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Archive for the ‘ONU’ Category

El otro día en mi TL de Twitter podía leer la conversación de algunos de los que por allí aparecen en torno a la cantidad de bulos que surgen a diario y que por tienen al rumor como fuente, sino a datos presupuestarios manipulados o incluso las estadísticas de Eurostat.

Vivimos unos tiempos que duran demasiado de demagogia barata y de utilizar cualquier cosa para atacar, sea verdad, mentira, malinterpretación o pura ignorancia.

La cuenta de Twitter (@EsppeonzAguirre) que parodia a la presidenta del PP de Madrid cayó el pasado domingo en la trampa. Acusó al gobierno de abstenerse, junto a Suiza, en una votación en las Naciones Unidas sobre una resolución de condena del Nazismo, del neonazismo o de otras lacras similares.
EsPPeonza

La prueba era la reproducción gráfica de la plantilla de la votación. Efectivamente España se había abstenido, Suiza también, pero igualmente todos los países de la Unión Europea. Una cosa es que a un gobierno se le puede haber ido la cabeza o que el representante en la votación no estuviera muy fino, pero que eso hubiera sucedido con todos los países de “nuestro entorno” parecía sumamente difícil. Ucrania, Canadá y Estados Unidos habían votado en contra.

Sin tardar demasiado llego a la nota de prensa de la oficina correspondiente de las Naciones Unidas que sintetiza la intervención de la explicación de voto del representante de los Estados Unidos. Dice que el país promotor de esta resolución, Rusia, cuando habla de Nazismo se está refiriendo a Ucrania y la descripción que hace es para poder describir a Ucrania como un país neonazi.

Luego entro en los tweets de @EsppeonzAguire y veo que justa antes del tweet en cuestión hay otro enlazando una información de “Russia Today” (rt.com), que es un conocido servicio de propaganda de Vladimir Putin y muchas gente lo cita sin ningún filtro.

Parece que los estadounidenses tienen razón y que la resolución pretende condenar a Ucrania y “nazificarla” sin nombrarla. Esto se confirma cuando se lee la primera versión de la resolución, que es la que presentaron los rusos antes engordarla para encontrar apoyos en la Tercera Comisión de la Asamblea General.

Y así es como se pone de manifiesto lo que es un burdo y ridículo ataque al Gobierno de España, el cual no goza de mis simpatías, pero al que no hay que criticar cuando parece que ha obrado correctamente, aunque siempre habrá un nostálgico comunista que se sienta prorruso a pesar de todo.

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Para España Palestina es algo raro de tipificar, pues es una especie de autonomía que formalmente no depende de nadie, que tiene muchas facultades que normalmente le atribuimos a un Estado, pero a la que no se le reconoce la estatalidad.

La votación en el Parlamento del Reino Unido, la decisión del gobierno sueco y la próxima votación en la Asamblea Nacional de Francia han dado aires nuevos en nuestro país y dentro de la Unión Europea a este reconocimiento.

España reconoció al Estado de Israel en los términos dimanantes de los actos de las Naciones Unidas que crearon establecieron un plan de dos Estados. España, si reconoce a Palestina como Estado, no hará otra cosa que ser coherente con el reconocimiento que ya se hizo de Israel.

El gobierno israelí indica que este reconocimiento no tiene ninguna utilidad. La verdad es que me cuesta seguir el argumentario israelí, pero sí resulta más claras las consecuencias del reconocimiento, ya que, por ejemplo, las operaciones militares sobre Cisjordania y Gaza ya no será jurídicamente para España operaciones sobre un territorio ocupado militarmente durante un largo periodo de tiempo, sino que serán operaciones en un Estado extranjero y que eventualmente podrían calificarse como agresión; resultarían jurídicamente difícil de justificar los puestos militares en el interior o las barreras, así como el establecimiento e incluso el mantenimiento de las colonias.

Si no tuviera ninguna utilidad el reconocimiento, a Israel le daría igual que el resto de la comunidad internacional reconociera o no a Palestina y a su ANP como un Estado.

