¿Puede el Papa quebrantar una norma litúrgica?

Comencemos con una distinción: hay normas litúrgicas que reflejan el depositum fidei y otras que no. La cuestión que nos planteamos es si el Papa Francisco al realizar el lavatorio de pies a personas que no estaban entre las previstas por las rúbricas, quebrantó el precepto.

Esta norma no forma parte del depositum fidei y por tanto es disponible. El Papa no está sujeto a ningún prelación normativa ni procedimiento para cambiar una norma, de modo que el Papa como máximo legislador de la Iglesia Católica, y más aún en el rito latino, no puede caer en contradicción con la norma porque un acto en contra es en ñí mismo una modificación.

Es por ello por lo que se reforma la norma, no porque el Papa la haya quebrantado, sino para que el resto de los sacerdotes y obispos puedan ampliar las personas consideradas idóneas.

—–

Sobre la historia de esta ceremonia es interesante consultar el comentario que acompaña al decreto

Pueblo, ayuntamiento y parroquia

Inmatriculaciones

En hoja parroquial, versión digital, de la diócesis de Segovia encontramos ya en el año 2012 el texto anteriormente, utilizando el argumento construido por la Conferencia Episcopal y sus asesores de comunicación contra las peticiones para eliminar el privilegio de inmatriculación en la Ley Hipotecaria y revisar las ya realizadas.

El argumento es hábil. Parte de la diferenciación entre “pueblo” entendido como la totalidad de los habitantes de un municipio, cuya forma política sería el Ayuntamiento y el “pueblo” entendido comunidad religiosa concreta, en este caso la católico-romana.

Es una pena que esta diferenciación no la hagan más a menudo, especialmente cuando intentan en convertir en ley obligatoria para todos sus creencias morales de índole religiosa, así como imponer sus símbolos a todos, creyentes de su confesión, de otra o no creyentes.

El Ayuntamiento es regido por los representantes elegidos por los ciudadanos. La comunidad de creyentes es regida por un sacerdote nombrado por el obispo como párroco sin que los miembros de esas comunidad parroquial tenga la mínima intervención antes, durante o después de la elección y mucho menos en relación con cualquier decisión, de la más nimia a la más importante.

Son mudos y la Iglesia Católica, al menos en la mayor parte de España y la inmensa mayoría de sus parroquias no proporciona a sus fieles ninguna forma de expresión. Luego el “pueblo” entendido como comunidad cristiana no tiene presencia, no existe, porque todo es dirigido por los funcionarios. En este argumento se usurpa el término “pueblo” para que los funcionarios eclesiásticos puedan esconderse detrás de él y así realizar sus operaciones inmobiliarias.

Un argumento aparentemente impoluto, diferenciación entre la comunidad civil y la comunidad religiosa, es utilizado únicamente para decir que como el “pueblo” entendido como comunidad religiosa está representado por personas impuestas, las decisiones de estos han de ser tenidas como decisiones del “pueblo” entendido como comunidad religiosa.

El caso de la Catedral-Mezquita de Córdoba es célebre pero creo que oscurece la problemática. Hay casos como la cesión sin más papeles de terrenos por parte de propietarios de tierras para hacer un cementerio y esos terrenos, no todos convertidos en cementerio, están ahora inmatriculados y pueden ser dispuestos para cualquier fin. Las casas de los curas que inmemorialmente los pueblos han tenido para los sacerdotes muestran otro caso. Se habla de inmuebles del “pueblo” y no del cura y del obispo.

Rouco no tiene voto de pobreza

El escándalo que ha causado el piso, propiedad de la Archidiócesis, que el arzobispo emérito de Madrid, el cardenal Rouco Varela, va a ocupar después de que tuviera que hacerle ver que sobraba en el Palacio arzobispal ha provocado comentarios inexactos y equivocados sobre algunos aspectos de la disciplina eclesiástica.

