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Posts Tagged ‘derecha mediática’

2016. España necesitaba evitar a toda costa unas terceras elecciones. Los medios decían que era necesario, imperioso, que Mariano Rajoy fuera investido Presidente del Gobierno por segunda vez. Un sector de dirigentes socialistas, blandiendo el sentido de Estado, consiguió la dimisión del entonces secretario general del PSOE y obtuvieron a las pocas semanas las abstenciones necesarias para que Rajoy fuera investido por mayoría simple en la segunda vuelta.

2019. España estaba nuevamente al borde de unas terceras elecciones. Los medios publican cálculos sobre a quién le ira mejor en las siguientes elecciones. Ninguno de los partidos de la derecha se ve impelido a facilitar la investidura en virtud del sentido de Estado, todo lo contrario critican todos los intentos de evitar las terceras elecciones. A nadie se le ocurre sacar los cuchillos internos para hacer presidente a alguien del otro lado del espectro.

En España el llamado “sentido de Estado”, que sería algo así como hacer sacrificios particulares por un bien común, solo se predica cuando esos sacrificios tiene que hacerlo la izquierda. La derecha nunca debe sacrificarse. Es exasperante oír llamadas a vender la polarización o la crispación basadas únicamente en el sacrificio de una parte del espectro político y de sus electores, incluso cuando son mayoritarios, a favor del otro sector y sus electores pese a que son minoritarios. Sentido de Estado es que únicamente se pueden renovar los órganos constitucionales cuando la derecha tenga la mayoría suficiente para trasladarla a esos órganos.

Sentido de Estado es el nombre de la frontera de ese territorio en el que la izquierda puede habitar en paz; un territorio cada día más pequeño. Sentido de Estado es no ir no contra el Estado, sino contra esos que se creen encarnación del Estado. Sentido de Estado es que un gobierno o un legislativo tiene más o menos poder dependiendo de cuál sea la mayoría.

Ese sentido de Estado es una perversión antidemocrática y no, como debería, respetar unos valores compartidos, porque una parte se ha abrogado la interpretación exclusiva y excluyente de esos valores que debieran ser de todo, incluso admitiendo dentro a quienes sin disimulo los desprecian. Sentido de Estado sólo es obligatorio para la izquierda.

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En las muchas y tormentosas semanas que rodearon la segunda investidura de Mariano Rajoy, elCongreso aprobó una cantidad tremenda de Proposiciones No de Ley (PNL) con las que los populares intentaban lavar la cara y dar algunos éxitos a la gestora del PSOE que, contra la evidente voluntad de la militancia y los votantes, se había rendido bajo la excusa de cierto sentido de Estado undireccional.

Los medios de comunicación afines a la derecha y a la operación, casi todos, vendían cada PNL como si se tratase de un cambio legislativo inmediato, cuando realmente la PNL no tiene ningún valor jurídico más allá de ser una mera toma de postura de la cámara. Se aplaudía la bondad de un consenso político vacío de contenido, de unos acuerdos para que la Gestora pudiera ganar las primarias del PSOE.

Las declaraciones institucionales son algo así como estar a favor del bien y en contra del mal. Estas declaraciones, algunas veces negociadas, se aprobaban por unanimidad bien por costumbre, bien por exigencia de algunos de los reglamentos parlamentarios.

La llegada de Vox a las instituciones ha permitido descubrir que el bien que defendíamos comúnmente y el mal que sofocábamos todos juntos no son el bien y el mal para ellos. A partir de entonces muchas declaraciones institucionales no han reunido la unanimidad reglamentaria o consuetudinaria y no han podido ser aprobadas.

Cada una de las declaraciones institucionales no aprobadas a causa de la no participación de Vox han temido una gran cobertura y han puesto en evidencia la situación de ostracismo axiológico de la formación de extrema derecha. Los sectores más alejados de Vox ven en ello, con razón, una expresión de lo que son y se movilizan políticamente.

Vox también obtiene logros. El primero es la no aprobación de la declaración, que en sí mismo tiene tan poco valor como su aprobación, pero el segundo es manifestar que tiene más poder que el que realmente tiene, porque vende a sus electores y a sus potenciales votantes la idea de que “están parando algo” y sus votos son efectivos cuando, con la excepción de los “trifachitos” no consiguen absolutamente nada.

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Cada día se publican cientos de artículos e informaciones que no tienen otra finalidad que crear ruido, entendiendo por ruido en este contexto una sensación negativa respecto del gobierno que no se basa en una serie de criterios construidos correctamente, sino de medias verdades, mentiras completas y eslóganes. Muchos periodistas y colaboradores toman de aquí y allí, especialmente de los argumentarios que reciben de otras entidades, sus opiniones y cada día el tono va subiendo porque todos necesitan descartar entre los gritos de miles de grillos.

