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Posts Tagged ‘Ciudadanos’

Ayer Díaz Ayuso consideró que la muerte de 67.427 madrileños no justifica adoptar medidas como las que constan en la Orden Ministerial que ordena el cumplimiento de lo acordado en el Consejo Interterritorial. Pero Díaz Ayuso es un monigote en todo esto, una pieza que podía estar o no estar, alguien que puede caer sin que nada suceda y que será sacrificada tranquilamente cuando deje de reportar algún rédito.

En cambio Paco Marhuenda, director de La Razón, es uno de los personajes fundamentales de la derecha política y mediática española. Ayer publicó una columna en el medio que dirige en la que pedía la convocatoria de elecciones regionales en Madrid.

De lo que habla Marhuenda es de lo que le importa:

1) Díaz Ayuso y su gobierno están absolutamente amortizados. Casado debe permitir las elecciones, porque Ayuso es una marioneta que no tiene capacidad decisoria ninguna, ni siquiera es consultada para las “cosas de los mayores”.

2) Es posible una moción de censura y, en caso de ser exitosa, la derecha se vería fuera de la Puerta del Sol bastante tiempo. La izquierda quiere desalojar al PP de la Comunidad de Madrid.

3) Ciudadanos parece no estar bajo control. No lo dice, pero sabe que pocos diputados de C’s pueden hacer exitosa la moción de censura. Este escenario solamente lo salva una convocatoria electoral (una locura en medio de una ola de la pandemia).

4) Intenta asustar a Arrimadas con ser aliada de Más Madrid (los comunistas) en la region capitalina para despistar, porque sabe que si hay rebelión tiene poco que hacer y, sobre todo, lo hace con vistas a su eventual apoyo a los Presupuestos Generales del Estado.

5) Pide un “comité creíble que esté formado por científicos de acreditado prestigio”, donde evidentemente las expresiones fuertes son “creíble” o “reconocido prestigio”, que le otorga el poder a él y los medios de la derecha de determinar cuándo el comité el creíble y en qué circunstancias sus miembros son de reconocido prestigio, es decir, quiere poder decidir lo que se decide.

De lo que no habla Marhuenda, porque no se importa:

1) De la desastrosa gestión que ha llevado a la Comunidad de Madrid a la actual situación.

2) De los enfermos, de las personas que vivirán con secuelas o de los muertos. Tampoco de sus familias.

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El grupo municipal de Ciudadanos en el Ayuntamiento de Sevilla ha entrado en un ciclo de noticias de gran repercusión. La reforma de una calle céntrica les ha llevado en una búsqueda digna de Indiana Jones a encontrar, en un lejano solar municipal, los adoquines que formaban la calzada de tal calle. La prensa local se hizo eco de tamaño descubrimiento que con algo hay que rellenar las largas páginas de información local.

Satisfechos con su gesta, los concejales naranjas han vuelto a la carga y han pedido que se modifiquen las normas de protección del patrimonio para que un alcalde no puede quitar el mítico adoquín de Gerena sin tramitar quince expedientes y requerir tres acuerdos del pleno del Ayuntamiento.

El alcalde de Sevilla, el socialista Juan Espadas, debe estar haciendo una gran labor si ésta es una de las principales ocupaciones y preocupaciones del cuarto grupo municipal. No cabe duda de que los casi cuarenta mil sevillanos que dieron su voto a Ciudadanos lo hicieron para que llenasen semanas de trabajo municipal en la protección del adoquín de Gerena.

Al final la regeneración municipal era reinvindicar el adoquín y la desastrosa gestión municipal de Espartinas.

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Albert Rivera ha manifestado que su carrera política se hundió el día que levantó el veto al PSOE para formar gobierno. Ese veto fue un error, porque hoy podría ser Vicepresidente del Gobierno, con una coalición sostenida en una mayoría absoluta en el Congreso y, aunque el electorado suele castigar a los socios menores de las coaliciones, el partido hubiera estado en mejor posición que la que le dejó como herencia tras las Elecciones Generales de noviembre de 2019.

