Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for the ‘Cónclave 2013’ Category

Una de las cosas que más me está llamando la atención es que los medios, al caracterizar a cualesquiera de los papables, les atribuyen directamente la etiqueta de “gran teólogo”, como si una condición ‘sine qua non’ para formar parte del Colegio Cardenalicio fuera ser un teólogo de primer nivel.

En primer lugar el primer nivel de la Teología Católica no tiene tantos miembros y, aunque los tuviera, no serían todos cardenales. El oficio de teólogo es sustancialmente diferente al oficio de obispo de una diócesis o de curial que es lo que son todos los cardenales.

Esto no quiere decir que ocasionalmente no se nombren a destacados teólogos para el Colegio Cardenalicio. En el pasado Cónclave, se dio el caso excepcional, de que los dos máximos candidatos (Joseph Ratzinger y Carlo Maria Martín) habían destacados como teólogos antes de ser ordenados obispos y posteriormente nombrados cardenales.

En la actualidad solamente los cardenales alemanes Kaspers y Lehmann han sido teólogos de talla y lo normal para los pocos teólogos a los que se les concede el Cardenalato es hacerlo después de cumplir los ochenta años, de modo que ninguno de ellos es elector y, ordinariamente, tampoco son ordenados obispos aunque el Código de Derecho Canónico recomiende que así sea (can 651§1 CIC).

Lo que se dio en 2005, que dos teólogos reputados, fueran los favoritos para ser el sucesor de San Pedro no es lo normal y mucho menos la elección de un Papa con un pasado en la Teología académica. Si repasamos los papas del siglo XX ninguno de ellos reúne ese perfil. Es posible que, dado el tiempo transcurrido desde 1978 a 2005, algunos pensasen que el último Cónclave había sido en esa materia como los demás y no lo que realmente fue: excepcional.

No estoy al día de las publicaciones teológicas ni de los autores en alza, pero dudo mucho que publicar un libro recopilatorio de homilías o charlas de ejercicios espirituales pueda ser considerado Teología, al menos Teología académica.

Read Full Post »

Con ocasión del Cónclave quería escribir una entrada que intentase aclarar una tremenda confusión sobre las órdenes y cargos dentro de la Iglesia Católica, pero visto algunos errores de bulto en la entrada de LPD que me animado a ello.

Hay que diferenciar dos aspectos fundamentales: el sacramento del orden y la denominación de los cargos.

El sacramento del orden tiene tres grados: el diaconado, el presbiterado y el episcopado.
Diáconos hay pocos porque generalmente los ordenados como tales son ordenados, al año siguiente, como presbíteros, aunque existe la posibilidad de que haya diáconos permanentes y de ordenar a casados. Sus funciones son las de leer el Evangelio, celebrar bautizos y ser oficiante de matrimonios, además de asistir a presbíteros y obispos en las celebraciones litúrgicas. Los presbíteros son los curas de toda la vida. Y los obispos son los que han recibido con plenitud el sacramento del orden y son los sucesores de los apóstoles. Los obispos son los únicos que pueden ordenar.

¿Es un arzobispo más que un obispo? Dentro del episcopado no hay grados y todos son igualmente obispos. El título de arzobispo se recibe de la diócesis, que es la cabecera de una provincia eclesiástica.

Antiguamente los arzobispos tenían potestades jurisdiccionales sobre los obispos y diócesis que pertenecían a la provincia que dirigían, potestades que en la actualidad se han reducido mucho. Los arzobispos que presiden una provincia eclesiástica reciben el título de metropolitanos o arzobispos-metropolitanos y se simboliza externamente con el palio.

Hay arzobispos que tienen ese título pero que no son metropolitanos, ya que su diócesis es la única de la provincia eclesiástica y por ello no reciben el título de metropolitanos. Son arzobispos “in personam”. Éste fue el caso del arzobispo de Madrid-Alcalá antes de la creación de las diócesis de Getafe y de Alcalá de Henares o el del arzobispo de Barcelona antes de la erección de las diócesis de Sant Feliú de Llobregat y de Terrassa. Se le concede también el título de arzobispo “in personam” a determinados obispos por especiales circunstancias (como al obispo de la Seu de Urgell que es también co-príncipe de Andorra), a los nuncios y a los secretarios de las congregaciones vaticanas.

