¿Cuánto le costaría a España fabricar un bomba atómica?

El otro día @Egocrata preguntaba en twitter cuánto le costaría a España fabricar una bomba atómica. Alguien desenterró un reportaje de 1987, publicado en El País, donde se daba cuenta de los coqueteos de nuestro país con el armamento nuclear y daba cuenta de un informe de 1975 que calculaba el coste de la fabricación de la primera bomba atómica hispánica en 8.700 millones de pesetas.

De enero de 1975 a diciembre de 2015 ha inflación en España ha sido de 1148.3%, de modo que esos 8.700 millones de 1975 se transformación en 99.902 millones de 2016, que convertidos a nuestra actual moneda son algo más 522 millones. Naturalmente es una conversación del coste de 1975 y no un cálculo del coste en 2016 con la tecnología actual, pero como esa información no abunda nos conformaremos con los datos de hace cuarenta y un años.

Los Presupuestos Generales del Estado para 1975 establecieron un gastos total de 656.000 millones de pesetas, por lo que el gasto de la bomba atómica hubiera representado el 1,33% del gasto presupuestado, aunque lo normal es que el programa hubiera sido plurianual. En el caso de 2016, los presupuestos preven 351.856.294.760€, de modo que los 522 millones de euros representan el 0.14% del gasto presupuestado.

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Ahora me podéis dar toda la caña que queráis, pero no es únicamente una especulación.

 

Manteniendo hospitales

Circula un meme, inspirando en este artículo, en el que se mantiene que construir dos hospitales cuesta lo mismo que un Eurofighter. Y es cierto, un hospital como el de Cáceres costó construirlo, solamente construirlo, 48 millones de euros en 2002, lo que actualizado con la inflación (27,7%) son 61,3 millones.

Equipar y mantener un hospital cuesta mucho dinero y lo cuesta cad año. A título informativo os detallo los presupuestos anuales de los diez primeros hospitales públicos, de los setenta y días estudiados, en el índice de reputación que se presentó hace unos meses:

Hospitales

Y no quiero negar que un Eurofighter sea caro, que lo es y mucho, pero sí quiero combatir la idea de la Sanidad es barato y que con pequeñas inversiones se tienen hospitales, ambulatorios, centros de diagnóstico o cirugía de alto nivel. La Sanidad es cara, se gestiona bien y este país hace un esfuerzo del que sentirse orgulloso en el campo de la salud.

Emplear al ejército

Ayer un blog especializado en ciencia se preguntaba por qué el Gobierno no había recurrido a la unidad del ejército especializada en ataques nucleares, biológicos y químicos, con los mejores equipos y con entrenamiento diario para manejarlos, y remitir a los españoles repatriados a un centro hospitalario que estaba lejos de ser no el destino óptimo, sino pasable.

¿Por qué no hicieron lo que, por lo visto, muchos militares consideraban lógico que hicieran? Una primera tentativa de respuesta es que se han intentado, a costa de los repatriados y de la salud pública, de apuntar un tanto a los populares madrileños en medio del desmantelamiento de la sanidad pública, de las protestas de la Marea Blanca y de los revolcones judiciales. Pero el desmantelamiento no es gratis y se ha comenzado a pagar.

Pero cabe una segunda posibilidad. Durante los dos mandatos de Rodríguez Zapatero, la narrativa del PP atacó la gestión del Ministerio de Defensa diciendo que el Presidente y sus ministros estaban convirtiendo a las Fuerzas Armadas en una especie de ONG perdiendo su razón de ser militar.

Sectores duros militares no dejaban de llenar los oídos de los políticos de la derecha transmitiéndoles su malestar por las nuevas misiones y por “los soldados de Zapatero”, refiriéndose a la UME (todavía existente y actuante).

Encomendarle al ejército y a su preparada unidad NBQ hubiera roto ese discurso (cosa que les importa un pimiento) pero, sobre todo, hubiera incomodado a los que les susurraban a los oídos de los políticos populares y a esas bases ultras que están decepcionadas con la retirada de la reforma del aborto.

