El jefe de la Ortodoxia

El Papa se reúne con el Patriarca de Moscú, máximo jerarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa. Dos papas se han encontrados con patriarcas ecuménicos de Constantinopla que son el centro de la comunión (koinonía) ortodoxa, pero que tiene únicamente bajo su jurisdicción a un pequeño número de fieles.

Las diferentes iglesias ortodoxas participan de una misma doctrina, pero la disciplina eclesiástica está dividida en estructuras generalmente nacionales, de modo que es el Patriarca de Moscú quien tiene el mayor número de fieles bajo su jurisdicción (aproximadamente tres cuartos de los ortodoxos). Podemos decir que es el Patriarcado de Moscú y no el de Constantinopla donde reside el liderazgo ortodoxo.

Frente a la relativa apertura ecuménica de Constantinopla, el Patriarcado de Moscú siempre ha marcado la línea más alejada de los acercamientos romanos, por verlo como una maniobra de absorción, como un peligro de desvanecimiento de su identidad nacional en lo religioso y porque consideran que Roma se ha modernizado en exceso frente a un planteamiento más conservador (sobre todo el lo litúrgico) de los ortodoxos.

No es una cumbre católico-ortodoxa la que se va a producir en La Habana de acuerdo con la prelación aprobada en los primeros concilios ecuménicos, pero sí es una cumbre de quienes realmente mandan en la mayor parte de la Ortodoxia y quien dirige el Catolicismo.

¿Qué cabe esperar de la reunión? La agenda no ha trascendido y puede que de conocerse no sea demasiado jugosa, pero el hecho de que la Iglesia Católica y la Ortodoxa Rusa se reúnan directamente y de que se puedan abrir cauces regulares de diálogos es una noticia en sí misma. No hay que olvidar que el Ecumenismo en la actualidad incide más en lo que los sindicalistas denominan “unidad de acción” que en la reintegración de la unidad.

El amigo ruso

Podríamos trazar una región intraeuropea que comprendería el conjunto de países en los que es mayoritaria la Iglesia Ortodoxa y común el rito bizantino, con sus variedades.

Cuando se negociaba el rescate de la Unión Europea con Chipre y surgieron serias dificultades internas, apareció el fantasma de Rusia como posible alternativa a la Unión Europea para salvar a Chipre de la bancarrota.

Pero resultó que los rusos no querían rescatar a los chipriotas a un interés menor y con exigencias menos onerosas que los comunitarios. El gobierno de Rusia lo que querían era salvaguardar los intereses de miles de titulares rusos de depósitos en Chipre.

Frente a la política de la Unión Europea de seguir dando préstamos a bajísimo interés a Grecia a cambio de reformas y recortes, ha reaparecido la figura de Rusia como alternativa a las “maldades” de Bruselas.

La bajada del precio del petróleo no sitúa a Rusia en la mejor situación para prestar dinero a los mismo intereses que la UE. Si Rusia prestase dinero a Grecia no pediría recortes o reformas, porque prestaría a interés de mercado que en el caso de Grecia es un interés salvaje, impagable.

Nadie duda de que Rusia querría llevar su influencia a Grecia, pero no tiene capacidad de prestar a un interés ridículo a Grecia durante décadas. ¿Estaría Grecia dispuesta a salir de la UE y de la OTAN a cambio de asistencia financiera por parte de los jerarcas del Kremlin? ¿La Panortodoxia no tiene por ahora una vertiente política ni financiera?

Opciones y decisiones futuras en Egipto

He leído dos buenísimas entradas, una de R. Senserrich y otra de @CardinalXimenez sobre el futuro político de Egipto, ambas dos recomendables. Las dos grandes cuestiones, que se exponen en estas dos entradas y en muchos artículos de prensa de estos días, son el papel qué van a desempeñar los altos mandos de las Fuerzas Armadas una vez ‘dejen el poder’ y cuál será el protagonismo del Islamismo político en el futuro de Egipto, después de décadas de tolerancia social y prohibición política.

¿Cuánta democracia?

En principio la respuesta debería ser simple y directa: cuanta más democracia mejor. Pero rápidamente nos sale la pátina racista y pensamos que lo de la democracia debe ser algo parecido a conducir un Ferrari, sólo para los que lo valen, y que tenemos un modelo utilitario para aquellos de los que no nos fiamos demasiado, entre los cuales están siempre todos aquellos que profesen la religión musulmana y/o hablen cualquier variedad dialectal del árabe.

Dicho lo cual, de lo que tenía unas enormes ganas, hay que indicar que toda transición exige pactos y renuncias y los egipcios deberían procurar tener cuanta más democracia les sea posible y que no sea necesario padecer represiones y hacer una revolución nueva para ir agrandándola.

