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Archive for the ‘UCD’ Category

Adolfo Suárez no es el primer Presidente elegido de acuerdo con la Constitución de 1978, ni uno de sus impulsores, ni alguien que ha tenido un papel preeminente en la gestación de la España tal y como la conocemos. Adolfo Suárez es un mito y solamente un mito.

Solamente así puede explicarse que una mayoría de españoles le quisieran ahora como Presidente. Solamente así se explica que nunca se hable de la otra cara de Adolfo Suárez. El mito se ha edificado sobre el Suárez-Constituyente, obviando, silenciando y negando al Suárez-Presidente.

Y es que en la Transición no solamente importaba la Constitución. Importaban muchas cosas, al menos a los ciudadanos: la gestión económica, el desempleo, el gastos público, la insubordinación militar y la inseguridad ciudadana eran asuntos que estaban descontrolados. Los famosos “Pactos de La Moncloa” habían garantizados “paz social” pero no habían hecho bueno lo malo.

Los líderes regionales de la UCD orquestaron el fin de Adolfo Suárez porque consideraban que era un Presidente más que agotado y que les quitaba toda posibilidad de hacer frente a los socialistas en las siguientes elecciones. Suárez se agarró al sillón y solamente la posibilidad de que parte de su grupo parlamentario apoyara una segunda moción de censura de los socialistas consiguió que dimitiera. Y sí, los socialistas presentaron una moción de censura contra este mito.

Basta abrir las hemerotecas que los periódicos tienen en la red. Puede cogerse de varios medios de diferentes tendencias políticas. Y se comprobará cómo era la España real y qué opinión se tenía de su Presidente.

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“No podemos seguir así” es una de las frases que más se están repitiendo estos días desde determinado sector de la prensa para acelerar el calendario de negociaciones con vistas a llegar a una investidura exitosa. Quieren acortar todos los plazos, para hacer más difícil cualquier negociación, con vistas a propiciar una nueva convocatoria electoral que entienden que beneficiaría al Partido Popular en detrimento de Ciudadanos.

Lo mejor para contextualizar la actual espera es mirar atrás y contabilizar los días transcurridos entre el día de las Elecciones y la publicación del nombramiento en el BOE, que marca el inicio de la Presidencia.

TiempoEnFunciones
Mariano Rajoy ha sido el Presidente que ha tardado menos tiempo entre la jornada electoral y el juramento de su cargo: treinta días. Recuerdo que se dieron cierto prisa, y eso que tenían mayoría absoluta, porque querían tener resuelta la investidura y el nombramiento de los ministros antes de las fiestas navideñas.

Los dos periodos mayores entre los comicios y la publicación del nombramiento del Presidente se dieron en los dos mandatos de José María Aznar. Tardó sesenta y tres días en verse en el BOE en la primera ocasión y eso que las negociaciones no fueron nada del otro mundo; pero lo sorprendente fueron los cuarenta y seis días que mediaron entre su primer y segundo mandato cuando ni había cambiado de signo político en el Gobierno y además habían conseguido mayoría absoluta en las Cortes.

Podemos decir que lo “normal” va de los treinta y dos y a los treinta y cinco días. En 1989 González tardó algo más debido a los recursos planteados en algunas circunscripciones y que llevaron hasta a la repetición de las elecciones en Melilla; hubo dieciocho escaños pendientes de asignar cuando se votó la investidura.

Hoy, 31 de enero, han transcurrido cuarenta y dos días desde el 20-D. La gran marca de Aznar aún está a cierta distancia. ¿Se superará?

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1979

La historia mitológica de la Transición nos cuenta que tras las elecciones municipales de 1979, el primer proceso electoral después de la entrada en vigor de la Constitución, los acuerdos entre las fuerzas de la izquierda cambiaron un mapa municipal en las principales capitales en el que dominaba la UCD, partido de la derecha heredera de los sectores moderados del Franquismo.

Hubo un pacto entre las fuerzas de la izquierda, aunque ese pacto dependió tanto de la aritmética electoral como de las peculiaridades de cada lugar.

Si tomamos la cincuenta capitales de provincia, las dos ciudades norteafricanas y las ocho ciudades que no son capital pero que están entre las más pobladas tenemos una interesante muestra de sesenta casos.

El pacto se materializó en diecisiete casos (las mayorías absolutas eran anecdóticas), aunque pasó a la historia porque afectó a las principales ciudades del país como eran y son Madrid, Valencia y Sevilla.

PactosLocales1979

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Ministros constitucionales de Sanidad

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Una de los comentarios que se escucharon a propósito del resultado de las Elecciones Europeas era la imposibilidad que iba a tener el PSOE para gobernar si el PSC no se recuperaba electoral y socialmente en medio de un proceso soberanista que le ha cogido en medio de ningún sitio.

