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Archive for the ‘Religión’ Category

Ángel Munárriz: Iglesia S.A. Dinero y poder de la multinacional vaticana en España. Akal. Madrid, 2019

Ángel Munárriz es periodista de InfoLibre y cubre la información sobre la Iglesia Católica en este medio digital. Este libro puede ser visto como una recopilación, que en ocasiones llega a ser síntesis, de su trabajo periodístico.

Dividiría el libro en dos partes. La primera es la que trabaja sobre informaciones, hechos y datos que resulta interesante y a partir de ahí reflexiona sobre la cuestión del dinero dentro de la Iglesia Católica española.

La segunda es puramente panfletaria y se centra en introducciones históricas y presentaciones teológicas que tienen una profundidad muy escasa. Para calificar la teología de Ratzinger de alguna manera hay que haberla leído, al menos las obras más relevantes, y conocer el papel del ahora Papa emérito en el Vaticano II. Si las personas que saben un poco de política distinguen entre un conservador, un liberal o un ultraderechista, en la Iglesia hay distinciones que no son meramente nominales, porque tienen consecuencias prácticas importantes.

Hay un problema de definición del concepto (sociológico) de Iglesia. ¿Qué es la Iglesia a efectos del libro? Da la impresión de que el autor se encuentra sobrepasado en ocasiones, y es para estarlo, porque la multiplicidad de formas jurídicas o sociales que adoptan la Iglesia en cada momento es realmente abrumadora.

Pero metodológicamente es una cuestión trascendental definir el objeto de estudio. Tiene claro que son las diócesis y la Conferencia Episcopal (como periodista le da una desmedida importancia a la Conferencia), sabe que hay un universo de fundaciones, organizaciones no gubernamentales, asociaciones y hermandades que llegan a casi cualquier esquina. Atisba, y ello es una de las mayores elipsis, el sector de las congregaciones y órdenes religiosas, pero no termina por ubicarlas bien, ni siquiera cuando trata la cuestión educativa en la que la Iglesia son las órdenes y congregaciones y no las diócesis o la Conferencia Episcopal.

Cuando se refiere a la pertenencia al Opus Dei, el autor ve muy bien la existencia de pertenencias líquidas (“puede ser del Opus, sin ser del Opus”), pero no la convierte en una guía para el conjunto del libro. La pertenencias líquidas y el aire de familia wittgensteiniano son fundamentales a la hora de definir a la Iglesia española.

Parte de un presupuesto erróneo a la hora de estudiar la Iglesia española, que es la idea de que siendo la Iglesia una institución jerarquizada, todo acontece de arriba hacia abajo y hay órganos centrales de mando. Efectivamente la Iglesia se define como jerárquica, pero es una jerarquía que se usa cuando es necesaria, en momento clave, no es una continua dirección en cada aspecto.

En la materia económica la descentralización económica no es una excusa, es real, y si bien viene heredada de otras formas de organización política y social, ahora es un modo de reducir el riesgo. Si alguien tuviera el control sobre el dinero de todas las instituciones religiosas en España, un error podría ser una ruina absoluta. Ahora los errores se pagan por diócesis y no se propagan.

La idea de que la Conferencia Episcopal controla a toda la Iglesia española es errónea y se conecta con el poco manejo de las congregaciones y órdenes religiosas por parte del autor, ya que éstas tienen una jerarquía propia y una autonomía, cuando no independencia, especialmente en lo económico, bastante lejos del control de los obispos.

La idea de identificar a la Iglesia española como una filial de un Estado teocrático, el Vaticano, es una burda caricatura, justificable para estar en la portada, pero poco más. De hecho el autor habla de la oposición de determinados obispos al Papa Francisco, algo que sería imposible si el Vaticano tuviese esa capacidad de control absoluta que insinúa en otros puntos.

El hecho de que no haya centralización no quiere decir que en la Iglesia española no haya concertación en determinadas acciones y de hecho la Conferencia Episcopal es el instrumento para esa concertación, como otras conferencias y organizaciones menos llamativas pero igualmente efectivas.

