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Posts Tagged ‘Elecciones EUA 2010’


En las elecciones estadounidense cabe votar, además de a los candidatos oficialmente presentados, a cualquier persona elegible que los ciudadanos pongan en la papeleta en un hueco que se llama ‘write in’.

No se suelen dar movimientos espontáneos en la sociedad por el que un montón de votantes, después de una ardua reflexión, ponen el mismo nombre en la papeleta. Este sistema de elección es empleado por candidatos que, por una razón u otra, no se presentan como candidatos oficiales.

Cuando los republicanos convencieron al General Eisenhower de que fuera su candidato en las elecciones presidenciales de 1952 (los demócratas también lo intentaron cuatro años antes). Tanto había tardado Ike en decidirse que no era posible su inscripción como candidato en las primeras elecciones primarias, de forma que su equipo de campaña decidió animar a los votantes a utilizar el ‘write in’ y el general resultó vencedor en esas elecciones.

La senadora Lisa Murkowski perdió las elecciones primarias para la candidatura al Senado federal por Alaska dentro del Partido Republicano frente a un precandidato aupado por el ‘Tea Party’. Sabiendo que podía ganar las elecciones senatoriales y no habiendo conseguido otro partido, el equipo de Murkowski decidió a pedir el voto por el sistema de ‘write in’ y consiguieron la victoria y el escaño en el Senado que ayer se confirmó (via Eskup).

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Las elecciones a la Cámara de Representantes de los Estados Unidos se realizan mediante el sistema mayoritario, es decir, cada circunscripción elige un solo representante resultando elegido el candidato que obtenga el mayor número de votos.

Los representantes se reparten en cada uno de los cincuenta estados según su población (el Distrito de Columbia no tiene representantes). En virtud del número de representantes que le corresponden a cada estado, éste se divide en distritos, a veces de un modo curioso.

Como en este blog nos gusta hacer cosas raras y simulaciones extrañas, hemos dedicado a todo nuestro personal a convertir los datos de las elecciones de representantes en cada estado en elecciones proporcionales. Por ejemplo, una vez sumamos el total de votos recibidos por los republicanos y los demócratas en cada estado hemos adjudicado por proporcionalidad (con Hare) todos los representantes que tiene ese estado.

Algunas precisiones y ajustes:

1) Solamente he tenido en cuenta los votos dados a las candidaturas republicanas y demócratas. En todo caso ninguna de las otras candidaturas, en un cómputo estatal, superaba unos votos que le hiciesen entrar en la adjudicación de los representantes.

2) Cuando en un distrito determinado un candidato no ha tenido rivales (pasa en varias ocasiones) no he añadido votos por ese distrito aunque su ‘escaño’ sí ha sido compatibilizado en la adjudicación estatal de escaños. Lo lógico es que los votos de ese candidato único fueran arrolladores, toda vez que nadie ha tenido el valor de retarles electoralmente.

3) En los Estados Unidos no son raros resultados 70/30. Tiene varias explicaciones, entre ellas me interesa señalar que el sistema mayoritario desincentiva el voto de las minorías políticas en un distrito, toda vez que ven imposible ganar y que su voto será ‘inútil’. Un sistema proporcional incentiva el voto minoritario en cuanto se tiene conciencia de que el voto puede servir para algo aunque tu partido no gane en un distrito.

4) En los distritos cuyo recuento está en el aire todavía, he tomado las proyecciones de mis fuentes y, en su defecto, se adjudica la victoria al que vaya por delante. Errores son posibles después de haber pasado a mano los resultados de 435 distritos: cuento con vuestra comprensión.

Sin más vueltas, aquí tenéis los resultados proporcionales de las elecciones a la Cámara de Representantes de los Estados Unidos.

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John MICKLETHWAIT y Adrian WOOLRIDGE: Una nación conservadora. El poder de la derecha en Estados Unidos. Debate. Barcelona, 2005. 582 páginas

Hace más de un año que leí este libro y siempre he ido postergando hablar de él. Después de las elecciones legislativas, del martes 2, en Estados Unidos creo que es un buen momento.

La tesis fundamental de este libro es que, en este momento, los Estados Unidos son una nación conservadora, como se refleja en el título y que este conservadurismo forma parte tanto de su tradición política como de la construcción social de la nación. Es cierta, y los autores no lo niegan, la fuerza e importancia de la tradición liberal en la conformación y desarrollo de los Estados Unidos, pero mantienen, con buenos argumentos, que el fundamento conservador está presente desde los primeros tiempos.