No importa nada, lo importante es ser capaz de mantener el ruido constantemente para que los propios no se relajen, que se sientan constantemente amenazados incluso por las decisiones que los tuyos tomarían en el caso de estar en el poder. Y si no hay decisiones, se habla o inventan proyectos, o se establecen intenciones como verdades absolutas. Todo da igual con tal de mantener el nivel de ruido.

Ese nivel requiere de mucha financiación, porque son necesarios medios de toda naturaleza y numerosos escribanos para generar tantas páginas, impresas y/o digitales, tantos minutos “políticamente incorrectos” de radio o de televisión. Es necesario que el dinero fluya y para ello se defiende con todas las armas la piedra angular de la derecha mediática, que es la CAM de Aguirre, González, Cifuentes, Garrido y Ayuso.

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En el debate de investidura el portavoz del PNV en el Congreso aconsejó a la Corona no dejarse instrumentalizar políticamente. La pasada semana volvió a recordar su desatendido consejo al señalarle al Rey que no decir nada cuando es utilizado por una parte del espectro político para criticar una decisión del Gobierno, es una forma de consentir esa instrumentalización y es igualmente una forma de participar. El presidente del gobierno vasco, Urkullu, manifestó en el parlamento que era necesario “republicanizar” la Monarquía, en el sentido de que la institución fuera ratificada en cada generación.

Un medio digital de derecha, Vóz Populi, ha atribuido esta posición de los nacionalistas vascos de derecha a la lucha política con Bildu y a la posición antimonárquica de este último partido. Es curioso cómo se construye un relato falso.

Falso porque el PNV avisó de un problema y aconsejó una postura, ha reiterado a la Corona la necesidad de distanciarse netamente de la instrumentalización y, además, acaba de ganar con soltura las elecciones vascas y lidera un gobierno de coalición con mayoría absoluta.

Si algún partido está siendo leal con la Corona es el PNV, porque es el único que señala los comportamientos nocivos y ofrece remedios, mientras los otros callan los problemas o alientan los comportamientos perjudiciales.

Alguien podría decir que lo de “republicanizar” queda poco leal. No es así por en primer lugar porque el término tiene varias acepciones y, en segundo lugar, la “republicanización” de la que habló Urkullu ha sido la legitimación que se ha usado durante los casi cuarenta años de reinado constitucional de Juan Carlos II: la Monarquía fue aceptada al aprobarse en referéndum la Constitución.

Al igual que nuestra desactualizada e irreformable Constitución se está volviendo un fósil viviente, la Monarquía contenida en ella ha perdido legitimación al pasar más de una generación sin posibilidad de pronunciarse ni sobre una ni sobre otra. La idea de generación constituyente, de sabores jeffersonianos, es una exigencia política y moral en torno a la soberanía de un pueblo respecto a sí mismo y una garantía de que las instituciones del Estado responden a la voluntad popular.

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Ayer Díaz Ayuso consideró que la muerte de 67.427 madrileños no justifica adoptar medidas como las que constan en la Orden Ministerial que ordena el cumplimiento de lo acordado en el Consejo Interterritorial. Pero Díaz Ayuso es un monigote en todo esto, una pieza que podía estar o no estar, alguien que puede caer sin que nada suceda y que será sacrificada tranquilamente cuando deje de reportar algún rédito.

En cambio Paco Marhuenda, director de La Razón, es uno de los personajes fundamentales de la derecha política y mediática española. Ayer publicó una columna en el medio que dirige en la que pedía la convocatoria de elecciones regionales en Madrid.

De lo que habla Marhuenda es de lo que le importa:

1) Díaz Ayuso y su gobierno están absolutamente amortizados. Casado debe permitir las elecciones, porque Ayuso es una marioneta que no tiene capacidad decisoria ninguna, ni siquiera es consultada para las “cosas de los mayores”.

2) Es posible una moción de censura y, en caso de ser exitosa, la derecha se vería fuera de la Puerta del Sol bastante tiempo. La izquierda quiere desalojar al PP de la Comunidad de Madrid.

3) Ciudadanos parece no estar bajo control. No lo dice, pero sabe que pocos diputados de C’s pueden hacer exitosa la moción de censura. Este escenario solamente lo salva una convocatoria electoral (una locura en medio de una ola de la pandemia).

4) Intenta asustar a Arrimadas con ser aliada de Más Madrid (los comunistas) en la region capitalina para despistar, porque sabe que si hay rebelión tiene poco que hacer y, sobre todo, lo hace con vistas a su eventual apoyo a los Presupuestos Generales del Estado.

5) Pide un “comité creíble que esté formado por científicos de acreditado prestigio”, donde evidentemente las expresiones fuertes son “creíble” o “reconocido prestigio”, que le otorga el poder a él y los medios de la derecha de determinar cuándo el comité el creíble y en qué circunstancias sus miembros son de reconocido prestigio, es decir, quiere poder decidir lo que se decide.

De lo que no habla Marhuenda, porque no se importa:

1) De la desastrosa gestión que ha llevado a la Comunidad de Madrid a la actual situación.

