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Posts Tagged ‘Cónclave 2013’

Ayer hablábamos de la única reforma de calado que el Papa Francisco puede hacer durante su Pontificado. Hoy hablaremos de las medidas necesarias de decencia y dignidad que debe adoptar. Una reformar es postergable, una necesidad no.

La Iglesia Católica debe cambiar su posición en torno a los casos de pederastia. En primer lugar su papel no termina con una serie de normas penales canónicas que no tienen virtualidad en los estados seculares, sino en la cooperación con las autoridades policiales y judiciales para el esclarecimiento de los hechos y el castigo de los culpables si estos hechos fueran constitutivos de delito.

Pero no termina su papel. El Papa Francisco tiene que adoptar medidas para que las estructuras que propician y permiten estos delitos sean removidas, para que los mecanismos de encubrimiento sean eliminados y que nunca sean recompensados los que se alguna manera se han visto involucrados en hechos tan execrables. Hecho esto, otros aspectos como el IOR no son tan difíciles.

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El Papa Francisco ha demostrado desde el primer segundo de su Pontificado que sabe lo que los católicos llevan mucho tiempo esperando. Ha anunciado que la Eucaristía “in coena Domini”, la liturgia del Jueves Santo, la celebrará en un centro penitenciario para menores. Cuando, tras la misa de apertura del Pontificado, las cámaras de desmontaba en el Vaticano, nuevamente giran sus objetivos allí y veremos retransmisiones en directo de los oficios del Jueves Santo desde el centro correccional.

Francisco lleva bien la parcela comunicativa y, hasta donde sabemos, Lombardi, que se ha ganado la confianza de los medios de comunicación, continuará al frente de la portavocía de la Santa Sede. ¿Además de mantener una buena política comunicativa qué margen de reforma tiene el Papa Francisco?

En principio un Papa tiene todo el poder, ya que no hay norma jurídica a la que esté sometido. El límite procede del sometimiento del Papa a las normas que se tienen por reveladas, las cuales no son disponibles ni siquiera a él, al menos en un plano teórico y sincrónico.

La única reforma radical en lo no relacionado con la mera organización de la Santa Sede sería la remoción del celibato obligatorio para los sacerdotes de la Iglesia Latina. Hay muchas lecturas que hacer sobre la escasez de sacerdotes y, desde hace décadas, no se quiere ver la más que evidente relación entre celibato obligatorio y escasez de sacerdotes un ‘signo de los tiempos’.

El celibato sacerdotal según reconocen todos los teólogos es una norma disciplinar, esto es, una norma que puede ser cambiada. Un cambio disciplinar que sería una gran revolución, quizá mayor que la introducción de las celebraciones sacramentales en lengua vernácula. Los efectivos de la Iglesia Latina se multiplicarían y cambiarían las relaciones internas en las diócesis y en las parroquias. Quienes considerasen el celibato como inherente a ellos mismos siempre tendrían a los llamados ‘institutos de vida consagrada’ para incorporarse.

Eliminar el celibato obligatorio abre cuestiones que tendrían que resolverse: si tiene efectos retroactivos o no, si pueden reincorporarse los que solicitaron la reducción al estado laical, si los actuales diáconos permanentes casados pueden acceder al presbiterado si así lo desean, si se adopta o no la disciplina celibataria católico-oriental para el episcopado o los recursos que se reúnen para que los sacerdotes casados y con hijos puedan vivir de su trabajo ministerial.

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Va siendo hora de terminar la serie de entradas del Cónclave y quiero hacerlo insistiendo en el cambio de enfoque que se ha producido en el Papado, así como dos grandes reformas posibles y pendientes. Con estas tres entradas esperaremos a la elección del sucesor del Papa Francisco, lo cual tras el precedente sentado este año no es esperar a la muerte de nadie.

Cambio de enfoque. Solamente un ejemplo

Hace años leía un interesante libro de Theodor Schneider que, de repente, de detiene en rebatir determinados argumentos teológicos que los lefevristas utilizaban para atacar al Misal de Pablo VI. Rápidamente se sacaba la conclusión de que los lefevristas y su cisma parecían ridículos en buena parte del Catolicismo pero que en Alemania y Francia se lo planteaban como un problema sumamente serio. El hecho de que un teólogo ‘centrista’ se fajase así lo demuestra.

