Emplear al ejército

Ayer un blog especializado en ciencia se preguntaba por qué el Gobierno no había recurrido a la unidad del ejército especializada en ataques nucleares, biológicos y químicos, con los mejores equipos y con entrenamiento diario para manejarlos, y remitir a los españoles repatriados a un centro hospitalario que estaba lejos de ser no el destino óptimo, sino pasable.

¿Por qué no hicieron lo que, por lo visto, muchos militares consideraban lógico que hicieran? Una primera tentativa de respuesta es que se han intentado, a costa de los repatriados y de la salud pública, de apuntar un tanto a los populares madrileños en medio del desmantelamiento de la sanidad pública, de las protestas de la Marea Blanca y de los revolcones judiciales. Pero el desmantelamiento no es gratis y se ha comenzado a pagar.

Pero cabe una segunda posibilidad. Durante los dos mandatos de Rodríguez Zapatero, la narrativa del PP atacó la gestión del Ministerio de Defensa diciendo que el Presidente y sus ministros estaban convirtiendo a las Fuerzas Armadas en una especie de ONG perdiendo su razón de ser militar.

Sectores duros militares no dejaban de llenar los oídos de los políticos de la derecha transmitiéndoles su malestar por las nuevas misiones y por “los soldados de Zapatero”, refiriéndose a la UME (todavía existente y actuante).

Encomendarle al ejército y a su preparada unidad NBQ hubiera roto ese discurso (cosa que les importa un pimiento) pero, sobre todo, hubiera incomodado a los que les susurraban a los oídos de los políticos populares y a esas bases ultras que están decepcionadas con la retirada de la reforma del aborto.

¿Para qué sirven las Fuerzas Armadas ucranianas?

Uno de los motivos comunes a todos los países que deciden tener o más bien mantener unas fuerzas armadas es la garantía de su integridad territorial. Depende de un conjunto amplio de variables que las fuerzas armadas sean más o menos efectivas en ese objetivo primario que es el mantenimiento de la integridad territorial, pero al menos deben ofrecer alguna dificultad al invasor.

Las fuerzas armadas de Ucrania han visto como las tropas rusas con base en Crimea han apoyado la secesión e incorporación de esta república autónoma a la Federación Rusa con una mezcla de entrega de buques, declaraciones de lealtad a Rusia y tratar de no moverse nada para pasar desapercibidas. Algo que podría comprenderse respecto de las unidades estacionadas en Crimea, pero que es a priori inexplicable respecto del resto de las fuerzas armadas ucranianas.

No han movido un dedo. Nadie ha hecho nada porque todos temen un enfrentamiento contra una potencia militar consistente, con un ejército rearmado con petrodólares, y con un Presidente que no tiene en cuenta las potenciales bajas, ni siquiera entre sus filas, a la hora de tomar decisiones.

Ninguno de ellos ha querido enfrentarse a los rusos y puede que sea la decisión más razonable. Pero que sea la decisión más razonable no elimina la cuestión consecuente: ¿para qué sirven las fuerzas armas ucranianas si no son capaces de ofrecer la mínima resistencia ante un ataque a la integridad territorial? ¿para qué sirven si no ofrecen la mínima disuasión?

La única amenaza real y con posibilidades es la amenaza rusa y todos sabemos lo que han hecho o más bien lo que han hecho. Desde luego no tiene sentido esperar una amenaza ni de Polonía, ni de Eslovaquia, ni de Bielorrusia, ni de Moldavia o de Rumanía.

Ucrania, según los datos publicados por la CIA, emplea el equivalente al 2,77% de su PIB en gastos militares (6144 millones de dólares). Bien podría abolir las fuerzas armadas por absolutamente inútiles e incapaces y dedicar esos dólares a otros menesteres, por lo menos que funcionen.