Antes de entrar en ello quiero dejar clara mi postura de que vivir en un piso de cientos de metros cuadrado, con servicio, en el centro de Madrid contradice la doctrina expuesta hasta la saciedad por el cardenal Rouco Varela y los obispos españoles contraria al hedonismo y al materialismo. Hedonismo y materialismo es malo si un trabajador de clase media como es servidor se compra algo que no es estrictamente necesario.

El cardenal Rouco Varela, además de mostrar con la práctica que la doctrina predicada solamente era aplicable a otros, deja en mal lugar a los cientos o miles de sacerdotes jubilados que viven con su familia, en humildes cuartos en casas sacerdotales o en pisos compartidos

Dicho esto, vayamos al asunto. Se ha dicho que el cardenal Rouco Varela incumple con su voto de pobreza. Es falso: el cardenal Rouco no tiene voto de pobreza.

Dentro de la Iglesia Católica hay dos grandes categorías. La primera es la que se organiza en torno a la recepción del sacramento del orden y en ella se distingue entre ministros ordenados (obispos, presbíteros y diáconos) y los laicos; la segunda es la que distingue entre los religiosos o consagrados sobre el hecho de haber realizado o no la profesiones de los tres votos.

Combinando estas dos categorías obtenemos cuatro subcategorías:

Clero
La pregunta natural que sale es que si el clero secular no ha hecho los votos, entonces se podrían casar. Si bien no hacen los votos realizan la promesa de celibato (no contraer matrimonio) cuando son ordenados diáconos temporales (lo diáconos permanentes no la hacen ya que se admite a casados a la ordenación diaconal). El hecho de no tener voto de pobreza no quiere decir que no haya obligación de llevar una vida austera.

La profesión del voto de pobreza tiene consecuencias jurídicas. El que lo hace no puede tener propiedad, ni heredar. Si la ley civil le obliga a heredar, ha de renunciar.

El cardenal Rouco Varela pertenece al clero secular, luego no tiene voto.

¿Cae el Arzobispo de Mérida-Badajoz?

El periódico digital eldiario.es publicó el pasado domingo que “medio centenar de curas acusan al arzobispo de Mérida-Badajoz de llevar un tren de vida de lujo”. Las acusaciones se parecen mucho a las que le costaron hace poco el cargo al obispo de Limburgo (Alemania) que fue cesado implacablemente por el Papa Francisco.

Entre las audiencias papales de las que la Sala de Prensa del Vaticano informa en el día de hoy, se encuentra la del Arzobispo Coadjutor de Mérida-Badajoz, que es el sucesor ya nombrado del actual arzobispo García Aracil. Por la mañana había recibido al Cardenal Prefecto de la Congregación para los Obispos, competente en estos asuntos.

Udienze
No lo sé, pero parece que alguien puede llegar desde Roma con una carta para que el prelado en ejercicio renuncie un año antes de lo previsto por el Código de Derecho Canónico.

Cónclave (XVI): Posiblemente la única gran reforma posible

El Papa Francisco ha demostrado desde el primer segundo de su Pontificado que sabe lo que los católicos llevan mucho tiempo esperando. Ha anunciado que la Eucaristía “in coena Domini”, la liturgia del Jueves Santo, la celebrará en un centro penitenciario para menores. Cuando, tras la misa de apertura del Pontificado, las cámaras de desmontaba en el Vaticano, nuevamente giran sus objetivos allí y veremos retransmisiones en directo de los oficios del Jueves Santo desde el centro correccional.

Francisco lleva bien la parcela comunicativa y, hasta donde sabemos, Lombardi, que se ha ganado la confianza de los medios de comunicación, continuará al frente de la portavocía de la Santa Sede. ¿Además de mantener una buena política comunicativa qué margen de reforma tiene el Papa Francisco?

En principio un Papa tiene todo el poder, ya que no hay norma jurídica a la que esté sometido. El límite procede del sometimiento del Papa a las normas que se tienen por reveladas, las cuales no son disponibles ni siquiera a él, al menos en un plano teórico y sincrónico.

