Teoría de la olla a presión

principe
La serie “El Príncipe” fue un éxito en Telecinco. Cuando se estrenó la primera temporada vivía en Ceuta y recuerdo la preocupación social e institucional en torno a la imagen que de la ciudad se iba a proyectar ante todo el país, aunque fuera una serie de ficción.

Todo el mundo se temía lo peor, lo real, y la serie de Telecinco era una versión amilbarada de la realidad, por más que fue de Ceuta se pensase de que era un retrato duro y realista. Un compañero de trabajo, tomando en sus mano el periódico local “El Faro de Ceuta” mostraba como las noticias de ese 4 de febrero de 2014 eran peores que lo mostrado en el primer episodio.

La serie partía de un supuesto irreal: la existencia de una Comisaría de la Policía Nacional en ese barrio. La verdad que allí no hay ningún establecimiento permanente ni de la Policía Nacional, ni de la Guardia Civil, ni de la Policía Local. Los servicios de bomberos y de ambulancias suben con temos y en muchas ocasiones son apedreados. El grado de control efectivo del Estado sobre ese territorio es escaso.

Este caso no es privativo, ni mucho menos, de Ceuta, aunque lo utilicemos de ejemplo dada su popularidad gracias a la televisión.

En muchas ciudades hay un barrio, o varios, en los que el Estado es un Estado fallido. Muchas personas lo justifican diciendo que no tiene importancia “que se maten entre ellos”. De esta forma hay un territorio vacío y otros poderes alternativos al poder del Estado se instalan y operan. Al principio hasta parecerá que abandonar territorio y replegarse ha sido una buena idea. Muchos estarán contentos por no jugarse el tipo dentro de esas zonas.

Pero los poderes que se instalan en esos espacios vacíos no son poderes conservadores, sino poderes expansivos. Emplean el espacio vacío como territorio para reclutar, organizarse, entrenarse, guarecerse, esconderse, descansar y almacenar sin ningún tipo de perturbación. Desde esa base segura podrán lanzar sus ataques a donde quieran.

La idea de que abandonando un espacio y permitir que ese espacio sea una incontrolada olla a presión se resuelve algo, ignora el sencillo hecho de que la olla a presión explotará y las consecuencias serán peores, porque ya no se podrá volver sencillamente a controlar un territorio, sino que habrá que reconquistarlo.

El pasado día 20 de noviembre en El Español publicaron una entrevista al alcalde Malinas (Bélgica), que por lo visto es la única ciudad importante del país que no visto salir a sus jóvenes para unirse al ISIS. Y lo primero que decía este alcalde sobre la estrategia que habían seguido era que el Estado de Derecho se aplicaba en todo el municipio, que ni la policía ni los demás servicios habían sido retirados de ninguna parte.

Un buen contraejemplo a lo que es una práctica demasiado habitual de muchas autoridades.

 

¿Cuánto le costaría a España fabricar un bomba atómica?

El otro día @Egocrata preguntaba en twitter cuánto le costaría a España fabricar una bomba atómica. Alguien desenterró un reportaje de 1987, publicado en El País, donde se daba cuenta de los coqueteos de nuestro país con el armamento nuclear y daba cuenta de un informe de 1975 que calculaba el coste de la fabricación de la primera bomba atómica hispánica en 8.700 millones de pesetas.

De enero de 1975 a diciembre de 2015 ha inflación en España ha sido de 1148.3%, de modo que esos 8.700 millones de 1975 se transformación en 99.902 millones de 2016, que convertidos a nuestra actual moneda son algo más 522 millones. Naturalmente es una conversación del coste de 1975 y no un cálculo del coste en 2016 con la tecnología actual, pero como esa información no abunda nos conformaremos con los datos de hace cuarenta y un años.

