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Posts Tagged ‘Extremismo Político’


Por Kiril Lakota

Con motivo de la moción de censura del partido VOX contra el presidente del Gobierno, la semana pasada, se ha desatado un huracán de improperios y calificativos hacia la formación política que cuenta con 52 diputados y que, ideológicamente, parece situarse más a la derecha del Partido Popular. Desde nazis, fascistas y un largo etcétera de imprecaciones, en muchos casos, muy poco ajustados a la realidad ha recibido la formación dirigida por Santiago Abascal.

Sería harto prolijo en un artículo diseccionar las cualidades del fascismo y su plasmación en un partido político. Digamos que esa categoría en la política de estas alturas del siglo XXI es difícil de aplicar a un partido europeo. Ni siquiera AfD, en Alemania podría ser calificado como tal (el siempre riguroso Tribunal Constitucional alemán ya habría tomado cartas en el asunto). Del espectro político en los países de la UE, sólo una excrecencia como Amanecer Dorado en Grecia ha tenido la consideración de grupo fascista; por otro lado, una evidencia palmaria que fue creciendo con motivo del resentimiento provocado durante la crisis sistémica de 2015.

La inmensa obra de Antonio Scuratti que se va destilando por enormes capítulos disecciona con la precisión de entomólogo una constatación: en las crisis económicas y sociales de gran calado aparece el caldo de cultivo para soluciones política autoritarias que tienden a la violencia y que en el siglo XX fueron los fascismos de diverso cuño.

¿Es eso VOX? No parece. El crecimiento de VOX en España se produce antes de que estalle el trágico episodio de COVID19 que ha sumido a España en una crisis sin precedentes. Además, VOX toma cuerpo en años de crecimiento económico, pero de gran agitación política y social recogiendo corrientes de descontento de un espectro ideológico que Francis Fukuyama calificaría como los afectados en su identidad, (el Thymos platónico, la necesidad de reconocimiento. No sólo Fukuyama, también Kratsev y Holmes en “La Luz que se Apaga” deja entrever la frustración del Thymos que conlleva el asumir postulados contrarios a la democracia liberal y apostar por el autoritarismo político: Orban en Hungría y el PiS e Polonia.

¿Es eso VOX? En parte sí, pero no todo. No puede atribuirse a un partido, por muy excéntricos personajes que lo pueblen y cuyos orígenes, en muchos casos son poco menos que inquietantes, el timbre de fascismo de manera gratuita. Entre otras cosas porque el fascismo en España que residió entre los años 30 y 50 en la Falange, era una manera muy sui generis de ser fascista.

VOX defiende la Constitución Española, la institución monárquica, la democracia liberal con algunas reservas, pero incorpora valores del catolicismo tradicionalista en su ideario. Es fuertemente restrictivo con las libertades sexuales, los movimientos igualitarios (feminismo, LGTBI), tiene un cuño nacionalista homogeneizador, quiere la recentralización del Estado al apostar por la desconcentración/descentralización meramente administrativa del poder territorial, contrario en algunos aspectos a la globalización. Entonces ¿Cómo definir a VOX?

Si me permiten, como Pinochetismo 2.0 o como la delegación 2.0 de la UDI (Unión Democrática Independiente) de Chile en España en su versión renovada. Es decir, el ideario de Jaime Guzmán encarnada en un tipo descarado y sin complejos como José Antonio Kast (se separó de la UDI en 2016 para lanzar su campaña presidencial y creó el Partido Republicano, en excelentes términos con VOX). En resumen, la aplicación de doctrinas de liberalismo mercantil del siglo XXI por parte de una clase tecnocrática de altos funcionarios y empresarios.

Traducido a nuestro contexto español una mezcla de la doctrina social de la Iglesia y la tradición reaccionara española (Balmes y Donoso Cortés), que impliquen un régimen constitucional con Estado autoritario fuerte y una economía de mercado; una democracia puramente instrumental, al servicio de una sociedad de mercado donde hay una clase dirigente por mérito histórico o social o aleatorio. En esa sociedad, la educación, la sanidad y las pensiones son bienes de mercado que el propio mercado asigna, relegando al Estado a un papel meramente subsidiario. Una sociedad profundamente clasista como la chilena, cuyas costuras estallaron hace un año por la insoportable arquitectura institucional que hacía ocultar un notable progreso económico general con unas lacerantes desigualdades; una sociedad partida en dos donde el ascensor social no había funcionado en periodos de expansión notables, estabilidad institucional y admiración internacional; era una casa con fachada esplendorosa, pero con unos cimientos frágiles y carcomidos.