Antes de entrar en lo que considero acierto, me llama la atención que el autor ponga a Alemania como modelo de separación de Iglesia y Estado en materia económica. En Alemania continúan vigentes los artículos de la Constitución de Weimar que establece a las iglesias como corporaciones de Derecho Público y le confiere, entre otros muchos, el derecho a contratar funcionarios o a la existencia de escuelas públicas confesionales. Es cierto que pueden cobrar un recargo a la renta y no financiarse de la recaudación del IRPF, pero ello es solamente una parte de un sistema mucho de relaciones mucho más estrechas que el español.

El autor está muy acertado cuando dice que la Iglesia no busca ganar dinero, que no es una sociedad anónima (¿entonces qué sentido tiene el título?) y que su interés por el dinero es para mantenerse y que mantenerse es tremendamente caro, de forma que necesitan mucho dinero y patrimonio. Frente a todos los demás individuos e instituciones sociales, la Iglesia juega con ventaja, dado que la tradición política española le ha reportado una serie de privilegios normativos y económicos que no tiene ningún otro actor social.

El autor muestra implícitamente un presupuesto obvio al tratar las diferencias entre la Iglesia con otros actores: en la Iglesia nunca se dividen los bienes, por ello un pequeño incremento patrimonial en un año se convierte en inmenso al cabo de cincuenta.

Lo más recomendables del libro, lamentablemente disperso, es el análisis de la argumentación eclesiástica que el autor llama “comodines”. El primer es el “comodín de Cáritas” o de las obras sociales, que justifica todo comportamiento económico y financiero de la Iglesia y sirve para confundir a la ciudadanía sobre el destino del principal modo de financiación directa que es la casilla del IRPF.

Señala el autor que la Iglesia presume y se ampara en unas obras sociales que están financiadas por el Estado y no por la Iglesia. En Geografía Subjetiva hace años publicamos los datos de lo que organizaciones católicas habían recibido de la casilla de “otros fines sociales”.

El segundo podemos llamarlo el “comodín de la oveja negra” de forma que todo comportamiento reprobable siempre es individual y nunca sistémico. El tercero lo llama el autor el “comodín de la tradición” que se emplea para rebajar la importancia de los privilegios o para justificarlos como algo que pertenece a nuestra forma de ser y por tanto no tiene sentido cuestionarlos. El autor se refiere al “comodín de la descentralización” pero de ese asunto ya hemos hablado.

Acierta Munárriz al ver que la estrategia negociadora de la Iglesia se funda en siempre pedir más, nunca estar contenta y jugar continuamente el papel de víctima. Señala como numerosos medios de comunicación propios y afines apoyan sus posturas negociadoras y se utilizan todos los medios de la comunicación postmoderna para fortalecer su posición negociadora.

El autor explica muy bien la evolución del conjunto de acuerdos y leyes que han permitido a la Iglesia tener una serie de privilegios que le garantizan una situación económico-financiera sin igual. La explicación de casos, aunque puntuales y ya publicados en los medios de comunicación, ilustran desde su fragmentariedad la situación general.

Se trata en detalle la cuestión de las inmatriculaciones: antecedentes, procedimiento y uso. Se echa de menos que se explique el procedimiento ordinario de inmatriculación de bienes y las garantías de este procedimiento para mostrar precisamente lo grande que es el privilegio y lo nocivo que es. Y esto es una constante: supone una comunidad de presupuestos y criterios con sus lectores que le impide llegar a los fundamentos.

Munárriz, como buen andaluz, conoce bien la importancia de la Semana Santa y hace una descripción muy buena, lo cual contrasta mucho con la idea de que la Iglesia pueda controlar a las hermandades para transmitir un mensaje ortodoxo o reaccionario. La Iglesia utiliza a las hermandades para que los siete días de Semana Santa tenga un significado religioso, aunque ligero y algo folklórico, en vez de convertirse en una mera excusa para irse una semana a la playa si hace bueno.

Más intenso es todo en los colegios. La Iglesia quiere evangelizar y otros vemos que es una forma de adoctrinar. La cuestión no es lo quiera hacer la Iglesia, sino quién lo paga y qué coste social tiene. En ello Munárriz está muy acertado.