Un paso fundamental para conseguir la mayor democracia posible es desmontar las estructuras del régimen que, que nadie se equivoque, son independientes de que Mubarak fuera o no Presidente. Con la más importante, las Fuerzas Armadas, se deberán tomar su tiempo, pero hay otras más fácilmente atacables como es la administración civil y demás redes clientelares de la sociedad civil sobre la que se ha sustentado el régimen y que intentarán pervivir de mil maneras.

¿Cómo creen si no que ganó tan plácidamente la UCD las primeras elecciones democráticas españolas? (puro continuismo del régimen franquista: estaba hasta Mayor Oreja).

¿Qué orientación político-religiosa adoptará Egipto?

Aquí es donde Occidente está un tanto asustado y por lo que muchos anhelan alguna fórmula de control. El miedo es el Islamismo político y su nombre egipcio es ‘Hermanos Musulmanes’.

Muchos han mirado o hemos mirado rápidamente a Turquía, donde una cosa llamada ‘Kemalismo’ lleva funcionando desde la Primera Guerra Mundial. La idea de Kemal, fundador de la República de Turquía, es que su país debería ser un país absolutamente homologable a los occidentales, adquiriendo sus instituciones y sus formas y, sobre todo, separando radicalmente el Estado de la religión. El guardián de esto no es ninguna institución judicial o política, sino simplemente el Ejército que, cuando ve que el orden de Kemal se desvía, da un golpe de Estado, reprime a los ‘desviados’ y reconduce la situación a la que ellos consideran óptima.

El gran desafío al Kemalismo se dio con la victoria electoral de un partido islámico de corte moderado que no busca una teocracia sino la ejecución de un programa político conservador. Una versión musulmana de la Demoracia Cristiana que bien podríamos denominarla como ‘Islamodemocracia’. Parece que tras algunas tensiones iniciales con los militares, el gobierno islamodemocrático se ha asentado y sigue haciendo las políticas occidentales que han caracterizado a Turquía en las últimas décadas, entre ellas un escaso respeto a los derechos humanos. Hay que señalar que la ‘Islamodemocracia’ no nació como un proyecto prediseñado, sino que ha sido consecuencia de la necesidad de los sectores más tradicionales de adaptarse a las instituciones y a la sociedad turca, que no está para sandeces afganas.

No me extrañaría nada que la nueva Constitución encomendase a las Fuerzas Armadas una misión de vigilancia constitucional similar a la turca. Lo que estoy seguro es que durante mucho tiempo el Gobierno civil del país no va a tener el control de los militares egipcios, que adoptarán una posición a lo Pinochet.

Presidencialismo o parlamentarismo. Sistema de partidos.

La segunda gran opción constitucional es determinar el sistema de gobierno. En el imaginario colectivo de Egipto, y de las dictaduras, la figura del Jefe del Estado, o Presidente, es la que tiene el protagonismo absoluto. Un modelo presidencialista sería tierra abonada para una reedición del régimen, aunque con otras caras, porque el imaginario es poderoso y buscará, y encontrará a un líder carismático.

El Parlamentarismo es una lata. Debates, pactos, enmiendas, acuerdos, pero sobre todo los gobiernos caen parlamentariamente, los ministros le ponen la zancadilla al Primer Ministro o le fallan sus socios e gobierno. Y también pueden caer a través de unas elecciones que no son el todo o la nada (como sí son unas presidenciales en un país presidencialista). Las minorías tendrán incentivos para no romper con el sistema.

La renovación más o menos estable de los cuadros dirigentes del país tiene una función de pedagogía política: enseñar que en una democracia nadie dura demasiado.

Además el Parlamentarismo incentiva la creación de partidos fuertes, desplegados territorialmente, con intereses electorales diversos y que siempre pueden tener opciones de gobernar solos o en coalición. El Presidencialismo crea partidos débiles.

Antes de las manifestaciones y de la revuelta, Egipto había sido noticia por el ataque de grupos extremistas musulmanes a iglesias, negocios y miembros de la minoría cristiana de Egipto: los coptos. Son cerca del 10% de la población. En la revuelta, junto a la caída del régimen, han reivindicado su papel político y social (la imagen de los cristianos protegiendo el rezo de los musulmanes aún me sobrecoge). Las leyes discrimnatorias contra los cristianos tienen que desaparecer necesariamente y darles una participación suficiente en el gobierno del país.

Al final casi todo se queda pendiente de algo a lo que solamente los que diseñan bien las jugadas le prestan atención: el sistema electoral.