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Posts Tagged ‘Cónclave 2013’

Hoy se hace efectiva la renuncia al Papado de Benedicto XVI. Se hace historia dentro de la Iglesia Católica y puede que estemos asistiendo al fin de las agonías papales televisadas.

Joseph Ratzinger fue elegido Papa cuando estaba cerca de cumplir los ochenta años que le hubieran impedido entrar en el Cónclave. Era un Papa anciano que en otro tiempo no habría tenido que renunciar porque la muerte se habría encargado de ello.

Es cierto que tener ochenta años no es lo mismo ahora que hace sólo unas décadas, pero las enfermedades asociadas a la senectud tienen ahora, por la extensión de la esperanza de vida, una incidencia desconocida hace medio siglo.

Como la religión, entre otras cosas, es el ámbito de lo irracional, dos comportamientos opuestos (el de Juan Pablo II y el de Benedicto XVI) son aplaudidos. En un ámbito diferente se entiende que Benedicto XVI no haya querido dejar a la Iglesia descabezada por su enfermedad que le mantuviera vivo pero incapaz durante una década. Ya se vivió con Juan Pablo II y sería muy edificante, pero poco efectivo.

Antón Solana publicaba una entrada barajando la posibilidad de que en el Catolicismo se diera una bicefalia al haber dos papas, uno dimisionario y otro recién elegido. Toma como ejemplo a los ex Presidentes españoles y el difícil papel que desempeñan especialmente para con sus partidos.

La diferencia es una cuestión de edad. En España tenemos presidentes relativamente jóvenes y los queremos encerrar en conventos políticos con cincuenta y poco. Aquí se retira un anciano que no quiere agonizar en el cargo y al que solamente le queda morirse.

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La presa española se ha estado haciendo eco de dos artículos del diario italiano de ‘La Reppublica’. Ambos hablan de un informe secreto, elaborado por tres cardenales ancianos, sobre la situación de la Santa Sede, los grupos más representativos y determinados abusos y comportamientos que hacen sensible a los afectados a ser chantajeados.

Lo que se dice viene a ser más o menos lo esperado, con la novedad de la aparición de un ‘lobby’ homosexual que tendría la virtud de ser transversal a las nacionalidades y las tendencias doctrinales. Vamos, nada que no se hubiera dicho antes. La diferencia entre lo que a nosotros nos ha llegado y el hipotético informe es que en éste habrá nombres, intenciones e intereses.

No creo que sea la causa de la renuncia de Benedicto XVI, ahogado por la situación, sino más bien una consecuencia de la decisión. Da toda la impresión de que lo que ha preparado Benedicto XVI ha sido un informe base para el ‘traspaso de poderes’. En la Iglesia Católica esto normalmente no ha sido posible porque los antecesores acostumbran a estar muertos y se da por tanto la ocasión de encontrarse y estudiar informes.

Normalmente, con la excepción de Pío XII, los papas comienzan a enterarse del estado de las cosas cuando ya están en el cargo y, además, en sus primeros meses tienen que convivir con la ‘administración’ de su antecesor, la cual solamente es desmontada con suma ‘finezza’. Incluso si el Pontífice resulta ser un curial, salvo que sea el Secretario de Estado, tiene una visión particular, la de su discaterio. Si el elegido no es un curial, las dificultades serán mayores. Por tanto un Papa tiene que emplear unos cuantos meses a ponerse al día a la vez que va conformando un equipo con personas que puede que no haya conocido ni sepa que traen o tienen detrás.

Una renuncia pensada bien puede tener estas especificidades y establecer por primera vez una hoja de ruta a un Papa o un plan de transición. Y claro en este plan de transición lo importante, que normalmente es lo más feo, es lo primero que hay que dar a conocer, porque lo esplendoroso ya se conoce por sí mismo.

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Según ha publicado La Vanguardia el portavoz del Papa ha anunciado la posibilidad de que se modifiquen, interpreten auténticamente y aclaren determinados preceptos del Derecho Electoral que rige el Cónclave para adecuarlo a la presente circunstancia.

Cualquier que haya leído la Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis se habrá dado cuenta de que, aunque lo menciona, solamente tiene en mente la secuencia tradicional de muerte/funerales/cónclave/coronación independientemente de la terminología que emplee. Sus previsiones se mueven dentro de este esquema.

El Cónclave se reunirá por renuncia y no por muerte, de forma que hasta el 28 de febrero, Benedicto XVI sigue siendo el legislador supremo de la Iglesia y puede establecer cambios con una cercanía al Cónclave que elige a su sucesor de la que otros Papas han carecido.

[Nadie se podrá quejar de la cobetura, humilde pero eficaz, de GS con Cónclave]

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En la última entrada publicada en esta serie apuntábamos algo que considerábamos obvio (que el Cónclave fuera rápido) y quizá fuera conveniente dar una explicación.

