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Archive for the ‘TDT Party’ Category

La idea de que el Gobierno de España está sitiado por intentonas golpistas pretende reforzar a un Presidente y a unos ministros que si por algo están sitiados es por su incompetencia, el incumplimiento planeado y consciente de su programa electoral y, sobre todo, por la corrupción política al más alto nivel.

La mayoría absoluta le ha permitido aprobar una Ley de Estabilidad Presupuestaria que bien hubiera querido Zapatero pero que no podía hacerlo ya que ninguna fuerza nacionalista iba a acompañar a la mayoría relativa de su partido y la única fuerza nacional con capacidad para aprobar esa Ley estaba demasiado ocupada en ver caer al gobierno y en silenciar las cuentas de sus autonomías como para darle a Zapatero y Salgado ese poder. Una norma necesaria que llegó con años de retraso.

El PP y su entorno quieren más poder. El control de los medios siempre lo han sabido hacer bien desde los periódicos locales hasta las plataformas de televisión digital. Lo que se escapan son las manifestaciones.

En tiempos de la Presidencia de Aznar se quisieron llevar las manifestaciones contra la guerra por un tipo de nueva creación competencia de la jurisdicción militar (una especie de delito militar de derrotismo).

En tiempos de Rajoy se quiere crear el ambiente de excepcionalidad necesario para que puedan emerger normas en las que la regulación de las manifestaciones y las huelgas las hagan tan penosa y penalmente tan peligrosas que se desincentiven su convocatorio, organización y asistencia.

No es que haya una situación especial de riesgo para los derechos, los servicios o la estabilidad política, porque para remediar estas situaciones, si se dan efectivamente, están previstos en la Constitución los estados especiales.

Simple y sencillamente se quiere terminar con los derechos de huelga y de manifestación con la excusa de la crisis (y de fantasmagóricas intentonas golpistas) para dar un giro a la consolidación de la agenda conservadora que este gobierno está implementando.

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Hubo una época que el mal absoluto, pleno y paradigmático era el terrorismo. Si pretendíamos que algo fuese malo para la sociedad tenía que parecerse al terrorismo y así tener acceso a la cobertura de los medios de comunicación.

La violencia contra las mujeres comenzó a llamársele ‘terrorismo machista’, los delitos medioambientales empezaron a ser denominados como ‘terrorismo medioambiental’ y a los comportamientos delictivos en el tráfico también se le dio el nombre de ‘terrorismo’. Alguien, con inteligencia y sentido común, señaló que si todo era terrorismo al final nada era terrorismo, incluso el terrorismo en sentido propio. Aunque era un uso incorrecto, era bienintencionado: e pretendía adoptar la importancia y la relevancia social de un hecho, compartiendo su nombre.

Desde que el PP ganó las elecciones del 20 de noviembre de 2013 y en previsión de una legislatura llena de protestas una vez que pusieran en marcha su programa oculto, no el programa con el que se presentaron a las elecciones, sacaron una primera versión de la descalificación de los manifestantes. Mantenían que manifestarse era un ataque a la soberanía parlamentaria emanada en las urnas, pues una vez que las urnas han hablado no hay otra opción que callarse y ver Intereconomía o 13TV.

Lo primero fue decir que las protestas iban en contra de la ‘soberanía parlamentaria’. Era un argumento con ciertas dosis de refinamiento intelectual que expandieron por medios de comunicación y páginas en Internet. El problema es que este argumento fue desmontado rápidamente y muchos de los que lo mantenían realmente no sabían nada de la ‘soberanía parlamentaria’ ni de nuestro sistema constitucional.

Los creadores de consignas del PP se pusieron manos a la obra para dar una nueva formulación a la misma idea: la democracia es solamente democracia formal y cuando el PP (que no otros partidos) ganan las elecciones, se pierde cualquier derecho político hasta las siguientes elecciones. En medio, con una vía paralela, está la cuestión ridícula de la ‘Marca España’, pero esto merece comentarios propios en una entrada sobre el particular.

Ahora la consigna es que las manifestaciones son intentos de golpe de estado, como también lo son la publicación de los ‘papeles de Bárcenas’. Todo lo que no sea del agrado del PP o que toque la línea de flotación del gobierno de Rajoy es calificado del golpismo.

