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Posts Tagged ‘Congreso de los Estados Unidos’

La ley federal (3 US Code 7) establece que el primer lunes después del tercer miércoles de diciembre (14 de diciembre) se reunan los electores presidenciales para emitir su voto. Cuando escribo esto (5 de noviembre) parece que el resultado final va a ser ajustado y quien gane puede que tenga poco margen de error a la hora de que tuviera que sufrir faithless electors, es decir, electores que a la hora de emitir su voto no lo hacen por el candidato por el que se había comprometido.

La Convención Constitucional estableció el Colegio Electoral sobre la idea de que serían elegidos ciudadanos insignes que votarían quién debería ser la cabeza de la República. Rápidamente cada partido presentaba una lista de electores que, de ganar, votarían por el candidato de ese partido (aunque en aquella época los candidatos tenían la deferencia aristocrática de no hacer personalmente campaña). De hecho durante las primeras décadas los electores, en algunos estados, no eran elegidos popularmente sino por la legislatura estatal o un colegio de delegados electo “ad hoc”.

No existe ninguna ley federal que obligue al elector a votar por el candidato con el que se había comprometido, pero muchos estados sí han establecido medidas para forzar el cumplimiento del compromiso como son la imposición de multas, cargos penales o la sustitución forzosa de los electores que no son fieles. Esta mismo año el Tribunal Supremo ha señalado la constitucionalidad de estas leyes en en el caso Chiafalo v. Washington y en Corolado Department of State v. Baca.

La Duodécima Enmienda a la Constitución establece la necesidad de alcanzar la mayoría de los electores designados, que si son 538, se situará en 270 como ya es de común conocimiento. En el caso de que no se alcance, los tres con  más votos (de haber al menos tres) serán los candidatos entre los que la Cámara de Representantes tendría que elegir. La elección en la Cámara de Representantes no se hace por miembros, sino por cada uno de los estados que tiene un voto y su sentido se decide de acuerdo con el voto de los representantes de éste. De esta forma California con 53 representantes tiene el mismo peso que Idaho con un solo representante.

Hace varias semanas publicamos en Geografía Subjetiva una valoración sobre quién hubiera ganado la Presidencia, desde el año 2000, en función de la Cámara elegida el mismo día de las elecciones presidenciales. La conclusión era que el vencedor en el Colegio Electoral hubiera obtenido al menos los veintiseis estados necesarios para acceder a la Casa Blanca.

La misma previsión se da para la Vicepresidencia con la excepción de que en este caso el cuerpo electoral es el Senado que también vota por estados. El hecho de que cada estado tenga únicamente dos senadores hace que sea más fácil que el voto de un estado quede indeterminado si los dos senadores pertenecen a partidos diferentes. En la simulación que hicimos en la Vicepresidencia no hubiera habido tanta facilidad para conseguir que el ganador en el Colegio Electoral fuera elegido ya que en ninguna de las cincos ocasiones estudiadas ni republicanos ni demócratas alcanzaban los veintiseis estados.

¿Qué sucedería este año?

Hay que indicar que todavía hay muchas elecciones para representantes y senadores en el aire, de modo que hay que poner algunos estados en la columna de “sin decidir”.

En la Presidencia los republicanos cuentan con veinticinco estados y los demócratas con diecinueve. La mayoría en las delegaciones de Arizona y Iowa en la Cámara aún están por decidir.  Georgia, Michigan, Minnesota y Penssylvania estarían empatada. De forma que en el caso, por ejemplo, de que Biden llegara al 14 de diciembre con escaso margen y algunos electores fallaran a su compromiso, la Presidencia continuará teniendo de titular a Donald Trump.

Nuevamente la Vicepresidencia es torna en problemática porque en este momento los republicanos tendrían veintidós estados, los demócratas veintiuno, cinco empates y dos aún indecisos.

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Actualización del día 9.

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Durante días en FiveThirtyEight estimaba en un 1% las posibilidades del empate entre Trump y Biden (ahora no), de modo que me pareció interesante ver qué hubiera pasado en caso de no haber habido mayoría en el Colegio Electoral en las últimas cinco elecciones.

La XII Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos, nacida tras la tremenda crisis constitucional ocasionada por las Elecciones Presidenciales de 1800, establece que si ninguno de los candidatos votados por el Colegio Electoral pudiera conseguir la mayoría absoluta de los votos, 270 votos, la elección del Presidente de los Estados Unidos pasa a ser responsabilidad de la Cámara de Representantes y la del Vicepresidente del Senado.

Como es de general conocimiento, el mismo día en el que se elige a los miembros del Colegio Electoral, se hace lo propio con la totalidad de la Cámara de Representantes y un tercio de los senadores, de modo que los representantes y senadores electos con los senadores que permanecen en su puesto forman un nuevo Congreso. El próximo 3 de noviembre será electo el 117º Congreso.

Dado que el Congreso ha de reunirse el día 3 de enero (sección 2 de la XX Enmienda) y que el escrutinio por parte del Congreso en sesión conjunta ha de realizar el día 6 de enero (3 US Code 15), está claro que es el Congreso renovado el encargado de realizar la elección del Presidente y del Vicepresidente, y no el saliente.