Hay centros educativos religiosos donde el adoctrinamiento es más intenso, pero hace mucho tiempo que la Iglesia renuncia a hacer una “evangelización profunda” en sus centros religiosos. Se conforman con una pátina para que el Catolicismo sociológico, muchas veces más intransigente que el militante, continúe.

En conclusión: Munárriz hace un buen trabajo al que le sobran muchas consideraciones, bien por conocidas, bien por el tono. En este caso lo nuclear hubiera convertido a este libro en esencial, porque tiene madera para ello. Nunca hay que olvidar que no es una obra académica.

Queda por escribir, y esto trasciende las pretensiones de este libro, una buena comprensión del confesionalismo religioso, es decir, la relación de la Iglesia con el Estado en la que no importa que los individuos sean creyentes, sino que lo sean las instituciones y que la sociedad esté mediatizada.

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Gerhard Müller no solamente es un discípulo teológico directo de Joseph Ratzinger, sino que es quizá el primero de ellos y no en vano fue encargado por el anterior Papa de ser editor de sus obras completas. Al renunciar a las sandalias del pescador, Benedicto XVI dejó a su pupilo predilecto al frente de la Teología católica, como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Müller no era entonces cardenal, pero el nuevo Papa siguió con la tradición de elevar al cardenalato a los jefes de los dicasterios y Müller recibió su “capello”.

Terminado su mandato no ha sido renovado, algo verdaderamente extraño. Müller es ratzingeriano, pero tiene importantes matices: tiene una fuerte conciencia socio-política y ha procurado la rehabilitación de una parte esencial de la Teología de la Liberación.

La separación entre Francisco y Müller viene la posibilidad de que los divorciados vueltos a casar puedan acceder a la Eucaristía. Hagamos un poco de historia. Especialmente en Alemania (donde la gente suele cumplir con las normas) el problema de los divorciados que rehacían su vida, que eran católicos practicantes, y quedaban excluidos de los sacramentos era una cuestión candente. Ratzinger, antes de ser Papa, con el apoyo de Juan Pablo II reiteró cualquier opción moral o pastoral que flexibilizara la postura vigente e incluso se cerró a contemplar algunas posibilidades doctrinales procedentes del Oriente cristiano. El tema fue cerrado autoritariamente y, por tanto, en falso.

Tras las dos sesiones del Sínodo de los Obispos dedicadas a la familia, el Papa Francisco publicó las conclusiones en la exhortación Amoris Laetitia. En un párrafo de interpretación cercana a la imposibilidad se abría la posibilidad a que estos divorciados pudieran ser recibidos a los sacramentos. Müller antes del Sínodo había opinado contra esta posibilidad que entonces no era la sostenida crípticamente por el Papa.

Los sectores más conservadores se levantaron (los más conservadores son muy papistas si el Papa es conservador). El cardenal tradicionalista Burke inició una revuelta de prelados que ha conseguido a tres cardenales más y han planteado una serie de dudas (dubia) que piden que sean respondidas por el Papa con un “sí” o con un “no”, al modo de las tradicionales consultas a los dicasterios romanos.

La formulación de las dudas son verdaderos sofismas porque cualquier respuesta es desastrosa. Consideran que si el Papa no contesta estará abdicando de su ministerio petrino en su función de enseñar. Han comenzado a transitar el camino de la “Sede Vacante” según la cual el Papado estaría vacante por renuncia implícita del Papa y/o herejía, que todo les vale. El último comunicado de estos cuatro cardenales dice que ellos no están entre los que mantienen que la Santa Sede está vacante, lo cual es como cuando alguien dice “yo no soy racista, pero”.

Tradicionalmente la Congregación Del Santo Oficio, predecesora de Doctrina de la Fe, no tenía un prefecto propio, sino un pro-prefecto, ya que se consideraba que era el Papa el jefe lógico de este dicasterio. Esto fue así hasta 1968 cuando el cardenal croata Franjo Seper fue nombrado prefecto por Pablo VI en sustitución del mítico cardenal Ottaviani. En el imaginario vaticano se espera que el Prefecto sea el alter ego del Papa y Müller no lo ha sido.