Para la implantación de este ideario en el contexto de una democracia social como española no se puede recurrir a las técnicas de la Legión Cóndor de los años 70. Se necesitan los modernos medios de agitación social. Medios de comunicación tradicionales y redes sociales en perfecta comunión. Agitadores mediáticos con virulencia verbal y descaro, como fue el propio Jaime Guzmán en el Chile de Allende, pero con técnicas importadas del Tea Party norteamericano que cuajan en Breitbar News en una sociedad madura por el resentimiento.

Y ahí es donde entra VOX, cuyo espejo es José Antonio Kast, el discípulo aventajado de Jaime Guzmán, juega su liga y su despegue desde las elecciones andaluzas de diciembre de 2018. La apuesta ideológica es clara y método también: subir los decibelios de la confrontación mediática, apostar por incendiar los medios con la llamada incorreción política que no es otra cosa que el descaro en la utilización de las medias verdades y aprovechar los fallos del sistema para ir implantando la idea de una agenda alternativa posible al consenso socialdemócrata/democristiano de la transición. La UDI de Guzmán por los métodos de Kast en la España actual.

En conclusión, yerran grandemente quienes tachan de fascista el ideario de VOX, quienes los acusan de Nazis y lindezas parecidas. Eso no quiere decir que VOX no sea un elemento de riesgo en nuestro sistema de partidos y que su representación creciente no genere problemas y tensiones por la amenaza que supone a la democracia social de nuestra constitución, su componente antieuropeo y su mercantilismo de los bienes públicos. Pero sería bueno, si queremos ponerle una etiqueta, que ésta se la correcta: Pinochetismo 2.0.

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Parece que solamente los socialistas saben sacar provecho a las mociones de censura. Según cuentan hace cuarenta sirvió para presentar a Felipe González como un reformista sensato y no como un peligroso revolucionario, pese a ser rechaza la censura. En 2018 el también socialista Pedro Sánchez presenta la primera moción de censura que prospera y consigue la investidura del Congreso y el cese, por censura, del presidente Mariano Rajoy.

Los días 21 y 22 de octubre de 2020 hemos vivido la quinta moción de censura de la democracia. Ésta puede ser una valoración en varios puntos:

Vox ha hecho el ridículo y no sólo porque la moción no tuviera posibilidad de aprobarse, sino que no ha hecho nada para ello, ni ha hablado con ningún grupo parlamentario.

Vox ha hecho el ridículo porque han ido con un candidato sin prestigio, después de ser rechazados no se sabe las veces por sus “candidatos de prestigio”.

Vox ha hecho el ridículo porque no preparó las intervenciones ni un programa de gobierno. Las sesiones parlamentarias suelen ser aburridas, pero los diputados y senadores suelen preparar sus intervenciones y con especial esmero cuando es un debate relevante. Las dos intervenciones, la del diputado Gamarra y las del candidato Abascal, han sido malas y toda preparación da la impresión que ha sido una recopilación de material de ínfima de calidad de foros y webs extremistas. El derecho a hablar sin límite tiene sentido cuando hay algo que decir, pero cuando no hay nada que decir deja de ser un derecho y se convierte en un abuso.

Vox ha hecho el ridículo porque Pablo Casado, que no es ningún portento, les ha destrozado en una sola intervención. Era una moción contra el Partido Popular, una moción para comerles el espacio de la derecha, y ha terminado siendo la moción que deja al PP tranquilo porque no debe temer ningún avance a su diestra. Es más los argumentos de Vox servirán cuando lleguen las elecciones para pedir el voto útil (¿es más importante la pureza o echar al gobierno socialcomunista bolivariano?).

Vox ha hecho el ridículo, porque ayer en el Parlamento de Andalucía y hoy en el Congreso han mostrado a las claras que no tienen ningún margen de maniobra para dejar de apoyar al PP en Andalucía, Madrid y/o Murcia. A pesar del rechazo frontal de los populares no puedes dejarles de sostenerles, porque entregarían esos territorios a la izquierda, algo imperdonable para su electorado y que les haría llegar a la práctica desaparición.