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El mayor objetivo diplomático del Presidente Rajoy se ha cumplido: España será miembro del Consejo de Seguridad durante los próximo dos años. A principio de los noventa y a principio del siglo XXI también habíamos estado en el Consejo. Ésta será la quinta presencia.

¿Es mejor ser miembro del Consejo de Seguridad que no serlo? Desde luego, porque al Consejo de Seguridad llegan los asuntos más sustanciales de las relaciones internacionales y especialmente los más conflictivos. Los países que lo conforman están en el centro de la vida internacional aunque, naturalmente, en un segundo plano, después de los miembros permanentes que sí que tienen relevancia “per se”.

No es signo de nada en especial, salvo que el Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación, en medio de un empeñecimiento sistemático y unos recortes salvajes de nuestro servicio exterior ha destinado buena parte de los reducidos recursos disponibles en proporcionarle al Presidente un punto para ser utilizado en política interna.

La operación para entrar en el Consejo de Seguridad me ha recordado a tantas operaciones promocionales de ciudades españolas concentradas en ser “Capital Europea de la Cultura” como lanzamiento de la localidad a rivalizar en el mundo con lo más granado de los centros urbanos del orbe.

En vez de trabajar año a año en los transportes, en la infraestructura y en la oferta educativa y cultural, en los servicios a los ciudadanos, se crean costosísimos organismos para conseguir la declaración y se construyen teatros, auditorios y museos para los que se prepara una carísima programación a golpe de presupuesto que, terminado el proceso sin conseguir la declaración o terminado el periodo, no se sabe muy bien qué hacer con ellos. Ser “Capital Europea de la Cultura” debería ser el colofón a décadas de trabajo bien hecho, no el inicio artificial y con caducidad de un cambio de un modelo de ciudad.

La operación para entrar en el Consejo de Seguridad ha sido similar. La proyección exterior de España es cada vez menor. No tenemos una política exterior coherente y hemos convertido a nuestro Ministerio de Exteriores, en demasiadas ocasiones, en una especie de oficina de intereses de algunas empresas patrias y solamente en eso.

No gastamos nada en el servicio exterior, cerramos embajadas y consulados, reducimos el número de diplomáticos pero queremos ocultarlo todo con un asiento en el Consejo de Seguridad. Esas permanencias son beneficiosas para un país cuando hay una política precedente y subsecuente, no cuando el potencial es escaso y la continuidad en el primer plano internacional es equivalente a las posibilidades de clasificación para la Champions de mi Betis.

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El empleo de unidades aéreas suele ser decisivo para que unas fuerzas regulares puedan aplastar a unas fuerzas insurgentes. Por muy bien armados que estén los insurgentes y por muchos recursos humanos que tengan, el acceso a unidades aéreas les suele ser casi imposible y son éstas las que marcan la diferencia. La destrucción de la capacidad aérea del régimen de Gadafi, además de las deserciones con aparatos incluidos, junto con la aplicación de las fuerzas aéreas de la OTAN como soporte de las operaciones insurgentes, han hecho que el régimen se hunda.

Estados Unidos y los que somos sus habituales aliados hemos aprendido que intervenir en determinados países directamente es problemático, de forma que lo que se hizo en Afganistán y ahora en Libia ha sido darle una ventaja decisiva a las fuerzas insurgentes. En definitiva una forma muy efectiva y con poco costes en bajas de hacer la guerra.

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Nuevamente algunos medios y muchas personas entonan un severo ‘mea culpa’ por la crisis alimentaria en Somalia y culpan a Occidente en general y a las Naciones Unidas de no hacer nada. Algo que no deja de ser una simplificación que traspasa los límites de la verdad.

En 1992 hubo otra crisis alimentaria en Somalia, que se acababa de descomponer como estado. Los Estados Unidos acababan de terminar con la Primera Guerra del Golfo y la opinión pública internacional les echó en cara su poca presteza en socorrer a los somalíes, pues estos no tenían petróleo como los kuwaitíes.

Algo debió removerse en algunas conciencias y se formó una coalición internacional para la primera gran ‘intervención humanitaria’. Naturalmente esa coalición internacional era el ejército norteamericano con algún colorido más. Al principio la cosa fue bien y se pudo comenzar a desplegar todo el dispositivo para entregar la ayuda a la población.

