo curioso es que si hurgamos un poco en unas de la reivindicaciones centrales del nacionalismo español es el neocentralismo, es decir, que todas las decisiones importantes vuelvan a tomarse por parte del Gobierno de España.

Cualquier nacionalista español mantiene que cualquier parte del país es tan España como cualquier otra y uno puede encontrar confesos de esta ideología en cualquier parte del país.

Lo curioso es que los grandes defensores mediáticos del nacionalismo español se encuentran en Madrid. Para ellos recentralizar es que la toma de decisiones se haga en Madrid. Y Madrid no es un territorio neutro en intereses, como ninguna otra región o ciudad de España.

¿Recuerdan la polémica y el recurso judicial por el traslado de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones a Barcelona? El gran argumento que se manejó en aquel momento era que a los trabajadores se les cambiaba la vida de golpe, lo cual era cierto. Lo que no se comentaba es que posiblemente casi todos los trabajadores de un organismo nacional eran de una sola región, aquella donde tenía su sede antes de ser trasladada a Barcelona.

¿Por qué los medios valedores del nacionalismo español no proponen que la capital del país se traslade a Barcelona, Bilbao, Oviedo, Pontevedra, Cáceres, Salamanca, Palma de Mallorca, Murcia, Sevilla, Santa Cruz de Tenerife o Ceuta? Entonces yo estaría de acuerdo con el neocentralismo y todas esas gaitas, porque creería que el nacionalismo español al menos es coherente con su postulado básico de ‘Plenitudo Hispanitatis’ para cualquier rincón, y no ocultaría el resquemor al ver a eso que llaman ‘provincias’ tomando sus propias decisiones.

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