Vox ha hecho el ridículo porque, con su moción, ha conseguido activar un cordón sanitario que desde 2018 estaba diferido y, de camino, ha abierto la vía del entendimiento entre socialistas y populares en determinados puntos. Vox ha subrayado su anormalidad y ha hecho que los demás se perciban iguales en la relativa normalidad.

Vox ha hecho el ridículo porque le ha facilitado al gobierno los primeros contactos para los Presupuestos Generales del Estado, que es su gran objetivo político. De camino les ha proporcionado a todos una sensación gratuita de victoria que engrasa mejor los acuerdos.

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El pasado 28 de agosto escribí que “es posible que Vox intente hacerse digerible a un público de derecha menos extremista y con eso ahogar al PP.” Me confundí y lo hico porque pensaba que en Vox había algo de vida inteligente que viera más allá de las estrechas miras del discurso reaccionario decimonónico, sazonado de Falangismo y añoranza franquista.

Una moción de censura que iba contra el PP y cuya ridícula fundamentación le ha puesto en bandeja a los populares votar “no”, porque lo que han hechos los diputados de extrema derecha es “una tomadura de pelo”. Una abstención legitimaría a un candidato que no se ha dignado a presentar un programa de gobierno, que es lo mínimo que se exige en una moción de censura constructiva.

Lo que sí publiqué también aquel día dse agosto y en lo que sin duda tendré razón es que Abascal saldrá tocado porque ha hecho el ridículo y ha demostrado su nula actitud y aptitud para el trabajo.

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En las muchas y tormentosas semanas que rodearon la segunda investidura de Mariano Rajoy, elCongreso aprobó una cantidad tremenda de Proposiciones No de Ley (PNL) con las que los populares intentaban lavar la cara y dar algunos éxitos a la gestora del PSOE que, contra la evidente voluntad de la militancia y los votantes, se había rendido bajo la excusa de cierto sentido de Estado undireccional.

Los medios de comunicación afines a la derecha y a la operación, casi todos, vendían cada PNL como si se tratase de un cambio legislativo inmediato, cuando realmente la PNL no tiene ningún valor jurídico más allá de ser una mera toma de postura de la cámara. Se aplaudía la bondad de un consenso político vacío de contenido, de unos acuerdos para que la Gestora pudiera ganar las primarias del PSOE.

Las declaraciones institucionales son algo así como estar a favor del bien y en contra del mal. Estas declaraciones, algunas veces negociadas, se aprobaban por unanimidad bien por costumbre, bien por exigencia de algunos de los reglamentos parlamentarios.

La llegada de Vox a las instituciones ha permitido descubrir que el bien que defendíamos comúnmente y el mal que sofocábamos todos juntos no son el bien y el mal para ellos. A partir de entonces muchas declaraciones institucionales no han reunido la unanimidad reglamentaria o consuetudinaria y no han podido ser aprobadas.

Cada una de las declaraciones institucionales no aprobadas a causa de la no participación de Vox han temido una gran cobertura y han puesto en evidencia la situación de ostracismo axiológico de la formación de extrema derecha. Los sectores más alejados de Vox ven en ello, con razón, una expresión de lo que son y se movilizan políticamente.

Vox también obtiene logros. El primero es la no aprobación de la declaración, que en sí mismo tiene tan poco valor como su aprobación, pero el segundo es manifestar que tiene más poder que el que realmente tiene, porque vende a sus electores y a sus potenciales votantes la idea de que “están parando algo” y sus votos son efectivos cuando, con la excepción de los “trifachitos” no consiguen absolutamente nada.

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Parece que en Vox no saben hacer elecciones, lo cual no puede extrañar a nadie. Tenían convocadas elecciones a sus órganos provinciales y el desastre ha sido tal, por la denuncia de irregularidades y de fraude electoral, que Abascal se plantea suspender todas las elecciones en Vox.