Como indican en El País, Rivera obvia por incómodas para su versión determinadas circunstancias, especialmente que el partido caía como un plomo en todas las encuestas, cuando se decidió a levantar el veto. La segunda circunstancia era que sus condiciones eran una trampa mortal para el PSOE días antes de las Elecciones, porque estaban llenas de posibles conflictos sociales que afectarían al núcleo de votantes socialistas, así como una serie de propuestas que requerirían la reforma constitucional.

La tercera circunstancia, relacionada con la primera, es que una parte de los votantes de Ciudadanos no eran reformistas, ni liberales, ni querían tocar nada del sistema económico o social. Rivera había estado alimentando un discurso identitario español, fundado en la oposición básicamente al nacionalismo catalán, y ahora toda esa masa de votantes había encontrado a alguien que era lo que ellos esperaban: identidad sin pagar peajes progres como el matrimonio homosexual o el aborto. Y los pactos madrileños y andaluces los avalaron, algo de lo que Rivero no se ha dado nunca cuenta.

Esos electores los había perdido antes de levantar el veto, aunque fuera de esa forma que a nadie le dio la impresión de que lo hiciera. Rivera ha sido un funesto estratega que siempre hacía lo contrario que decía, porque en vez de superar la polarización, hizo todo lo posible por intensificarla al máximo posible, hasta que los verdaderos expertos en polarización se llevaron a su público.

Es cierto que Ciudadanos, como partido, tiene muchas propuestas con las que se puede estar o no de acuerdo, pero que aportan ideas al debate político. De eso no cabe duda. Pero es igualmente cierto que el liderazgo de Ciudadanos se ha dedicado a hacer una política a la contra y ese tipo de política se hace mejor desde los extremos del espectro político, con personajes como De Quintos o Girauta.

Nadie se ha creído tanto, sin haber sido nada, pero casi haberlo sido todo. Otro cadáver político más que deja Pedro Sánchez cuando parece que está acorralado.

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Como parte del acuerdo de investidura de 2015, Ciudadanos obligó al PP a modificar la Ley Electoral de la Región de Murcia y eliminar las cinco circunscripciones existentes, pasándose los cuarenta y cinco miembros de la Asamblea Regional a ser elegidos en circunscripción única. Murcia y Asturias eran hasta entonces las dos únicas comunidades autónomas que tenían circunscripciones inferiores a la provincia para sus elecciones autonómicas.

En mayos los resultados de las Elecciones Autonómicas, empleando la circunscripción única, fueron los siguientes:

Si hubiéramos recuperado las cinco antiguas circunscripciones, los resultados hubieran sido:

Y la relación entre porcentaje de voto y porcentaje de escaños en las dos situaciones, con una sola circunscripción o con las cinco:

1)  Hay que hacer notar que en las Elecciones de 2019 tres formaciones (IU y sus coaligados, Somos Región y Coalición Municipalista MC) alcanzaron un porcentaje de votos superiores al 2%, pero sin llegar a traspasar el umbral del 3%. El conjunto de estas fuerzas supera el 6% de los votos, pero no consiguen ningún escaño.

2) El caso de los socialistas es curioso. Habrían obtenido el mismo porcentaje de representación empleado ambos sistemas. Su sobrerrepresentación 4,31%. Ni el anterior ni el actual sistema electoral puede ser responsabilizado de los éxitos o fracasos del PSRM.

