El puenteo competencial

El Español publicó una pésima crónica en la que mezclaban y confundías conceptos fundamentales sobre tratados tales como firma, negociación o ratificación, con ocasión de la oposición de la cámara legislativa de la belga de Valonia a la ratificación por parte de su país del acuerdo comercial con Canadá, de acuerdo con la Constitución Federal. Hay varios manuales muy buenos de Derecho Internacional Público que explican de un modo muy didáctico el proceso de negociación, firma y ratificación de un Tratado.

El Español quiere ridiculizar la posición de Valonia sobre la base de su poco peso poblacional en el conjunto de la Unión Europea, pero como no entiende el proceso dentro de la Unión ellos hacen el ridículo.

La ratificación de un tratado por cada uno de los Estados que componen la UE es siempre de acuerdo con sus normas constitucionales, de modo que cada uno de ellos tiene el mismo peso jurídico a la hora de la ratificación de estos tratados. Si el peso poblacional fue lo único determinante a la hora de ratificar tratados o aprobar normas en la UE, unos cuantos Estados decidirían por los demás.

Bélgica es un Estado de complejo diseño federal, donde se superponen dos niveles, las comunidades (culturales) y las regiones (económicas), con instituciones propias. Para evitar que la el Gobierno Federal pudieran imponer decisiones a las comunidades y a las regiones dentro de sus competencias mediante la adopción de Tratados Internacionales, los cuales tienen superioridad normativa.

En la actualidad, especialmente a través del Derecho Comunitario, a las Comunidades Autónomas se le imponen decisiones en cuya adopción no han podido tomar parte, ya que el Estado Español no permite la presencia de representantes regionales dentro de sus equipos de negociación, ni mucho menos hay un mecanismos para que las Comunidades puedan condicionar la postura del Gobierno en lo relacionado con  la Unión Europea y que afecte a sus competencias. Se consideran internamente simples relaciones internacionales.

Los Estados complejos, en los que el reparto de las competencias y la pluralidad de soluciones se manifiestan como su forma de ser, deben afrontar la forma en la que participan en la creación de normas internacionales, para que estas normas no desvirtúen la voluntad de sus ciudadanos que también expresan los entes infraestatales. El establecimiento de vetos, de participación en la negociación e incluso la concesión de “ius tractandi” limitado a estos entes infraestatales es una muestra de este camino.

 

Federal in name only

Hace varias semanas nos planteábamos en Geografía Subjetiva si realmente el PSOE es un partido federal. La conclusión a la que llegamos es que no y la decisión de destituir al secretario general de una región federada por parte de la dirección federal es una muestra de ello.

Sin entrar a valorar la motivación, lo que sí podemos decir es que Gómez ha sido cesado como se cesa al Delegado del Gobierno en una comunidad autónoma: de golpe y porrazo y sin demasiados procedimientos.

Si el PSOE fuera un partido verdaderamente federal y no lo fuera solamente en su denominación, la ejecutiva federal nunca hubiera podido considerar que tiene ese poder y, además, en la toma de la decisión habrían de haber intervenido en algún momento las otras federaciones como salvaguarda frente a las intromisiones de los órganos federales.

Esto no quiere decir que, como indicó el secretario federal de organización, no hayan recabado opiniones y alguna que otra sanción desde las federaciones con más peso, pero eso no convierte a una organización en un ente federal, sino en un sitio donde hay equilibrios territoriales.

¿Es el PSOE un partido federal?

Los socialistas están haciendo una apuesta para federalizar la organización territorial del Estado. La propuesta es más una intuición y una etiqueta que una formulación explícita de uno de los posibles modelos de federación existente o uno nuevo a establecer. Parece como si el PSOE quisiera extender a la organización del Estado lo que es su organización interna, que se denomina federal.

La pregunta que nos vamos a plantear es si realmente la organización interna del PSOE es federal o no lo es. Definimos a la federación como una entidad superior que nace del pacto real o hipotético entre las entidades que la componen y de ese pacto se devienen algunas consecuencias como es la participación de las entidades federadas en la formación de la voluntad de la federación y tienen una esfera de decisiones propias (no recibidas).