Su plan es que solamente los dos principales órganos nacionales, la Ejecutiva y la Presidencia de Vox sean elegible por los afiliados, mientras que el resto de los responsables provinciales o locales serán elegidos por estos órganos nacionales, o el encargado provincial elegirá a determinados encargados municipales, salvo en las localidades más grandes que los eligirían a nivel nacional.

Una variación sobre el sistema en cascada de designación del alcaldes durante el Franquismo, con muchas semejanzas con el mal llamado “centralismo democrático” propio de los regímenes comunistas.

No tienen todas consigo de que este mecanismo satisfaga las exigencias de democracia interna contenidas en la Constitución y en la Ley Orgánica de Partidos. Es difícil que un partido donde solamente dos órganos sean sometidos a elección, pase el filtro del artículo 7.1 en el que se habla de que toda la estructura interna debe ser democrática y que deben haber procedimientos de control de los electos. El hecho de que toda la estructura interna sea designada queda pobre democráticamente hablando.

Es obvio que a Abascal le molestan las peleas internas y más que arbitrar un proceso limpio e incontestable de elecciones internas, se plantea eliminarlas. En el fondo extrañarse que en Vox el mecanismo básico de la democracia sea prescindible, es tan exótico como destacar que los bocadillos llevan pan o que la lluvia cae del cielo.

Pero ello no hace menor el problema. Abascal quiere que unas elecciones lo resuelvan todo, unas elecciones internas que en circunstancias generales ganará sí o sí y es posible que llegado el momento le sobren hasta esas únicas elecciones, pese a que no le cabe duda de que las ganaría, porque tiene que soportar votos en contra, nulos, en blanco, abstención o los muchos indicadores de descontento existentes incluso en el mundo de los líderes indiscutibles.

Sí hay que agradecerle que muestre su idea de que cuanta menos democracia tengamos los españoles, mejor. Una votación que resuelva desde el Gobierno de España hasta el del último ayuntamiento. Prefiero la posibilidad de la disidencia, de que haya elecciones competitivas (suele haber problemas cuando no las hay) y que cada instancia sea refrendada por los ciudadanos y que ellos mismos le exijan responsabilidades. Sé que Abascal prefiere otra cosa.

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Albert Rivera ha manifestado que su carrera política se hundió el día que levantó el veto al PSOE para formar gobierno. Ese veto fue un error, porque hoy podría ser Vicepresidente del Gobierno, con una coalición sostenida en una mayoría absoluta en el Congreso y, aunque el electorado suele castigar a los socios menores de las coaliciones, el partido hubiera estado en mejor posición que la que le dejó como herencia tras las Elecciones Generales de noviembre de 2019.

Como indican en El País, Rivera obvia por incómodas para su versión determinadas circunstancias, especialmente que el partido caía como un plomo en todas las encuestas, cuando se decidió a levantar el veto. La segunda circunstancia era que sus condiciones eran una trampa mortal para el PSOE días antes de las Elecciones, porque estaban llenas de posibles conflictos sociales que afectarían al núcleo de votantes socialistas, así como una serie de propuestas que requerirían la reforma constitucional.

La tercera circunstancia, relacionada con la primera, es que una parte de los votantes de Ciudadanos no eran reformistas, ni liberales, ni querían tocar nada del sistema económico o social. Rivera había estado alimentando un discurso identitario español, fundado en la oposición básicamente al nacionalismo catalán, y ahora toda esa masa de votantes había encontrado a alguien que era lo que ellos esperaban: identidad sin pagar peajes progres como el matrimonio homosexual o el aborto. Y los pactos madrileños y andaluces los avalaron, algo de lo que Rivero no se ha dado nunca cuenta.

Esos electores los había perdido antes de levantar el veto, aunque fuera de esa forma que a nadie le dio la impresión de que lo hiciera. Rivera ha sido un funesto estratega que siempre hacía lo contrario que decía, porque en vez de superar la polarización, hizo todo lo posible por intensificarla al máximo posible, hasta que los verdaderos expertos en polarización se llevaron a su público.

Es cierto que Ciudadanos, como partido, tiene muchas propuestas con las que se puede estar o no de acuerdo, pero que aportan ideas al debate político. De eso no cabe duda. Pero es igualmente cierto que el liderazgo de Ciudadanos se ha dedicado a hacer una política a la contra y ese tipo de política se hace mejor desde los extremos del espectro político, con personajes como De Quintos o Girauta.

