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Durante días en FiveThirtyEight estimaba en un 1% las posibilidades del empate entre Trump y Biden (ahora no), de modo que me pareció interesante ver qué hubiera pasado en caso de no haber habido mayoría en el Colegio Electoral en las últimas cinco elecciones.

La XII Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos, nacida tras la tremenda crisis constitucional ocasionada por las Elecciones Presidenciales de 1800, establece que si ninguno de los candidatos votados por el Colegio Electoral pudiera conseguir la mayoría absoluta de los votos, 270 votos, la elección del Presidente de los Estados Unidos pasa a ser responsabilidad de la Cámara de Representantes y la del Vicepresidente del Senado.

Como es de general conocimiento, el mismo día en el que se elige a los miembros del Colegio Electoral, se hace lo propio con la totalidad de la Cámara de Representantes y un tercio de los senadores, de modo que los representantes y senadores electos con los senadores que permanecen en su puesto forman un nuevo Congreso. El próximo 3 de noviembre será electo el 117º Congreso.

Dado que el Congreso ha de reunirse el día 3 de enero (sección 2 de la XX Enmienda) y que el escrutinio por parte del Congreso en sesión conjunta ha de realizar el día 6 de enero (3 US Code 15), está claro que es el Congreso renovado el encargado de realizar la elección del Presidente y del Vicepresidente, y no el saliente.

En estas elecciones se vota por estados, es decir, el voto de cada uno de los estados es el mismo, uno, y desaparece la capacidad electoral de Distrito de Columbia. De este modo el voto de cada estado dependerá de qué partido sean los representantes o senadores que forman su delegación congresual. Es de suponer que en una situación como ésta nos encontraríamos ante un “party-line vote”, es decir, cada cual vota al candidato de su partido.

¿Qué hubiera sucedido en las últimas cinco elecciones presidenciales en el supuesto de que no hubiera habido mayoría en el Colegio Electoral pero no hubiera habido variación en la elección del Congreso?

Como puede comprobase en las cinco elecciones los candidatos que fueron presidentes, tenían la mayoría necesaria (26 estados) a la hora de conseguir los votos suficientes para ser elegido presidente.

Pero la elección vicepresidencial se torna más compleja. En el Senado cada estado solamente tiene dos senadores, de forma que no es difícil que uno sea de un partido y el otro del partido contrario, produciendo un empate y la imposibilidad de determinar el voto del estado en la elección vicepresidencial. Muchos estados estarían indeterminados.

En ninguno de los congresos elegidos a la vez que los electores del Presidente, ningún candidato vicepresidencial hubiera logrado la mayoría necesaria, de modo que habría tenido que haber algún tipo de negociación o la cesión a favor de quien formaba ticket con el que iba a ser elegido en la Cámara de Representantes.

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En el caso de los independientes, no hemos guiado para atribuirles un voto por el partido con el que hacían “caucus” en el Congreso.

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Todos sabemos que el pasado 8 de noviembre se celebraron las Elecciones Presidenciales en los Estados Unidos de América. Ese mismo día se eligieron a los cuatrocientos treinta y cinco representantes de la Cámara de Representantes de los EEUU y a un tercio de los miembros del Senado Federal. En algunos estados se eligieron los gobernadores y otros cargos ejecutivos, judiciales, así como se renovó totalmente o en parte le legislatura estatal en buena parte de los estados. También hubo un buen número de referendos.

El otro día tropecé casualmente con la página del Departamento de Estado de Georgia y allí, ya que estaba, pìnché sobre un tremendo banner que te llevaba a la página de los resultados del 8 de noviembre en las numerosas elecciones celebradas en ese estado. Y, pasadas las primeras elecciones, me sorprendió la cantidad tremenda de elecciones en las que solamente había un único candidato.

Hagamos un repaso.

1) Había tres candidatos presidenciales: Trump, Clinton y el libertario Johnson.

2) El escaño para el Senado que se renovaba tenía tres contendientes (republicano, demócrata y libertario). Ganó el candidato republicano, que era el senador en ejercicio.

3) Georgia elige catorce escaños en la Cámara de Representantes. Cinco de esos escaños se eligieron en distritos donde solamente había un candidato, cuatro republicanos y uno demócrata.