Hace tiempo pensé en este tópico y si era así. El Departamento de Simulaciones Electorales de geografiasubjetiva.com se puso mano a la obra.

Lo fácil es restar los diputados catalanes de todas las formaciones y dar el resultado como definitivo. Pero no es un buen proceder, porque si Catalunya fuera independiente los 350 diputados deberían repartirse entre cuarenta y seis provincias y un número nada despreciable de escaños (cerca de los cuarenta) entrarían a engrosar los de algunas provincias y por tanto los resultados cambiarían en las provincias. Además tenemos la ventaja de mantener magnitudes que todos conocemos y es posible hacer una comparación directa con los resultados reales.

Hemos restringido la simulación a la legislatura constituyente y a las elecciones que han supuesto un cambio de inquilino en La Moncloa.

Comencemos:

R1977

En 1977 tanto la representación socialista como la comunista se hubieran visto disminuidas, más la del PCE, en beneficio directo de la UCD que hubiera obtenido mayoría absoluta. Alianza Popular hubiera crecido de una forma espectacular comenzándose a ver algo que heredará el Partido Popular: una escasísima implantación en Catalunya que permite a la izquierda sacar una ventaja a veces insalvable.

R1982

1982 fue el año de la grandiosa victoria electoral del PSOE, salvo para “Cuéntame”. Si los catalanes no hubieran votado, los socialistas hubieran conseguido prácticamente la misma mayoría y los demás hubieran tenido resultados muy similares.

R1996

1996 fue el año de José María Aznar y del único Presidente que se ha presentado teniendo la posibilidad de perder las elecciones. Si Catalunya hubiera sido independiente los resultados hubieran sido muy similares en todos los partidos menos en el PP, que se hubiera acercado mucho a la mayoría absoluta y la diferencia con el PSOE hubiera sido más neta que lo que realmente fue. Vemos que un voto sin Catalunya homogeneiza los resultados de los populares y les hace rendir más en escaños.

R2004

Rodríguez Zapatero hubiera ganado en 2004, pero solamente con dos escaños de ventaja sobre Mariano Rajoy, porque nuevamente hubiera sacado réditos de la homogeneización de sus resultados. El PSOE hubiera ganado y hubiera podido gobernar, pero con un margen muy ajustado.

R2011

Y llegamos a la presente legislatura. En 2011 el Partido Popular hubiera conseguido una mayoría digna de Felipe González si Catalunya no tuviera representación en el Congreso de los Diputados.

Mínima conclusión

¿Puede gobernar el PSOE en el caso de una Catalunya independiente? Sí, aunque el margen de su ventaja electoral se reduce muchísimo y las victorias del PP serán con una ventaja mucho mayor que las actuales ya que su principal agujero negro electoral, Catalunya, habría desaparecido.

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Ha muerto Adolfo Suárez. Una muerte prevista, incluso avisada, que va a permitir que todos los medios saquen sus especiales necrológicos en el instante. Suárez ha muerto hoy pero el silencio se lo llevó hace mucho tiempo. Ese silencio se lo llevo con dos décadas de antelación, pero lo preservó para la Historia, para el mito, por cínico que pueda resultar decirlo hoy y ahora.

Desde que Suárez se retiró de la vida pública, justo después de la pérdida irreparable de representación territorial del CDS, se comenzó a construir un mito. Un mito que como todos los que toca la política es un mito legitimador y a la vez un mito deslegitimador.

Legitimador de lo que se considera que es la principal obra de Suárez: el actual sistema político y sobre todo del proceso de engendramiento de este sistema. El mito nos dice que la Transición fue una edad de oro de la política española y que en medio de maldades, Suárez supo capitanear, bajo la sabia presencia del Rey, a un grupo excelente de líderes políticos que supieron dejarlo todo a un lado por el “bien común”.

La Historia fue diferente. Hubo generosidad política de todos y a veces a pesar de todos, pero también abundaron decisiones vergonzosas. Hubo sacrificios políticos y personales, pero pocos por parte de los miembros del régimen y muchos por los todavía desmemoriados.

La Historia de la Transición fue convulsa y la vida cotidiana en aquellos años dependía de la suerte de cada cual, pero no fue una fiesta y por algo Suárez tuvo que dimitir y comenzar de nuevo con un puñado de fieles. Por algo la UCD desapareció.

Nací en 1974 y para mí todo ese periodo es el de mi infancia y los primeros años de colegio. Sí recuerdo la dimisión televisada de Suárez, el intento de golpe, pero nada más. Para mí y para las generaciones posteriores a la mía es Historia, pero están intentando que sea mito impoluto.

Suárez, como lo pinta magistralmente Cercas, fue el icono de todo un régimen (que sumaba muchos millones de españoles) que querían modernidad atemperada, que quería bienestar pero sin riesgos y que quería seguridad en todos los aspectos de la vida. Todo ello frente a otra parte de la sociedad que quería cambios más profundos. Ganaron los primeros porque, con la perspectiva de los años, ya podemos afirmar que sí hubo ganadores y perdedores en la Transición.

