Y Francisco tira el lastre


Gerhard Müller no solamente es un discípulo teológico directo de Joseph Ratzinger, sino que es quizá el primero de ellos y no en vano fue encargado por el anterior Papa de ser editor de sus obras completas. Al renunciar a las sandalias del pescador, Benedicto XVI dejó a su pupilo predilecto al frente de la Teología católica, como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Müller no era entonces cardenal, pero el nuevo Papa siguió con la tradición de elevar al cardenalato a los jefes de los dicasterios y Müller recibió su “capello”.

Terminado su mandato no ha sido renovado, algo verdaderamente extraño. Müller es ratzingeriano, pero tiene importantes matices: tiene una fuerte conciencia socio-política y ha procurado la rehabilitación de una parte esencial de la Teología de la Liberación.

La separación entre Francisco y Müller viene la posibilidad de que los divorciados vueltos a casar puedan acceder a la Eucaristía. Hagamos un poco de historia. Especialmente en Alemania (donde la gente suele cumplir con las normas) el problema de los divorciados que rehacían su vida, que eran católicos practicantes, y quedaban excluidos de los sacramentos era una cuestión candente. Ratzinger, antes de ser Papa, con el apoyo de Juan Pablo II reiteró cualquier opción moral o pastoral que flexibilizara la postura vigente e incluso se cerró a contemplar algunas posibilidades doctrinales procedentes del Oriente cristiano. El tema fue cerrado autoritariamente y, por tanto, en falso.

Tras las dos sesiones del Sínodo de los Obispos dedicadas a la familia, el Papa Francisco publicó las conclusiones en la exhortación Amoris Laetitia. En un párrafo de interpretación cercana a la imposibilidad se abría la posibilidad a que estos divorciados pudieran ser recibidos a los sacramentos. Müller antes del Sínodo había opinado contra esta posibilidad que entonces no era la sostenida crípticamente por el Papa.

Los sectores más conservadores se levantaron (los más conservadores son muy papistas si el Papa es conservador). El cardenal tradicionalista Burke inició una revuelta de prelados que ha conseguido a tres cardenales más y han planteado una serie de dudas (dubia) que piden que sean respondidas por el Papa con un “sí” o con un “no”, al modo de las tradicionales consultas a los dicasterios romanos.

La formulación de las dudas son verdaderos sofismas porque cualquier respuesta es desastrosa. Consideran que si el Papa no contesta estará abdicando de su ministerio petrino en su función de enseñar. Han comenzado a transitar el camino de la “Sede Vacante” según la cual el Papado estaría vacante por renuncia implícita del Papa y/o herejía, que todo les vale. El último comunicado de estos cuatro cardenales dice que ellos no están entre los que mantienen que la Santa Sede está vacante, lo cual es como cuando alguien dice “yo no soy racista, pero”.

Tradicionalmente la Congregación Del Santo Oficio, predecesora de Doctrina de la Fe, no tenía un prefecto propio, sino un pro-prefecto, ya que se consideraba que era el Papa el jefe lógico de este dicasterio. Esto fue así hasta 1968 cuando el cardenal croata Franjo Seper fue nombrado prefecto por Pablo VI en sustitución del mítico cardenal Ottaviani. En el imaginario vaticano se espera que el Prefecto sea el alter ego del Papa y Müller no lo ha sido.

Cuando las tensiones teológicas se intensifican y parece que algunos se quieren hacer un “Papa Honorio”, no es lo más aconsejable tener al frente de tu ejército a un general que sabes si fiarte no es de lo más conveniente, de modo que el Papa no ha renovado a Müller al finalizar su mandato y ha nombrado al segundo de la Congregación, al jesuita Luis Francisco Ladaria.

Ladaria es un teólogo bueno y conservador, sin ser tradicionalista. Pero sobre todo es jesuita. Los jesuitas están lejos de aquello de idem dicamus, idem sapiamus omnes que manda el capítulo III de sus Constituciones. Seguramente entre Francisco y Ladaria hay muchas diferencias, pero hay un modo de proceder idéntico, de forma que el Papa tendrá la retaguardia bien guardada por alguien de indudable fidelidad y capacidad.

Al ser elegido Francisco dijimos que habría una gran cuestión que podría transformar la Iglesia: la eliminación del celibato obligatorio. El terremoto de la Amoris Laetitia no será nada el día que se toque el celibato obligatorio, aún cuando todo saben que es disciplinar y no doctrinal y para ello hace falta estar preparado. Sería aconsejable que el Papa retirara la dignidad cardenalicia a los cuatro de los dubia y a algunos que la han recibido en razón de un cargo que ya no ejercen. De lo contrario en el próximo Cónclave podríamos ver organizado un verdadero partido reaccionario.

La no renovación de Müller hace que el Pontificado de Francisco sea ya plenamente autónomo del de Benedicto XVI.

Vana es mi fe

Hoy es Domingo de Resurrección. El pasado día 9, la BBC publicó una encuesta en la que el cerca de la cuarta parte de los que se declaraban cristianos decían no creer en la Resurrección de Jesús.

