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Posts Tagged ‘Évole’

No me gusta el programa de Évole porque da una visión parcial de las cosas, simplista y poco reflexiva. En su programa sobre el Consejo de Estado dijo que la institución nos costaba unos diez millones de euros y refiriéndose únicamente a los cargos de origen político que ocupan los puestos de consejeros.

Realmente el coste de estos cargos es en torno al 10% del coste del Consejo. Aquí tenéis el presupuesto del Consejo de Estado para 2014 y, como normalmente, la partida de personal laboral y funcionario es la más elevada.

PGE15CdE

En ningún momento Évole mencionó la inmensa labor que hace en Consejo de Estado a través de sus cuadros técnicos, especialmente el Cuerpo de Letrados, aconsejando al gobierno en los proyectos de numerosas normas, legales y reglamentarias, en los que se estudia si la norma dice lo que quiere decir, qué dice a pesar de que no lo quiera decir y, sobre todo, qué efectos y conflictos tiene o puede tener con el resto del ordenamiento jurídico.

Un inocente proyecto de Real Decreto que desarrolle, por ejemplo, las leyes relativas a la actividad comercial puede entrar en colisión con normas autonómicas, con otras normas estatales específicas para las diversas formas de comercio, con leyes con las que aparentemente no está relacionado el proyecto o afectar a derechos adquiridos o a expectativas legítimas pudiendo generar responsabilidad patrimonial del Estado. Todo esto, y más, es señalado por el Consejo de Estado para que el Gobierno lo tenga en cuenta y evite a priori los problemas que su proyecto, si los hubiere.

Los dictámenes del Consejo de Estado son muy apreciados tanto por los juristas como por los otros operadores jurídicos. Son buenos, útiles y nos ahorran dinero en juicios y en indemnizaciones: un ejemplo reciente en prensa y un ejemplo del dictamen más reciente.

Una cosa es discutir si deben existir determinados tipos de consejeros, que yo creo que sí, y otra discutir la utilidad de la institución sin exponer ni un segundo sus funciones y trascendencia.

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En el debate posterior de “Operación Palace” intervino el ex ministro de Defensa Eduardo Serra. Es la segunda vez que yo recuerde que participa en el programa de Évole y siempre con el mismo discurso que ahora me apetece comentar.

Contó una obviedad y mintió en un dato. Nos descubrió que buena parte de la política de recortes y la reforma del célebre artículo 135 de la Constitución se debió a las presiones de quienes compran la deuda para garantizar el pago de lo prestado, porque debíamos en ese momento, dijo Serra, tres veces más de lo que producido en un año.

Supongo al decir “lo que producido en un año” se refería al Producto Interior Bruto (PIB). El año que se produjo la reforma constitucional (2011) la deuda representaba el 68,5% del PIB y cerramos 2013, máximo histórico, con un 94% del PIB. Luego Eduardo Sierra mentía.

Eduardo Serra critica que los políticos busquen los votos de los ciudadanos prometiéndoles cosas que les benefician, como subidas de pensiones. En su penetrante crítica macroeconómica sobre la situación financiera del país todo iba sobre la cuantía de las pensiones o de las becas, nada sobre los agujeros negros fiscales que él contribuyó a crear en el Ministerio de Defensa. Eduardo Serra no hace otra cosa que utilizar un argumento antidemocrático clásico presente ya en Platón: la conversión de la democracia en gobierno de las masas que solamente buscan la satisfacción de sus intereses.

Lo que sucede es que la realidad desmiente a Eduardo Serra. Mal han tenido que jugar las masas españolas sus bazas porque hay pensiones, muchas, ridículas, de mierda, que no posibilitan la mera subsistencia. Pésimamente han actuado las masas si se ven las ayudas a las familias y el desmantelamiento de lo poco logrado en dependencia, por sólo poner dos ejemplos.

Eduardo Serra le tiene un poco de repeluco a eso de votar y ser votado. Ha ocupado altos cargos en el Ministerio de Industrial y en el de Defensa con UCD, PSOE y PP, llegando a encabezar Defensa cuando fuerzas ocultas lo impusieron en 1996 a Aznar que lo tuvo que mantener en su puesto durante toda la primera legislatura. Vamos, alguien que ha conseguido gobernarnos sin que nunca le hubiéramos elegido y con capacidad para permanecer independientemente del resultado electoral sin necesidad de ocupar su puesto de funcionario.

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