El Papado tiene un aspecto de “potestas”, que es plena, inmediata, suprema y demás características que el Derecho Canónico ha ido señalando. Pero junto a ésta hay una “auctoritas” que tiene que ser ganada desde el primer momento.

Está prohibido decir cual ha sido el resultado de las diversas votaciones del Cónclave. Un Papa no consigue la mayoría requerida en la primera votación, ni siquiera la absoluta, de modo que durante unos cuantos días ha tenido a más cardenales en contra que a favor.

El Papado tiene un elemento carismático que se basa en la adhesión incondicional y comprobar empíricamente que no siempre hubo ese apoyo incondicional y que es probable que hubiera otro candidato que se quedara a pocos votos de la elección.

Una elección que se dilata en el tiempo tiene dos efectos: uno que se pasa y otro que no. El primero es que la atención mediática se va perdiendo con cada fumata negra que sale de la Capilla Sixtina (a partir del tercer día ). Pero el efecto que no se pasa es la sensación de profunda división. Por más que sea secreto el escrutinio lo innegable es la dilación.

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Un rumor publicado en La Vanguardia sobre el posible adelanto del inicio del Cónclave me ha invitado a pensar en la posibilidad de que haya una modificación de la norma electoral fundamental (la Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis revisado en materia de mayoría por el Motu Proprio De aliquis mutationibus).

Ésta contempla en dos ocasiones la posibilidad de que el Papa pueda renunciar, pero toda su arquitectura, principios y plazos trabajan sobre el presupuesto de que el Cónclave es precedido del fallecimiento del Papa ejerciente.

Hacer posible un inicio anterior a los quince días previstos es algo lógico cuando para entonces habrán pasado siete semanas desde el anuncio de la renuncia de Benedicto XVI y todos los que tenían que estar avisados ya están preparados y la organización de la elección papal está más aliviada porque no tiene que preparar antes todos los actos relativos al sepelio del Pontífice.

Hay un dato que hace que no me cuadre el rumor. Si se adelantada el inicio del Cónclave, puede que éste no pueda ser lo rápido que siempre se desea que sea, pues las murmurationes pueden que no hayan cuajado lo suficiente en el momento de entrar en la Capilla Sixtina, de modo que pueden darse muchas rondas hasta que se aclare el camino y las posibilidades reales.

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En octubre de 2010 falleció el cofundador e histórico dirigente de CCOO, Marcelino Camacho. Pocas semanas antes una noticia lanzada por Europa Press y repicada por casi todos los medios españoles anunció el fallecimiento de este líder sindical.

Entre la sorpresa general Europa Press tuvo que rectificar y confesar que no habían contrastado adecuadamente una noticia que no es precisamente de las difícil comprobación.

Rubén Regalado escribió, con ocasión de esta monumental pifia, una excelente entrada en su blog titulada: ‘Marcelino Camacho no está muerto, la prensa sí’.

Mantenía la tesis de que se había dado la noticia de un fallecimiento por contrastar porque las redacciones actuales de agencias y otros medios no tienen periodistas especializados en los temas, periodistas que tengan una nutrida agenda a la que poder llamar, por ejemplo dentro del sindicato CCOO, para poder contrastar una información de ese calado. Los redactores tienen que ser algo más que polifacéticos, nada especializados, y cuando uno no conoce bien un sector social tiene el peligro que le pase lo que le sucedió a Europa Press.

Las noticias de El País sobre el Vaticano desde la renuncia de Benedicto XVI están llenas no sólo de tópicos, sino que tienen el barniz del desconocimiento de algunos conceptos fundamentales del Catolicismo. El País, si quiere dar noticias sobre este asunto, debe tener algún periodista especializado en religión y concretamente en el Catolicismo, algo que requiere contactos (más allá de los teólogos de cabecera del medio) y conocimientos. Muchas de las informaciones parecen sacadas después de tres búsquedas urgentes en Internet.

El País publicó ayer una nueva noticia en ese sentido. Recurría al lugar común den enfrentamiento entre Papado y Compañía de Jesús, que con el todavía Papa no se verifica, sino más bien lo contrario. Pero cuando se entra en cuestiones internas de los jesuitas El País patina definitivamente.

Dicen que el Papa aceptó a regañadientes la dimisión del anterior Prepósito General por las mismas causas que a él le han llevado ahora a renunciar. Creo que las fuentes de El País confunden a Kolvenbach con Arrupe y a Benedicto XVI con Juan Pablo II y a un suceso de hace más de treinta años con otro de hace pocos. La dimisión de Arrupe sí fue rechazada pero la de Kolvenbach no.

Pero donde El País se lleva la palma es cundo mantiene que Benedicto XVI se opuso a que la posibilidad de renuncia entrase a formar parte de la “constitución” [sic] de los jesuitas.