Coronel – Jefe de Servicio

Uno de los vicios seculares de nuestras Fuerzas Armadas es su gran número de mandos. Casi todo el que sale como alférez de una academia militar termina siendo teniente coronel o coronel, el rango inmediatamente inferior a general. Hay tenientes coroneles y coroneles para completar siete ejércitos más, con escasa, nula o ridícula ocupación pero con remuneraciones crecientes y algunos con serias opciones a ascensos.

Esto ha provocado tradicionalmente varios efectos negativos sobre las Fuerzas Armadas y el Estado en su conjunto. Hay un coste creciente para un personal realmente muy superior en número al realmente necesario ya que normalmente únicamente se exige para ascender no ser torpe, no portarse mal y esperar pacientemente el transcurrir de los años. El coste de este personal, del mejor remunerado por su rango, es tremendo.

La reforma de las Fuerzas Armadas es una de esas reformas aplazadas y sustituidas por pequeños intentos, chapuzas o remiendos. Siguen sobrando tenientes coroneles y coroneles sin ninguna opción del alcanzar el Generalato y también sobran generales pero ése es otro debate.

La Ley 15/2014 de de racionalización del Sector Público y otras medidas de reforma administrativa ha establecido la posibilidad de que los militares de carrera puedan tengan prevista una situación administrativa en el caso de que obtengan un puesto de trabajo en la Administración Civil sin necesidad de pasar a la reserva. Esto que parece lógico, no es inocuo, pues posibilita que estos excedentes de generales frustrados puedan pasar a la nómina de la Administración Civil, haciendo otra chapucera reforma militar.

El problema es que estos tenientes coroneles, coroneles y algún comandante no se van a conformar con un puesto del grupo C ó del grupo B, ni siquiera del grupo A2. Ellos querrán que sus galones sean reconocidos con un puesto molón del grupo A1, pero de los que tienen los mejores complementos.

¿Qué aportará un militar provisto de uno de estos puestos sin tener preparación alguna? Lealtad a quien le nombró. Los puestos del grupo A1, en las administraciones generales, suelen ser los responsables de los servicios, los que firman los informes comprometidos, los que marcan el terreno de la legalidad, de manera que es mejor tener a alguien leal y de orden que a un pelagatos que se ha hartado de estudiar Derecho Administrativo y que cualquier día acaba firmando un informe de los que no gustan.

Así podrían desaparecer las oposiciones libres para acceder a esos puestos, ya que con suma facilidad todos ellos podrían ser ocupados por comandantes, tenientes coroneles y coroneles en servicio en la Administración Civil a través de procedimientos de provisión de puestos de trabajo legalmente previstos para “racionalizar” el gasto del Ministerio de Defensa y llegar la Administración Civil de militares leales.

¿Para qué sirven las Fuerzas Armadas ucranianas?

Uno de los motivos comunes a todos los países que deciden tener o más bien mantener unas fuerzas armadas es la garantía de su integridad territorial. Depende de un conjunto amplio de variables que las fuerzas armadas sean más o menos efectivas en ese objetivo primario que es el mantenimiento de la integridad territorial, pero al menos deben ofrecer alguna dificultad al invasor.

Las fuerzas armadas de Ucrania han visto como las tropas rusas con base en Crimea han apoyado la secesión e incorporación de esta república autónoma a la Federación Rusa con una mezcla de entrega de buques, declaraciones de lealtad a Rusia y tratar de no moverse nada para pasar desapercibidas. Algo que podría comprenderse respecto de las unidades estacionadas en Crimea, pero que es a priori inexplicable respecto del resto de las fuerzas armadas ucranianas.

No han movido un dedo. Nadie ha hecho nada porque todos temen un enfrentamiento contra una potencia militar consistente, con un ejército rearmado con petrodólares, y con un Presidente que no tiene en cuenta las potenciales bajas, ni siquiera entre sus filas, a la hora de tomar decisiones.

Ninguno de ellos ha querido enfrentarse a los rusos y puede que sea la decisión más razonable. Pero que sea la decisión más razonable no elimina la cuestión consecuente: ¿para qué sirven las fuerzas armas ucranianas si no son capaces de ofrecer la mínima resistencia ante un ataque a la integridad territorial? ¿para qué sirven si no ofrecen la mínima disuasión?

