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Posts Tagged ‘Nacionalismo catalán’

Albert Rivera ha manifestado que su carrera política se hundió el día que levantó el veto al PSOE para formar gobierno. Ese veto fue un error, porque hoy podría ser Vicepresidente del Gobierno, con una coalición sostenida en una mayoría absoluta en el Congreso y, aunque el electorado suele castigar a los socios menores de las coaliciones, el partido hubiera estado en mejor posición que la que le dejó como herencia tras las Elecciones Generales de noviembre de 2019.

Como indican en El País, Rivera obvia por incómodas para su versión determinadas circunstancias, especialmente que el partido caía como un plomo en todas las encuestas, cuando se decidió a levantar el veto. La segunda circunstancia era que sus condiciones eran una trampa mortal para el PSOE días antes de las Elecciones, porque estaban llenas de posibles conflictos sociales que afectarían al núcleo de votantes socialistas, así como una serie de propuestas que requerirían la reforma constitucional.

La tercera circunstancia, relacionada con la primera, es que una parte de los votantes de Ciudadanos no eran reformistas, ni liberales, ni querían tocar nada del sistema económico o social. Rivera había estado alimentando un discurso identitario español, fundado en la oposición básicamente al nacionalismo catalán, y ahora toda esa masa de votantes había encontrado a alguien que era lo que ellos esperaban: identidad sin pagar peajes progres como el matrimonio homosexual o el aborto. Y los pactos madrileños y andaluces los avalaron, algo de lo que Rivero no se ha dado nunca cuenta.

Esos electores los había perdido antes de levantar el veto, aunque fuera de esa forma que a nadie le dio la impresión de que lo hiciera. Rivera ha sido un funesto estratega que siempre hacía lo contrario que decía, porque en vez de superar la polarización, hizo todo lo posible por intensificarla al máximo posible, hasta que los verdaderos expertos en polarización se llevaron a su público.

Es cierto que Ciudadanos, como partido, tiene muchas propuestas con las que se puede estar o no de acuerdo, pero que aportan ideas al debate político. De eso no cabe duda. Pero es igualmente cierto que el liderazgo de Ciudadanos se ha dedicado a hacer una política a la contra y ese tipo de política se hace mejor desde los extremos del espectro político, con personajes como De Quintos o Girauta.

Nadie se ha creído tanto, sin haber sido nada, pero casi haberlo sido todo. Otro cadáver político más que deja Pedro Sánchez cuando parece que está acorralado.

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Convergencia Democrática de Cataluña siempre gustó ir a las elecciones en compañía de alguien y no exponer la totalidad de sus siglas a los resultados electoral. La única vez que se presentó con su denominación a unas elecciones fue a las Generales de 2016. El partido sigue existiendo hasta el punto que se presentó en coalición a las últimas elecciones catalanas con su sucesor, el Partido Democrático de Cataluña (PDeCat).

El PDeCat parece que se deshace entre seguidores de Puigdemont y aquellos que piensan que el tiempo de Puigdemont está acabado. La pregunta ahora es qué resultará de estos movimientos.

Aunque muchos piensen que eso no es importante, un partido se construye desde sus bases municipales. Ése es el verdadero colchón y no otro. Que de esta crisis, si culmina, emerjan dos partidos viables dependerá sobre todo de qué bases municipales van a cada lugar.

La segunda variable es el liderazgo regional. Está claro que los de Puigdemont tienen un liderazgo porque las bases de su proyecto son personalistas y que puede resultar que el PDeCat tenga menos proyección, pero también es cierto que la permanencia de Artur Mas en el PDeCat permite atisbar una cierta proyección más allá del conglomerado de alcaldes y concejales . Esto es una condición necesaria, pero no suficiente.

La tercera es saber explicar qué ha producido la ruptura y qué hace a una parte mejor que la otra. Esto dependerá de qué sector del público objetivo se considere mayoritario y también de cuál se considere accesible. Los partidarios de Puigdemont tienen bazas fuertes para convencer al electorado común y los del PDeCat poseen en el personalismo de Puigdemont un arma interesante.

Quien reúna más bases municipales con sus representantes, tenga una liderazgo claro y explique bien cómo se ha llegado allí, tendrá una ventaja de partida. Luego vendrá lo siguiente, que es el buen hacer de cada cual, pero puede que el punto de partida no sea el mismo.

Mientras escribía esto recordaba las mil divisiones del Andalucismo y creo que ejemplifica muy bien lo que quería decir. Cada una de las partes (los de Pacheco o los de Rojas-Marcos) atrajo a estructuras municipales y tenían sus nutridos grupos de concejales y municipios de cierta entidad, pero en las dos veces que esto sucedió (PAP y PA; PSA y PA) quedó claro que la división entre los andalucistas se debían solamente al ego de cada cual y, además, ninguno de ellos fue capaz de articular un liderazgo regional. Y esto fue un pecado en el PA reunificado, pues no supo tener líderes conocidos y votó su disolución teniendo trescientos diecinueve concejales.

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