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Posts Tagged ‘Inés Arrimadas’

En los estertores del verano escribía sobre el margen de supervivencia que tenía Ciudadanos en el actual panorama político. El presupuesto era que Ciudadanos debía olvidarse de ganar elecciones para transformarse en una fuerza influyente a ambos lados de su posicionamiento político. Un reto difícil que Ciudadanos comenzó a construir y que parece que se ha bajado al retrirar su apoyo inicial a los Presupuestos.

Ciudadanos tendrá que competir por el voto desde el centro a la derecha, tras haber renunciado a ser una opción para el votante de centro izquierda. La cuestión es cuánto voto de la derecha puede quedar entre sus redes.

A estas alturas me parece inevitable que Ciudadanos vaya en coalición a las próximas Generales con el Partido Popular, en una repetición de lo que hemos visto en las Elecciones Vascas. Los populares tienen que evitar que el voto residual a Ciudadanos les quite votos (los votos de C’s que habían de irse a Vox ya se fuera y no fueron pocos) y, sobre todo, escaños en los enrevesados cocientes de nuestro sistema electoral, de forma que la pérdida pueda suponer no sumar con Vox a la hora de la investidura.

Lógicamente Casado le va a hacer a Arrimadas una oferta de esas que no se puede rechazar. En primer lugar le dejará a los naranjas tener más candidatos en puestos de salida que los escaños que Ciudadanos pueda obtener en la más optimista de sus previsiones y, en segundo lugar, le ofrecerá a Arrimadas un puesto en el Consejo de Ministros y alguna Secretaría de Estado en otro Ministerio para los suyos.

Si Casado consigue la investidura en unión a Vox, todo lo que le haya ofrecido a Arrimadas por la coalición va a parecer nada en comparación al logro. Si Casado no lo consigue, a Casado le dará igual porque estará acabado y acompañará a Hernández-Mancha en el panteón de los presidentes populares que lo lograron La Moncloa.

Pase lo que pase, porque Arrimadas no va a tener más remedio que aceptar la oferta, Ciudadanos dejará de existir como entidad política diferenciada, más allá de su subsistencia en el registro de partidos políticos.

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Ayer Díaz Ayuso consideró que la muerte de 67.427 madrileños no justifica adoptar medidas como las que constan en la Orden Ministerial que ordena el cumplimiento de lo acordado en el Consejo Interterritorial. Pero Díaz Ayuso es un monigote en todo esto, una pieza que podía estar o no estar, alguien que puede caer sin que nada suceda y que será sacrificada tranquilamente cuando deje de reportar algún rédito.

En cambio Paco Marhuenda, director de La Razón, es uno de los personajes fundamentales de la derecha política y mediática española. Ayer publicó una columna en el medio que dirige en la que pedía la convocatoria de elecciones regionales en Madrid.

De lo que habla Marhuenda es de lo que le importa:

1) Díaz Ayuso y su gobierno están absolutamente amortizados. Casado debe permitir las elecciones, porque Ayuso es una marioneta que no tiene capacidad decisoria ninguna, ni siquiera es consultada para las “cosas de los mayores”.

2) Es posible una moción de censura y, en caso de ser exitosa, la derecha se vería fuera de la Puerta del Sol bastante tiempo. La izquierda quiere desalojar al PP de la Comunidad de Madrid.

3) Ciudadanos parece no estar bajo control. No lo dice, pero sabe que pocos diputados de C’s pueden hacer exitosa la moción de censura. Este escenario solamente lo salva una convocatoria electoral (una locura en medio de una ola de la pandemia).

4) Intenta asustar a Arrimadas con ser aliada de Más Madrid (los comunistas) en la region capitalina para despistar, porque sabe que si hay rebelión tiene poco que hacer y, sobre todo, lo hace con vistas a su eventual apoyo a los Presupuestos Generales del Estado.

5) Pide un “comité creíble que esté formado por científicos de acreditado prestigio”, donde evidentemente las expresiones fuertes son “creíble” o “reconocido prestigio”, que le otorga el poder a él y los medios de la derecha de determinar cuándo el comité el creíble y en qué circunstancias sus miembros son de reconocido prestigio, es decir, quiere poder decidir lo que se decide.

De lo que no habla Marhuenda, porque no se importa:

1) De la desastrosa gestión que ha llevado a la Comunidad de Madrid a la actual situación.

2) De los enfermos, de las personas que vivirán con secuelas o de los muertos. Tampoco de sus familias.

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Ciudadanos pasó de 4155665 votos en la Generales de abril de 2019 a 1637540 votos en las que celebraron solamente siete meses después, en noviembre. Las encuestas postelectorales apuntaron que aproximadamente un millón de votos se fue a la abstención y el resto al PP y a Vox, especialmente a los ultraderechistas.

cEl traspaso de votos de Ciudadanos a Vox puede sorprenderle a alguien que crea que los votantes conocen los principios de los partidos y no lo que los partidos quieren enseñar.

Pese a propuestas programáticas de centro y liberales, la escenografía por la que se optó fue por Albert Rivera rodeado de banderas españolas al grito de ¡Vamos! Ciudadanos. El despliegue de rojas y gualdas cautivó al voto banderita, que vio en Rivera y en su partido la línea dura que el PP no mostraba a la hora de la verdad. En noviembre se dieron cuenta que el producto original no era naranja, sino verde moco y se fueron con Abascal. Para cualquier partido político es malo perder votantes, pero si realmente no son tus votantes, tarde o temprano los terminarás perdiendo y el revés electoral será inevitable.

El voto al PP puede deberse tanto a que se fueron por el voto útil o era voto conservador. Sobre el voto útil ya hablaremos, pero el voto conservador será siempre una de las posibles salidas de Ciudadanos y dependerá de las circunstancias y, sobre todo, de cómo se encuentre el PP.

Pero lo más interesante, a mi modo de ver, es el millón de votos que se le fueron a la abstención. Estos votos sí son recuperables, porque no prefirieron otra opción. A estos votantes y a los que siguieron confiando en ellos les tiene que mostrar Ciudadanos que es una opción útil, que es un voto útil, no en el sentido de un voto agrupado para ganar, sino en el sentido de que es un voto que sirve para aprobar y aplicar políticas.

Este tipo de utilidad es difícil de ser transmitida en tiempos de polarización y por ello es una estrategia muy arriesgada. Puede hacer que el partido se quede en tierra de nadie y por tanto resultar irrelevante, pero un proyecto político no debe ser referencial, sino autorreferencial.

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