Benedicto XVI accede al ministerio petrino y rápidamente, cosa que se hizo tímidamente en su anterior cargo, se empeña en terminar con el cisma de los tradicionalistas como si fuera uno de los principales problemas de la Iglesia Católica. Los obispos cismáticos con tratados con toda la ‘finezza’ y no se mira en Internet las preciosidades que salían de su boca, ni se leen sus libros, para que nada impida la reconcialiación.

Como era un cisma producido fundamentalmente por una cuestión litúrgica ya Juan Pablo II les comenzó a permitir celebrar según la liturgia anterior a la promulgada por Pablo VI, según las directrices del Concilio Vaticano II, por medio del motu proprio ‘Ecclesia Dei’ permite la utilización del misal de Juan XXIII con aparente normalidad pero con numerosas restricciones prácticas.

Benedicto XVI, con ‘Summorum pontificum’, estableció que el rito romano tiene dos formas, la ordinaria que sería la postconciliar, y la extraordinaria que sería la preconciliar. Se rehabilita la liturgia preconciliar para todos los sacramentos y sacramentales, además de las liturgias de órdenes como la desaparecida liturgia dominicana.

Una forma extraordinaria que recibe todas las facilidades para hacerse ordinaria, con la posibilidad de establecer incluso parroquias personales, en primer paso para ordinariatos rituales. La comisión dependiendo de Doctrina de la Fe y con un poder tremendo más allá que separa a todas las organizaciones tradicionalistas en comunión con Roma del poder de cualquier otro dicasterio.

Ratzinger, primero como Prefecto de Doctrina de la Fe, y luego como Papa se empeñó en resolver un problema mayúsculo y que curiosamente sigue en el aire. Un problema que es importante para muy pocos y un cisma casi exclusivamente clerical.

El Papa Francisco está procurando distanciarse de determinados elementos de ornato y de pompa. Algo parecido a una vuelta a la forma extraordinaria es impensable ahora y mucho menos que el Vaticano centre sus esfuerzos en tales cuestiones durante tanto tiempo y con tanta generosidad como en anteriores pontificados.

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Un Cónclave rápido, como es costumbre en los siglos XX y XXI, ha elegido al Cardenal Bergoglio como Obispo de Roma sucediendo a Benedicto XVI. Una sorpresa para muchos, una clara posibilidad para este blog.

Lo primero que hay que destacar es que es el primer Papa latinoamericano. América Latina es la región del planeta con mayor número de fieles católicos y normalmente está infravalorada e infrarrepresentada. Un Papa latinoamericano va a poner esta región en primera plana y destacar que el epicentro del Catolicismo ya no es Europa.

En segundo lugar el nuevo Papa es miembro de la Compañía de Jesús. Fue formador de los jóvenes jesuitas (un puesto de gran responsabilidad dentro de la orden) y provincial. Consiguió estabilizar a la provincia argentina después de la larga crisis postconciliar y la posicionó en una línea conservadora pero siempre dentro, netamente dentro, de la orden. Un bueno amigo, conocedor de la Iglesia, me comentada por mensajería de móvil que mal tiene que estar a la Iglesia para tener que elegir a un Papa jesuita.

Los religiosos (que son los miembros de las órdenes y congregaciones religiosas) tienen una visión de la Iglesia muy diferente a los diocesanos. Los religiosos normalmente no están atados a una ciudad o a sus cercanías, sino que se mueven mucho más, tanto dentro como fuera de sus países. Suelen gestionar instituciones que evalúan continuamente, tienen unas relaciones estrechas y sinceras con sus superiores y tienen una clara conciencia de lo colectivo. Es otro estilo que

Los jesuitas salen, sin duda reforzados, en un proceso de recuperación del enorme potencial de la Compañía de Jesús que ya inició Benedicto XVI, así como de otras órdenes clásicas que fueron postergadas por Juan Pablo II. Una orden importante, que ha pasado malos tiempos y muchas incomprensiones, ha dado un Papa a la Iglesia Católica en un momento difícil, más quizá que aquellos que angustiaron a Pablo VI. Decía en Twitter que habrá muchos que estarán buscando con presura los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola y mandando a las estanterías a otros libros y caminos.

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Cónclave (XIII): Autobombo

En Geografía Subjetiva estamos que lo tiramos. En menos de un año hemos adelantado un resultado sorprendente. Primero fue la ‘derrota’ de los populares en Andalucía y ahora es la elección del Cardenal Bergoglio, que no salía en casi en ningún sitio, como nuevo Papa. Éste es el tweet de ayer a las 22:37 horas con los que consideraba los tres favoritos.

