¿Quién controla a la secretaria general?

Durante la larguísima campaña de las primarias del PSOE, los defensores de la candidatura derrotada mantuvieron la necesidad de que los órganos representativos retuviesen un fuerte papel de control sobre el secretario general para mantener un necesario equilibrio de poder dentro del PSOE.

Ayer se celebró el Comité Director del PSOE de Andalucía. El objeto de la convocatoria de este órgano del PSOE de Andalucía, su “comité regional”, era la convocatoria del Congreso Regional que corresponde celebrar de acuerdo con los Estatutos tras el Congreso Federal. La dirección regional ha decidido adelantar lo máximo posible el Congreso después de la desagradable experiencia de alargar la situación “ad nauseam” tras el 1 de octubre.

La entrada de la secretaria general fue apoteósica, como su discurso previo a los hechos del 1 de octubre ante ese mismo órgano. Supongo que el debate fue muy variado, plural y que todos intentaron responder sincera y honestamente a la pregunta clave: ¿Cuánto ha debilitado al PSOE-A la tremenda derrota de su secretaria general en las primarias?

Y es que los órganos de control pueden existir, darles grandes competencias, que si los llenas de personas que nunca van a controlar no tienen sentido.

Tras semanas preguntándose los defensores de la candidatura de Susana por el control que tendría Pedro Sánchez si ganara, nos cabe preguntarnos por el control que los secretarios regionales tienen efectivamente. Si era legítima entonces esa pregunta respecto del que iba a ser secretario general federal lo es también respecto a los secretarios y secretarias regionales.

Un problema para El País

Una parte de la reputación de El País viene de su influencia en el que hasta ahora ha sido el partido que durante más tiempo ha gobernado España, el PSOE. Y no es baladí, porque tener llegada en este partido garantiza que lo que se señale desde tus páginas, en casi todos los ámbitos, podrá ser leído y tenido en cuenta por personas que tienen capacidad de acción o que la terminarán por tener.

El 22 de mayo El País tiró lo poco que le quedaba. Otro editorial irreflexivo, insultante y mal educado le han separado del Partido Socialista. El País, con una profunda crisis de lectores y una peor crisis financiera, comienza una crisis de influencia al no haber sabido mantener la distancia de adecuada ni antes del 1 de octubre, ni durante la Gestora ni después de las primarias. El País ha pasado a engrosar las filas de los medios a los que la militancia socialista y cada vez más sus cuadros consideran declarados adversarios.

Las élites del PSOE en las que El País se apoyó han fracasado y con ellos la capacidad de influencia de este medio. Perdido su alcance entre las filas de Socialismo español, este medio ha perdido un valor.

No hacer nada

“A toda acción, sigue una reacción”. Hasta hace bien poco era obligatorio reaccionar a cualquier movimiento político, a cualquier oferta, demanda o pregunta. Mariano Rajoy nos ha enseñado que no, que los tiempos en política son muy importantes y que nadie le va a obligar a reaccionar cuando no quiere o no tiene preparada la reacción. Esto ha dejado a muchos sin saber qué hacer porque tenían preparadas varias reacciones.

Después de la mítica “espantada” de Rajoy ante la posibilidad de una investidura fallida tras el 20 de diciembre, que dejó atónitos a todos los actores políticos, a la prensa y a los observadores, la práctica mariana se ha ido extendiendo y ahora nadie se siente impelido a reaccionar cuando no le viene bien o cuando la acción previa está pensada para que en cualquier reacción posible pierdas.

Hay que decir que la versión original de Rajoy tiene la ventaja de que se hace desde el parapeto del apoyo incondicional de los principales grupos mediáticos del país.

El techo de Susana y el suelo de Pedro

Ayer, mientras paseaba por la calle Tetuán de Sevilla, escuché a dos clásicos señores sevillanos de derecha diciendo que ellos veían muy claro que Susana Díaz iba a ganar porque había conseguido más avales.

En la lógica normal, externa a los partidos, lo razonable es que quien tiene más apoyo a su candidatura pueda traducir ese apoyo en votos. Pero si estamos en unas elecciones internas de un partido, que una candidatura transformó inútilmente en una doble vuelta, y si se ese partido es el PSOE hay que traducir los resultados.