La única amenaza real y con posibilidades es la amenaza rusa y todos sabemos lo que han hecho o más bien lo que han hecho. Desde luego no tiene sentido esperar una amenaza ni de Polonía, ni de Eslovaquia, ni de Bielorrusia, ni de Moldavia o de Rumanía.

Ucrania, según los datos publicados por la CIA, emplea el equivalente al 2,77% de su PIB en gastos militares (6144 millones de dólares). Bien podría abolir las fuerzas armadas por absolutamente inútiles e incapaces y dedicar esos dólares a otros menesteres, por lo menos que funcionen.

Eduardo Serra y la impugnación de la democracia

En el debate posterior de “Operación Palace” intervino el ex ministro de Defensa Eduardo Serra. Es la segunda vez que yo recuerde que participa en el programa de Évole y siempre con el mismo discurso que ahora me apetece comentar.

Contó una obviedad y mintió en un dato. Nos descubrió que buena parte de la política de recortes y la reforma del célebre artículo 135 de la Constitución se debió a las presiones de quienes compran la deuda para garantizar el pago de lo prestado, porque debíamos en ese momento, dijo Serra, tres veces más de lo que producido en un año.

Supongo al decir “lo que producido en un año” se refería al Producto Interior Bruto (PIB). El año que se produjo la reforma constitucional (2011) la deuda representaba el 68,5% del PIB y cerramos 2013, máximo histórico, con un 94% del PIB. Luego Eduardo Sierra mentía.

Eduardo Serra critica que los políticos busquen los votos de los ciudadanos prometiéndoles cosas que les benefician, como subidas de pensiones. En su penetrante crítica macroeconómica sobre la situación financiera del país todo iba sobre la cuantía de las pensiones o de las becas, nada sobre los agujeros negros fiscales que él contribuyó a crear en el Ministerio de Defensa. Eduardo Serra no hace otra cosa que utilizar un argumento antidemocrático clásico presente ya en Platón: la conversión de la democracia en gobierno de las masas que solamente buscan la satisfacción de sus intereses.

Lo que sucede es que la realidad desmiente a Eduardo Serra. Mal han tenido que jugar las masas españolas sus bazas porque hay pensiones, muchas, ridículas, de mierda, que no posibilitan la mera subsistencia. Pésimamente han actuado las masas si se ven las ayudas a las familias y el desmantelamiento de lo poco logrado en dependencia, por sólo poner dos ejemplos.

Eduardo Serra le tiene un poco de repeluco a eso de votar y ser votado. Ha ocupado altos cargos en el Ministerio de Industrial y en el de Defensa con UCD, PSOE y PP, llegando a encabezar Defensa cuando fuerzas ocultas lo impusieron en 1996 a Aznar que lo tuvo que mantener en su puesto durante toda la primera legislatura. Vamos, alguien que ha conseguido gobernarnos sin que nunca le hubiéramos elegido y con capacidad para permanecer independientemente del resultado electoral sin necesidad de ocupar su puesto de funcionario.

Paz para la Guerra

Sería muy raro que el acuerdo entre los golpistas y la oposición, refrendada ante los representantes de la Comunidad Económica de Estados del África Occidental, trajese la tranquilidad a aquella parte del parte llamada República de Mali. Golpistas y opositores se han dado cuenta de que si no entierran su hacha de guerra se van a quedar sin la mitad del país.

Los tuaregs del Movimiento Nacional de Liberación de Azawad han aprovechado el vacío de poder para hacerse con el territorio del inmenso norte del país y declarar la independencia de los septentriones.

Mali reagrupará lo que quede de sus fuerzas y lanzará un ataque torpe y sangriento, contra los independentistas tuaregs, apoyados sin duda por los países de la Comunidad Económica de Estados del África Occidental, que no quieren que un éxito del independentismo pueda animar movimientos análogos en sus propios países.

Es el África subsahariana, pero algunas cosas resultan bastante familiares.