La única reforma radical en lo no relacionado con la mera organización de la Santa Sede sería la remoción del celibato obligatorio para los sacerdotes de la Iglesia Latina. Hay muchas lecturas que hacer sobre la escasez de sacerdotes y, desde hace décadas, no se quiere ver la más que evidente relación entre celibato obligatorio y escasez de sacerdotes un ‘signo de los tiempos’.

El celibato sacerdotal según reconocen todos los teólogos es una norma disciplinar, esto es, una norma que puede ser cambiada. Un cambio disciplinar que sería una gran revolución, quizá mayor que la introducción de las celebraciones sacramentales en lengua vernácula. Los efectivos de la Iglesia Latina se multiplicarían y cambiarían las relaciones internas en las diócesis y en las parroquias. Quienes considerasen el celibato como inherente a ellos mismos siempre tendrían a los llamados ‘institutos de vida consagrada’ para incorporarse.

Eliminar el celibato obligatorio abre cuestiones que tendrían que resolverse: si tiene efectos retroactivos o no, si pueden reincorporarse los que solicitaron la reducción al estado laical, si los actuales diáconos permanentes casados pueden acceder al presbiterado si así lo desean, si se adopta o no la disciplina celibataria católico-oriental para el episcopado o los recursos que se reúnen para que los sacerdotes casados y con hijos puedan vivir de su trabajo ministerial.

Cónclave (X): Grandes teólogos

Una de las cosas que más me está llamando la atención es que los medios, al caracterizar a cualesquiera de los papables, les atribuyen directamente la etiqueta de “gran teólogo”, como si una condición ‘sine qua non’ para formar parte del Colegio Cardenalicio fuera ser un teólogo de primer nivel.

En primer lugar el primer nivel de la Teología Católica no tiene tantos miembros y, aunque los tuviera, no serían todos cardenales. El oficio de teólogo es sustancialmente diferente al oficio de obispo de una diócesis o de curial que es lo que son todos los cardenales.

Esto no quiere decir que ocasionalmente no se nombren a destacados teólogos para el Colegio Cardenalicio. En el pasado Cónclave, se dio el caso excepcional, de que los dos máximos candidatos (Joseph Ratzinger y Carlo Maria Martín) habían destacados como teólogos antes de ser ordenados obispos y posteriormente nombrados cardenales.

En la actualidad solamente los cardenales alemanes Kaspers y Lehmann han sido teólogos de talla y lo normal para los pocos teólogos a los que se les concede el Cardenalato es hacerlo después de cumplir los ochenta años, de modo que ninguno de ellos es elector y, ordinariamente, tampoco son ordenados obispos aunque el Código de Derecho Canónico recomiende que así sea (can 651§1 CIC).

Lo que se dio en 2005, que dos teólogos reputados, fueran los favoritos para ser el sucesor de San Pedro no es lo normal y mucho menos la elección de un Papa con un pasado en la Teología académica. Si repasamos los papas del siglo XX ninguno de ellos reúne ese perfil. Es posible que, dado el tiempo transcurrido desde 1978 a 2005, algunos pensasen que el último Cónclave había sido en esa materia como los demás y no lo que realmente fue: excepcional.

No estoy al día de las publicaciones teológicas ni de los autores en alza, pero dudo mucho que publicar un libro recopilatorio de homilías o charlas de ejercicios espirituales pueda ser considerado Teología, al menos Teología académica.

Cónclave (IX): Aclarando terminología eclesiástica

Con ocasión del Cónclave quería escribir una entrada que intentase aclarar una tremenda confusión sobre las órdenes y cargos dentro de la Iglesia Católica, pero visto algunos errores de bulto en la entrada de LPD que me animado a ello.

Hay que diferenciar dos aspectos fundamentales: el sacramento del orden y la denominación de los cargos.

