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Posts Tagged ‘Islandia’

George STEINER: Campos de fuerza: Fischer y Spasski en Reykiavic, 1973. La Fábrica, Barcelona, 2004, 128 páginas.

Éste es un libro sobre unas cuantas partidas de ajedrez. Pero es mucho más que eso, es un libro que parece escrito por Jorge Luis Borges en el que todo tiene una unidad temporal circular de modo que se da una concurrencia masiva y ordenada. Un libro absolutamente recomendable.

Steiner parece transformarse en el escritor argentino. Partiendo de lo que es la narración de la final del Campeonato del Mundo de Ajedrez en 1973, entre Fischer y Spasski, recorre la historia del ajedrez, Islandia y su relación con el ajedrez, la política de bloques imperante en la época, la psicología del ajedrez, el carácter de cada uno de los contrincantes, la irrupción de la televisión, la entrada del ajedrez en el mundo del ‘deporte comercializado’, la fábrica de las piezas, el ambiente, la presencia de los periodistas y todo en ello con profundidad y capacidad sintética.

Pero quizá lo más grandes que hace Steiner es una desvalorización tremenda del ajedrez. Pertenezco a una generación que se crió en las postrimerías de la Guerra Fría, en la que los deportes y el ajedrez eran un incruento campo de batalla entre los dos bloques ideológicos y más concretamente entre los Estados Unidos y la Unión Soviética.

Steiner mantiene que el ajedrez tiene una profundidad tremenda, que requiere genialidades para ser dominada, pero todo ese esfuerzo, toda esa grandeza y genialidad no dejan de ser un coste titánico para un juego, para una trivialidad. En nada mejora el mundo un resultado, una salida o una jugada magistral, por difícil que sea y capacidad intelectual que se necesite.

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Islandia y Marbella

En IC se hacían eco de una entrada de Guerra Eterna en la que se preguntaba por la responsabilidad de los votantes islandeses en la quiebra financiera de su país. Ellos eligieron a unos gobernantes neoliberales que consiguieron que sus bancos fueran estupendísimos, y el Estado y los islandeses ganaran mucho dinero, y ahora no quieren arrostrar las consecuencias.

En el fondo alguna razón tienen los islandeses porque los bancos eran entidades privadas y, aunque los fondos fueran de ayuntamientos británicos y provincias nederlandesas, ellos jugaron sin coacción ninguna con dinero público en ese casino ártico que era Islandia.

Hace tiempo me quejaba amargamente de un discreto rescate municipal que se realizó en España. Los marbellíes decidieron que la mejor personas para gobernar su ayuntamiento era Jesús Gil y el Grupo Independiente Liberal (GIL también). Comenzó el despiporre de corrupción, de clientelismo de lo más descarado, de gastos suntuosos que vacían que los vecinos/votantes se sintieran ‘orgullosos’ de su pueblo. Luego vinieron los innumerables procesos judiciales, las detenciones y la disolución de la corporación locales.

Como era de imaginar lar arcas que se encontraron los miembros de la Comisión Gestora y luego los de la nueva corporación electa (mayoría absoluta del PP) eran un desastre. No había ni un solo euro. La solución que se le dio fue un rescate, tanto del Estado como de la Comunidad Autónoma, para sanear las arcas marbellíes para que, según dijeron, los ciudadanos no tuvieran que pagar en los servicios públicos las consecuencias de la gestión corrupta que había padecido.

Pero esos corruptos no se habían hecho con el Ayuntamiento de Marbella ni por la fuerza, ni por medios ilegales. Habían ganado las elecciones municipales en cuatro ocasiones con atronadoras mayorías absolutas, es decir, esos pobres ciudadanos habían decidido que ellos les gobernase, con el estilo que les caracterizaba (y en una localidad mediana se sabe todo) y se mostraron tan contentos.

¿Por qué los vecinos/votantes/ciudadanos no deben pagar las consecuencias del asalto al Ayuntamiento que ellos mismos posibilitaron en cuatro elecciones consecutivas?

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Unos tipos de interés altos y la desregulación bancaria permitieron que los bancos islandeses atrayesen grandes cantidades de dinero de media Europa, dinero que parece que esos bancos reinvirtieron en fondos norteamericanos llenos de hipotecas ‘sub prime’ y otras deudas que terminaron lastrando a las tres principales entidades bancarias y el gobierno se vio obligado a nacionalizarlas.

Los depositarios que fueron buscando altos intereses que no se encontraban en la Unión Europea terminaron tirando de sus gobiernos para que intergubernamentalmente reclamaran su dinero. Hay que tener en cuenta que buena parte de los depósitos provenían de entidades públicas de diversos estados europeos.

Ahora los islandeses han decidido en referendum que ellos no le van a pagar los depósitos ni los nederlandeses ni a los británicos, aunque los alemanes se les han escapado.

