Vana es mi fe

Hoy es Domingo de Resurrección. El pasado día 9, la BBC publicó una encuesta en la que el cerca de la cuarta parte de los que se declaraban cristianos decían no creer en la Resurrección de Jesús.

Me llama la atención que alguien que sostenga que no hubo Resurrección, en ninguna interpretación posible, se denomine cristiano pues como dijo Pablo de Tarso, sin Resurrección vana es la fe (1Cor 15, 14). Como muestra la encuesta la denominación religiosa cada vez tiene que ver con los elementos de fe más básicos; no quiero valorarlo, pero llama poderosamente la atención.

Parece que cada cual elige las características que son propias de los conceptos, de manera que se puede ser cristiano sin creer en la Resurrección y socialista apoyando a Susana Díaz.

Información teológica de servicio público

Hoy es un día festivo. Se celebra la Inmaculada Concepción de la Virgen María, proclamada dogma de fe por el Papa Pío IX en 1854. No hay que confundir la Inmaculada Concepción con otras doctrinas y dogmas mariológicos, especialmente con el dogma de la Virginidad.

El dogma de la Virginidad dice que María fue virgen “prius ac posterius” (antes y después) del nacimiento de Jesús, mientras que el dogma de la Inmaculada Concepción indica que al ser concebida no lo fue sin pecado original, como el resto de los seres humanos.

Tampoco debe confundirse con el dogma de la Asunción, que se celebra el 15 de agosto, que consiste en la afirmación de que María al morir fue llevado a los cielos tanto en alma como en cuerpo.

Como curiosidad hay que indicar que el mayor teólogo del Catolicismo, Tomás de Aquino, rechazó la concepción de María sin pecado original, que en su tiempo era una doctrina discutida, porque supondría cuestionar la universalidad de la Redención, ya que al no tener María pecado original, tampoco necesitaría ser redimida. Bernardo de Claraval, igualmente santo y doctor de la Iglesia, también se opuso a lo que en su época era una doctrina que se estaba extendiendo.

Polvo eres y en polvo te convertirás

cenizas

Por Asier Solana, OP

Entre teología y política

Esta semana, la Iglesia ha publicado un texto que ha causado gran polémica en algunos países, aunque en la mayoría ha pasado desapercibido. Se trata de una instrucción de la Congregación para la Doctrina de la Fe, encargada de velar por la ortodoxia. Es decir, por evitar errores doctrinales. Este texto, por tanto, va dirigido sólo y exclusivamente a católicos. Como cualquier documento normativo de la Iglesia, afecta a sus fieles. Más digo, a la gran mayoría de los católicos este documento ni les va a sonar, puesto que la práctica de la cremación es solo de algunos países occidentales. A esa práctica se ha llegado principalmente por razones económicas.

Veamos qué no dice este documento corto, que tiene solo 8 artículos. Lo primero. Los medios han repetido que se negará la celebración del funeral a quien haya dejado entre sus últimas voluntades la dispersión de sus cenizas. Es una verdad a medias, lo que es igual que una mentira. Es decir, se negará sólo si el fallecido hubiera dispuesto esparcir sus cenizas “en la naturaleza” y “por razones contrarias a la fe cristiana”. Esto ya estaba recogido (sin lo de esparcir) en el Código de Derecho Canónico de 1983, en su artículo 1184. Es decir, que no basta con que el fallecido dispusiera la cremación y esparcimiento de sus cenizas, sino que tenía que haberlo hecho “por razones contrarias a la fe católica”. Como por ejemplo, hacerse uno con la ‘Pachamama’, volver a la Madre Tierra o la voluntad de desaparecer porque después de la muerte no hay nada. En cuyo caso, no sé por qué alguien querría un funeral.