Papa Francisco

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Lo mismo mañana van los cardenales y me desmienten y eligen un Papa procedente de los Estados Unidos, pero creo que todos ellos están descartados precisamente por ser de aquel país.

La criminal historia de la pederastia dentro del Catolicismo estadounidense, los juicios, los acuerdos extrajudiciales, las indemnizaciones millonarias y, sobre todo, el comportamiento intrínsecamente malo de un sector del clero, así como el encubrimiento de buena parte de la jerarquía, hace que un Papa estadounidense sea una permanente bomba al punto de estallar en forma de escándalos en las diócesis que haya dirigido a lo largo de su vida episcopal, por no mencionar la parroquial.

El monárquico y católico periódico ABC está dando la lata con las opciones de los estadounidenses. Ellos tienen mejores fuentes que yo, que no tengo ninguna, pero sinceramente no creo que los cardenales quieran jugársela hasta tal extremo. Otra cosa muy diferente es que los diez cardenales de los Estados Unidos quieran ser decisivos a la hora de determinar al próximo Papa o de cerrar el camino de alguno.

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Primera ‘fumata nera’. Era lo esperable y estéticamente deseable, porque elegir Papa en el primer escrutinio nos hubiera quitado la pequeña decepción de la ‘fumata negra’ y reducido la espera, que es algo muy eclesiástico, a la nada. En todo caso mañana hay cuatro escrutinios y puede que si no hay Papa, todo se decante.

Algunas cosas sueltas. Son necesarios 77 votos para alcanzar la elección, ya que son 115 los cardenales participantes, de manera que la minoría de bloqueo está en los 39 votos, muy al alcance de los italianos (si en bloque) y de sus aliados curiales.

Para el humo se utilizan elementos artificiales con la finalidad de reforzar el color. Es una tontería, pero hay hasta un grupo cismático tradicionalista que basa su teoría de que Juan XXIII era realmente un Antipapa en que una vez pareció salir humo blanco para ser finalmente negro.

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Una de las cosas que más me está llamando la atención es que los medios, al caracterizar a cualesquiera de los papables, les atribuyen directamente la etiqueta de “gran teólogo”, como si una condición ‘sine qua non’ para formar parte del Colegio Cardenalicio fuera ser un teólogo de primer nivel.

En primer lugar el primer nivel de la Teología Católica no tiene tantos miembros y, aunque los tuviera, no serían todos cardenales. El oficio de teólogo es sustancialmente diferente al oficio de obispo de una diócesis o de curial que es lo que son todos los cardenales.

Esto no quiere decir que ocasionalmente no se nombren a destacados teólogos para el Colegio Cardenalicio. En el pasado Cónclave, se dio el caso excepcional, de que los dos máximos candidatos (Joseph Ratzinger y Carlo Maria Martín) habían destacados como teólogos antes de ser ordenados obispos y posteriormente nombrados cardenales.

En la actualidad solamente los cardenales alemanes Kaspers y Lehmann han sido teólogos de talla y lo normal para los pocos teólogos a los que se les concede el Cardenalato es hacerlo después de cumplir los ochenta años, de modo que ninguno de ellos es elector y, ordinariamente, tampoco son ordenados obispos aunque el Código de Derecho Canónico recomiende que así sea (can 651§1 CIC).

Lo que se dio en 2005, que dos teólogos reputados, fueran los favoritos para ser el sucesor de San Pedro no es lo normal y mucho menos la elección de un Papa con un pasado en la Teología académica. Si repasamos los papas del siglo XX ninguno de ellos reúne ese perfil. Es posible que, dado el tiempo transcurrido desde 1978 a 2005, algunos pensasen que el último Cónclave había sido en esa materia como los demás y no lo que realmente fue: excepcional.

No estoy al día de las publicaciones teológicas ni de los autores en alza, pero dudo mucho que publicar un libro recopilatorio de homilías o charlas de ejercicios espirituales pueda ser considerado Teología, al menos Teología académica.

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Con ocasión del Cónclave quería escribir una entrada que intentase aclarar una tremenda confusión sobre las órdenes y cargos dentro de la Iglesia Católica, pero visto algunos errores de bulto en la entrada de LPD que me animado a ello.