La obra de Suárez fue enorme, porque contener a los trogloditas del régimen bien podría haber sido uno de los trabajos de Hércules (o ser convalidado por tres de ellos). La derecha española encontró en Suárez su principal dificultad para que nada realmente cambiase, para que el régimen se perpetuase en una alguna forma grotesca, para que muchos se siguieran callando cuatro décadas más.

Nadie como él, conocedor de los resortes del poder tardofranquista, así como de los pocos que daban la importancia que tenía a la televisión (fue director de RTVE seis años) para generar imaginarios, para frenar a todo tipo de fauna jurásica que habitaba y habita el Ejército, la Iglesia y la Administración. Sabía donde tocarles, generalmente en los privilegios que no se modificaron, para contentarles en lo inconfesable para contenerlos en lo público.

Suárez supo manejarse con esos márgenes, avanzando y conservando hasta que una sociedad y la economía lo vieron como un lastre. El mito soslaya un hecho evidente: perdió cinco millones seiscientos mil de votos en tres años, el 90% de los votos recibidos por él en 1979.

Pero todo ello se obviará como incómodo e incluso como insultante en el momento de su muerte. Los que hicieron caer a Suárez (todos salvo Gutiérrez Mellado y él) no fueron marionetas de un “fatum” malévolo; lo hicieron también en conciencia, unos por considerar que solamente la derecha podía salvarse sin Suárez y otros porque deseaban poder llevar a cabo su programa de izquierda: todas posiciones legítimas.

Descartar los méritos no debe ser excusa para barnizar unos años importantísimos y realizar un cierre canónico que imposibilite el acercamiento crítico y científico a ese periodo. Conceder no es ceder.

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En el debate posterior de “Operación Palace” intervino el ex ministro de Defensa Eduardo Serra. Es la segunda vez que yo recuerde que participa en el programa de Évole y siempre con el mismo discurso que ahora me apetece comentar.

Contó una obviedad y mintió en un dato. Nos descubrió que buena parte de la política de recortes y la reforma del célebre artículo 135 de la Constitución se debió a las presiones de quienes compran la deuda para garantizar el pago de lo prestado, porque debíamos en ese momento, dijo Serra, tres veces más de lo que producido en un año.

Supongo al decir “lo que producido en un año” se refería al Producto Interior Bruto (PIB). El año que se produjo la reforma constitucional (2011) la deuda representaba el 68,5% del PIB y cerramos 2013, máximo histórico, con un 94% del PIB. Luego Eduardo Sierra mentía.

Eduardo Serra critica que los políticos busquen los votos de los ciudadanos prometiéndoles cosas que les benefician, como subidas de pensiones. En su penetrante crítica macroeconómica sobre la situación financiera del país todo iba sobre la cuantía de las pensiones o de las becas, nada sobre los agujeros negros fiscales que él contribuyó a crear en el Ministerio de Defensa. Eduardo Serra no hace otra cosa que utilizar un argumento antidemocrático clásico presente ya en Platón: la conversión de la democracia en gobierno de las masas que solamente buscan la satisfacción de sus intereses.

Lo que sucede es que la realidad desmiente a Eduardo Serra. Mal han tenido que jugar las masas españolas sus bazas porque hay pensiones, muchas, ridículas, de mierda, que no posibilitan la mera subsistencia. Pésimamente han actuado las masas si se ven las ayudas a las familias y el desmantelamiento de lo poco logrado en dependencia, por sólo poner dos ejemplos.

Eduardo Serra le tiene un poco de repeluco a eso de votar y ser votado. Ha ocupado altos cargos en el Ministerio de Industrial y en el de Defensa con UCD, PSOE y PP, llegando a encabezar Defensa cuando fuerzas ocultas lo impusieron en 1996 a Aznar que lo tuvo que mantener en su puesto durante toda la primera legislatura. Vamos, alguien que ha conseguido gobernarnos sin que nunca le hubiéramos elegido y con capacidad para permanecer independientemente del resultado electoral sin necesidad de ocupar su puesto de funcionario.

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El otro día Ignacio Escolar describía posibles escenarios políticos después de la aparición de la ‘Contabilidad B’ del Partido Popular. Él apostaba, como hacemos muchos, porque Mariano Rajoy intentará aguantar hasta 2015 parapetado en la mayoría absoluta que los españoles le dieron el 11 de noviembre de 2011.

Mariano Rajoy ha demostrado que es incombustible y que las críticas y que el sitio político no le afecta lo más mínimo: ha aprendido que aguantando en la política española se llega a todas partes.

