Lo de Cataluña (XXVIII): Estructuras de Estado

En el relato independentista para sus seguidores había varias actuaciones milagrosas que iban a ocurrir de repente. La primera era la solidaridad y reconocimiento internacional. La segunda era la aparición de una serie de organismos, las llamadas “estructuras de Estado”, que eran necesarias para que la independencia fuera algo más que vacía retórica.

Tenía que aparecer ante todo una autoridad tributaria que fuera capaz de recaudar el dinero que había de ponerse en manos de la nueva república para afrontar sus gastos y más cuando todo parecía apuntar a la continuidad del euro. Esa autoridad tributaria no apareció, los bancos anunciaron que no colaborarían (algo esencial) y la estructura existente tiene muy poca capacidad.

En el imaginario colectivo se encuentra la independencia de las repúblicas federadas del antiguo bloque del Este. Es cierto que el Federalismo soviético-comunista era pura fachada ya que en la realidad el partido, y no el Estado, era el actor político principal, pero sí es correcto decir que esa fachada implicó el establecimiento de estructuras de una avanzadísima descentralización que ayudó en el momento de la independencia, especialmente estructuras militares.

Crear un Estado en la sombra es una tarea cercana a lo imposible y más cuando tienes poco dinero para lo que tienes que hacer y otro actor, opuesto a tus pretensiones, controla tu liquidez. Todavía siguen hablando de estructuras secretas que se van a desvelar y de estrategias mágicas, únicamente para mantener la esperanza de los que comienzan a flaquear.

Lo de Cataluña (XXVII): Asimetría entre beneficios colectivos y posibles beneficios y perjuicios individuales

¿Por qué los líderes independentistas han mostrado una actitud tan cobarde y las masas no han respondido a su llamada de resistencia?

Si asumimos con una posible forma de explicar el comportamiento humano la respuesta a incentivos positivos y negativos (una posible), podríamos encontrar alguna explicación a un intento de declarar la independencia con tantos miedos y prevenciones.

El relato independentista ha vendido a sus adeptos que la independencia de Cataluña implicaría una riada de millones de euros en las arcas catalanas sin casi coste o, para los menos idílicos, con algunos costes menores y transitorios. Pero esos beneficios luego tienen que concretarse en políticas concretas, de modo que nadie puede asegurar a nadie un beneficio concreto.

Por el otro lado tenemos los perjuicios. Unos líderes pueden hacer frente a una imputación penal más grave que las ya planteadas y pueden verse con la posibilidad de estar mucho tiempo en la cárcel. Muchos ganaban sueldos estupendos, mejores que los ministros, y tenían una situación personal que no iba a mejorar con la independencia.

Las masas que se han quedado en casa, antes tamaño ejemplo, han preferido aprovechar su tiempo en otras cosas y no jugarse su situación personal con una multa o un procedimiento penal. En el caso de los funcionarios nadie ha estado dispuestos a jugarse un puesto para toda la vida. Nadie garantizaba que cualquier individuo iba a mejorar.

Esto en el mejor de los escenarios, donde los miles de millones no son considerados una manipulación. Y sin hablar de lo absurdo que es resistira un enemigo invisible.

Lo de Cataluña (XXVI): La feroz represión


El mensaje fundamental que Puigdemont quiere transmitir es que Cataluña está sometida a una feroz represión por parte de los españoles. Se ha ido a Bruselas a contarlo y a intentar un asilo que veremos si le sale o pasa como todo lo que intenta Puigdemont.

Durante todo este mes los medios de comunicación extranjeros se han fijado en nosotros. Sus corresponsales aquí han hecho cientos o miles de horas extras, han publicado artículo y reportajes y muchos han reforzado sus corresponsalías o han mandado enviados especiales. Vamos, que no necesitan un “huido” para que les informe de la verdadera realidad.

A Puigdemont y a los suyos les hubiera gustado ver tanques en las calles de las ciudades catalanas y ciudadanos a sus pies con las manos en alto y cantando algo de John Lennon; les hubiera encantado que alguien hubiera disparado y causado mártires; deseaban que los Mossos pusieran sus pistolas y porras únicamente al servicio de los cobardes que votaron secretamente una resolución de pseudoindependencia; arderían en deseos por contar que los estadios de fútbol estaban convertidos en campos de concentración de los presos políticos; pero nada de ello ha ocurrido y los medios internacionales tienen sus propios ojos para asegurarlo. Querían épica y han recibido el BOE, algo sumamente aburrido pues nadie se galvaniza cuando hay que concretar conceptos jurídicos indeterminados.

La vida ordinaria, la buena, se ha adueñado de Cataluña nuevamente y tras un mes de jornadas históricas todo vuelve a la normalidad. La Administración catalana funciona con normalidad, los Mossos protegen la seguridad ciudadana, los jueces y los fiscales hacen su trabajo y nada hace ver que la democracia haya desaparecido. Los derechos fundamentales están en vigor y cualquier puede manifestarse contra el 155 sin que le pase nada. De hecho se esperan elecciones autonómicas y ha comenzado una campaña que parece que va a ser tan ordinaria y zafia como siempre.