3) Cuando se planteó la reforma de la Ley Electoral los populares solamente la aceptaron porque sin ella no había investidura. Nunca un portavoz ha atacado tan duramente una propuesta legislativa por la que iba a votar a favor, como lo hizo el portavoz popular con esta norma al ser votada en la Asamblea Regional. La sobrerrepresentación de los populares, y en sus peores comicios de las últimas décadas, fue del 9.83%, que supone un exceso de cuatro diputados. En cambio cuando se aplica el sistema de circunscripción única la sobreprerresentación baja a 3,17%, que equivale a un diputado. El sistema anterior hubiera otorgado el mayor número de diputados al PP sin ser el partido con mayor número de votos.

4) En el sistema de cinco circunscripciones hubiera perjudicado a Ciudadanos con un 3,10% de infrarrepresentación, Vox con -2,80 y a Podemos con un 3,33%.

5) El sistema de cinco circunscripciones hubiera mostrado el premio a la concentración del voto en el caso de la candidatura municipalista que habría ganado un escaño por Cartagena, zona donde es especialmente fuerte esa coalición de partidos localistas.

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La diferencia entre el voto urbano y el voto rural es una de los más clásicos criterios de análisis del comportamiento electoral. Presupone la existencia de un voto diferenciado dependiendo del tipo de lugar donde se reside y, naturalmente, todo lo que ello conlleva.

Lo primero que hay que hacer es decidir qué voto es urbano y qué voto es rural. Es útil recurrir a una determinación externa, como la que tiene el Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana (antiguo Fomento) de las zonas urbanas existentes en España.

Nuestra primera valoración la vamos a hacer de la Región de Murcia. Allí el Ministerio de Transportes identifica tres áreas urbanas: la de Murcia (Alcantarilla, Alguazas, Archena, Beniel, Ceutí, Lorquí, Molina de Segura, Murcia, Las Torres de Cotillas y Santomera), Cartagena (Cartagena y La Unión) y Lorca (compuesta sólo por el municipio de Lorca).  De estas tres se han tomado las dos primeras en cuanto que Lorca, por su extensión y dispersión y su economía tienen más características rurales que propiamente urbanas.

Los murcianos depositaron su voto en cinco ocasiones a lo largo de 2019, aunque fueron en tres convocatoria, dado que la de mayo de 2019 fue simultáneamente para las Elecciones Autonómicas, Europeas y Locales. No consideraremos las Elecciones Locales por el efecto que tienen los partidos y las candidaturas localistas sobre la estructura del voto. Se han desegregado del total los resultados de los doce municipios de las dos área en consideración, de modo que podemos comporar los municipios segregados (áreas urbanas), los no segregados (áreas rurales) y la media regional.

Comencemos viendo las diferencias de participación:

En términos regionales las Generales tienen más participación que las otras elecciones, pero podemos ver cómo en las Elecciones Autonómicas, en las zonas rurales votaron más ciudadanos que en las Generales de noviembre, impulsado sin duda por la Locales (67,58%). Es constante que en todas las Elecciones, salvo las Autonómicas, el voto urbano fue mayor que el rural.

Pasemos ahora a los principales partidos políticos.

El PSOE funciona mucho mejor en el ámbito rural que en el urbano, de modo que sus resultados hubieran sido los de la zona urbana es posible que Conesa estuviera en San Esteban. Esto y unido, salvo excepción, de que la zona rural es la que mayor abstención presenta podríoa señalar una posible estrategia de los socialistas. Una consecuencia fácilmente apreciable de que una participación cercana al 70% o superior perjudica a los socialistas indica que cuanta mayor es la participación, mejor es su rendimiento en porcentaje de votos.

El Partido Popular, hasta hace poco el partido hegemónico en la Región de Murcia, tiene como el PSOE mejores resultados en el ámbito urbano que en el rural, aunque la diferencia es menor que en el caso de los socialistas, teniendo por ello datos más cercanos a su media en la Región. Se puede decir que en general el PP actual ha mantenido en Murcia un electorado uniformemente repartido.

Vox es algo más urbano que el PP, con diferencias cercanas al 2% de los votos totales. Su peor resultados, y es curioso, son las Elecciones Autonómicas y especialmente en la zonas rurales, lo cual irá unido a un rendimiento menor en los Ayuntamientos. Un día habrá que tratar la relación que los nuevos partidos tienen con la política local.