El Partido Socialista está compuesto por una serie de entidades federadas que se corresponden con las regiones españolas, salvo en lo referente a Catalunya donde se reconoce la existencia de otro partido político, el PSC, que ocupa el lugar del PSOE en esa región. La estructura es nominalmente federal y este adjetivo lo reciben algunos de los principales órganos de dirección del partido.

¿Es el PSOE un partido federal?

Preliminarmente hay que señalar que lo que se diga lo es siempre con la excepción del PSC, que tiene una relación diferenciada.

El Congreso Federal del PSOE está compuesto por delegados elegidos en el seno de las provincias, de las federaciones uniprovinciales o de las federaciones del exterior. La mayoría de los delegados son provinciales de modo que prima una agrupación inferior a la entidad federada sobre las entidades federadas.

El número de delegados que le corresponde a cada provincia depende del número de militantes que haya en esa agrupación provincial, habiendo provincias con numerosos delegados y otras con un número exiguo.

Las federaciones intentan moderar las diferencias entre las entidades federadas en la representación y en algunos asuntos incluso igualan su importancia. No es así en el PSOE, donde las decisiones congresuales se toman por medio de votaciones mayoritarias y en la que la decisión por entidades federadas sencillamente no existe. Ni siquiera tienen la capacidad de formar una minoría de bloqueo frente a las decisiones de la mayoría.

El órgano de mayor importancia entre los Congresos tiene representación de las federaciones regionales, en proporción a su militancia, y además hay miembros elegidos en el Congreso Federal donde el equilibrio entre las entidades federadas es inexistente. De tal manera que la federación se representa a sí misma, algo poco federal.

El marco competencial de cada una de las federaciones se limita, por lo general, a los asuntos regionales menores.

Todas las cuestiones de mayor calado tienen que ser refrendadas desde la instancia federal. Imaginemos que una comunidad gobernada por los socialistas en solitario (algo inexistente hoy día) decide establecer una policía autonómica contra el criterio del partido en este tema; la federación regional tendrá que dar marcha atrás por las presiones y requerimientos de la federal.

La agenda del PSOE es más homogénea que la del PP a pesar de lo que el PP dice de sí mismo y la mayoría pensamos. Esto no tiene otra lectura que lo regional es menos relevante que lo nacional, en otra terminología, lo federal pesa sobre lo federado.

Cuando me afilié al PSOE hace un montón de años (ahora no soy militante) la incompetente que era la secretaria general de mi agrupación nos reunió a los nuevos y nos explicó lo que significa “federal”: Madrid manda y el resto obedecemos. Y parece que no iba demasiado desencaminada, no porque no tuviera ni idea de lo que es el federalismo, sino porque compartía ese desconocimiento y confusión con casi todo el Partido.

Cuando “federal” ya no significa nada

Fedederalismo
La solución a todos los problemas territoriales de España es, a fuerza repetirse, el establecimiento de un Estado Federal. Salvo algunos independentistas y el sector más conservador del PP, todos los demás están de acuerdo que hay que tener un Estado Federal. Se habla como si todos supiéramos de qué hablamos y lo digo sin acusar a nadie de ignorancia, aunque sí imputo el cargo de equivocidad.

El Estado Federal nació en los Estados Unidos de América (aunque se puedan citar arcaicos precedentes) y a lo largo del tiempo el modelo federal ha ido extendiéndose por el mundo. Pero no se copia el modelo estadounidense, sino que varía dependiendo de una infinidad de variables.

Los politólogos se esfuerzan en describir los rasgos comunes de todos los sistemas federales, pero pronto surgen excepciones, lagunas y la necesidad de recurrir a explicaciones “ad hoc”. Lo que es el federalismo solamente puede ser descrito a través de un instrumento conceptual tan débil como el wittgensteiniano “aire de familia”.

Bajo la etiqueta de “Estado Federal” o “Federalismo” entran sistemas enormemente diferentes, desde los Estados Unidos a La India. Si alguien en el debate político emplea estas denominaciones debería aclarar qué entiende por “Estado Federal” o “Federalismo”, al menos las cuestiones fundamentales como son el marco general de reparto competencial y la financiación.

Todo lo demás es hacer como aquellos de belleza donde todas las candidatas soñaban con un mundo sin pobreza y en paz.

Fuente de la ilustración.