Hay que diferenciar dos aspectos fundamentales: el sacramento del orden y la denominación de los cargos.

El sacramento del orden tiene tres grados: el diaconado, el presbiterado y el episcopado.
Diáconos hay pocos porque generalmente los ordenados como tales son ordenados, al año siguiente, como presbíteros, aunque existe la posibilidad de que haya diáconos permanentes y de ordenar a casados. Sus funciones son las de leer el Evangelio, celebrar bautizos y ser oficiante de matrimonios, además de asistir a presbíteros y obispos en las celebraciones litúrgicas. Los presbíteros son los curas de toda la vida. Y los obispos son los que han recibido con plenitud el sacramento del orden y son los sucesores de los apóstoles. Los obispos son los únicos que pueden ordenar.

¿Es un arzobispo más que un obispo? Dentro del episcopado no hay grados y todos son igualmente obispos. El título de arzobispo se recibe de la diócesis, que es la cabecera de una provincia eclesiástica.

Antiguamente los arzobispos tenían potestades jurisdiccionales sobre los obispos y diócesis que pertenecían a la provincia que dirigían, potestades que en la actualidad se han reducido mucho. Los arzobispos que presiden una provincia eclesiástica reciben el título de metropolitanos o arzobispos-metropolitanos y se simboliza externamente con el palio.

Hay arzobispos que tienen ese título pero que no son metropolitanos, ya que su diócesis es la única de la provincia eclesiástica y por ello no reciben el título de metropolitanos. Son arzobispos “in personam”. Éste fue el caso del arzobispo de Madrid-Alcalá antes de la creación de las diócesis de Getafe y de Alcalá de Henares o el del arzobispo de Barcelona antes de la erección de las diócesis de Sant Feliú de Llobregat y de Terrassa. Se le concede también el título de arzobispo “in personam” a determinados obispos por especiales circunstancias (como al obispo de la Seu de Urgell que es también co-príncipe de Andorra), a los nuncios y a los secretarios de las congregaciones vaticanas.

Hay determinados arzobispos que reciben, por razones históricas, el título de patriarca (Lisboa o Venecia), pero en la Iglesia Latina es únicamente simbólico.

El esquema teórico en principio es sencillo: a cada diócesis le corresponde un obispo, de forma que al obispo le corresponderá el título de su diócesis. Pero la realidad es más compleja: hay diócesis con más de un obispo y obispos sin diócesis.

No es raro que en una diócesis haya obispos auxiliares y sí es más raro que haya obispos coadjutores (con derecho a sucesión). Todos ellos son titulares de diócesis que no existen en la actualidad, por eso se les denomina obispos titulares.

¿Es más de un cardenal que un obispo? Ser cardenal nada tiene que ver con el sacramento del orden, de forma que la respuesta es negativa. La norma canónica establece que los cardenales han de ser obispos, pero como es el Papa el que nombra cardenales puede nombrar a personas que no son obispos. De hecho se ha nombrado cardenal, para reconocer generalmente una labor teológica, a sacerdotes que no han sido promovidos al episcopado al ser de avanzada edad. Nada impediría al Papa la posibilidad de nombrar cardenales laicos, como ya han existido.

Si todo esto no os ha parecido lioso, hay que señalar que determinados presbíteros tienen tratamiento y pueden emplear, en ciertas circunstancias, las expresiones externas del episcopado sin ser obispos. Además hay presbíteros que, sin estar ordenados obispos, ejercen potestades episcopales de forma permanente o temporal.

Y ahora llegamos a un pequeño lio. Históricamente la elección del Papa la hacían los romanos porque no en vano el Papa es el obispo de Roma. Luego la elección estuvo en manos del clero. El Colegio Cardenalicio representa al clero romano y la provincia eclesiástica y por ello se divide en tres órdenes, como los del sacramento. Hay cardenales-obispos (representando las diócesis de alrededor de Roma conocidas como suburbicarias), cardenales-presbíteros y cardenales-diáconos. La inmensa mayoría, si no todos los cardenales son obispos de modo que las denominaciones de cada uno de los órdenes del Cardenalato es puramente simbólico.

Este esquema, que admite más excepciones y particularidades, se complicaría notablemente si introdujéramos a las iglesias católicas orientales, cosa que obviamente no vamos a hacer.

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Cónclave (VIII): Sede vacante

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