Cuando las tensiones teológicas se intensifican y parece que algunos se quieren hacer un “Papa Honorio”, no es lo más aconsejable tener al frente de tu ejército a un general que sabes si fiarte no es de lo más conveniente, de modo que el Papa no ha renovado a Müller al finalizar su mandato y ha nombrado al segundo de la Congregación, al jesuita Luis Francisco Ladaria.

Ladaria es un teólogo bueno y conservador, sin ser tradicionalista. Pero sobre todo es jesuita. Los jesuitas están lejos de aquello de idem dicamus, idem sapiamus omnes que manda el capítulo III de sus Constituciones. Seguramente entre Francisco y Ladaria hay muchas diferencias, pero hay un modo de proceder idéntico, de forma que el Papa tendrá la retaguardia bien guardada por alguien de indudable fidelidad y capacidad.

Al ser elegido Francisco dijimos que habría una gran cuestión que podría transformar la Iglesia: la eliminación del celibato obligatorio. El terremoto de la Amoris Laetitia no será nada el día que se toque el celibato obligatorio, aún cuando todo saben que es disciplinar y no doctrinal y para ello hace falta estar preparado. Sería aconsejable que el Papa retirara la dignidad cardenalicia a los cuatro de los dubia y a algunos que la han recibido en razón de un cargo que ya no ejercen. De lo contrario en el próximo Cónclave podríamos ver organizado un verdadero partido reaccionario.

La no renovación de Müller hace que el Pontificado de Francisco sea ya plenamente autónomo del de Benedicto XVI.

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Vana es mi fe

Hoy es Domingo de Resurrección. El pasado día 9, la BBC publicó una encuesta en la que el cerca de la cuarta parte de los que se declaraban cristianos decían no creer en la Resurrección de Jesús.

Me llama la atención que alguien que sostenga que no hubo Resurrección, en ninguna interpretación posible, se denomine cristiano pues como dijo Pablo de Tarso, sin Resurrección vana es la fe (1Cor 15, 14). Como muestra la encuesta la denominación religiosa cada vez tiene que ver con los elementos de fe más básicos; no quiero valorarlo, pero llama poderosamente la atención.

Parece que cada cual elige las características que son propias de los conceptos, de manera que se puede ser cristiano sin creer en la Resurrección y socialista apoyando a Susana Díaz.

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Hoy es un día festivo. Se celebra la Inmaculada Concepción de la Virgen María, proclamada dogma de fe por el Papa Pío IX en 1854. No hay que confundir la Inmaculada Concepción con otras doctrinas y dogmas mariológicos, especialmente con el dogma de la Virginidad.

El dogma de la Virginidad dice que María fue virgen “prius ac posterius” (antes y después) del nacimiento de Jesús, mientras que el dogma de la Inmaculada Concepción indica que al ser concebida no lo fue sin pecado original, como el resto de los seres humanos.

Tampoco debe confundirse con el dogma de la Asunción, que se celebra el 15 de agosto, que consiste en la afirmación de que María al morir fue llevado a los cielos tanto en alma como en cuerpo.

Como curiosidad hay que indicar que el mayor teólogo del Catolicismo, Tomás de Aquino, rechazó la concepción de María sin pecado original, que en su tiempo era una doctrina discutida, porque supondría cuestionar la universalidad de la Redención, ya que al no tener María pecado original, tampoco necesitaría ser redimida. Bernardo de Claraval, igualmente santo y doctor de la Iglesia, también se opuso a lo que en su época era una doctrina que se estaba extendiendo.

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cenizas

Por Asier Solana, OP

Entre teología y política

Esta semana, la Iglesia ha publicado un texto que ha causado gran polémica en algunos países, aunque en la mayoría ha pasado desapercibido. Se trata de una instrucción de la Congregación para la Doctrina de la Fe, encargada de velar por la ortodoxia. Es decir, por evitar errores doctrinales. Este texto, por tanto, va dirigido sólo y exclusivamente a católicos. Como cualquier documento normativo de la Iglesia, afecta a sus fieles. Más digo, a la gran mayoría de los católicos este documento ni les va a sonar, puesto que la práctica de la cremación es solo de algunos países occidentales. A esa práctica se ha llegado principalmente por razones económicas.