Hay determinados arzobispos que reciben, por razones históricas, el título de patriarca (Lisboa o Venecia), pero en la Iglesia Latina es únicamente simbólico.

El esquema teórico en principio es sencillo: a cada diócesis le corresponde un obispo, de forma que al obispo le corresponderá el título de su diócesis. Pero la realidad es más compleja: hay diócesis con más de un obispo y obispos sin diócesis.

No es raro que en una diócesis haya obispos auxiliares y sí es más raro que haya obispos coadjutores (con derecho a sucesión). Todos ellos son titulares de diócesis que no existen en la actualidad, por eso se les denomina obispos titulares.

¿Es más de un cardenal que un obispo? Ser cardenal nada tiene que ver con el sacramento del orden, de forma que la respuesta es negativa. La norma canónica establece que los cardenales han de ser obispos, pero como es el Papa el que nombra cardenales puede nombrar a personas que no son obispos. De hecho se ha nombrado cardenal, para reconocer generalmente una labor teológica, a sacerdotes que no han sido promovidos al episcopado al ser de avanzada edad. Nada impediría al Papa la posibilidad de nombrar cardenales laicos, como ya han existido.

Si todo esto no os ha parecido lioso, hay que señalar que determinados presbíteros tienen tratamiento y pueden emplear, en ciertas circunstancias, las expresiones externas del episcopado sin ser obispos. Además hay presbíteros que, sin estar ordenados obispos, ejercen potestades episcopales de forma permanente o temporal.

Y ahora llegamos a un pequeño lio. Históricamente la elección del Papa la hacían los romanos porque no en vano el Papa es el obispo de Roma. Luego la elección estuvo en manos del clero. El Colegio Cardenalicio representa al clero romano y la provincia eclesiástica y por ello se divide en tres órdenes, como los del sacramento. Hay cardenales-obispos (representando las diócesis de alrededor de Roma conocidas como suburbicarias), cardenales-presbíteros y cardenales-diáconos. La inmensa mayoría, si no todos los cardenales son obispos de modo que las denominaciones de cada uno de los órdenes del Cardenalato es puramente simbólico.

Este esquema, que admite más excepciones y particularidades, se complicaría notablemente si introdujéramos a las iglesias católicas orientales, cosa que obviamente no vamos a hacer.

Read Full Post »

20130228-205348.jpg

Read Full Post »

Hoy se hace efectiva la renuncia al Papado de Benedicto XVI. Se hace historia dentro de la Iglesia Católica y puede que estemos asistiendo al fin de las agonías papales televisadas.

Joseph Ratzinger fue elegido Papa cuando estaba cerca de cumplir los ochenta años que le hubieran impedido entrar en el Cónclave. Era un Papa anciano que en otro tiempo no habría tenido que renunciar porque la muerte se habría encargado de ello.

Es cierto que tener ochenta años no es lo mismo ahora que hace sólo unas décadas, pero las enfermedades asociadas a la senectud tienen ahora, por la extensión de la esperanza de vida, una incidencia desconocida hace medio siglo.

Como la religión, entre otras cosas, es el ámbito de lo irracional, dos comportamientos opuestos (el de Juan Pablo II y el de Benedicto XVI) son aplaudidos. En un ámbito diferente se entiende que Benedicto XVI no haya querido dejar a la Iglesia descabezada por su enfermedad que le mantuviera vivo pero incapaz durante una década. Ya se vivió con Juan Pablo II y sería muy edificante, pero poco efectivo.

Antón Solana publicaba una entrada barajando la posibilidad de que en el Catolicismo se diera una bicefalia al haber dos papas, uno dimisionario y otro recién elegido. Toma como ejemplo a los ex Presidentes españoles y el difícil papel que desempeñan especialmente para con sus partidos.

La diferencia es una cuestión de edad. En España tenemos presidentes relativamente jóvenes y los queremos encerrar en conventos políticos con cincuenta y poco. Aquí se retira un anciano que no quiere agonizar en el cargo y al que solamente le queda morirse.