El golpismo, en un rápido intento de definición, es el ese conjunto de acciones coordinadas que buscan un cambio inmediato en el gobierno o en la forma de gobierno de un Estado, sin atender a los procedimientos legales para conseguirlo y utilizando normalmente métodos coercitivos.

Querer la dimisión del gobierno, exigirla a gritos e incluso reclamar un proceso constituyente no entra dentro de esta definición, pues todo ello está amparado dentro de un marco jurídico que las ampara, protege y promociona.

El problema de llamar golpismo a todo es el mismo de llamar terrorismo a todo: al final nada es golpismo. La democracia, y más en nuestros días, tiene que ser defendida porque sus enemigos tradicionales están tan presentes como siempre por más que se disfracen de demócratas formales. Toda disidencia es golpismo

Quizá estos, los que dicen que democracia no tiene nada que ver con el derecho de la minoría o el del disidente a serlo, o el derecho a expresarlo, sean los que quieren dar un golpe a nuestra democracia en sus derechos fundamentales, en la parte que no es disponible para su mayoría absoluta.

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El único dato positivo que tiene en todas las encuestas el Presidente Rajoy Brey es que el líder socialista, Pérez Rubalcaba, tiene peor valoración que él, lo cual tiene un mérito enorme.

El problema que tiene Rajoy Brey es que piensa que todo el mundo es cómo él y que si Pérez Rubalcaba luchó por el liderazgo del PSOE fue porque quiere hacer lo que él hizo: dormitar hasta verse Presidente.

Nadie puede negar que Pérez Rubalcaba tiene muchos defectos y que ahora está cargando sobre su valoración, cual chivo expiatorio, el cabreo de sus votantes con la última etapa del Presidente Rodríguez Zapatero. Pero lo que tampoco puede negar nadie es que es alguien de partido que asumió la segura derrota del partido y su desprestigio nacional dentro de una estrategia para ganar en 2015, antes la previsibilidad del hundimiento del Partido Popular.

La estrategia es sencilla: un año antes de las elecciones los socialistas celebran primarias. Gana un candidato con buena planta, algunas dosis de carisma personal y un intachable historial político en el que ha contado hasta con el apoyo de los populares. En ese año, con la propaganda gratuita de las primarias, el candidato no puede ser desgastado por un TDT Party a la baja y menguado, que pierde audiencia en la misma proporción que el PP votos.

Rajoy Brey tendrá enfrente (porque en el PP no hay un Pérez Rubalcaba para hacer lo que él hizo) a un candidato con poca historia pero brillante. Relativamente joven, que no necesita leer y que puede destrozarle leyendo solamente el olvidado programa electoral del PP.

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Uno de los argumentos primigenios de los defensores de la concepción reaccionaria del Derecho Natural contra las instituciones democráticas fue mantener que la bondad o la verdad de una proposición no puede decidirse por una mayoría. Algo no es ni bueno ni verdadero porque haya un voto más que la opción contraria.

La derecha neta española mantiene esta postura cuando no es su partido el que gobierna. De repente aparece un ordenamiento natural de rango elevadísimo que cuestiona y para muchos exonera la legalidad y el cumplimiento de esa misma legalidad.

Pero los resultados electorales tienen unos efectos devastadores en la Iusfilosofía de la derecha neta, adoptando las posturas que condenan un solo día antes. Mantienen una concepción procedimentalista de la Democracia, según la cual cuando la mayoría decide desaparecen todos los derechos, incluso el de crítica.

Otros, aún más alterados, se olvidan del país que habitamos y la tradición jurídica y política a la que pertenecemos y hablan de conceptos tan poco continentales como la ‘soberanía parlamentaria’, asunto del que ya hablamos.

Me parece muy correcto que la derecha neta tenga las posturas intelectuales que quiera, pero lo que dice poco de ellos es que las cambien cada vez que cambia el gobierno del país, de una región o de un municipio. Eso os hablan de que no tienen convicciones, sino que su única ideas es mantener a un grupo y a sus intereses.

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