Veamos qué no dice este documento corto, que tiene solo 8 artículos. Lo primero. Los medios han repetido que se negará la celebración del funeral a quien haya dejado entre sus últimas voluntades la dispersión de sus cenizas. Es una verdad a medias, lo que es igual que una mentira. Es decir, se negará sólo si el fallecido hubiera dispuesto esparcir sus cenizas “en la naturaleza” y “por razones contrarias a la fe cristiana”. Esto ya estaba recogido (sin lo de esparcir) en el Código de Derecho Canónico de 1983, en su artículo 1184. Es decir, que no basta con que el fallecido dispusiera la cremación y esparcimiento de sus cenizas, sino que tenía que haberlo hecho “por razones contrarias a la fe católica”. Como por ejemplo, hacerse uno con la ‘Pachamama’, volver a la Madre Tierra o la voluntad de desaparecer porque después de la muerte no hay nada. En cuyo caso, no sé por qué alguien querría un funeral.

Por otra parte, el texto sí establece varias prohibiciones:

1.Guardar los restos en casa (salvo que el obispo lo autorice)
2.La división de las cenizas
3.La elaboración de ‘recuerdos’ tipo joyas con las cenizas de quien ha fallecido
4.Esparcir las cenizas

Sin embargo, no se impone ninguna pena de ningún tipo a estas prohibiciones, salvo lo explicado respecto al funeral.

Un documento poco oportuno

Una vez más, la Iglesia da respuestas a preguntas que no se hace la gente; y que si se las haces es principalmente en Europa y Estados Unidos. Sí es cierto que se detecta un problema, y es el de la confusión en la fe y se pretende ponerle solución. Por sí mismo, aporta pocas novedades a un tema que ya estaba reglado y que no va a tener más consecuencias prácticas que las que ya tenía el Código de Derecho canónico. Imagino que quien quiera esparcir las cenizas de sus seres queridos lo hará, y quien quiera guardarlas en casa, lo hará.

Cabe preguntarse el motivo de esta publicación. Me suena que es más un síntoma de la lucha ideológica que se está viviendo en el seno de la Iglesia. El Cardenal Müller, una de las cabezas visibles de la oposición al papa, se vio desplazado en la presentación de ‘Amoris Laetitia’, documento que en la práctica cambia la doctrina de la Iglesia respecto a los divorciados vueltos a casar. Por tanto, en teoría competencia de la prefectura de Müller. No dejar pasar este documento habría sido desautorizar una vez más a un cardenal, siendo un texto teológicamente sustentado, y que además no va a tener mayores consecuencias prácticas.

Es también una muestra de la torre de marfil que es El Vaticano y de su eurocentrismo todavía excesivo, tratándose de una Iglesia que debería ser universal (que eso significa católica).

Yo he tratado de revisar qué dice el Nuevo Testamento de los muertos, y me viene lo siguiente, LC 9,59-60:

A otro le dijo: “Sígueme”. Le contestó: “Déjame primero ir a enterrar a mi padre”. Le dijo: “Deja que los muertos entierren a sus muertos”.

Eso, y la historia de la Sepultura de Jesús, que se hizo según el rito judío; lo que pasa que luego desapareció el cuerpo de la tumba.

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(1) Fray Asier Solana es fraile dominico, estudiante de Teología y periodista. Publica en su blog Barra de bar y está encantado de escribir en Geografía Subjetiva.

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primera-comunion
El otro día escuchaba por la calle a dos apesadumbradas madres comentar que tenían que presentar en la parroquia la “cartilla de misas” y el certificado de que están apuntados sus hijos en clase de Religión (de Catequesis la llamaban) para que sus hijos continuasen en la preparación para la Primera Comunión.

