Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘listas abiertas’

Parece que un ex director de El Mundo nos va a “alegrar” periódicamente con sus aportaciones a la edición en español de The New York Times. David Jiménez se ha despachado esta semana con el clásico ataque a la clase política (poco preparada y obediente al líder) con una falsa equidistancia, que encubre una obsesiva fijación hacia una parte de la clase política.

El artículo en sí mismo no deja de ser una relación sin orden, ni lógica, de los tópicos de la regeneración política riverista de la pasada década. Sencillamente tengo la impresión de haber leído y escuchado mil veces lo mismo.

Lo realmente estupendo del artículo es la solución que Jiménez plantea a los males de la clase política. En la línea de todo lo que le antecede en el artículo es simplón y recurrente: las listas abiertas. De las listas abiertas he escrito un montón de veces, pero me parece oportuno sintetizar algunos de los costes que tienen sus pretendidas ventajas.

1) En España ya tenemos listas abiertas. ¿Sí? Sí, esa papeleta sepia, inmensa en muchas provincias, que se emplea para elegir a los senadores. Aparecen los nombres de todos los candidatos y uno tiene que señalar tres de ellos (el número de las cruces varías en las islas y en las ciudades norteafricanas). Casi todos los electores pone las tres cruces a los candidatos del mismo partido que votó en el Congreso, con cierto margen al “jugueteo”. Casi nadie se molesta en conocer el nombre, ideas y curriculum de todos los candidatos al Senado para decidirse en su voto en lista abierta.

2) Las listas abiertas en las circunscripciones grandes se convierten en una locura y normalmente los ciudadanos votan a todos los candidatos propuestos por un partido. Tiene un coste cognoscitivo enorme. En las pasadas elecciones en Madrid se presentaron 12 candidaturas para cubrir sus 37 diputados, lo que supondría 444 candidatos en la papeleta; en Barcelona subiría a 512 candidatos; en Valencia 225; o en Sevilla 156. Los ciudadanos tendrían que coger días de vacaciones para estudiar a los candidatos y así tuviera sentido la propuesta que Jiménez hace suya.

3) Si para corregir este problema reducimos el tamaño de las circunscripciones, entonces la elección perderá la cierta proporcionalidad que tienen, para convertirse en mayoritario. Una elección en listas abiertas tiene un claro efecto favorable al partido que más votos consiga, eliminando las minorías, como sucede en las elecciones senatoriales en las que el resultado 3-1 suele ser el habitual.

4) Precisamente por todo lo anterior, ayuda a los partidos concentrados territorialmente.

5) Es un sistema ideal para poder votar al partido que se cree mejor y a la vez a ese personaje de la “Isla de las tentaciones” que se presenta, a ese futbolísta con el que mi equipo ganó la Copa del Rey o a un “colgao” que sacan en determinados programas de televisión. Ya veo a determinados programas de entretenimiento, en televisión y en radio, lanzando a sus candidatos raritos como si de Eurovisión tratara.

6) El sistema de listas abiertas prima a los candidatos que son más conocidos sobre los menos populares. Las candidaturas pueden transformarse en una pasarela de celebridades políticas y/o sociales de las localidades o las provincias. Será imposible convencer a alguien a que deja una determinada posición profesional para competir contra todos los alcaldes de la provincia y todos los locutores de radio y tertulianos de la zona.

Me dejo muchas cosas pero creo que las principales quedan apuntadas: coste cognitivo (que diría Pablo Simón), imposibilidad de conseguir los fines propuestos, tendencia mayoritaria, eliminación de las minorías o concurso de popularidad.

Read Full Post »