4) El Senado del estado de Georgia está compuesto por cincuenta y seis (56) senadores elegidos en distritos uninominales. De las cincuentas y seis elecciones por un escaño en el Senado estatal solamente hubo más de un candidato en trece (13) distritos. De estas trece elecciones en el Senado estatal nueve ganadas por los republicanos y cuatro por los demócratas. Solamente en dos de estas elecciones la diferencia entre vencedor y derrotado fue inferior al 10% de los votos.

Las elecciones al Senado estatal no fueron competidas en cuarenta y tres (43) distritos donde solamente se presentó un solo canddiato. En las elecciones no competidas, veintinueve (29) eran en distritos únicamente con candidatos republicanos y catorce en distritos (14) con candidatos solamente demócratas.

5) Ciento ochenta (180) son los representantes de la Cámara de Representantes y se eligen en ciento ochenta (180) distritos uninominales. Noventa y ocho (98) republicanos y cincuenta (50) demócratas ganaron su escaños sin adversario el día de las elecciones.

Fueron competidos solamente treinta y dos (32) escaños. Los republicanos ganaron veintidós (22) y salvo cuatro todos con más de diez puntos de diferencia. Los demócratas ganaron diez de las elecciones competidas, siete de ellas con más de diez puntos de diferencia. De los ciento ochenta escaños, solamente siete fueron resueltos en unas elecciones “ajustadas”.

6) El estado de Georgia se divide en cuarenta y dos (42) circuitos judiciales, que se agrupan formando diez (10) distritos judiciales. En cada unos de los circuitos judiciales hay un fiscal del circuito elegido popularmente. Los republicanos ganaron veintinueve fiscales (29), los demócratas doce (12) y un independiente fue también elegido. Solamente en dos circuitos hubo elecciones con dos candidatos, ganando en una el candidato republicano por más de diez puntos y en otra el demócrata pero por menos de diez puntos.

7) El Distrito 2 (Este) tenía que elegir a su representante en la Public Service Comission: un candidato republicano y otro libertario. Ganó el republicano por más de diez puntos.

En resumen. En el estado Georgia se eligieron a doscientos noventa y cinco (295) puestos ejecutivos, judiciales y legislativos el 8 de noviembre. Solamente noventa y siete (97), esto es, el 32,88% fueron elecciones competitivas. De éstas únicamente once (11), el 3,73% terminaron con una diferencia inferior a los diez puntos entre el ganador y el derrotado, y entre ellas se contaba la elección del Presidente de los Estados Unidos.

Pensé si esto mismo ocurría en otros estados de otros contexto diferentes y mis dedos me dirigieron a la Secretaría de Estado de California. Las primarias en el estado de California se caracterizan porque el votante puede votar a cualquier candidato de cualquier partido, pasando a la Elección propiamente dicha los dos candidatos con más votos, aunque sean del mismo partido. Sucede así en todas las Elecciones salvo en la Presidenciales por un fallo del Tribunal Supremo.

1) En el estado de California hubo cinco candidatos a la Presidencia en la papeleta. La candidata demócrata consiguió no obstante hacerse con el 62,2 de los votos, más de treinta puntos y cuatro millones de votos por delante del candidato republicano.

2) Para el escaño del Senado que estaba en juego compitieron dos candidatas demócratas, ganando una con una diferencia del 23,8%.

3) California envía cincuenta y tres representantes del estado a la Cámara de Representantes. Los demócratas ganaron treinta y nueve (39) de los escaños frente a catorce (14) de los republicanos. Siete de las victorias demócratas fueron elecciones entre candidatos demócratas. Solamente seis escaños se resolvieron por una diferencia menor a los diez puntos porcentuales, llevándose tres de estos los republicanos y tres los demócratas, aunque uno de ellos era entre dos candidatos demócratas.

4) El Senado estatal renovaba la mitad de sus cuarenta escaños. Los demócratas ganaron en dieciséis ocasiones, cinco de ellas en luchas solamente entre candidatos demócratas. De las veinte elecciones al Senado estatal solamente cuatro tuvieron resultados con una diferencia menor al 10%: dos en elecciones entre demócratas, uno en el que ganó un demócrata a un republicano y otro un republicano a un demócrata.