El hartazgo de su tono y la selección de palabras poco animosas para describir lo anteriormente señalado ponían de manifiesto que no estaban de acuerdo con tener que ir a Misa una vez por semana y que sus hijo fueran a Religión para poder hacer la Primera Comunión. Si uno no supiera que nadie está obligado, parecía que estaban padeciendo el rigor de alguna norma administrativo que les hacía realizar trámites absurdos.

la Iglesia puede poner las condiciones que quiera para hacer la Comunión, porque ésta no es un derecho. Estos padres deberían preguntarse si tiene sentido algo que les cansa y harta tanto y la Iglesia podría pensar sobre qué están haciendo tan mal para que tengan que pedir certificados para comprobar comportamientos que tendrían que ser normales entre creyentes.

Como prueba baste la foto superior de la sugerencia de Google al buscar “primera comunión”, basada en las búsqueda de los usuarios: la segunda opción es “primera comunión sin catequesis”.

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El Papa se reúne con el Patriarca de Moscú, máximo jerarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa. Dos papas se han encontrados con patriarcas ecuménicos de Constantinopla que son el centro de la comunión (koinonía) ortodoxa, pero que tiene únicamente bajo su jurisdicción a un pequeño número de fieles.

Las diferentes iglesias ortodoxas participan de una misma doctrina, pero la disciplina eclesiástica está dividida en estructuras generalmente nacionales, de modo que es el Patriarca de Moscú quien tiene el mayor número de fieles bajo su jurisdicción (aproximadamente tres cuartos de los ortodoxos). Podemos decir que es el Patriarcado de Moscú y no el de Constantinopla donde reside el liderazgo ortodoxo.

Frente a la relativa apertura ecuménica de Constantinopla, el Patriarcado de Moscú siempre ha marcado la línea más alejada de los acercamientos romanos, por verlo como una maniobra de absorción, como un peligro de desvanecimiento de su identidad nacional en lo religioso y porque consideran que Roma se ha modernizado en exceso frente a un planteamiento más conservador (sobre todo el lo litúrgico) de los ortodoxos.

No es una cumbre católico-ortodoxa la que se va a producir en La Habana de acuerdo con la prelación aprobada en los primeros concilios ecuménicos, pero sí es una cumbre de quienes realmente mandan en la mayor parte de la Ortodoxia y quien dirige el Catolicismo.

¿Qué cabe esperar de la reunión? La agenda no ha trascendido y puede que de conocerse no sea demasiado jugosa, pero el hecho de que la Iglesia Católica y la Ortodoxa Rusa se reúnan directamente y de que se puedan abrir cauces regulares de diálogos es una noticia en sí misma. No hay que olvidar que el Ecumenismo en la actualidad incide más en lo que los sindicalistas denominan “unidad de acción” que en la reintegración de la unidad.

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España y el depósito de la fe

Depositum fidei es la denominación latina que se refiere al conjunto de creencias que la Iglesia Católica tiene por recibidas de Dios y de las que la Iglesia Católica se considera guardiana.

Cada vez que en España hay una fuerte tensión independentista en alguna de las regiones con mayores fuerzas nacionalistas, éstas se reflejan en la Iglesia Católica. Es tradicional que un sector de la jerarquía intente conseguir pronunciamientos de todo el episcopado contra las opciones nacionalistas o secesionistas. Algunas veces las consiguen, otras no, pero no suelen contar con el apoyo de los obispos afectados.

Formar parte de un Estado o dejar de hacer para formar un nuevo Estado o integrarse en otro es una cuestión política, una cuestión moral pero me cuesta encontrar algún elemento que diferencie al creyente del no creyente en esta materia.

Insinuar que un buen católico no puede ser independentistas e incluso organizar actos de culto es considerar la existencia de España, tal y como la conocemos, forma parte del Depositum fidei y que tiene que ser defendida como cualquiera de las creencias fundamentales del Catolicismo.

Francamente es ridículo, porque si así fuera toda la Iglesia debería defender la unidad de España, desde las diócesis japonesas a las parroquias del México rural. Esta postura no es más que una expresión de un conservadurismo que eleva a creencia católica lo que no es más que una convicción política opinable desde la perspectiva de una moral cristiana.

