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Posts Tagged ‘Derecho de resistencia’

La Transición política fue un proceso político y social muy interesante, de acuerdo y de límites. A lo largo del tiempo, cuando hubo que contarla y para ello lo primero era construir una versión oficial de la Transición. Los méritos son fáciles de expresar, pero los límites que impusieron un escaso margen de maniobra o se silenciaron, se reinterpretaron haciendo virtud de la necesidad.

Al principio el sistema se tocó suavemente y luego, a lo sumo, se reconoció voluntad reformadora (de ahí el nombre de la Ley de Reforma Política) y no constituyente. La misma Ley de Reforma Política era una Ley Fundamental del Régimen, aprobada según el procedimiento fijado para ello. Las Cortes elegidas a partir de la Ley de Reforma Política era las ordinarias y el procedimiento para elaborar la Constitución fue el establecido para la modificación o adición de las leyes fundamentales.

¿Por qué se siguió un complicado proceso de reformas legales dentro del esquema institucional franquista en vez de convocar unas Cortes Constituyentes? Sencillamente, porque no se podía. Las élites sabían lo que iba suceder, pero muchos cuadros del régimen y el Franquismo sociológico debían ser contemporizados con la idea de que todo iba a ser seguir permaneciendo esencialmente igual, salvo algunas reformas necesarias que la inmensa mayoría reconocían urgentes.

De aquí surgió el mito: en España habíamos sido tan estupendos, que habíamos conseguido cambiar de régimen sin necesidad de hacer una ruptura jurídica. Lo que se había tenido que hacer casi a la fuerza, se convierte en un logro. Muchas personas creen que ésta es una forma óptima de actuar, cuando es raro, costoso y poco deseable.

Los cambios de régimen político pueden hacerse desde una legalidad a otra o con una ruptura de la legalidad. Sin irnos más lejos en la Historia, mucho de los antiguos Estados comunistas rompieron abruptamente con el régimen político anterior y no esperaron una legitimidad procedente de ese régimen.

Hay quiénes consideran que este paso continuo de un régimen a otro es necesario para que haya legitimidad de origen:

Este tweet sostiene que el régimen establecido en la II República era ilegítimo porque no procedía de la legalidad del régimen anterior, sino de la espantada de Alfonso XIII al interpretar correctamente el resultado de esa aparente victoria de los monárquicos en las Elecciones Municipales.

El concepto de “legitimidad de origen” tiene su origen en la clásica distinción de Bartolo de Sassoferrato entre legitimidad de origen y legitimidad de ejercicio. Para ser gobernante seha de poseer un “titulum” que habilite a ello y si no se tiene, se será un usurpador. Al usurpador, de acuerdo con la doctrina medieval y moderna, se le puede resistir por todos, en todas las condiciones y con todos los medios (hasta Francisco Suárez no se objetó esta postura).

Es lógico que se exija un “titulum” cuando se funciona dentro de un régimen y que se desprecie al que quiere gobernar sin “titulum”, pero exigir “titulum” a un nuevo régimen muestra una confusión conceptual tremenda, ya que el usurpador es una persona, no un régimen.

Pero además si el usurpador se asienta en el poder, termina generando una nueva legitimidad. Europa está llena de patéticos aspirantes a los diferentes tronos, existentes o pasados, fundados en que no se qué costumbre o normas de monarquías desaparecidas y que consideran usurpadores a los demás.

La llamada legitimidad de origen solamente es exigible a las personas y responden respecto al régimen propio. No es exigible al régimen, que prosperará o no dependiendo de su capacidad para sustituir al otro régimen y es una cuestión política y no jurídica. De otro modo, viviríamos en medio de absurdos políticos, jurídicos e históricos, según el cual una régimen no es legítimo porque su monarca originario se hizo con el territorio por la fuerza y no tenía “titulum”.

Y no, la II República ni buscaba ni quería la legitimidad de la Monarquía Alfonsina. Su legitimidad se fundaba, como régimen democrático, en la voluntad del pueblo. No en vano su primer gobierno fue la transformación del Comité Revolucionario, muestra de una clara y sana voluntad rupturista.

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La Guerra de Independencia de los Estados Unidos no fue un proceso con dos bandos perfectamente definidos, los partidarios de la independencia y los partidarios de continuar bajo la Corona británica. Había personas y grupos que se pasaron de ambos alguna vez, así como un conjunto no pequeño que le traía sin cuidado la independencia o no de las colonias.

Durante la Guerra, los gobernadores de los nuevos estados tuvieron que hacer frente a situaciones insurreccionales dentro del territorio por ellos controlado. Thomas Jefferson, durante su mandato como gobernador de Virginia, que era el más grande y poblado de los estados, tuvo que hacer frente a toda la variedad posibles de actos de desobediencia, motín o revuelta, además del conflicto bélico contra los británicos.

A uno de los coroneles de la milicia del estado le escribió en abril de 1781 lo siguiente:

“La mejor manera para ellos tal vez sea no ir contra los amotinados cuando estén todos juntos, lo que quizás provocaría una rebelión abierta o, con toda seguridad, un derramamiento de sangre. Hay que hacerlo cuando se hayan dispersado: ir y sacarlos de sus camas, uno a uno y sin ruido. Si no se les encuentra la primera vez, ir una y otra vez para que nunca puedan permanecer tranquilos en casa.”

El recuerdo de las Elecciones Presidenciales en Bielorrusia se diluye. Hay masivas manifestaciones dominicales que van perdiendo novedad. No pasa nada nuevo y eso te hace perder tiempo en los informativos extranjeros. Parecía que Lukashenko iba a actuar como hacen habitualmente los autócratas, disolviendo violentamente las manifestaciones y creando una situación socialmente insostenible que iba tensionar a las fuerzas del orden y al ejército pero básicamente ha dejado discurrir las manifestaciones.

La oposición se manifiesta los fines de semana y Lukashenko reprime los días laborables. Decenas de opositores son detenidos e interrogados sin cámaras, ni manifestantes, ni nada ningún oposición. Es de suponer que estos regímenes han encontrado en las redes sociales y en la telefonía móvil una forma excepcional para trazar los contactos de la oposición y los detenidos no tienen ni que desvelar sus compañeros. Solamente los opositores más destacados, como la Nobel Svetlana Alexiévich, cuentan con la “escolta” de embajadores y la atención de los medios.

Es posible que las sanciones que se tomen no sean las clásicas consistentes en larguísimos periodos de detención, con todo tipo de maltrato. Los opositores de mayor significación se irán del país y el resto verá que su relación con el Estado se complica a la hora de realizar cualquier trámite, conseguir un trabajo o ascender, en una economía altamente estatalizada como la bielorrusa.

El mundo está dejando de mirar a Bielorrusia, como ha hecho durante muchos años, sencillamente porque no pasa nada, al no caer Lukashenko en la tentación de una represión clásica. Los movimientos fundados en la no violencia se están encontrando con un obstáculo, que no es otro que se sabe perfectamente que la no violencia funciona únicamente cuando hay un enemigo violento y unos espectadores determinados a intervenir. Si la no violencia es respondida con no violencia (lo que no quiere decir que no haya represión), sus posibilidades de éxito se esfuman. No es nada nuevo: ya lo decía Thomas Jefferson a finales del siglo XVIII.

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