5) La Asamblea del estado de California está compuesta por ochenta (80) representantes que han sido renovados en su totalidad. Los demócratas han ganado cincuenta y cinco (55) y los republicanos (25), de las cuales once han sido entre dos candidatos demócratas, cuatro entre dos candidatos republicanos y dos con un único candidato, el demócrata. De las setenta y cinco elecciones solamente doce han sido resueltas por una diferencia menos al 10%: siete entre un candidato republicano y otro demócrata (2-5 para los rojos), cuatro entre los dos candidatos demócratas y una entre dos candidatos republicanos.

6) De acuerdo con los datos de su página electoral de California se eligieron en el nivel estatal ciento noventa y tres cargos (55 cargos federales y 138 estatales). Treinta de esos cargos se resolvieron en elecciones con candidatos del mismo partido o con un solo candidato, lo que supone un 15,54%, que visto lo de Georgia no es demasiado. Pero si nos fijamos en cuántas elecciones arrojaron diferencias menor al 10%, “two digits”, sólo veintiuna tuvieron resultados ajustados (10,88%) y únicamente fueron trece las de resultado ajustado entre candidatos de diferentes partidos.

Y ahora seguimos nuestro muestro. Hemos visto un estado del Sur, otro de la Costa Oeste y nos vamos al Medio Oeste, al estado de Utah, de mayoría mormona.

1) El estado de Utah tuvo cinco candidato para la Presidencia en la papeleta. Ganó Trump quien, sin obtener más de la mitad de los votos, consiguió una diferencia cercana a los veinte puntos porcentuales sobre Clinton.

2) El senador republicano Lee renovó su mandato con más de cuarenta puntos porcentuales de diferencia sobre la candidatura demócrata. Utah manda cuatro representantes a esta Cámara del Congreso y los cuatro son republicanos elegidos por la diferencia superior al 10%.

3) El 8 de noviembre eligieron al Gobernador, al Fiscal General, al Auditor y al Tesorero del estado. Todos republicanos elegidos por más de diez puntos de diferencia con sus oponentes.

4) El senado estatal de Utah tiene veintinueve (29) escaños. Esta años se renovaron quince (15). Los republicanos ganaron catorce (14), tres de ellos sin contestación alguna y los que sí tuvieron candidatura contraria obtuvieron mayorías superiores al 10%. La única circunscripción senatorial ajustada, por debajo del 10%, fue el único distrito ganado por el candidato demócrata.

5) La Asamblea del estado tiene setenta y cinco (75) escaños. El 8 de noviembre sesenta y cuatro (64) terminaron en manos de los republicanos, ganando once (11) como única candidatura y solamente cinco con márgenes de victoria inferiores al 10%. De los once (11) escaños de los demócratas, cinco (5) fueron incontestados y tres de estas victorias fueron por menos del 10% de ventaja.

6) Utah eligió a noventa (90) cargos ejecutivos y miembros de los legislativos. Solamente nueve (9), el 10% del total fueron elecciones “ajustadas” y diecinueve (19), que son el 21,11% del total, fueron elecciones con un solo candidato.

Y para terminar nuestra pequeña muestra nos vamos al estado de Nueva York.

1) Los demócratas ganaron con amplia diferencia en Nueva York tanto en la elección del Presidente como la del Senador en Washington. De los veintisiete (27) representantes del estado en el Congreso dieciocho fueron para los demócratas y nueve para los republicanos. Solamente cuatro (4) elecciones se resolvieron con diferencias menores al 10%, siendo dos favorables a los demócratas y dos favorables a los republicanos.

2) El Senado del estado está compuesto por sesenta y tres (63) miembros. Quince (15) elecciones se resolvieron con un solo candidato (siete para republicanos y ocho para demócratas) y solamente cinco distritos dieron resultados con diferencias menores al 10% (dos ganados por demócratas y tres por republicanos).

3) La Asamblea del estado de Nueva York está compuesta por ciento cincuenta (150) miembros. Cuarenta y cinco (45) escaños fueron a parar a los republicanos, que consiguieron diecisiete (17) de estos con candidatura en contra. Ciento cinco (105) los ganaron los demócratas que se hicieron con treinta y ocho (38) sin contestación. De todas estas elecciones, únicamente en siete distritos (cuatro para demócratas y tres para republicanos) las diferencias fueron menores al 10%. En doce distritos se presentaron candidatos del Partido Conservador en vez de candidatos republicanos.