Una formación netamente urbanita es Ciudadanos. Sus resultados son mejores en las áreas urbanas incluso cuando el declive electoral comenzó a notarse.

Podemos e IU tienen tendencias urbanistas, pero no se rompen las diferencias como en el caso de Ciudadanos a partir de mayo. Sí es digno de señalar que el resultado de las Autonómicas es la suma de Podemos con IU, que concurrieron separadamente, y en donde Podemos recibía un fuerte voto urbanos, mientras que IU rural. Es de suponer que este equilibrio es un efecto de la coalición y no de la estructura del electorado.

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Es fácil para un político de derecha español ser moderado. Basta con decir una vez que algo que ha dicho Vox es inaceptable y antidemocrático y conseguirá haber dicho una verdad y ser considerado un “moderado”.

Una de esas moderadas de la derecha es Ana Pastor Julián. Además de haber sido ministra, Ana Pastor fue la primera persona que presidía el Congreso siendo a la vez miembro de un partido de la oposición, hecho que se dio con la aprobación de la moción de censura de 2018. Esta situación si se había dado en el Senado.

Pero no sólo Ana Pastor siguió siendo presidenta del Congreso, sino que en la mesa del Congreso el PP y C’s tenían mayoría absoluta. La mesa del Congreso es un órgano que tiene funciones directivas y organizativas, pero nunca legislativas, de modo que un ejercicio de sus funciones suplantando a la cámara o impidiendo a la cámara el ejercicio de su potestad legislativa ha de ser considerado ilegítimo.

La mesa del Congreso, presidida por Pastor, impidió que un número no pequeño de propuestas legislativas llegasen a ser votadas en el pleno del Congreso ampliando sin límite el plazo para presentar enmiendas. A través de este truco procedimental, propuestas legislativas que contaban en el pleno con la mayoría suficiente para ser aprobadas se quedaban paralizadas indefinidamente.

Impedir al pleno ejercer su potestad legislativa es un ejercicio ilegítimo de los poderes dados por el Reglamento y supuso una grave alteración del sistema establecido en la Constitución, al imponerse los representantes de una minoría a los representantes de una mayoría.

Por ello la caracterización de moderada de Ana Pastor me produce una profunda desorientación constitucional, porque ella encabezó un órgano que pervirtió la regla de la mayoría.

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El ejercicio de la política al máximo nivel nunca es fácil, pero hay políticos que lo tienen más difícil que otros. Uno de ellos es Pablo Casado, presidente del Partido Popular.

Desde el desastre electoral de 1986, la estrategia de la antigua Alianza Popular fue, sin dejar su espacio de derecha y extrema derecha, ampliarlo hasta todo el que ocupó la UCD, eliminando numerosas fuerzas regionalistas, provincialistas y localistas de derecha que le restaban utilidad a su voto.

Desde 1986 los dirigentes de los que rebautizaría como Partido Popular han tenido las espaldas de la derecha absolutamente cubiertas, garantizándose el voto más de derecha y el voto ultra simplemente porque no había otra opción con las mínimas posibilidades de llegar al Congreso y menos con ser decisiva. Por ello la cúpula del PP ha comenzado innumerables “viajes al centro político” sin ningún tipo de desgaste en su retaguardia más radical.

Desde la entrada de Vox en la escena política, el Partido Popular tiene que mantener a su retaguardia y se encuentra entre dos fuegos, como tradicionalmente le ha sucedido al PSOE. Por ello Casado no puede hacer la clásica oposición de los populares dura en la gestión y vacía de contenido ideológico, para no espantar a los votantes de centros, con los que ganaba escaños. Ahora si hace eso, perderá a los más situados a la derecha, a quienes la gestión les importa bien poco y se mueven con parámetros básicamente ideológicos. Si Casado opta por “achicarle” el espacio a Vox, le da resuello a Ciudadanos y al PSOE.