De especial interés son los múltiples capítulos en los que se explica como el movimiento conservador se ha ido convirtiendo en decisivo en los Estados Unidos y como se ha formulado a través de instituciones universitarias, institutos de investigación, un amplísimo programa de becas, una tremenda acumulación de medios de comunicación y el inteligente aprovechamiento de cualquier hueco para mostrar su visión del mundo.

En una serie de años que irían desde la desastrosa campaña de Barry Goldwater hasta la Presidencia de Bush, que es cuando el libro se escribe han modelado tanto la conciencia social como lo que se considera prestigioso o correcto socialmente, encerrando en el ostracismo el discurso y el programa liberal.

Es un libro, en mi opinión, absolutamente recomendable para conocer el movimiento conservador estadounidense, sus discursos y sus incongruencias, su fuerza y sus debilidades y, sobre todo, para percibir qué le sucede al gran ausente: el liberalismo.

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Las encuestas han adelantado correctamente los resultados de las elecciones legislativas en los Estados Unidos y el resultado es que los republicanos se hacen con la mayoría en la Cámara de Representantes, los demócratas conservan su mayoría en el Senado y unos cuantos gobiernos estatales pasan a manos de los republicanos, aunque el más poblado (el de California) será ejercido por un demócrata.

Durante el día de hoy estoy convencido, si no se ha producido ya, que habrá lecturas en clave española del resultados de las elecciones estadounidenses. Es la constante tentación de cualquier tendencia en nuestro país (que es el que conozco) que partiendo de un comportamiento normal se convierte en una idiotez.

Cuando queremos comprender algo que no es a lo que estamos habituados, lo primero que hacemos es una especie de “estructuralismo de andar por casa”, esto es, buscamos los equivalentes en lo que conocemos (la realidad política española). Por ello muchas personas piensan que los demócratas norteamericanos son el correspondiente a los socialistas españoles y los republicanos a los populares españoles.

Esto que es un esquema básico para comprender las cosas, se convierte en problemático cuando salta a los análisis, que tienen que ser más rigurosos, y de la correlación ‘estructuralista de andar por casa’ se pasa a considerar que la victoria de los republicanos es también una victoria de los populares y que los habitantes de España debiéramos tomar ejemplo.

Es más, la extrapolación de resultados de unas elecciones a otras es algo que hay que hacer con mucho cuidado y más por deporte (como escribir un blog) que con una intención seria. Todos sabemos que los resultados de unas elecciones municipales en una localidad normalmente no coinciden con los de las elecciones generales, con los de las autonómicas o con las elecciones europeas. Los votantes actúan según criterios diferentes según se trate de unas elecciones u otras. Si esto ocurre en una sola localidad, imaginadlo a nivel nacional y, sobre todo, si comparamos las elecciones políticas en dos países tan diferentes como España y los Estados Unidos.

Veamos la causa por la que el “estructuralismo de andar por casa” no es válido. Un partido político en los Estados Unidos no equivale ni de lejos a lo que es un partido político en España. Ideológicamente lo que une a republicanos o a demócratas es algo tan vacuo que sólo puede ser categorizado utilizando el concepto del ‘aire de familia’ (Wittgenstein).

La principal consecuencia es que dentro de cada uno de los dos grandes partidos de los EUA hay tendencias muy fuertes, de manera que hay un sector de republicanos y de demócratas que están más cerca entre sí que con las corrientes más ‘duras’ de sus respectivos partidos. El hecho que la elección sea uninominal y no proporcional hace que haya mucho inútil y que haya que escorarse siempre hacia la mayoría que efectivamente va a votar.

La ausencia de una férrea disciplina de partido (cada vez la hay más especialmente entre los republicanos) hace que los votos puedan cambiar de sentido dependiendo de la materia de la que se trate, de las ventajas que cada congresista encuentre en la ley en cuestión y de un conjunto de variables, algunas honestas y otra menos.

La dinámica de las relaciones entre el Presidente y el Congreso (Cámara de Representantes y Senado) es diferente a la de España. El Presidente ni es nombrado por el Congreso ni necesita su confianza, aunque lo precisa para sacar adelante las leyes (aunque cuenta siempre con las ‘órdenes ejecutivas’).

Es difícil que el Congreso haga ‘tragarse’ al Presidente con leyes que no sean de su agrado porque tiene poder de veto que necesita de una fuerte mayoría, que los republicanos ahora no tienen, para levantarlo. O colaboran o habrá una parálisis absoluta de la que el Presidente podrá acusar a los republicanos.

Para concluir: ni Obama es Zapatero, ni el Partido Demócrata es el PSOE, ni el Partido Republicano es el PP, ni el Congreso Federal son las Cortes, ni mucho menos su Senado se parece al nuestro, todo ello con un equilibrio de poder sustancialmente diferente y con un sistema electoral camino de las antípodas del nuestro.

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