Los jefes locales, los señores de la guerra y los caudillos de cada terruño decidieron que eso de alimentar a la gente sin que ellos recibieran nada a cambio no estaba bien y decidieron considerar que las tropas estadounidenses eran sus enemigas con los argumentos absurdos que sirvieron para que las legiones de civiles hambrientos le apoyaran. Comenzaron los combates en los que causaron bajas entre las fuerzas de las Naciones Unidas y a los gobiernos de esos países se les puso muy complicado explicar que morían sus jóvenes para dar comer a unos que les disparaban.

Vuelve el hambre a Somalia, que sigue tan rota como hace veinte años. Los piratas fueron un invento económico de emergencia, pero parece que ya tampoco dan para mucho. Caciques, jefecillos, señores de la guerra y todo tipo de integrismo religioso quiere sacar tajada de la miseria del país. Que sí, que los occidentales somos unos seres malísimos, pero conviene recordar que hay poblaciones, quizá demasiado acostumbradas a prosternarse, que prefieren a sus opresores que a quienes puedan ayudarles, como ya sucedió hace casi dos décadas.

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Genaro Estrada
La “Doctrina Estrada” recibe el nombre del Secretario de Relaciones Exteriores de México, formulada en 1930, que decía que un estado (en su caso México) no debía entrar a considerar el reconocimiento o no de los gobiernos de otros estados, decidiendo sólo si mantener la representación diplomática o no con el gobierno “de facto” de un estado, más allá de que su legalidad fuese más que cuestionable.

Sin duda ha sido una doctrina útil para las relaciones internacionales en la América Latina del siglo XX, donde los golpes de estado han sido la forma habitual de cambiar los gobiernos.

Esta doctrina se ha justificado “a posteriori” sobre los principios de no injerencia en los asuntos internos y el de libre determinación. La verdad es que me parecen más justificaciones políticamente correctas de algo mucho más prosaico. Un estado se relaciona con el gobierno de otro estado, y con el gobierno efectivo si quiere que las relaciones sean efectivas, por lo que se reconoce al que manda, independientemente de cómo se haya llegado al mando.

Hace mucho tiempo de la “Doctrina Estrada” y los golpistas hondureños están viendo como en la escena internacional nadie les hace caso, ni por acción ni por omisión. Por el contrario como desde todos lados se cuestiona la legitimidad y la legalidad de su toma del poder, como los embajadores son llamados a consultas y cómo se forman dos bloques de rechazo.

De hecho el gobierno golpista ha decidido mantener a sus embajadores ante la ONU y la OEA, sin duda, para evitar el espectáculo de ver cómo estas organizaciones (y los Estados que las conforman) les dan con la puerta en las narices a los nuevos embajadores.

El primer es el encabezado por Chávez y los países del ALBA. Chávez incita a una rebelión que parece no producirse y dice que las palabras no bastan. El segundo es el liderado por los Estados Unidos y la Unión Europea que quiere reponer también a Zelaya y puede que esté moviendo hilos más efectivos que los de Chávez.

Puede que la vuelta de Zelaya desde Estados Unidos, tras participar en la ONU y en la OEA, tiene algo de plazo para los golpistas. No sé lo que sucederá, pero no sería descartable que Zelaya volviese acompañado por altos o altísimos funcionarios de la Administración Obama. Es fundamental que los Estados Unidos lideren la reposición de Zelaya.

Por ahora ningún gobierno ha aplicado la “Doctrina Estrada”. Nadie reconoce al gobernante “de facto” porque, en el fondo, todos saben que ese gobierno de hecho no va a durar demasiado y porque ninguno de los Presidentes latinoamericanos quiere darle legitimidad a un gobierno sostenido por el ejército, dando ideas a sus ociosos militares.

[Nota curiosa para que veáis lo maleable que es todo en las relaciones internacionales. La “Doctrina Estrada” fue aplicada por México para mantener abierta la Embajada de la República Española ante México durante varias décadas tras el final de la Guerra Civil]

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