En primer lugar hay que aclarar que no es “constitución”, sino “Constituciones” y en segundo lugar hay que decir que los jesuitas, por razones históricas, tienen la curiosa costumbre de no tocar nunca el texto de las Constituciones elaborado por San Ignacio de Loyola. Lo que se ha hecho ha sido elaborar normas con el mismo rango pero compilándolas en un cuerpo diferente.

La 34ª Congregación General (1995) aprobó un texto refundido de todas las normas de rango equivalente a las Constituciones al que le dieron el nombre de “Normas Complementarias”. Todo esto ocurrió no en la 35ª Congregación General (2008), bajo Benedicto XVI, sino en la anterior, durante el Pontificado de Juan Pablo II y cuyos decretos fueron aprobados sin ninguna reserva y en su momento por la Santa Sede.

De hecho la norma complementaria nº 361 §1 establece lo siguiente:

Aunque el Prepósito General es elegido para toda su vida y no para un tiempo determinado, puede en conciencia, según derecho, renunciar a su cargo por causa grave que le haga definitivamente no apto para las tareas propias del mismo.

Los demás párrafos de esta norma se dedican al procedimiento que se ha de seguir.

Queda claro que Benedicto XVI no obstaculizó la renuncia de Kolvenbach permitiendo realizarla a la simbólica edad de ochenta años (la misma en la que los cardenales dejan de ser electores) y no impidió la modificación de las Constituciones para acoger la posibilidad de la renuncia, pues Éstas llevaban modificadas trece años. Es más, interpretando creativamente podríamos llegar a afirmar que el Papa se inspiró en Kolvenbach y en la norma jesuítica

Sé que esto está lleno de detalles y de cierta técnica que hay que conocer: conocimiento profundo y comunicación sólida para un público general. Esto es lo que debería diferenciar a un medio que quiere tener proyección global como El País y es lo que debería diferenciarlo de un periódico de barrio o de este humilde blog.

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Hoy publicábamos una entrada en la que sugeríamos que la mejor manera de salvar a la Monarquía, si merecía ser salvada, de la profunda crisis que vive era la abdicación de Juan Carlos I y la proclamación de Felipe VI. A lo largo de la mañana ha saltado a los medios de todo el mundo la noticia de la renuncia, no del Rey de España, sino del Papa Benedicto XVI, la primera que se da en la Iglesia Católica desde la de Gregorio XII.

El Papa no ha emitido una nota de prensa sino que lo ha hecho en persona y de viva voz. Los motivos están claros y no dejan lugar a dudas, además de corresponderse a una realidad fácilmente constatable.

Ahora la Iglesia Católica se enfrenta a un terreno inexplorado. Va a ver un Obispo de Roma emérito (habrá eclesiólogos que vean problemas en ello) y quiere él o no será un factor determinante, al menos psicológicamente, en la elección del nuevo Papa.

Una vez realizado el Cónclave en marzo habrá una persona que ha sido Papa y que, quiera o no, tendrá una papel moral dentro de la Iglesia, dependiendo eso sí de la evolución de su salud. Lo esperable es que Benedicto XVI se retira a algún monasterio o institución similar cerca del Vaticano.

El Cónclave va a ser más complejo que el anterior. Por resumir, Juan Pablo II había modificaciones las disposiciones de la elección papal de manera que después de cierto número de votaciones, si no se llegaba a la tradicional mayoría de los tercios podía perfeccionarse la elección con mayoría absoluta.

Los chismorreos dicen que los conservadores que apoyaron a Ratzinger consiguieron pronto esa mayoría, especialmente tras la renuncia del liberal Marini, de forma que en las primeras rondas solamente tenían que repetir el voto hasta llegar al momento en el que la mayoría absoluta fuera suficiente. De forma que muchos cardenales decidieron no alargar innecesariamente el Cónclave y unirse a la mayoría que había de vencer.

Ahora la situación es diferente. Benedicto XVI regresó la mayoría exigida para la elección papal a los dos tercios de forma que ningún grupo podría llevar a cabo la estrategia que le llevó a él al Ministerio Petrino. Los pactos entre las ‘diferentes sensibilidades’ (que van desde lo conservador a lo tridentino) tienen que ser intensos pues conseguir los dos tercios no es una tarea fácil y una minoría de bloqueo se crea en nada, casi sin querer.

En todo caso se hará extraño que un Cónclave no vaya precedido de un sepelio y que sepamos que en marzo hay Papa nuevo, pero parece que Benedicto XVI ha comenzado la tradición de que los papas han de estar ‘ad vitalitatem’ y no ‘ad vitam’, dada la longevidad de nuestro tiempo.

Y sí, como ha dicho @CIII_ todo se parece demasiado a una novela de Morris West (concretamente a ‘Los bufones de Dios’), lo cual no es raro cuando sabemos que en lo hermenéutico la interpretación y lo interpretado, lo novelado y la realidad, terminan interactuando y retroalimentándose de tal manera que, en ocasiones, es difícil demarcar sus límites.

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