Cese sin explicar

En Ceuta seguimos con nuestras movidas difíciles de explicar. Ayer el Presidente cesó al consejero de Gobernación, después de no conseguir que éste dimitiera. Las explicaciones de este cese son de lo más maravillosas: ‘disfunciones’ que no se explican o a ‘tensiones con los sindicatos’.

El periódico digital Ceutaldia.com publica una carta en la que los sindicatos sí piden documentación sobre si unas obras pagadas se han efectuado realmente y sobre si el procedimiento de adjudicación de esas obras es legal. Da la impresión de que todo esto ha sido la causa.

Dudas:

¿Conocía el Presidente en mayo, como afirman desde CCOO, el supuesto cargo a facturas de Gobernación de obras en casas de particulares?

Si no la conocía ¿quién le ocultó la información? ¿Es éste el nivel de conocimiento del Presidente de los asuntos graves de la Ciudad?

Si es que sí, ¿cómo es que tardó tanto en cesar al consejero?

¿Podría afirmar que eso mismo no está pasando en otras áreas de su administración?

¿Tiene algo que ver este asunto con los cambios de altos puestos en la Policía y en Protección Civil?

Tras el cese del consejero, la Consejería de Gobernación ha sido suprimida y las áreas dependientes de ésta han sido transferidas a la Presidencia y a otras consejerías ¿por qué se ha mantenido activa una consejería cuando sus áreas pueden ser llevadas sin ella?

Valorando medidas presentes y venideras

Me han gustado mucho dos entradas sobre los recortes del gasto anunciados ayer por el Presidente del Gobierno: una de Senserrich y otra de José Rodríguez. Realmente debería haber comentado en sus blogs, pero tengo la mala costumbre de convertir mis comentarios en entradas.

Las medidas que el Gobierno ha adoptado son correctas e imprescindibles. Los programas de estímulo fiscal, que adoptaron todos los países del G-20, han tenido una vigencia que ya ha terminado precisamente porque la crisis ha durado mucho más de lo que el déficit público puede aguantar. He estado de acuerdo con los programas de estímulo fiscal y han sido estos programas los que han permitido que el descalabro no sea aún mayor. La subida de gasto en inversiones y las prestaciones por desempleo, junto a una severa reducción de los ingresos hacen que se infinanciable por medio de la deuda por más tiempo.

Las medidas, correctas e imprescindibles, no son las únicas. Es más hay que emprender una reforma a fondo de muchas instituciones y prácticas de la sociedad española. No sé si la mejor reforma laboral es el modelo austriaco o el danés (o si se parecen mucho o nada), pero sí hay que hacer algo para que se contrate más. El empresariado está en contra del modelo austriaco (parece que Gobierno y CCOO sí lo quieren) porque el despido se pagaría por medio de un impuesto. Hay que revisa profundamente numerosas regulaciones (no sólo laborales) que no regulan y, por tanto, son absurdas. Hay que quitar de en medio a todo el que dificulte el libre acceso al mercado sin aportar nada, cobrando por poner obstáculos, empezando por una congrua porción del empresariado que tiene beneficios únicamente a costa del Estado.

El fraude fiscal y la economía que no cotiza a la Seguridad Social son un gravísimo problema. Evidentemente centrar el ajuste en el fraude a Hacienda y a la Seguridad Social no hubiera sido efectivo, pero sí el problema del fraude fiscal y social tiene una dimensión grande y una persistencia tan larga que invita a pensar que habría que habérselo tomado mucho más en serio desde hace mucho más tiempo. Que esta lucha no sea el remedio a la situación actual, no quiere decir que no haya que comenzar a hacerlo bien en esta materia y eliminar una parte sustancial de este fraude y más cuando tenemos un serio problema en los ingresos del Estado.

Una cosa va a demostrar este recorte: es muy probable que recobremos cierto crédito en los mercados internacionales de deuda pública, pero vamos a profundizar nuestra crisis. El más grande de los demandante de bienes y servicios, el Estado, va a retirar una millonada del mercado y sin duda va a afectar al PIB y al mercado de trabajo. El hecho de que, por primera vez, se reduzca explícitamente el sueldo a los funcionarios (y no manteniendo las actualizaciones por debajo de la inflación) marca una antes y después en la mentalidad española tocando uno de los puntos que más confianza ha tenido nunca de siempre.

Este sacrificio que la mayoría de los españoles van a tener que asumir, es una sacrificio que debería ser compartido proporcionalmente. No va a ser así, lamentable, pero hay que articular los instrumentos para que, los verdaderos responsables, terminen pagando al menos una parte de la factura que vamos a pagar por ellos.

De camino, aunque parezco frívolo, quiere darle las gracias al Comité Olímpico Internacional por haber elegido a Londres 2012 y a Río de Janeiro 2016 para celebrar los Juegos. De menudo despilfarro nos ha librado.