4) Finalmente se celebraron elecciones para el Tribunal Supremo de Nueva York. Había treinta y ocho puestos pendientes de elección en diez distritos judiciales. Los candidatos normalmente están nominados por varios partidos, incluso por los dos más importantes. Más que entrar en detalles quiero indicar que solamente seis (6) de estos jueces fueron elegidos en elecciones con un resultado menos al 10% de diferencia. Incluso once (11) fueron elegidos en única candidatura, número que se puede elevar a diecisiete (17) si se tiene en cuenta que el candidato conservador del distrito judicial 2º era puramente nominal.

5) Los neoyorkinos elegieron ciento ochenta (180) cargos judiciales, ejecutivos y legislativos. Veinte (20) puestos fueron elegidos con menos del 10% de diferencia sobre el primer derrotado, lo que es un 21,55%.

DESPUÉS de este paseo uno se queda con mal sabor de boca.  Se elige mucho y con el sistema mayoritario uninominal, que se supone que vincula al elegido más a los electores, y hay una cantidad obscena de únicos candidatos y que victoria arrolladoras. Se espanta de las urnas a los que saben que no van a ganar. Muy pocas elecciones son realmente competidas.

Se ve la manos del diseño de la circunscripciones, de la división “urbanística” de la población y se huele que siguen siendo los partidos los que controlan la posibilidad de acceder a ser candidato especialmente en las legislaturas estatales. El cambio de posición política, especialmente en los estados es muy difícil si no directamente imposible.

 

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Pennsylvania es uno de los estados que apoyaron a Obama en 2012 y ahora han apoyado a Trump. En Geografía Subjetiva nos hemos querido acercar un poco a este estado y hemos hecho esta tabla, que creemos interesante sobre los resultados de las Elecciones Presidenciales en 2016 y 2012 en cada condado, ordenados estos por la renta per capita.

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Se pueden dar explicaciones generales a los acontecimientos o explicaciones concretas a los acontecimientos. Las Elecciones Presidenciales en los Estados Unidos siempre reciben interpretaciones del primer tipo, al menos en nuestros medios.

Me gustaría que en vez de hablar de ejes urbano-rural, aislacionista-cosmopolita, se explicara los fenómenos concretos que han hecho que Trump vaya a ser el próximo Presidente de los Estados Unidos:

1) Trump ha recibido con los datos disponibles al escribir esta entrada 57.970.740 votos. Por debajo de Romney en 2008 (60.934.407 votos) y de McCain en 2004 (59.950.323 votos). Luego no ha habido un gran entusiasmo entre los votantes que llevasen al candidato republicano a romper las marcas de sus predecesores inmediatos.

2) Clinton ha recibido 58.386.911 votos. Por debajo de Obama en 2008 (69.499.428 votos) y en 2004 (65.918.507 votos). De forma que no es exagerado pensar que la candidata demócrata sencillamente no ha funcionado, que ha generado más rechazo que el republicano y no ha sabido conservar la “coalición de electores” construida por el Presidente Obama.

3) Seis estados han pasado de los demócratas a los republicanos y ninguna ha hecho el camino inverso. Si Clinton hubiera conservado algunos de ellos, hoy sería la triunfadora. Y cuando los problemas se estudian en lo micro pueden esclarecerse mejor porque hay que saber qué ha llevado a perder determinada cantidad de voto en esos estados (menos en Florida) y a que Trump los ganase. La política estadounidense está llena de especialistas y de dinero para pagarlos para que rastreen condado por condado a dónde se han ido esos votos.

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Unas brevísimas reflexiones sobre las Elecciones Presidenciales en los Estados Unidos:

1) La candidatura con más votos ha sido la del Partido Demócrata. Dado que el Presidente es quien tiene más votos presidenciales, el voto popular no tiene valor polític,o aunque sí epistemológico a la hora de hacer consideraciones sobre el electorado estadounidense. Quizá habría que centrarse en el electorado de los cinco estados que han cambiado su sentido del voto respecto a 2008 y no en reflexiones generales.

2) Las encuestas han fallado estrepitosamente. Algunos parecieron barruntar algo, pero no lo explicitaron claramente. Últimamente el caso del voto oculto está dando la vuelta a demasiados resultados cantados (Brexit, Sorpasso o Colombia) como para empezar a mejorar los instrumentos de análisis.