Me llama la atención que alguien que sostenga que no hubo Resurrección, en ninguna interpretación posible, se denomine cristiano pues como dijo Pablo de Tarso, sin Resurrección vana es la fe (1Cor 15, 14). Como muestra la encuesta la denominación religiosa cada vez tiene que ver con los elementos de fe más básicos; no quiero valorarlo, pero llama poderosamente la atención.

Parece que cada cual elige las características que son propias de los conceptos, de manera que se puede ser cristiano sin creer en la Resurrección y socialista apoyando a Susana Díaz.

Información teológica de servicio público

Hoy es un día festivo. Se celebra la Inmaculada Concepción de la Virgen María, proclamada dogma de fe por el Papa Pío IX en 1854. No hay que confundir la Inmaculada Concepción con otras doctrinas y dogmas mariológicos, especialmente con el dogma de la Virginidad.

El dogma de la Virginidad dice que María fue virgen “prius ac posterius” (antes y después) del nacimiento de Jesús, mientras que el dogma de la Inmaculada Concepción indica que al ser concebida no lo fue sin pecado original, como el resto de los seres humanos.

Tampoco debe confundirse con el dogma de la Asunción, que se celebra el 15 de agosto, que consiste en la afirmación de que María al morir fue llevado a los cielos tanto en alma como en cuerpo.

Como curiosidad hay que indicar que el mayor teólogo del Catolicismo, Tomás de Aquino, rechazó la concepción de María sin pecado original, que en su tiempo era una doctrina discutida, porque supondría cuestionar la universalidad de la Redención, ya que al no tener María pecado original, tampoco necesitaría ser redimida. Bernardo de Claraval, igualmente santo y doctor de la Iglesia, también se opuso a lo que en su época era una doctrina que se estaba extendiendo.

Polvo eres y en polvo te convertirás

cenizas

Por Asier Solana, OP

Entre teología y política

Esta semana, la Iglesia ha publicado un texto que ha causado gran polémica en algunos países, aunque en la mayoría ha pasado desapercibido. Se trata de una instrucción de la Congregación para la Doctrina de la Fe, encargada de velar por la ortodoxia. Es decir, por evitar errores doctrinales. Este texto, por tanto, va dirigido sólo y exclusivamente a católicos. Como cualquier documento normativo de la Iglesia, afecta a sus fieles. Más digo, a la gran mayoría de los católicos este documento ni les va a sonar, puesto que la práctica de la cremación es solo de algunos países occidentales. A esa práctica se ha llegado principalmente por razones económicas.

Veamos qué no dice este documento corto, que tiene solo 8 artículos. Lo primero. Los medios han repetido que se negará la celebración del funeral a quien haya dejado entre sus últimas voluntades la dispersión de sus cenizas. Es una verdad a medias, lo que es igual que una mentira. Es decir, se negará sólo si el fallecido hubiera dispuesto esparcir sus cenizas “en la naturaleza” y “por razones contrarias a la fe cristiana”. Esto ya estaba recogido (sin lo de esparcir) en el Código de Derecho Canónico de 1983, en su artículo 1184. Es decir, que no basta con que el fallecido dispusiera la cremación y esparcimiento de sus cenizas, sino que tenía que haberlo hecho “por razones contrarias a la fe católica”. Como por ejemplo, hacerse uno con la ‘Pachamama’, volver a la Madre Tierra o la voluntad de desaparecer porque después de la muerte no hay nada. En cuyo caso, no sé por qué alguien querría un funeral.

Por otra parte, el texto sí establece varias prohibiciones:

1.Guardar los restos en casa (salvo que el obispo lo autorice)
2.La división de las cenizas
3.La elaboración de ‘recuerdos’ tipo joyas con las cenizas de quien ha fallecido
4.Esparcir las cenizas

Sin embargo, no se impone ninguna pena de ningún tipo a estas prohibiciones, salvo lo explicado respecto al funeral.

Un documento poco oportuno

Una vez más, la Iglesia da respuestas a preguntas que no se hace la gente; y que si se las haces es principalmente en Europa y Estados Unidos. Sí es cierto que se detecta un problema, y es el de la confusión en la fe y se pretende ponerle solución. Por sí mismo, aporta pocas novedades a un tema que ya estaba reglado y que no va a tener más consecuencias prácticas que las que ya tenía el Código de Derecho canónico. Imagino que quien quiera esparcir las cenizas de sus seres queridos lo hará, y quien quiera guardarlas en casa, lo hará.

Cabe preguntarse el motivo de esta publicación. Me suena que es más un síntoma de la lucha ideológica que se está viviendo en el seno de la Iglesia. El Cardenal Müller, una de las cabezas visibles de la oposición al papa, se vio desplazado en la presentación de ‘Amoris Laetitia’, documento que en la práctica cambia la doctrina de la Iglesia respecto a los divorciados vueltos a casar. Por tanto, en teoría competencia de la prefectura de Müller. No dejar pasar este documento habría sido desautorizar una vez más a un cardenal, siendo un texto teológicamente sustentado, y que además no va a tener mayores consecuencias prácticas.