Los estrategas del PP tienen que valorar dónde las ganancias potenciales superan a las pérdidas en término de votos, porque los antiguos movimientos donde no había nada que perder han dejado de ser factibles.

Además tienen que preocuparse por las disidencias territoriales. Hasta 2016 quienes abandonaba por las bravas el PP, dejaba la política, pero ahora existe en peligro, dado el pluripartidismo imperante en todos los ámbitos territoriales, que un grupo de airados puedan poner en marcha un proyecto (nacional o regional) viable, creando otra vía de agua y otra fuente de desequilibrio para el PP.

Casado lo tiene mucho más difícil y buena parte de sus decisiones, encaminadas al bloqueo institucional, se explican desde un agarrotamiento político de quien teme cualquier paso debido a la incertidumbre de las consecuencias.

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Ciudadanos pasó de 4155665 votos en la Generales de abril de 2019 a 1637540 votos en las que celebraron solamente siete meses después, en noviembre. Las encuestas postelectorales apuntaron que aproximadamente un millón de votos se fue a la abstención y el resto al PP y a Vox, especialmente a los ultraderechistas.

cEl traspaso de votos de Ciudadanos a Vox puede sorprenderle a alguien que crea que los votantes conocen los principios de los partidos y no lo que los partidos quieren enseñar.

Pese a propuestas programáticas de centro y liberales, la escenografía por la que se optó fue por Albert Rivera rodeado de banderas españolas al grito de ¡Vamos! Ciudadanos. El despliegue de rojas y gualdas cautivó al voto banderita, que vio en Rivera y en su partido la línea dura que el PP no mostraba a la hora de la verdad. En noviembre se dieron cuenta que el producto original no era naranja, sino verde moco y se fueron con Abascal. Para cualquier partido político es malo perder votantes, pero si realmente no son tus votantes, tarde o temprano los terminarás perdiendo y el revés electoral será inevitable.

El voto al PP puede deberse tanto a que se fueron por el voto útil o era voto conservador. Sobre el voto útil ya hablaremos, pero el voto conservador será siempre una de las posibles salidas de Ciudadanos y dependerá de las circunstancias y, sobre todo, de cómo se encuentre el PP.

Pero lo más interesante, a mi modo de ver, es el millón de votos que se le fueron a la abstención. Estos votos sí son recuperables, porque no prefirieron otra opción. A estos votantes y a los que siguieron confiando en ellos les tiene que mostrar Ciudadanos que es una opción útil, que es un voto útil, no en el sentido de un voto agrupado para ganar, sino en el sentido de que es un voto que sirve para aprobar y aplicar políticas.

Este tipo de utilidad es difícil de ser transmitida en tiempos de polarización y por ello es una estrategia muy arriesgada. Puede hacer que el partido se quede en tierra de nadie y por tanto resultar irrelevante, pero un proyecto político no debe ser referencial, sino autorreferencial.

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Comencemos con este maravilloso tweet del vicepresidente madrileño:

Algunos comentarios:

1) El partido con que el Aguado gobierna, es decir el PP, y el partido que es sostén último de su gobierno, esto es Vox, votaron en contra de la prórroga del estado de alarma, que es el instrumento político perfecto que la Constitución establece para situaciones como la que vivimos de pan de Covid-19. Luego los problemas jurídicos no son ni estructurales, del diseño constitucional, ni responsabilidad del Gobierno de España, sino consecuencia y responsabilidad directa de las decisiones de dos importantes grupos parlamentarios. Curiosamente a ellos no les hace ningún reproche.