Nadie se ha creído tanto, sin haber sido nada, pero casi haberlo sido todo. Otro cadáver político más que deja Pedro Sánchez cuando parece que está acorralado.

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En medio de su disputa con las autoridades irlandesa y las comunitarias por la protección de datos de los ciudadanos de la Unión Europea, la tecnológica Facebook ha amenazado con dejar de operar dentro de la Unión Europea. Para que una amenaza sea tal, debe tener una parte negativa para el que recibe la amenaza.

Lo bueno que tiene la economía de mercado es que hay muchos operadores deseosos de ocupar cualquier espacio que quede libre y se invierten cantidades ingentes de dinero para detectar los nichos del mercado que no están siendo atendidos. Si desapareciera Facebook del mercado comunitario, aparecerían numerosas empresas dispuestas a dar los mismos servicios que Facebook, así como convencidas que deben permanecer dentro del marco legal comunitario. Quien quiera seguir en redes sociales, lo podrá hacer sin tener que pasar con la transferencia y más probable venta de sus datos personales (gustos, compras, amigos, familiares, etc).

Facebook ha mantenido que las empresas europeas han vendido, facturado, 208.000 millones de euros, pero ello no quiere decir ni que el dato sea verdadero (es de la entidad más interesada), ni que si se marcha Facebook esas empresas no puedan hacer lo mismo con otras empresas que exploten servicios de redes sociales y quizá a menor precio.

Es evidente que las arcas de la inmensa mayoría de los países europeos, entre ellos España, donde opera Facebook no se verán resentidas por su salida, ya que la ingeniería fiscal hace que no pague impuestos en estos países o que la cantidad de impuestos que tributa en comparación con su facturación en el país llegue a ser insultante. Facebook se ahorra impuestos con esta práctica, pero consigue que casi ningún gobierno tenga el mínimo interés fiscal en que operen en su mercado.

Facebook es un operador dominante dentro de su sector. Es prácticamente imposible competir contra ellos y si quieres publicitarte en las redes sociales tienes que pasar necesariamente por su tarifas, en nada que quieras una campaña eficaz y con alcance. La desaparición de Facebook de Europa fragmentaría el mercado y lo haría mucho más competitivo, que posiblemente generaría empleo en los países de la Unión.

Finalmente Facebook está convirtiéndose en un problema para la democracia. A pesar de las iniciativas lanzadas desde la empresa, buena parte de las campañas de desinformación tienen esta red social como “lugar de operaciones”. Sigue llamando la atención que lo efectivo que son eliminando cualquier atisbo de pornografía, sea incapacidad para detener la desinformación emitida desde el extremismo político.

Solamente le veo ventajas a que cumplan su amenaza.

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Es fácil para un político de derecha español ser moderado. Basta con decir una vez que algo que ha dicho Vox es inaceptable y antidemocrático y conseguirá haber dicho una verdad y ser considerado un “moderado”.

Una de esas moderadas de la derecha es Ana Pastor Julián. Además de haber sido ministra, Ana Pastor fue la primera persona que presidía el Congreso siendo a la vez miembro de un partido de la oposición, hecho que se dio con la aprobación de la moción de censura de 2018. Esta situación si se había dado en el Senado.

Pero no sólo Ana Pastor siguió siendo presidenta del Congreso, sino que en la mesa del Congreso el PP y C’s tenían mayoría absoluta. La mesa del Congreso es un órgano que tiene funciones directivas y organizativas, pero nunca legislativas, de modo que un ejercicio de sus funciones suplantando a la cámara o impidiendo a la cámara el ejercicio de su potestad legislativa ha de ser considerado ilegítimo.

La mesa del Congreso, presidida por Pastor, impidió que un número no pequeño de propuestas legislativas llegasen a ser votadas en el pleno del Congreso ampliando sin límite el plazo para presentar enmiendas. A través de este truco procedimental, propuestas legislativas que contaban en el pleno con la mayoría suficiente para ser aprobadas se quedaban paralizadas indefinidamente.

Impedir al pleno ejercer su potestad legislativa es un ejercicio ilegítimo de los poderes dados por el Reglamento y supuso una grave alteración del sistema establecido en la Constitución, al imponerse los representantes de una minoría a los representantes de una mayoría.