La candidatura de Díaz sufre un ataque de nervios porque ellos saben, como sabemos los demás, cómo se consiguieron una parte de avales, sobre todo en mi tierra, Andalucía. El hecho de que el aval sea nominal hace que muchos no quieran significarse contra lo oficial (“no te signifiques siendo uno de los que no firma”) y un puñado ceda a los ruegos del aparato de que avalen pero cuando voten hagan lo que les dé la gana (“tú firma y luego vota lo que quieras”). La candidatura de Díaz saben que los avales recogidos son el máximo de votos que pueden conseguir, son su techo.

Por el contrario, salvo en pocos lugares, la candidatura de Pedro Sánchez no ha tenido aparatos a favor y normalmente los ha tenido enormemente hostiles, de modo que los que han firmado han sido los más convencidos, los que no les importaba significarse y que en muchos casos han plantado cara al aparato. Los más de cincuenta mil avales se transformarán en votos, a los que no se pueden unir los votos de los que no avalaron a nadie, de un buen puñado de los que avalaron a Susana y también de los que lo hicieron a favor de Patxi.

Esta noche Macron ha sido elegido Presidente de la República. El hecho de pasar a la segunda vuelta contra Le Pen le garantizaba la victoria. En este tipo de elecciones, la viabilidad en la primera vuelta es casi tan importante como el resultado.

Las mil causas

La izquierda izquierda es algo muy pesado, porque no sabe graduar. Todas las causas son graves, importantes, extremas y requieren un compromiso sin fisuras. Cuando uno es de izquierda izquierda la vida es más complicada que la de un judío ultraortodoxo porque habrá miles de cosas que no podrá hacer, comprar o disfrutar porque de alguna manera u otra será cómplice en un genocidio, guerra, represión o mantenimiento del sistema.

Es cierto que la polémica sobre las ya dos míticas coca-colas de Ramón Espinar en el Senado ha sido una de las cosas más tontas de las últimas semanas, siempre que excepcionemos cualquier intervención de Susana Díaz o Mario Jiménez.

El problema no es que la polémica haya sido tonta o no, sino que ha existido por una torpeza comunicativa de Espinar. Está bien que muestre su compromiso con los trabajadores de la planta de Fuenlabrada de las empresas que trabajan para la multinacional estadounidense, pero lo que es inmantenible es unirse al boicot a su producto estrella. No era necesario unirse, porque un producto como ese lo terminas consumiendo casi sin darte cuenta.

Y es que Espinar como buen miembro de la izquierda izquierda se compromete con todas las causas que les parecen justas al máximo grado y al final llegan estas incoherencias que serían una chorrada si uno no se ha llenado la boca en el compromiso y el llamamiento.

¿Cómo medir cuál es el momento adecuado?

Sabemos que la Gestora del PSOE va a dilatar la celebración del Congreso (y las primarias ya verán si hay) hasta que se encuentren en disposición de ganarlas sin una oposición significativa. Pero claro, como no pueden decir públicamente que están dilatando indebidamente la convocatoria del órgano que debe decidir, el máximo órgano del partido, hablan de que hay que lograr el sosiego, la calma suficiente y unir al partido de nuevo.

¿Cuándo habrá sosiego y calma suficiente? ¿Cuáles son los indicadores de que se ha llegado a esa situación? ¿Por qué es necesario unir el partido cuando lo normal es que haya perspectivas diferenciadas? ¿Por qué el actual momento no es el adecuado? ¿Qué indicadores de unidad suficiente hay?

Diosa estabilidad

estabilidad
En la sección de “corazón” de El Español he encontrado la vinculación de la presencia de las reinas en la toma de posesión del gobierno con la estabilidad del país y, sensu contrario, su ausencia con la inestabilidad del país.

La Transición nos trajo el miedo a la inestabilidad política, en cuanto que se consideraba que hubiera sido un demérito del nuevo sistema político frente a un valor instalado en la conciencia de los españoles durante las cuatro décadas de Franquismo.

En búsqueda de la deseada estabilidad se exacerba un ideario conservador, pues se confunde la estabilidad con el inmovilismo. De esta manera se quiere que nada cambia porque cualquier modificación puede hacernos caer en el infierno de la inestabilidad, cuando realmente lo que se defiende es la petrificación de la sociedad.

La estabilidad no es un valor político, sino en el mejor de los casos sería un simple medio para conseguir la justicia, la libertad, la igualdad y el pluralismo que sí son los principales valores constitucionales. Además es irrelevante a la buena marcha del país que la Reina asista o no a determinados actos estrictamente políticos ya que es la consorte.

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Un apunte final: en el último año no hemos vivido insestabilidad, sino una situación de bloqueo, que por definición es lo mismo.