En estas elecciones se vota por estados, es decir, el voto de cada uno de los estados es el mismo, uno, y desaparece la capacidad electoral de Distrito de Columbia. De este modo el voto de cada estado dependerá de qué partido sean los representantes o senadores que forman su delegación congresual. Es de suponer que en una situación como ésta nos encontraríamos ante un “party-line vote”, es decir, cada cual vota al candidato de su partido.

¿Qué hubiera sucedido en las últimas cinco elecciones presidenciales en el supuesto de que no hubiera habido mayoría en el Colegio Electoral pero no hubiera habido variación en la elección del Congreso?

Como puede comprobase en las cinco elecciones los candidatos que fueron presidentes, tenían la mayoría necesaria (26 estados) a la hora de conseguir los votos suficientes para ser elegido presidente.

Pero la elección vicepresidencial se torna más compleja. En el Senado cada estado solamente tiene dos senadores, de forma que no es difícil que uno sea de un partido y el otro del partido contrario, produciendo un empate y la imposibilidad de determinar el voto del estado en la elección vicepresidencial. Muchos estados estarían indeterminados.

En ninguno de los congresos elegidos a la vez que los electores del Presidente, ningún candidato vicepresidencial hubiera logrado la mayoría necesaria, de modo que habría tenido que haber algún tipo de negociación o la cesión a favor de quien formaba ticket con el que iba a ser elegido en la Cámara de Representantes.

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En el caso de los independientes, no hemos guiado para atribuirles un voto por el partido con el que hacían “caucus” en el Congreso.

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El pasado día 24 el Senado de los Estados Unidos, confirmó a Cory T. Wilson, ex representante republicano en la cámara del estado de Mississippi y uez estatal, como juez para el quinto circuito de apelaciones, que incluye a Mississippi, Texas y Luisiana. La confirmación fue por 52 votos a favor por 48 en contra, es decir un party-line-vote salvo por el solitario voto en contra de Collins, senador republicano por Maine.

No era una confirmación cualquiera, porque suponía la confirmación de un juez del Artículo IIII número 200 de la Presidencia de Donald Trump y la cuenta de lo celebró:

La cifra no es baladí, ni insignificante, pero para hacernos una imagen más fiel de este número conviene que lo comparemos con las confirmaciones de presidentes anteriores hasta el día 24 de junio de su tercer año de su primer mandato o único mandato. Como los datos más completos, se encuentran desde George H. Bush, lo compararemos con este presidente, con Clinton, con George W. Bush y con Obama. Comencemos con el sucesor de Ronald Reagan.

El 24 de junio de 1988, George H. Bush (republicano) había conseguido confirmar 162 jueces, lo cual suponía el 19,54% del total de jueces federales y lo había hecho con un Senado con mayoría demócrata. El 98,77% de sus nominados habían sido confirmados por voto unánime, “viva voce” (asentimiento) o con mayorías de al menos 67 votos favorables.

Bill Clinton (demócrata) consiguió confirmar más jueces federal y un porcentaje mayor del total de la Judicatura federal, aunque en su primer bieno (1993-1994) fue más prolífico que la parte del segundo bienio que consideramos, no sólo porque hubo menos tiempo, sino también porque el Senado tornó a tener mayoría republicana. Incluso los jueces confirmados por al menos por tercios subieron un poco.

Su sucesor, el republicano George W. Bush, casi igualó el actual número de Trump (no descartéis que el calendario estuviera hecho para eso) y alcanzó confirmar en ese periodo al 23,14% de los puestos judicial federales. Bajó un poco el número de cargos judiciales confirmados por mayorías de al menos dos tercios, pero nada significativo.

De lo que hemos visto hasta ahora, Obama fue el presidente con menos confirmaciones, aún teniendo mayoría en el Senado en los dos bienios en cuestión. No lo he dicho hasta ahora, pero no solamente los jueces del Tribunal Supremo tienen mandato indefinido, sino todos los jueces federales del Artículo III, de forma que la cantidad de puestos a disposición del Presidente varía en función de la decisión de cada juez de retirarse en un momento o esperar a que la Casa Blanca esté ocupada por alguien de su sensibilidad política. Los números totales de Obama en el perido que nos fijamos son discretos, incluso baja en el número de jueces confirmados por al menos dos tercios de los senadores.

Desde George H. Bush los números de Trump son los mejores con la excepción de uno, los jueces confirmados con al menos dos tercios de los senadores. Frente a proporciones superiores al 90%, nos encontramos con un paupérrimo 6% y muchas situaciones de voto por disciplina de partido. ¿Qué quiere decir eso? Que los jueces confirmados lo son contra casi la mitad de los senadores, que probablemente representen a más de la mitad de la población, y que cada confirmación es asomarse al precipicio para la Administración de Trump. Tantos jueces de distrito elegidos de una forma tan partidista tienen muy pocas posibilidades, en el futuro, de encontrar una “elevation”.

Si nos retrotraemos hasta Nixon, donde no hemos podido averiguar el voto de confirmación, si podemos ver que el efecto de cada presidente sobre la Judicatura Federal en este periodo era abrumador y lo fue especialmente en el caso de Carter que asumió la Presidencia tras dos mandatos y dos presidentes republicanos.




* Kennedy no llegó al 24 de junio del tercer año del primer mandato. No se ha tenido en cuenta al Presidente Ford porque ejerció solamente una parte del segundo mandato de Nixon, ni al Presidente Johnson porque su primer mandato completo, realmente no lo era, pues terminó el primer mandato de Kenndy.

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