Read Full Post »

La presa española se ha estado haciendo eco de dos artículos del diario italiano de ‘La Reppublica’. Ambos hablan de un informe secreto, elaborado por tres cardenales ancianos, sobre la situación de la Santa Sede, los grupos más representativos y determinados abusos y comportamientos que hacen sensible a los afectados a ser chantajeados.

Lo que se dice viene a ser más o menos lo esperado, con la novedad de la aparición de un ‘lobby’ homosexual que tendría la virtud de ser transversal a las nacionalidades y las tendencias doctrinales. Vamos, nada que no se hubiera dicho antes. La diferencia entre lo que a nosotros nos ha llegado y el hipotético informe es que en éste habrá nombres, intenciones e intereses.

No creo que sea la causa de la renuncia de Benedicto XVI, ahogado por la situación, sino más bien una consecuencia de la decisión. Da toda la impresión de que lo que ha preparado Benedicto XVI ha sido un informe base para el ‘traspaso de poderes’. En la Iglesia Católica esto normalmente no ha sido posible porque los antecesores acostumbran a estar muertos y se da por tanto la ocasión de encontrarse y estudiar informes.

Normalmente, con la excepción de Pío XII, los papas comienzan a enterarse del estado de las cosas cuando ya están en el cargo y, además, en sus primeros meses tienen que convivir con la ‘administración’ de su antecesor, la cual solamente es desmontada con suma ‘finezza’. Incluso si el Pontífice resulta ser un curial, salvo que sea el Secretario de Estado, tiene una visión particular, la de su discaterio. Si el elegido no es un curial, las dificultades serán mayores. Por tanto un Papa tiene que emplear unos cuantos meses a ponerse al día a la vez que va conformando un equipo con personas que puede que no haya conocido ni sepa que traen o tienen detrás.

Una renuncia pensada bien puede tener estas especificidades y establecer por primera vez una hoja de ruta a un Papa o un plan de transición. Y claro en este plan de transición lo importante, que normalmente es lo más feo, es lo primero que hay que dar a conocer, porque lo esplendoroso ya se conoce por sí mismo.

Read Full Post »

Según ha publicado La Vanguardia el portavoz del Papa ha anunciado la posibilidad de que se modifiquen, interpreten auténticamente y aclaren determinados preceptos del Derecho Electoral que rige el Cónclave para adecuarlo a la presente circunstancia.

Cualquier que haya leído la Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis se habrá dado cuenta de que, aunque lo menciona, solamente tiene en mente la secuencia tradicional de muerte/funerales/cónclave/coronación independientemente de la terminología que emplee. Sus previsiones se mueven dentro de este esquema.

El Cónclave se reunirá por renuncia y no por muerte, de forma que hasta el 28 de febrero, Benedicto XVI sigue siendo el legislador supremo de la Iglesia y puede establecer cambios con una cercanía al Cónclave que elige a su sucesor de la que otros Papas han carecido.

[Nadie se podrá quejar de la cobetura, humilde pero eficaz, de GS con Cónclave]

Read Full Post »

En la última entrada publicada en esta serie apuntábamos algo que considerábamos obvio (que el Cónclave fuera rápido) y quizá fuera conveniente dar una explicación.

El Papado tiene un aspecto de “potestas”, que es plena, inmediata, suprema y demás características que el Derecho Canónico ha ido señalando. Pero junto a ésta hay una “auctoritas” que tiene que ser ganada desde el primer momento.

Está prohibido decir cual ha sido el resultado de las diversas votaciones del Cónclave. Un Papa no consigue la mayoría requerida en la primera votación, ni siquiera la absoluta, de modo que durante unos cuantos días ha tenido a más cardenales en contra que a favor.

El Papado tiene un elemento carismático que se basa en la adhesión incondicional y comprobar empíricamente que no siempre hubo ese apoyo incondicional y que es probable que hubiera otro candidato que se quedara a pocos votos de la elección.

Una elección que se dilata en el tiempo tiene dos efectos: uno que se pasa y otro que no. El primero es que la atención mediática se va perdiendo con cada fumata negra que sale de la Capilla Sixtina (a partir del tercer día ). Pero el efecto que no se pasa es la sensación de profunda división. Por más que sea secreto el escrutinio lo innegable es la dilación.

Read Full Post »

« Newer Posts - Older Posts »