Los Presupuestos Generales del Estado para 1975 establecieron un gastos total de 656.000 millones de pesetas, por lo que el gasto de la bomba atómica hubiera representado el 1,33% del gasto presupuestado, aunque lo normal es que el programa hubiera sido plurianual. En el caso de 2016, los presupuestos preven 351.856.294.760€, de modo que los 522 millones de euros representan el 0.14% del gasto presupuestado.

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Ahora me podéis dar toda la caña que queráis, pero no es únicamente una especulación.

 

Denuncias falsas de terrorismo

En una de las facultades en las que estudié las llamadas avisando bombas, hechas a la propia facultad o a la policía, eran tan habituales que los profesores tenían la obligación de comentarlo por si alguien decidía irse. Los profesores lo comentaban y el alumnado se quedaba, porque de lo contrario el curso quedaría en nada.

Esta historia la podemos contar toda una generación. Se recibían un sin número de llamadas de denuncias falsas de bombas en edificios con la intención de evitar unos exámenes o suspender unas clases. El reconocimiento de llamada  y varios escarmientos acabó con esta práctica.

De todas estas denuncias falsas nadie infirió que el terrorismo eran mentira y que era un mecanismo del que se servían unos niñatos para quitarse unos exámenes o unas clases. Las miles de denuncias falsas de terrorismo no negaron la realidad de sus crímenes execrables.

Si el número de denuncias falsas en casos de violencia contra las mujeres, según la Fiscalía General del Estado, es ridículo, pero muchos quieren tapar las palizas, vejaciones o asesinatos sacando los casos de denuncia falsa, cuando no se les ocurriría hacer con los casos de terrorismo, donde abundaba la falsa denuncia.

Y la mierda explota

Max Weber definía el Estado como la agencia que posee el monopolio del uso legítimo de la fuerza. Como todos los conceptos clásicos ha sido revisado mil veces, pero algo bueno tiene cuando aún hoy, un siglo después de su formulación, nos sirve para intentar comprender la realidad que nos rodea.

Prescindiendo de “lo legítimo” (que no nos llevaría a ningún sitio), quisiera hacer una reflexión sobre las circunstancias en las que los Estados pierden ese monopolio del uso de la fuerza por voluntad propia, por consciente dejadez.

Asistimos a que hay zonas de un territorio, algunos tipos de acciones o ámbito de la vida social donde el Estado se ha retirado. Durante mucho tiempo los medios de comunicación y las autoridades le han quitado hierro a series de asesinatos diciendo que eran ajustes de cuentas entre bandas de criminales y por ello no afectaba a la seguridad ciudadana. Se transmitía la idea de que las bandas criminales vivían en una dimensión paralela de la realidad cuando le dedicaban a sus labores y que no había que preocuparse. El resultado ha sido el inmenso crecimiento de estas organizaciones y de su modo de trabajar.

Hay gente de orden que piensan que es bueno que haya algunos extremistas, siempre que sean extremistas de los tuyos, para que hagan ciertas faenas que no están bien vistas o que su ejecución puede ser problemática para el Estado. Estos extremistas, consentido y/o alentados, realizan impunemente actos bárbaros contra los de fuera, contra los que no de los nuestros, pero llega el momento en el que los extremistas dejan de ser tontos útiles y comienzan a querer ser ellos los que dirigen la sociedad.

Hay determinadas zonas de determinadas ciudades son el monopolio del uso de la fuerza por parte del Estado no es que esté roto, ni que el Estado entre en conflicto con otros detentadores, sino que el Estado ha renunciado directamente a ese territorio que formalmente es parte de él. En esos barrios el Estado pasa a ser “Estado fallido”. Pero los que se hacen con el poder en ese barrio y en ese distrito pronto se dan cuenta de que los límites territorialidad de la retirada del Estado son estrechos y quieren más, ampliando suave y continuamente las fronteras de su territorio de exclusión.

Un Estado que renuncia a su monopolio es un Estado que acepta dentro de sí la cimiente de la destrucción. Una vez que el Estado asume que, aunque sea parcialmente, no tiene el monopolio del uso de la fuerza, entra en una crisis que puede llevarle a ser fallido en un sentido general.