Es también una muestra de la torre de marfil que es El Vaticano y de su eurocentrismo todavía excesivo, tratándose de una Iglesia que debería ser universal (que eso significa católica).

Yo he tratado de revisar qué dice el Nuevo Testamento de los muertos, y me viene lo siguiente, LC 9,59-60:

A otro le dijo: “Sígueme”. Le contestó: “Déjame primero ir a enterrar a mi padre”. Le dijo: “Deja que los muertos entierren a sus muertos”.

Eso, y la historia de la Sepultura de Jesús, que se hizo según el rito judío; lo que pasa que luego desapareció el cuerpo de la tumba.

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(1) Fray Asier Solana es fraile dominico, estudiante de Teología y periodista. Publica en su blog Barra de bar y está encantado de escribir en Geografía Subjetiva.

Cartilla de asistencia a Misa y a clase de Religión

primera-comunion
El otro día escuchaba por la calle a dos apesadumbradas madres comentar que tenían que presentar en la parroquia la “cartilla de misas” y el certificado de que están apuntados sus hijos en clase de Religión (de Catequesis la llamaban) para que sus hijos continuasen en la preparación para la Primera Comunión.

El hartazgo de su tono y la selección de palabras poco animosas para describir lo anteriormente señalado ponían de manifiesto que no estaban de acuerdo con tener que ir a Misa una vez por semana y que sus hijo fueran a Religión para poder hacer la Primera Comunión. Si uno no supiera que nadie está obligado, parecía que estaban padeciendo el rigor de alguna norma administrativo que les hacía realizar trámites absurdos.

la Iglesia puede poner las condiciones que quiera para hacer la Comunión, porque ésta no es un derecho. Estos padres deberían preguntarse si tiene sentido algo que les cansa y harta tanto y la Iglesia podría pensar sobre qué están haciendo tan mal para que tengan que pedir certificados para comprobar comportamientos que tendrían que ser normales entre creyentes.

Como prueba baste la foto superior de la sugerencia de Google al buscar “primera comunión”, basada en las búsqueda de los usuarios: la segunda opción es “primera comunión sin catequesis”.

El jefe de la Ortodoxia

El Papa se reúne con el Patriarca de Moscú, máximo jerarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa. Dos papas se han encontrados con patriarcas ecuménicos de Constantinopla que son el centro de la comunión (koinonía) ortodoxa, pero que tiene únicamente bajo su jurisdicción a un pequeño número de fieles.

Las diferentes iglesias ortodoxas participan de una misma doctrina, pero la disciplina eclesiástica está dividida en estructuras generalmente nacionales, de modo que es el Patriarca de Moscú quien tiene el mayor número de fieles bajo su jurisdicción (aproximadamente tres cuartos de los ortodoxos). Podemos decir que es el Patriarcado de Moscú y no el de Constantinopla donde reside el liderazgo ortodoxo.

Frente a la relativa apertura ecuménica de Constantinopla, el Patriarcado de Moscú siempre ha marcado la línea más alejada de los acercamientos romanos, por verlo como una maniobra de absorción, como un peligro de desvanecimiento de su identidad nacional en lo religioso y porque consideran que Roma se ha modernizado en exceso frente a un planteamiento más conservador (sobre todo el lo litúrgico) de los ortodoxos.

No es una cumbre católico-ortodoxa la que se va a producir en La Habana de acuerdo con la prelación aprobada en los primeros concilios ecuménicos, pero sí es una cumbre de quienes realmente mandan en la mayor parte de la Ortodoxia y quien dirige el Catolicismo.

¿Qué cabe esperar de la reunión? La agenda no ha trascendido y puede que de conocerse no sea demasiado jugosa, pero el hecho de que la Iglesia Católica y la Ortodoxa Rusa se reúnan directamente y de que se puedan abrir cauces regulares de diálogos es una noticia en sí misma. No hay que olvidar que el Ecumenismo en la actualidad incide más en lo que los sindicalistas denominan “unidad de acción” que en la reintegración de la unidad.

¿Puede el Papa quebrantar una norma litúrgica?

Comencemos con una distinción: hay normas litúrgicas que reflejan el depositum fidei y otras que no. La cuestión que nos planteamos es si el Papa Francisco al realizar el lavatorio de pies a personas que no estaban entre las previstas por las rúbricas, quebrantó el precepto.

Esta norma no forma parte del depositum fidei y por tanto es disponible. El Papa no está sujeto a ningún prelación normativa ni procedimiento para cambiar una norma, de modo que el Papa como máximo legislador de la Iglesia Católica, y más aún en el rito latino, no puede caer en contradicción con la norma porque un acto en contra es en ñí mismo una modificación.

Es por ello por lo que se reforma la norma, no porque el Papa la haya quebrantado, sino para que el resto de los sacerdotes y obispos puedan ampliar las personas consideradas idóneas.

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Sobre la historia de esta ceremonia es interesante consultar el comentario que acompaña al decreto