Por otra parte, el texto sí establece varias prohibiciones:

1.Guardar los restos en casa (salvo que el obispo lo autorice)
2.La división de las cenizas
3.La elaboración de ‘recuerdos’ tipo joyas con las cenizas de quien ha fallecido
4.Esparcir las cenizas

Sin embargo, no se impone ninguna pena de ningún tipo a estas prohibiciones, salvo lo explicado respecto al funeral.

Un documento poco oportuno

Una vez más, la Iglesia da respuestas a preguntas que no se hace la gente; y que si se las haces es principalmente en Europa y Estados Unidos. Sí es cierto que se detecta un problema, y es el de la confusión en la fe y se pretende ponerle solución. Por sí mismo, aporta pocas novedades a un tema que ya estaba reglado y que no va a tener más consecuencias prácticas que las que ya tenía el Código de Derecho canónico. Imagino que quien quiera esparcir las cenizas de sus seres queridos lo hará, y quien quiera guardarlas en casa, lo hará.

Cabe preguntarse el motivo de esta publicación. Me suena que es más un síntoma de la lucha ideológica que se está viviendo en el seno de la Iglesia. El Cardenal Müller, una de las cabezas visibles de la oposición al papa, se vio desplazado en la presentación de ‘Amoris Laetitia’, documento que en la práctica cambia la doctrina de la Iglesia respecto a los divorciados vueltos a casar. Por tanto, en teoría competencia de la prefectura de Müller. No dejar pasar este documento habría sido desautorizar una vez más a un cardenal, siendo un texto teológicamente sustentado, y que además no va a tener mayores consecuencias prácticas.

Es también una muestra de la torre de marfil que es El Vaticano y de su eurocentrismo todavía excesivo, tratándose de una Iglesia que debería ser universal (que eso significa católica).

Yo he tratado de revisar qué dice el Nuevo Testamento de los muertos, y me viene lo siguiente, LC 9,59-60:

A otro le dijo: “Sígueme”. Le contestó: “Déjame primero ir a enterrar a mi padre”. Le dijo: “Deja que los muertos entierren a sus muertos”.

Eso, y la historia de la Sepultura de Jesús, que se hizo según el rito judío; lo que pasa que luego desapareció el cuerpo de la tumba.

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(1) Fray Asier Solana es fraile dominico, estudiante de Teología y periodista. Publica en su blog Barra de bar y está encantado de escribir en Geografía Subjetiva.

Cartilla de asistencia a Misa y a clase de Religión

primera-comunion
El otro día escuchaba por la calle a dos apesadumbradas madres comentar que tenían que presentar en la parroquia la “cartilla de misas” y el certificado de que están apuntados sus hijos en clase de Religión (de Catequesis la llamaban) para que sus hijos continuasen en la preparación para la Primera Comunión.

El hartazgo de su tono y la selección de palabras poco animosas para describir lo anteriormente señalado ponían de manifiesto que no estaban de acuerdo con tener que ir a Misa una vez por semana y que sus hijo fueran a Religión para poder hacer la Primera Comunión. Si uno no supiera que nadie está obligado, parecía que estaban padeciendo el rigor de alguna norma administrativo que les hacía realizar trámites absurdos.

la Iglesia puede poner las condiciones que quiera para hacer la Comunión, porque ésta no es un derecho. Estos padres deberían preguntarse si tiene sentido algo que les cansa y harta tanto y la Iglesia podría pensar sobre qué están haciendo tan mal para que tengan que pedir certificados para comprobar comportamientos que tendrían que ser normales entre creyentes.

Como prueba baste la foto superior de la sugerencia de Google al buscar “primera comunión”, basada en las búsqueda de los usuarios: la segunda opción es “primera comunión sin catequesis”.

El jefe de la Ortodoxia

El Papa se reúne con el Patriarca de Moscú, máximo jerarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa. Dos papas se han encontrados con patriarcas ecuménicos de Constantinopla que son el centro de la comunión (koinonía) ortodoxa, pero que tiene únicamente bajo su jurisdicción a un pequeño número de fieles.

