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Posts Tagged ‘Alfonso XIII’

La Transición política fue un proceso político y social muy interesante, de acuerdo y de límites. A lo largo del tiempo, cuando hubo que contarla y para ello lo primero era construir una versión oficial de la Transición. Los méritos son fáciles de expresar, pero los límites que impusieron un escaso margen de maniobra o se silenciaron, se reinterpretaron haciendo virtud de la necesidad.

Al principio el sistema se tocó suavemente y luego, a lo sumo, se reconoció voluntad reformadora (de ahí el nombre de la Ley de Reforma Política) y no constituyente. La misma Ley de Reforma Política era una Ley Fundamental del Régimen, aprobada según el procedimiento fijado para ello. Las Cortes elegidas a partir de la Ley de Reforma Política era las ordinarias y el procedimiento para elaborar la Constitución fue el establecido para la modificación o adición de las leyes fundamentales.

¿Por qué se siguió un complicado proceso de reformas legales dentro del esquema institucional franquista en vez de convocar unas Cortes Constituyentes? Sencillamente, porque no se podía. Las élites sabían lo que iba suceder, pero muchos cuadros del régimen y el Franquismo sociológico debían ser contemporizados con la idea de que todo iba a ser seguir permaneciendo esencialmente igual, salvo algunas reformas necesarias que la inmensa mayoría reconocían urgentes.

De aquí surgió el mito: en España habíamos sido tan estupendos, que habíamos conseguido cambiar de régimen sin necesidad de hacer una ruptura jurídica. Lo que se había tenido que hacer casi a la fuerza, se convierte en un logro. Muchas personas creen que ésta es una forma óptima de actuar, cuando es raro, costoso y poco deseable.

Los cambios de régimen político pueden hacerse desde una legalidad a otra o con una ruptura de la legalidad. Sin irnos más lejos en la Historia, mucho de los antiguos Estados comunistas rompieron abruptamente con el régimen político anterior y no esperaron una legitimidad procedente de ese régimen.

Hay quiénes consideran que este paso continuo de un régimen a otro es necesario para que haya legitimidad de origen:

Este tweet sostiene que el régimen establecido en la II República era ilegítimo porque no procedía de la legalidad del régimen anterior, sino de la espantada de Alfonso XIII al interpretar correctamente el resultado de esa aparente victoria de los monárquicos en las Elecciones Municipales.

El concepto de “legitimidad de origen” tiene su origen en la clásica distinción de Bartolo de Sassoferrato entre legitimidad de origen y legitimidad de ejercicio. Para ser gobernante seha de poseer un “titulum” que habilite a ello y si no se tiene, se será un usurpador. Al usurpador, de acuerdo con la doctrina medieval y moderna, se le puede resistir por todos, en todas las condiciones y con todos los medios (hasta Francisco Suárez no se objetó esta postura).

Es lógico que se exija un “titulum” cuando se funciona dentro de un régimen y que se desprecie al que quiere gobernar sin “titulum”, pero exigir “titulum” a un nuevo régimen muestra una confusión conceptual tremenda, ya que el usurpador es una persona, no un régimen.

Pero además si el usurpador se asienta en el poder, termina generando una nueva legitimidad. Europa está llena de patéticos aspirantes a los diferentes tronos, existentes o pasados, fundados en que no se qué costumbre o normas de monarquías desaparecidas y que consideran usurpadores a los demás.

La llamada legitimidad de origen solamente es exigible a las personas y responden respecto al régimen propio. No es exigible al régimen, que prosperará o no dependiendo de su capacidad para sustituir al otro régimen y es una cuestión política y no jurídica. De otro modo, viviríamos en medio de absurdos políticos, jurídicos e históricos, según el cual una régimen no es legítimo porque su monarca originario se hizo con el territorio por la fuerza y no tenía “titulum”.

Y no, la II República ni buscaba ni quería la legitimidad de la Monarquía Alfonsina. Su legitimidad se fundaba, como régimen democrático, en la voluntad del pueblo. No en vano su primer gobierno fue la transformación del Comité Revolucionario, muestra de una clara y sana voluntad rupturista.

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Cuando el Gobierno presentó el Proyecto de Presupuestos Generales del Estado para 2012 se me ocurrió que sería interesante compararlo con los Presupuestos Generales para 1912, los de hace un siglo, y comprobar las variaciones que uno y otro presentan.

La primera sorpresa en mi investigación es que hace un siglo pasó exactamente lo mismo que en este año: al comenzar el ejercicio se prorrogaron los Presupuestos para 1911 que estuvieron vigentes todo el año. Parece que nosotros sí vamos a tener Presupuestos para 2012, pero por ahora seguimos con los de 2011.

De tal manera que la comparación la decidí hacer entre los prorrogados para 1912 y los proyectados para 2012.

A nadie le resulta extraño si digo que la comparación presenta algunas dificultades que hay que salvar. La primera es que la técnica presupuestaria ha variado en un siglo, basándose los Presupuestos de inicios del siglo XX en la clasificación orgánica y en una incipiente económica, no estando presente la clasificación por política y programas que no había sido aún inventada.

A todo ello hay una clasificación orgánica previa que hoy no empleamos (obligaciones del Estado y obligaciones de los Ministerios), así como secciones presupuestarias que han perdido el sentido por la casi efectiva desaparición del tráfico jurídico del derecho real conocido como ‘censo’.

El contenido de las secciones ha cambiado, como también ha cambiado la relación de departamentos ministeriales. Las políticas de buena parte de los actuales ministerios, los económicos y sociales, se encontraban repartidas entre los ministerios de Fomento y de Gobernación y normalmente eran política, especialmente las sociales, muy incipiente o más centradas en la beneficencia que en otros aspectos. Por ejemplo en Fomento irían los actuales ministerios de Economía, Agricultura y Fomento; y en Gobernación los de Sanidad, Administraciones Públicas, Empleo y Seguridad Social e Interior, así como Correos. También hay que indicar que hemos integrado órganos inexistentes en las secciones donde estaban los órganos que realizaban sus funciones, por ejemplo, el Consejo General del Poder Judicial en el Ministerio de Justicia.

Por todo ello lo primero que hemos tenido que hacer es trasladar nuestra clasificación presupuestaria a la de 1911. ¿Cómo lo hemos hecho? A partir de los resúmenes de los montos por políticas del Proyecto para 2012 hemos atribuido éstas a una sección presupuestaria de 1911. Con algunos ajustes hemos encajado una cosa en la otra.

Luego viene el asunto de la moneda, ya que los de 1911 están redactados en pesetas de aquellos tiempos y los de 2012 en nuestros euros. Hemos optados por hacer una comparación basada en el porcentaje que cada sección representa en el conjunto del Presupuesto respectivo y no hemos comparado monedas diferentes con un siglo de distancia.

Unas notas: si ahora tenemos un problema con la deuda pública, el de 1912 era de rechupete; el gasto militar y eclesiástico no son lo que eran. [Pincha para ampliar]

Fuentes: Presupuestos Generales para 1911 y Proyecto de PGE para 2012

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