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Las webs y blogs tradicionalistas católicos (duros de verdad y no esos blandengues del Opus) están preocupados desde hace años con el Sínodo de Obispos y más concretamente con que el Sínodo apruebe un documento y el Papa lo ratifique, que es condición necesaria para su validez, en el que se establezca un procedimiento regular de acceso de los divorciados vueltos a casar a los sacramentos, especial a la Eucaristía. Hay hasta un libro escrito por varios cardenales posicionándose abiertamente en contra de la “positio” del Cardenal Kaspers que fue respaldada por el Papa públicamente.

Este tema es importante y no lo es. Lo es porque muchos consideran que afectaría a la indisolubilidad del matrimonio, piedra angular de la fe al parecer, de modo que Cristo fue crucificado solamente para afirmar la indisolubilidad del matrimonio. La “familiaritis” del pontificado de Juan Pablo II en un momento crítico.

Y no es importante porque, como legitimó con sus palabras Benedicto XVI, en muchos sitios se han buscado soluciones personales, “ad hoc” y en el fondo porque a los únicos fieles que les preocupa este tema es a los muy convencidos y por tanto merecedores de una solución personal. A la mayoría, salvo a los alemanes, les da igual.

Es una batalla anticipada a la realmente importante. Cuando comenzó el pontificado del Papa Francisco afirmamos que la única medida realmente revolucionaria (además de limpiar las cuentas vaticanas) que el nuevo Papa podía realizar era la de ordenar como presbíteros a hombres casados.

La concepción transmitida de que el Papa es todopoderoso hace pensar a muchos que realmente es así. Y el Papa como cualquier dirigente debe ver qué puede hacer, con qué fuerzas y apoyos cuenta y encontrar el modo de realizarlo. El Papa Francisco está utilizando la cuestión de los divorciados vueltos a casar como campo de pruebas para definir una estrategia el día que intente que un Sínodo apruebe la ordenación como presbíteros de hombres casados. No hay que olvidar que normalmente el reglamento sinodal pide dos tercios de votos a favor para incluir algo en la “relatio” definitiva.

En el proceso actual se está comprobando quiénes y cómo se opondrían, los medios que utilizarían y su verdadera capacidad opositora. También se ha comprobado la forma en la que se eligen verdaderamente los padres sinodales y su forma de comportarse una vez en el aula.

Si durante el Papado de Francisco vemos la aprobación de la ordenación como presbíteros de hombres casados, será consecuencia de un trabajo realizado con esa “finezza” que solamente se da en el Vaticano. Todo ello hay que unirlo a una serie de cuestiones prácticas insoslayables a las que nos referimos en otra ocasión.

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Observación: en todo momento nos hemos referido a la ordenación presbiteral de hombres casados y no al matrimonio de hombres ordenados, que no está sobre la mesa. Actualmente es posible la ordenación diaconal de hombres casados y la ordenación episcopal prefieren no mencionarla.

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En 2014 la Catedral de Sevilla ingresó 9.080.505,26€ principalmente por venta de entradas en la visita cultural. De ese dinero transfirió 2.919.577,61€ a la Archidiócesis, gastó 2.265.255,99€ en la conservación del edificio, pagó en nóminas al personal seglar por 1.644.583,68€ y al personal clerical y religioso por 480.008,50€.

Cáritas de Sevilla ingresó por donativos particulares la cantidad de 4.007.556,12€. Las parroquias ingresaron por colectas 8.401.975,49€ y por estipendios  2.037.801,29€. El Seminario tiene un presupuesto de 470.598,16€ y entre otras fuentes de recursos de encuentra una testamentaría (70.454,96€) y las aportaciones de las Hermandades de la archidiócesis (75.950,00€).

Estos datos aquí publicados no se deben a un filtración o indiscreción, sino a un documento oficial de la Archidiócesis (Informe económico de 2014) que se encuentra alojado en su web.

Sí, es un pdf y no una presentación interactiva, pero hay que valorar muy positivamente este esfuerzo de transparencia en sus cuentas por parte del Catolicismo sevillano.

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