Dictaduras y antidisturbios

Pablo Iglesias atacó al gobierno español diciendo que si él tuviera la conciencia de que un país no es democrático o, dicho de una forma más directa, es una dictadura no le vendería material antidisturbios como hace el gobierno español con Venezuela.

¿No hay que venderle a las dictaduras material antidisturbios?

En los países que carecen de este tipo de material la disolución de las masas o la represión de los disturbios se hacen con un material más simple, barato y peligroso: las armas de fuego. Las protestas en determinados países en los que sus gobiernos, por la razón que sea, no posee material antidisturbios o no lo tiene en la cantidad suficiente, terminan en un baño de sangre.

Las dictaduras no tienen empacho en abrir fuego y para ello suelen tener unidades represoras desconectadas de las otras fuerzas de seguridad y de la sociedad.

Vender material antidisturbios, incluso a un país que se pueda considerar que tiene un gobierno dictatorial o a una democracia muy defectuosa, no es moral ni políticamente reprobable. Puede que un simple criterio del mal menor haga aconsejable para así evitar que esa dictadura o esa democracia muy defectuosa, aunque a los seguidores de la idea de “cuanto peor, mejor” les parezca una legitimación de formas no realmente democráticas.

Manteniendo hospitales

Circula un meme, inspirando en este artículo, en el que se mantiene que construir dos hospitales cuesta lo mismo que un Eurofighter. Y es cierto, un hospital como el de Cáceres costó construirlo, solamente construirlo, 48 millones de euros en 2002, lo que actualizado con la inflación (27,7%) son 61,3 millones.

Equipar y mantener un hospital cuesta mucho dinero y lo cuesta cad año. A título informativo os detallo los presupuestos anuales de los diez primeros hospitales públicos, de los setenta y días estudiados, en el índice de reputación que se presentó hace unos meses:

Hospitales

Y no quiero negar que un Eurofighter sea caro, que lo es y mucho, pero sí quiero combatir la idea de la Sanidad es barato y que con pequeñas inversiones se tienen hospitales, ambulatorios, centros de diagnóstico o cirugía de alto nivel. La Sanidad es cara, se gestiona bien y este país hace un esfuerzo del que sentirse orgulloso en el campo de la salud.

Derecha ridícula

abc.750
La medios de comunicación de la derecha piensan que los años no pasan, la crisis es pura ficción y que los españoles siempre tienen las mismas preocupaciones.

Insisten en hacer campaña con ETA y los presos terroristas como el gran tema. ETA, el terrorismo y sus aledaños han dejado de ser un problema para los españoles como lo atestiguan unánimemente todos los estudios de opinión.

El paro y la corrupción son las dos grandes preocupaciones de los ciudadanos.

Si la derecha mediática no se da cuenta que esto no cumplirá con la función para la que fue concebida y para las que es regada con millones en publicidad: mantener a los votantes más conservadores con el voto del PP pegado a sus manos.

Si fracasan en su función cohesionadora la derrota del PP puede ser más profunda incluso de los esperados.

Pero el problema que tienen estos medios es que no se han enterado que tienen respuesta. Hasta hace una década si uno veía un portada asquerosa del ABC se lo tenía que tragar, pero ahora puede responder y es ABC, un medio con una tremenda crisis de audiencia, el que queda en ridículo.

Y que el medio quede en ridículo no es lo más grave, sino que los lectores actuales o potenciales comienzan a sentirse ridículos y a ser mirados como ridículos por leer, escuchar o ver medio ridículo.

Finalmente los anunciantes no quieren verse que los productos se vean allí.

A toda esta panoplia les queda únicamente la publicidad institucional, el pesebre como dirían ellos, que les durará lo que dure el poder conservador o la misma idea de publicidad institucional, que debería ser repensada.