No hay opresión ni resistencia, solamente hay un montón de líderes miedosos que quieren que otros se jueguen el tipo por ellos. No sé si la independencia será lo mejor o peor para Cataluña, pero parece que nadie piensa que lo será para él porque nadie está dispuesto a arriesgar nada su esfera personal.

Lo de Cataluña (XXV): Cuando todos jugamos a lo mismo

En un mes los separatistas solamente han tenido un éxito: las porras del 1 de octubre. A pesar de que la estrategia de resistencia pacífica civil era obvia, el Gobierno no articuló los medios eficaces alternativos a mandar a los antidisturbios.

Vista la repercusión del hecho, en Moncloa y en la clase dirigente se encendió la bombilla de que los antidisturbios tenían que quedarse en los barcos y en los hoteles, hacer patrullas pero poco más. Entonces la estrategia separatista se vino abajo porque el enemigo bestial y represor sencillamente había desaparecido.

La resistencia civil pacífica es un instrumentos muy bueno cuando una de las partes juega a otra cosa, pero no cuando los dos juegan a lo mismo. Se convierte en algo inútil. Se provoca y no hay nada más frustrante que una provocación no atendida. Se roza el ridículo pero nada evita un baño de infantilismo.

Los separatistas, en su supremacismo, pensaban que “los españoles” eran tan burros de no darse cuenta, pero ellos fueron tan burros de considerar tonto a un adversario que primero por las buenas y ahora por las malas lleva saliendo airoso toda la vida.

Lo de Cataluña (XXIV): Contradecirse no es de listos

Desde la declaración de independencia suspendida se ha transmitido la idea de que decir una cosa para acto seguido decir la contraria es propio de personas de gran inteligencia. No hay que ser muy inteligente para contradecirse, realmente la existencia de contradicción es una manifestación clara de ausencia de pensamiento racional. No son palabras hábiles, argumentos audaces, sino afirmar algo para acto seguido negarlo.

el procés hemos aprendido muchas cosas, pero una de las más importantes es que el mundo está lleno de cobardes y de gente que esperan que otros les hagan el trabajo sucio. Pueden que no sean tontos todos estos que no paran de contradecirse, pues seguramente son unos cobardes que quieren embarcar a otros en lo que ellos solamente quieren para recoger el triunfo.

Lo de Cataluña (XXIII): Relato

Muchos expresan libremente, especialmente en Twitter, lo hasta las narices que están de oír hablar de relato. Pero este hartazgo, comprensible, no elimina que sea un concepto importante.

La Guerra de Yugoslavia me cogió al final del COU. Los serbios eran los malos y el resto de los yugoslavos eran buenísimos. ¿Por qué yo y el resto pensábamos así? Porque habíamos comprado un relato que organizaba la realidad de ese modo. Y es cierto que los serbios realizaron abominaciones terribles en esos años, como lo es que los otros grupos también las hicieron pero no entraba en nuestra percepción.

Hay que contar una historia, una historia que sea atractiva. Y a eso se han dedicado los separatistas. Un relato bueno, con sus lagunas, pero realmente bueno. España ahora tiene que construir un relato atractivo. Hay miles de medios y hay que hacerlo poco a poco, pero hay que hacerlo.

Un amigo viajó a Serbia hace más de una década y la gente con la que se relacionaba le pregunta obsesivamente si los veía siendo tan malos como pensaban que ellos eran. ¿Queremos ser los serbios del siglo XXI aunque hayamos mantenido la unidad? En nuestra mano está en convertir a Pugdemont en un Bossi.

Lo de Cataluña (XXII): Y no pasa nada

Como ya hemos escrito en varias ocasiones el separatismo ha vivido de las porras de la Guardia Civil y la Policía Nacional el domingo 1 de octubre. Alguien se dio cuenta de que ése no era el camino y desde entonces no ha habido ninguna intervención de envergadura, salvo la destinada a evitar las destrucción de pruebas documentales o a conseguir grabaciones de las instituciones policiales.

Puede ser que ayer hubiera mucha gente esperando que cientos de paracaidistas descendieran sobre los congregados en Sant Jaume disparando a discreción. Puede que algunos soñasen con tanques por Barcelona y masas de pacíficos ciudadanos, con las manos levantadas, rodeándolos y los tanquistas sin saber muy bien qué hacer.

Nada de esto ha sucedido. Lo más relevante ha sido el cambio de mando en los Mossos y que éste ha sido sin ningún problema. Que el segundo en la jerarquía de la policía autonómica ha subido al primer puesto al ser nombrado por la autoridad competente del Gobierno de España. Sin los Mossos no hay nada, ni siquiera la posibilidad de ver a la Guardia Civil o a la Policía Nacional interviniendo, porque lo que haya que hacer lo harán los Mossos.

Todo lo demás sigue igual.