2) La existencia de lo que él denomina “17 legislaciones distintas” y yo preferiría denominar “normativas” es una consecuencia de lo anterior. La retórica del “1 contra 17” intenta esconder el debate sobre la cualidad dentro del debate sobre la cantidad. En lo que Kant llamada la “Filosofía ambiental” se considera que lo simple, lo unitario, es mejor que lo disgregado, lo múltiple o lo diferente, de forma que muchos se suben al carro de esta idea que proviene de Grecia y está en nuestro mentalidad, para afirmar que siempre 1 es mejor que 17.

3) El debate que debería tenerse es si las normativas son buenas o no lo son. Se presupone que la variedad implica maldad por sí y que la unicidad bondad. No se habla de cuáles de las normativas han probado ser más efectivas, qué practicas mejores y cuáles peores y así, evaluando la multiplicidad de enfoques mejorar. No, dogmáticamente se afirma que una sola normativa es mejor porque sí.

4) En cuestiones como la Educación no tiene ningún efecto la existencia de diecisiete normativas, porque no hay ningún profesor, ni ningún alumno que simultáneamente dependa de dos administraciones educativas. Lo importante es que la regulación de su región sea buena, efectiva y se aplique correctamente.

5) Si Aguado quiere dejar de tener “temas jurídicos” solamente tiene que pedirle al Gobierno de España que establezca el estado de alarma en la totalidad o en parte de la Comunidad de Madrid. Entonces el control será doble: el del Congreso en las eventuales prórrogas y el de los tribunales en la posibles impugnación de la normativa dictada en aplicación del estado de alarma. Si por “temas jurídicos” entiende Aguado la eliminación de controles, como pidió su colega castellano-leonés, entonces debe saber que propugna actuaciones muy alejadas del espíritu y la norma de nuestra Constitución.

6) Y en las medidas contra la pandemia el problema no es cuántas medidas tomamos y quién es el emisor de esas medidas, sino la calidad de las mismas. Para nada sirve un protocolo nacional para Educación, cuando lo que se necesitan son treinta mil buenos protocolos, uno por cada centro y es lo que lamentablemente los dirigentes autonómicos no han sabido hacer.

7) Y llegamos al otro punto cardinal. A Aguado y al gobierno que vicepreside todo esto le da igual, porque sabotean siempre toda iniciativa del Gobierno de España. Ellos solamente quieren que el Gobierno de España retome el mal llamado “mando único” para poder responsabilizarlo de su incapacidad y desidia. Es por eso retórica y no llega a ser ni una idea política.

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Albert Rivera ha anunciado su dimisión como Presidente de Ciudadanos y su abandono de la vida política. En España dimitir es como morirse, un momento de perdón donde el mal se olvida y todo son loas a pesar de los pesares.

¿Es responsable la decisión de Rivera? Como sucedió cuando Rosa Díez abandonó su partido, Ciudadanos es el partido de Rivera, es suyo, es su plataforma y no tiene nada que no sea Rivera. Inés Arrimadas es más de lo mismo. El partido se va a descomponer, seres anónimos que son diputados, senadores por designación autonómica, diputados regionales o concejales se van a acuchillar para controlar Ciudadanos. Ninguno de ellos es nadie ni representa a ningún grupo de la afiliación, solamente fueron en las listas cuando Ciudadanos estuvo en lo alto.

Muchos de ellos tienen cuotas importantes de poder, ya que Ciudadanos participa en varios gobiernos regionales y municipales en localidades importantes. Todos ellos tienen ante sí un futuro político negro, pues el partido no tiene ningún futuro y si quieren seguir en la vida política tienen que acercarse a los que quedan.

Rivera se ha ido, ha dejado al partido en descomposición. Los cargos públicos buscando un lugar al sol o simplemente esperando a que se le acabe el mandato para irse a otro lugar. Es cierto que el desastre de Rivera es mayúsculo, fruto de su egolatría, pero es igualmente cierto que debería haber liquidado el partido con más dignidad y no abandonarlo para que cada cual juegue con el trocito de poder que le ha tocado en suerte.

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