Diplomacia de bajo coste

Todavía recuerdo mi estupor cuando, en su primera comparecencia en el Congreso, el desaparecido ministro de Asunto Exteriores, García Margallo iba desgranando el desmantelamiento del ínfimo aparato diplomático que España tenía en el África subsahariana, recurriendo a argumentos populistas y cortoplacistas como decir que un millón de euros para una Embajada en Zimbaue era muchísimo.

La gran reforma del servicio exterior consistía en mandar antenas (diplomáticos solos y aislados) en vez de formar equipos estables de trabajo cuya renovación no implicase un comienzo desde la nada.

El nuevo secretario de Estado de los EEUU ha afirmado que lo que se gasta en forma diplomáticos es una parte ínfima de lo que cuesta forma soldados. Los diplomáticos salen rentables a los países, evitando conflictos, defiendo a sus empresas y marcas y teniendo los resortes para que los medios extranjeros no te zarandeen a ti y a tu deuda soberana cada tres días.

Tener un buen servicio exterior cuesta muy poco. No tenerlo cuesta mucho. Rajoy nos da un servicio exterior ‘low cost’ y el país recibe un servicio malo.

Consecuencias de una política exterior irresponsable cuando se está en la oposición

Una de las obligaciones fundamentales de una representación diplomática es informar a su gobierno sobre el estado de opinión que sobre su país se tiene en donde se está trabajando. Evidentemente una buena representación diplomática no solamente recaba su información en el entorno del gobierno en ejercicio sino también en el entorno de la oposición que potencialmente puede convertirse en gobierno.

Cuando la oposición llega a ser gobierno, es posible que los gobiernos de los países que tienen representación diplomática (algo que España acostumbra poco y acostumbrará menos) tengan una idea bastante certera de lo que esos políticos han dicho sobre sus países, especialmente si las relaciones son intensas, como nosotros con los estados sudamericanos.

El Partido Popular ha estado casi ocho años haciendo mofa de la política sudamericana del ex Presidente Rodríguez Zapatero. Evidentemente no sólo el PP, sino también todo su entorno mediático y social. El insulto a los dirigentes sudamericanos, especialmente en los medios más radicales que apoyan al PP, ha estado a la orden del día y, claro, esto es algo que al receptor le gusta mucho y más cuando no depende de ti.

La desaparición de una política exterior sensata y pragmática para Sudamérica, el desmantelamiento del Ministerio de Asuntos Exteriores, el sentido desprecio de la derecha española hacia muchos de los dirigentes de estos países y una serie de argumentos sobre inversiones no realizadas e insuficiencia energética en países con yacimientos petrolíferos y gasísticos hace que se comience a ver como al Gobierno de Rajoy le chuflean con expropiaciones ante las que está impotente.