3) El Partido Republicano tiene el Congreso; Trump la Presidencia. Supongo que se pondrán de acuerdo rápidamente y realizarán una agenda republicana, con elementos reconocibles del Presidente. Lo demás está por ver, especialmente la política exterior.

4) Muchas personas, que pertenecen a la mayoría social, no quieren que las cosas cambien esencialmente. Allí y aquí. Cuando Rajoy habla de “sentido común” habla de eso.

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La derecha norteamericana ha estado coqueteando desde finales de los sesentas con frikis conservadores, predicadores, paleoconservadores y un puñado de racistas para ampliar la base electoral y de camino avivar el miedo de la clase media blanca, que ha sido el principal sostén electoral de los republicanos.

Los conservadores británicos se han servido durante décadas de los euroscépticos y de la idea de que “Europa ens roba”. Una estrategia que servía para identificar a los laboristas con una política de asentimiento ante Bruselas, culpar de todos los males del país a las políticas comunitarias y conseguir un trato especial dentro de la Unión Europa con la tonta idea de que una nueva concesión iba a apaciguar a los euroscépticos para siempre.

Donald Trump es el candidato de los republicanos a la Presidencia de los Estados Unidos y los ciudadanos británicos han votado por salir de la Unión Europea. “Cría cuervos y te sacarán los ojos” debería ser el límite a todos aquellos “genios” políticos que consideran que alimentar a los extremos para beneficiarse de ellos o para dividir al adversario es una gran idea. Aquí tenemos dos ejemplos de los logros políticos conseguidos por este camino.

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Hace dos días publicaba Roger Senserrich un artículo en el que exponía sintéticamente la situación catastrófica en la que se encuentra la campaña de Trump y cómo los demócratas han comenzado a darle como no lo hicieron sus competidores en las primarias del GOP.

Mientras leía este artículo me preguntaba qué era lo que los jerarcas republicanos tenían que hacer a partir de ahora. Naturalmente su capacidad y poder está en entredicho en cuanto no han sido capaces de evitar que uno de los peores candidatos imaginables fuera el nominado por su partido. Pero seguramente buena parte de los comités del partido republicano se preguntan qué pasos deben tomar hasta noviembre.

Trump se ha montado sobre un discurso que él no ha inventado, sino que estaba allí. Era el discurso elaborado por los locutores de radio conservadores, por las webs y blogs de la misma tendencia, la narrativa del “Tea Party” (con sus diferencias) y que numerosos políticos republicanos han utilizado para ganar primarias y elecciones en determinados sitios movilizando a la base más dura de la derecha estadounidense. Esa amalgama de racismo, conservadurismo, liberalismo de salón y patrioterismo que ha servido para llevar a las urnas a un grupo fundamental para desequilibrar la balanza electoral, ahora se ha convertido en el centro de los republicanos.

Lo primero que deberían hacer los líderes republicanos es dejar de apoyarse en los sectores más a la derecha para marcar la diferencia, porque son ellos los que tienen la costumbre de ir a votar en las primarias, de modo que puede que se encuentren candidatos como Trump en el futuro y para todos los niveles del Gobierno.

Lo segundo que olvidarse de la campaña para la Presidencia y ver cómo Hillary destroza a su candidato. Una campaña desastrosa y una derrota épica (a lo Goldwater con una desventaja de 22,58%) puede disuadir a muchos seguidores de Trump en el futuro de seguir su camino. Si el Partido republicano apoya a su candidato con todos los medios y es derrotado honrosamente, entonces esto solamente será el inicio. Deberían recordar que después del desastre de 1964, consiguieron la Casa Blanca en 1968

Y lo último es concentrarse en ganar representantes y senadores. Si mantienen el dominio de las dos cámaras de Congreso, da igual que sea Hillary la Presidenta, que tendrá que pactar con ellos su agenda, aunque esto es difícil pues el voto al Presidente arrastras en muchas ocasiones el voto al representante y al senador.

En definitiva, a los republicanos les conviene una buena derrotar y salvar los muebles en el Congreso, siempre que consigan deslindar las dos campañas.

