Dar pena

El periódico digital Vózpopuli se hace eco de lo mal que lo está pasando Ana Mato desde que la Vicepresidenta se tuvo que poner a hacer su trabajo y que Rajoy no le ha aceptado la dimisión para poder cesarla llegado el caso y tenerla así de parapeto político.

La información, obviamente una transmisión directa de fuente muy interesada, pretende dar pena y desde luego da pena que alguien recurra a según qué argumentos para despertar la misericordia de los lectores.

El momento más lamentable es cuando se recurre a sus hijos que lo están pasando muy mal a pesar de tener cumpliditos los veinte años. Ana Mato debería saber que no es obligatorio estar en política y que si ella o su entorno no puede aguantar la presión y las duras críticas por una desastrosa gestión lo más aconsejable y bueno es dimitir y volver a la vida privada.

No me gusta la política que exhibe a la familia y tampoco la que usa a la familia como parapeto a las exigencias propias de los altísimos cargos. Una familia es asunto privado que cuando uno de sus miembros entra en la vida política debe saber encajar oír cosas que no les van a gustar y si esto no es posible, este miembro ha de dejar lo público.

Lo que no se puede hacer es intentar chantajear a los demás diciendo que formulando críticas se le está haciendo daño deliberado a los hijos del cuestionado y más cuando todo el cuestionamiento está estrictamente relacionado con el trabajo de la ministra Mato. Esto es usarlos como parapeto y da pena.

Cuando alguien tiene que hacer tu trabajo

La falta de mayoría absoluta requería del apoyo de la derecha nacionalista periférica para que la Ley Orgánica de Educación fuese aprobada en las Cortes. El apoyo de estos pasaba, además de por ampliar el margen de decisión de las CCAA, por llegar a un acuerdo con la patronal de la enseñanza concertada que garantizase un “status quo” de la concertada y el sometimiento a la normativa general de estos centros. El Ministerio de Educación, con la ministra al frente, estaba paralizado y parecía que la LOMCE iba a tener que ser aplicada por la imposibilidad de aprobar la LOE.

El portavoz del Grupo Parlamentario Socialista, Pérez Rubalcaba, tuvo que reconducir la situación y hacer unas rápidas y duras negociaciones para conseguir los acuerdos necesarios para que la LOE fue aprobada. Lo consiguió. Pérez Rubalcaba que ya era un pilar fundamental de Rodríguez Zapatero, que terminó incorporándose al gobierno como ministro del Interior, y salió la ministra de Educación a la que habían tenido que sustituir al frente de las negociaciones.

La actual Vicepresidenta del Gobierno ha asumido la dirección de la mayor crisis de salud pública de la historia reciente de España, visto que la ministra de Sanidad no ha sabido ni dar un rueda de prensa, ni tener un hospital preparado para tratar a los enfermos repatriados, ni hacer respetar a la profesional contagiada por el cúmulo de incompetencias bajo su dirección.

Hay importantes diferencias entre los dos casos mencionados en esta entrada. La primera es que lo que la entonces ministra de Educación no fue capaz de sacar adelante fueron las negociaciones de una ley educativa, que si bien es importante, no es vital ni perentoria. La segunda diferencia es que el problema del Ébola lo ha causado el gobierno actual. La tercera es que en el primer caso nos encontramos con un gobierno serio y en el segundo con la “Verbena de la Paloma” que se reúne todos los viernes.