2) De los enfermos, de las personas que vivirán con secuelas o de los muertos. Tampoco de sus familias.

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Ayer escribía una breve entrada sobre la capacidad que tiene la derecha político-mediática para marcar la agenda y hacer hablar a todos sobre lo que ellos les interesa. Quién marca el debate tiene una ventaja que habitualmente es decisiva.

Voy a ilustrarlo. El miércoles el tema en Madrid-España eran los criterios homogéneos que permitieran saber cuándo un territorio (zona sanitaria, distrito sanitario, municipio o provincia) debe ser confinado. Una especie de mecanismo automático elaborado por otros (Illa y el Ministerio de Sanidad), para exonerar a los gobernantes madrileños de tomare decisiones impopulares. Consiguen lo que quieren, pero como son conscientes de lo mal que está la situación en su Comunidad, no caen hasta pasadas muchas horas en que lo acordada se le aplicará casi en exclusiva a municipios madrileños.

Entre tanto todo el mundo discutiendo sobre los beneficios de los criterios homogéneos, que si Francia, que si en tal estado de Micronesia, que si el velo de ignorancia. Un monumental coro a una idea que solamente fue concebida como mecanismo de crispación y de confrontación.

El jueves, Ayuso va a la Asamblea de Madrid y dice no sé qué tontería sobre Chernóbil y Más Madrid. Y allí todo el mundo hablando de la gestión que el gobierno soviético hizo de Chernóbil (no de la de Ayuso del Covid-19), que si los de Más Madrid son comunistas o no, que si en caso de ser comunistas los de Más Madrid tendrían responsabilidad personal en lo de Chernóbil o si el director de la serie se ha pronunciado.

Mientras tanto Ayuso, y sobre todo Miguen Ángel Rodríguez, aplaudiendo con las orejas, porque nadie se fija en los muertos y que su decisión de obviar los criterios que el día anterior pedía y de tomar cualquier decisión impopular entre los sectores tendentes a votar a la derecha tiene un precio en vidas y en secuelas. Entre tanto se aprueba una ley sin quórum en la cámara regional, pero ya es que da todo igual.

Llegamos al viernes y el tema es si alguien, con la Orden de Sanidad, puede ir a Berlín a Madrid, pero no de Parla a Madrid. Y comienzan las discusiones, que si Parla está confinada por orden de Ayuso, que si Berlín tiene tal AI14 y Madrid el otro, que si se puede o no y vuelven a reírse de nosotros en la Puerta del Sol. Han vuelto a conseguir pasar otro día y que nadie hable de muertos, de enfermos, de medios o de la manipulación de los datos diarios que se publican según parece.

¿Qué está sucediendo? Muy sencillo: en el otro lado no hay nadie. Es evidente que el Gobierno de España no puede ser la oposición de Ayuso y más en la situación en la que nos encontramos. No hay nadie en absoluto que lidere un mensaje de oposición, de modo sistemático y que tenga una ageda independiente de las ocurrencias de cada día. Ni líder, ni estrategia, ni coordinación, ni redes sociales, ni nada de nada. Solamente la oposición ha marcado agenda cuando el delirio ayusiano ha sido inmascarable.

Podemos en Madrid está desaparecido. Más Madrid tiene un líder en el Congreso, que abandonó la Asamblea y más allá del papel destacadísimo de la diputada Mónica García, no hay nadie que encabace la formación.

El PSOE de Madrid tiene su secretario general como Delegado del Gobierno y, por tanto, preso de su papel institucional. A su portavoz, Ángel Gabilondo, diciendo que no se pueden tomar medidas más contundentes o ver si es posible una moción de censura, eso los días que aparece.

Sería el momento para que una mujer o un hombre tomara el liderazgo de la izquierda y reubicara el debate. ¿Llegará esa persona?


 

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Si algo está haciendo bien la derecha es controlar la agenda. Los días malos para su buque insigna (la CAM de Ayuso) se sacan todos tipo de historias desde los okupas hasta la reducción de un impuesto inexistente en Canarias, hasta agravios a la Corona al ejercerse las funciones constitucionalmente asignadas. Toda la maquinaria funciona muy bien y la prueba de ello es lo entretenido que hemos estado con los okupas, hasta el punto de requerirse cambios legales inmediatos.

El día 30 de septiembre amanecía con el tema de unos criterios homogéneos para toda España. Cuando anochece ese mismo día, y como a Ayuso y a la derecha no le vienen bien en su cálculo político esos criterios, ya nadie reclama una homogeneidad que era fundamental al alba.

Y así cada día. El manejo de los tiempos y especialmente el engrasamiento institucional de una red de medios hacen su papel. Unos medios que saben que. en caso de no hacer su papel, perdería no sólo el engrasamiento, sino la propia existencia, porque muchos de ellos depende de las administraciones para continuar cada día.

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