Todos los actores de la bancarrota islandesas han jugado muy en serio, pero ninguno quiere asumir las consecuencias. Los que depositaron su dinero con unos tipos sospechosamente altos, no quieren ahora asumir el riesgo que sabían que tienen este tipo de operaciones. Los administradores de los bancos islandeses de desentendieron con la nacionalización. Los islandeses estuvieron muy contentos, se beneficiaron de los impuestos que esos bancos riquísimos ingresaban en las cuentas de su país y respaldaron una legislación bancaria suicida, pero ahora tampoco quieren saber nada.

Islandia no es el culpable universal de la crisis financiera internacional, ni siquiera es una de los grandes protagonistas, simplemente es una de las consecuencias de ser un país de juguete y jugar a ser un país de verdad, pero en el caso islandés sí encontramos la pauta general de lo que ha sido esta crisis: el sistema viene abajo, nadie quiere perder, nadie es el responsable y todos quieren seguir ganando.

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Islandia se está dando prisas para entrar en la Unión Europea, de hecho, está acortando los plazos que ellos mismos se habían impuesto. No es que en Islandia haya entrada de repente una euforia europeísta que se mantuviera bajo tierra como sus aguas termales.
Islandia ha descubierto que el hecho de ser un estado que va por libre, que adopta las medidas europeas pero con el límite suficiente como para poder sacar beneficio, les ha llevado a la ruina. La banca islandesa, que antes atraída capitales gracias a unos intereses que no se pagaban en ningún sitio, se ha volatilizado.
Países pequeños exprimen hasta sus últimas consecuencias su independencia, haciendo legal lo que en otros países, los que crean riqueza y prosperidad no permiten. Países de vida parasitaria y especulativa como Islandia que ahora reclama su propio “plan de rescate”, con la denominación de adhesión a la Unión Europea.

Escudo Islandia
Islandia se está dando prisas para entrar en la Unión Europea
, de hecho, está acortando los plazos que ellos mismos se habían impuesto. No es que en Islandia haya entrada de repente una euforia europeísta que se mantuviera bajo tierra como sus aguas termales.

Islandia ha descubierto que el hecho de ser un estado que va por libre, que adopta las medidas europeas pero con el límite suficiente como para poder sacar beneficio, les ha llevado a la ruina. La banca islandesa, que antes atraída capitales gracias a unos intereses que no se pagaban en ningún sitio, se ha volatilizado.

Países pequeños exprimen hasta sus últimas consecuencias su independencia, haciendo legal lo que en otros países, los que crean riqueza y prosperidad no permiten. Países de vida parasitaria y especulativa como Islandia que ahora reclama su propio “plan de rescate”, con la denominación de adhesión a la Unión Europea.

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Islandia es un país que de vez en cuando salta a la prensa y se convierte, probablemente, sin pretenderlo en el centro de la información mundial. Sucedió cuando acogió la mítica partida entre Fisher y Sparski de la final del Campeonato del Mundo de Ajedrez, fue sede también del último episodio de la Guerra Fría cuando Reagan y Gorbachov se entrevistaron sin resultado. De paso es también un habitual rival de la selección española en las fases previas de los campeonatos mundiales y europeos de fútbol. Ahora es el primer país cuyo sistema financiero completamente se ha roto en esta crisis financiera.

Hace solamente seis meses “El País” publicaba un reportaje en el que se hablaba que Islandia es el país del mundo en el que la gente se considera más feliz, probablemente, y esto lo añado yo, porque es el país en el que más libros se leen.

Sólo seis meses han bastado para que el paraíso de las nieves, se convierta en el infierno de los bancos, al menos en los titulares de prensa. No creo que Islandia haya cambiado fácticamente en este último medio año como parecería desprenderse de la lectura de la prensa de esta semana.

Entre vida real y vida económica hay una necesaria diferencia. Si ya entramos en que determinados movimientos económicos tienen causas que trascienden lo concreto y objetivo, puede que estemos haciendo de todos las crisis de unos cuantos.

He defendido el “Plan de Rescate” y creo que hay que transmitir tranquilidad a los mercados y confianza a los ciudadanos. Tras leer la entrada de hoy del blog de Jordi Sevilla sí creo que hay que decirle, especialmente a los primeros, que las actuaciones tienen un límite, que se deben atener a unos criterios y que no se dejará por hacer nada de lo imprescindible por hacer.

Posiblemente los islandeses no hayan dejado de ser tan felices como dicen ser, aunque sus principales bancos hayan tenido que ser nacionalizados por vía de emergencia. La situación es compleja, peligrosa y requiere tomar medidas, pero no podemos repetir los mismos errores que nos han llevado a esta situación.

El error, dicho a lo bruto, ha sido apostarlo todo en un único punto para tener unas ganancias desorbitadas; el error puede ser ahora que se ponga lo que queda en manos del Estado para evitar unas pérdidas desorbitadas. ¿Y cuándo no quede más dinero? Como no es posible la curación, no hay que pagar un tratamiento terapéutico que no existe, paguemos únicamente un tratamiento paliativo en su justo precio.

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