El sacramento del orden tiene tres grados: el diaconado, el presbiterado y el episcopado.
Diáconos hay pocos porque generalmente los ordenados como tales son ordenados, al año siguiente, como presbíteros, aunque existe la posibilidad de que haya diáconos permanentes y de ordenar a casados. Sus funciones son las de leer el Evangelio, celebrar bautizos y ser oficiante de matrimonios, además de asistir a presbíteros y obispos en las celebraciones litúrgicas. Los presbíteros son los curas de toda la vida. Y los obispos son los que han recibido con plenitud el sacramento del orden y son los sucesores de los apóstoles. Los obispos son los únicos que pueden ordenar.

¿Es un arzobispo más que un obispo? Dentro del episcopado no hay grados y todos son igualmente obispos. El título de arzobispo se recibe de la diócesis, que es la cabecera de una provincia eclesiástica.

Antiguamente los arzobispos tenían potestades jurisdiccionales sobre los obispos y diócesis que pertenecían a la provincia que dirigían, potestades que en la actualidad se han reducido mucho. Los arzobispos que presiden una provincia eclesiástica reciben el título de metropolitanos o arzobispos-metropolitanos y se simboliza externamente con el palio.

Hay arzobispos que tienen ese título pero que no son metropolitanos, ya que su diócesis es la única de la provincia eclesiástica y por ello no reciben el título de metropolitanos. Son arzobispos “in personam”. Éste fue el caso del arzobispo de Madrid-Alcalá antes de la creación de las diócesis de Getafe y de Alcalá de Henares o el del arzobispo de Barcelona antes de la erección de las diócesis de Sant Feliú de Llobregat y de Terrassa. Se le concede también el título de arzobispo “in personam” a determinados obispos por especiales circunstancias (como al obispo de la Seu de Urgell que es también co-príncipe de Andorra), a los nuncios y a los secretarios de las congregaciones vaticanas.

Hay determinados arzobispos que reciben, por razones históricas, el título de patriarca (Lisboa o Venecia), pero en la Iglesia Latina es únicamente simbólico.

El esquema teórico en principio es sencillo: a cada diócesis le corresponde un obispo, de forma que al obispo le corresponderá el título de su diócesis. Pero la realidad es más compleja: hay diócesis con más de un obispo y obispos sin diócesis.

No es raro que en una diócesis haya obispos auxiliares y sí es más raro que haya obispos coadjutores (con derecho a sucesión). Todos ellos son titulares de diócesis que no existen en la actualidad, por eso se les denomina obispos titulares.

¿Es más de un cardenal que un obispo? Ser cardenal nada tiene que ver con el sacramento del orden, de forma que la respuesta es negativa. La norma canónica establece que los cardenales han de ser obispos, pero como es el Papa el que nombra cardenales puede nombrar a personas que no son obispos. De hecho se ha nombrado cardenal, para reconocer generalmente una labor teológica, a sacerdotes que no han sido promovidos al episcopado al ser de avanzada edad. Nada impediría al Papa la posibilidad de nombrar cardenales laicos, como ya han existido.

Si todo esto no os ha parecido lioso, hay que señalar que determinados presbíteros tienen tratamiento y pueden emplear, en ciertas circunstancias, las expresiones externas del episcopado sin ser obispos. Además hay presbíteros que, sin estar ordenados obispos, ejercen potestades episcopales de forma permanente o temporal.

Y ahora llegamos a un pequeño lio. Históricamente la elección del Papa la hacían los romanos porque no en vano el Papa es el obispo de Roma. Luego la elección estuvo en manos del clero. El Colegio Cardenalicio representa al clero romano y la provincia eclesiástica y por ello se divide en tres órdenes, como los del sacramento. Hay cardenales-obispos (representando las diócesis de alrededor de Roma conocidas como suburbicarias), cardenales-presbíteros y cardenales-diáconos. La inmensa mayoría, si no todos los cardenales son obispos de modo que las denominaciones de cada uno de los órdenes del Cardenalato es puramente simbólico.

Este esquema, que admite más excepciones y particularidades, se complicaría notablemente si introdujéramos a las iglesias católicas orientales, cosa que obviamente no vamos a hacer.