Por ello la caracterización de moderada de Ana Pastor me produce una profunda desorientación constitucional, porque ella encabezó un órgano que pervirtió la regla de la mayoría.

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El ejercicio de la política al máximo nivel nunca es fácil, pero hay políticos que lo tienen más difícil que otros. Uno de ellos es Pablo Casado, presidente del Partido Popular.

Desde el desastre electoral de 1986, la estrategia de la antigua Alianza Popular fue, sin dejar su espacio de derecha y extrema derecha, ampliarlo hasta todo el que ocupó la UCD, eliminando numerosas fuerzas regionalistas, provincialistas y localistas de derecha que le restaban utilidad a su voto.

Desde 1986 los dirigentes de los que rebautizaría como Partido Popular han tenido las espaldas de la derecha absolutamente cubiertas, garantizándose el voto más de derecha y el voto ultra simplemente porque no había otra opción con las mínimas posibilidades de llegar al Congreso y menos con ser decisiva. Por ello la cúpula del PP ha comenzado innumerables “viajes al centro político” sin ningún tipo de desgaste en su retaguardia más radical.

Desde la entrada de Vox en la escena política, el Partido Popular tiene que mantener a su retaguardia y se encuentra entre dos fuegos, como tradicionalmente le ha sucedido al PSOE. Por ello Casado no puede hacer la clásica oposición de los populares dura en la gestión y vacía de contenido ideológico, para no espantar a los votantes de centros, con los que ganaba escaños. Ahora si hace eso, perderá a los más situados a la derecha, a quienes la gestión les importa bien poco y se mueven con parámetros básicamente ideológicos. Si Casado opta por “achicarle” el espacio a Vox, le da resuello a Ciudadanos y al PSOE.

Los estrategas del PP tienen que valorar dónde las ganancias potenciales superan a las pérdidas en término de votos, porque los antiguos movimientos donde no había nada que perder han dejado de ser factibles.

Además tienen que preocuparse por las disidencias territoriales. Hasta 2016 quienes abandonaba por las bravas el PP, dejaba la política, pero ahora existe en peligro, dado el pluripartidismo imperante en todos los ámbitos territoriales, que un grupo de airados puedan poner en marcha un proyecto (nacional o regional) viable, creando otra vía de agua y otra fuente de desequilibrio para el PP.

Casado lo tiene mucho más difícil y buena parte de sus decisiones, encaminadas al bloqueo institucional, se explican desde un agarrotamiento político de quien teme cualquier paso debido a la incertidumbre de las consecuencias.

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La primera vuelta de las Presidenciales francesas de 2002 fueron una tamaña sorpresa. El ultraderechista Le Pen quedaba segundo, superando por estrecho margen al socialista Jospin, de modo que la Presidencia habrían de disputársela entre Le Pen y Chirac.

Normalmente en las elecciones a dos vueltas, los dos candidatos aumentan sustancialmente los votos porque reciben apoyos que en la primer vuelta fueron a otros candidatos. En la segunda vuelta de 2002 Le Pen subió muy poco (no llegó al 1%), mientras que Chirac alcanzó un 82,21%.

Las encuestas para las elecciones de este año, en las que se da por seguro el pase a la segunda vuelta de la candidata ultraderechista e hija del anterior candidato, Marie Le Pen, añaden una novedad interesante. Independientemente de que el adversario sea el centroizquierdista Macron o el centrederechista Fillon, Le Pen llega de media al 40% en la segunda vuelta, cuando en la primera estiman que estará ligeramente por debajo del 25%. Esto quiere decir que al menos tendrán un 15% de votos o dicho de otra forma por cada diez franceses que piensan votar a Le Pen en la primera vuelta, dieciséis se lo plantean en la segunda.

Habrá una concentración en el candidato no ultraderechista que se dispute El Eliseo con Le Pen, sin duda. Pero esa concentración no será ni de lejos comparable a 2002. Le Pen y sus ideas se han convertido en segunda preferencia, lo cual es muy importante en un sistema político como el francés, y además han roto el cordón sanitario impuesto años antes.

La normalización de la ultraderecha como opción electoral es un cambio sustancial.

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