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Los dirigentes del Partido Republicano no saben cómo quitarse de encima a Trump, hasta el punto de que se habla sin tapujos de la quiebra del GOP. Por lo visto ninguno de los candidatos que todavía tienen algún respaldo son o bien realmente competitivos (Rubio) o bien visto por el Partido (Cruz). Los demás candidatos de las primarias han ido cayendo en el proceso de selección que son estas larguísimas elecciones.

El otro día pensaba que lanzar un nuevo candidato tiene enorme dificultades sobre todo legales, ya que en muchos casos los plazos de constitución de candidaturas y demás requisitos pueden haber precluido hace semanas. La único solución sería promover a un write-in candidate, esto es, alguien cuyo nombre se escriba en la papeleta aunque no haya presentado formalmente su candidatura.

En 1952, sin tiempo para registrar la candidatura a las primarias republicanas de Eisenhower optaron por promoverlo como write-in candidate y ganó en New Hampshire. El stablishment republicano podría retomar esta estrategia y poner en la lucha electoral un nuevo candidato, que recogiese los delegados de los retirados y los que están por retirar, y que entrase en la campaña con la aureola de la espontaneidad ciudadana de escribir su nombre en la papeleta.

No sé cómo estás la regulación de los write-in candidates en cada estados y en cada comité del GOP, pero si fuera posible es una de las cosas posibilidades que se me ocurren de tener a alguien que pueda pararle los pies a Trump y ser competitivo contra los demócratas.

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Mientras que me hacía eco de los primeros pasos de la posible campaña presidencial del Vicepresidente Joe Biden pensaba que en las primarias tanto de republicanos como de demócratas hay dos candidatos con fuerza, que no van a conseguir la nominación, pero que bien pueden a querer optar por probar la candidatura en solitario.

Trump se está viendo arriba en las encuestas y, aunque al final no vaya a ningún sitio, puede que sea aliciente a su ego para intentar probar como independiente con una candidatura independiente, que incomodo y tire aún más a la derecha al candidato republicano. A Trump se le supone capacidad para financiarse, pero eso lo tendría que demostrar en los gastos de un costosísima campaña presidencial completa.

El otro, y éste por el lado demócrata, es Sander. Es un demócrata ocasional que nunca ha sido miembros del Partido, que habitualmente ha batido a candidatos demócratas y que ha tenido duras y habituales palabras contra estos. En el caso de que el respaldo del ala izquierdista del electorado demócrata fuera contundente, a pesar de la derrota, cabría plantearse saltar como independiente, aunque es presumible que sus problemas de financiación y de viabilidad lastren su campaña. Él escoraría la campaña de los demócratas hacia la izquierda.

Si ésta hipótesis se hiciera realidad, sería simpático ver cómo los candidatos de los dos principales partidos tienen que luchar por el centro político, donde están los votos, mientras que tienen que cuidar a los sectores más ideologizados de su electorado como en las primarias.

Hay que recordar que en los Estados Unidos presentarse como independiente o por un tercer partido no es nada fácil, dado que las leyes electorales de cada estado impone condiciones diferentes, y a veces leoninas, para presentar candidaturas en esos estados. Para estar a cada especificidad estatal e incluso condal hay que tener un equipo especializado y muy eficiente que cuesta dinero.

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El otro día Egocrata nos contaba lo complejo que era la elección de delegados a la convención de la convención de la convención del Partido Republicano de los Estados Unidos y como el número de votos emitidos realmente no decían nada porque todo estaba en manos de unos señores anónimos que elegirían al siguiente escalafón de delegados hasta culminar en la Convención estatal que otorgará los delegados que le correspondan a cada candidato en la Convención nacional. A veces, señalaba, era más importante quien iba de sustituto que de titular

La cuestión es tal que los medios más importantes llevan una cuenta estimativa de cuantos delegados corresponden a cada candidato, especialmente los electos por el método de caucus, pues normalmente sí están claros los resultados cuando se eligen por medio de elecciones primarias.

Aquí tenéis el ‘Delegate tracker’ de Associated Press (vía doscerodoce) o el de Politico.com (este último sin actualizar con los resultados de ayer del estado de Washington) que tienen algunas diferencias en el cierre de la ‘afiliación’ de algunos delegados. Naturalmente si algún candidato se retira o alguno alcanza la mayoría suficiente (1144 delegados) para ser nominado entonces estas cuentas serán superfluas (salvo para Ron Paul).

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