Las diferentes iglesias ortodoxas participan de una misma doctrina, pero la disciplina eclesiástica está dividida en estructuras generalmente nacionales, de modo que es el Patriarca de Moscú quien tiene el mayor número de fieles bajo su jurisdicción (aproximadamente tres cuartos de los ortodoxos). Podemos decir que es el Patriarcado de Moscú y no el de Constantinopla donde reside el liderazgo ortodoxo.

Frente a la relativa apertura ecuménica de Constantinopla, el Patriarcado de Moscú siempre ha marcado la línea más alejada de los acercamientos romanos, por verlo como una maniobra de absorción, como un peligro de desvanecimiento de su identidad nacional en lo religioso y porque consideran que Roma se ha modernizado en exceso frente a un planteamiento más conservador (sobre todo el lo litúrgico) de los ortodoxos.

No es una cumbre católico-ortodoxa la que se va a producir en La Habana de acuerdo con la prelación aprobada en los primeros concilios ecuménicos, pero sí es una cumbre de quienes realmente mandan en la mayor parte de la Ortodoxia y quien dirige el Catolicismo.

¿Qué cabe esperar de la reunión? La agenda no ha trascendido y puede que de conocerse no sea demasiado jugosa, pero el hecho de que la Iglesia Católica y la Ortodoxa Rusa se reúnan directamente y de que se puedan abrir cauces regulares de diálogos es una noticia en sí misma. No hay que olvidar que el Ecumenismo en la actualidad incide más en lo que los sindicalistas denominan “unidad de acción” que en la reintegración de la unidad.

¿Puede el Papa quebrantar una norma litúrgica?

Comencemos con una distinción: hay normas litúrgicas que reflejan el depositum fidei y otras que no. La cuestión que nos planteamos es si el Papa Francisco al realizar el lavatorio de pies a personas que no estaban entre las previstas por las rúbricas, quebrantó el precepto.

Esta norma no forma parte del depositum fidei y por tanto es disponible. El Papa no está sujeto a ningún prelación normativa ni procedimiento para cambiar una norma, de modo que el Papa como máximo legislador de la Iglesia Católica, y más aún en el rito latino, no puede caer en contradicción con la norma porque un acto en contra es en ñí mismo una modificación.

Es por ello por lo que se reforma la norma, no porque el Papa la haya quebrantado, sino para que el resto de los sacerdotes y obispos puedan ampliar las personas consideradas idóneas.

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Sobre la historia de esta ceremonia es interesante consultar el comentario que acompaña al decreto

España y el depósito de la fe

Depositum fidei es la denominación latina que se refiere al conjunto de creencias que la Iglesia Católica tiene por recibidas de Dios y de las que la Iglesia Católica se considera guardiana.

Cada vez que en España hay una fuerte tensión independentista en alguna de las regiones con mayores fuerzas nacionalistas, éstas se reflejan en la Iglesia Católica. Es tradicional que un sector de la jerarquía intente conseguir pronunciamientos de todo el episcopado contra las opciones nacionalistas o secesionistas. Algunas veces las consiguen, otras no, pero no suelen contar con el apoyo de los obispos afectados.

Formar parte de un Estado o dejar de hacer para formar un nuevo Estado o integrarse en otro es una cuestión política, una cuestión moral pero me cuesta encontrar algún elemento que diferencie al creyente del no creyente en esta materia.

Insinuar que un buen católico no puede ser independentistas e incluso organizar actos de culto es considerar la existencia de España, tal y como la conocemos, forma parte del Depositum fidei y que tiene que ser defendida como cualquiera de las creencias fundamentales del Catolicismo.

Francamente es ridículo, porque si así fuera toda la Iglesia debería defender la unidad de España, desde las diócesis japonesas a las parroquias del México rural. Esta postura no es más que una expresión de un conservadurismo que eleva a creencia católica lo que no es más que una convicción política opinable desde la perspectiva de una moral cristiana.