A esto se une que nuestros partidos políticos no tienen un método muy claro para echar a sus líderes si no se quieren ir o en un tormentoso congreso después de años de sectores críticos.

He leído interesantes entradas sobre cuáles son las circunstancias en las que Rajoy puede caer y creo que todo se resume a algo más sencillo: Rajoy solamente caerá si es previsible que el PP se dé una monumental castaña electoral (tipo UCD en 1982) y sus líderes regionales y locales intenten un ‘lo que sea’ para evitar el colapso y/o la fragmentación.

Podemos traer a colación dos procedentes: la dimisión de Adolfo Suárez y la caída de Hernández Mancha para ver que en ambas hay un actor que en el caso de Rajoy parece que todavía no se ha pronunciado.

En la caída de Adolfo Suárez, no es ningún secreto, que tuvo mucho que ver la desafección que a principio de los ochentas le tenía la persona que en 1976 le había hecho Presidente: el Rey. El último apoyo desapareció en medio de la sublevación general de los líderes y de los diputados de la UCD. Piénsese que en la UCD existía la sensación de que ellos o la revolución comunista y que, por tanto, como la Democracia Cristiana italiana, no se podían permitir perder el poder.

A finales de los ochenta y con la derecha política electoralmente atascada, Fraga se marchó y colocó en la Presidencia de AP (el PP actual) a Antonio Hernández Mancha. El experimento no funcionó y quien lo nombró decidió quitarlo rápido y modificar lo que había sido su primera elección. Hernández Mancha cayó y fue precipitado por el hacedor de su partido.

La derecha española busca de tener hombres fuertes en la sombra: la UCD tenía el suyo y el PP ha tenido otro hasta su fallecimiento. Ahora el hombre fuerte del PP es José María Aznar, un verdadero mito entre los populares, que sigue teniendo los resortes íntimos del partido y que nombró a Mario Rajoy. Mientras Aznar no haga ni diga nada, Rajoy puede estar tranquilo de que podrá llegar tranquilamente a 2015, pero como el Presidente Honorario vea el desastre, entonces Rajoy dimitirá con una celeridad que nunca antes ha conocido antes de verse humillado públicamente por los suyos.

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El domingo 25 de marzo los andaluces acudirán a las urnas para renovar el Parlamento de Andalucía. Será la novena legislatura autonómica y éste es el cuadro sinóptico de la composición del Parlamento tras los ocho comicios anteriores.

En esta ocasión el número de parlamentarios que se eligen en seis provincias es el mismo que hace cuatro años (por el equilibrio territorial) y solamente una provincia suma un diputado (Málaga) y otra lo pierde (Jaén).

Los andaluces acuden por tercera ver a sus colegios electorales en menos de un año. En las pasadas elecciones municipales y en las elecciones generales estos fueron por resultados en cada provincia, donde se puede apreciar un ascenso en noviembre de los dos grandes partidos, siendo el ascenso del PP mayor que el del PSOE.

Estos son los vencedores en cada provincia en cada una de las ocho elecciones celebradas y en las dos convocatorias de 2011.

Y estos son los vencedores en los municipios que actualmente tienen más de 100.000 habitantes en las mismas diez elecciones.

Si traspolásemos los resultados del 20-N en unas elecciones autonómicas esto serían los resultados.

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Manuel Fraga representa todo lo del anterior régimen que ha continuado en el actual sistema democrático. Puede que no fuera tan cavernario como otros compañeros de Consejo de Ministros, pero nadie llegaba allí si no era ‘uno de ellos’ con solvencia demostrada.

Fraga siempre fue un paso por detrás la Historia. No fue capaz de ser nombrado Presidente del Gobierno y gobernar el país en lo que luego se ha llamado la ‘Transición’ porque pocos se fiaban del destino que él deseaba. Ocupó un papel dentro de la ponencia constitucional después de que su intento de aprovechar la mayoría que tenían AP y UCD hiciera aparecer una constitución lo más continuista posible con el todavía presente.

Tampoco fue capaz de articular la fuerza política de derecha que diera equilibrio al sistema de partido y continuidad institucional a las jerarquías administrativas y montó un chiringuito, Alianza Popular, con los que eran sus compañeros naturales.

Solamente la disolución/suicidio de la UCD, y la pérdida de peso muerto como Fernández de la Mora, pudo permitir a AP asumir una parte del espacio electoral de la UCD, toda aquella que no era propiamente la más centrista, que ya se había ido en 1982 con los socialistas. Él creó una coalición que es reflejo de su concepción de grupúsculos elitistas de la Política, pues parasitaron de AP los trepas de Alzaga (el PDP) y los de Piñero (UL) creyendo que aportaban algo que solamente existía en la cabeza de Fraga.

Fraga fue rechazado por el electorado. El rechazo era tan claro que, hay que reconocerlo, se percibió a sí mismo como obstáculo, y se marchó en dos ocasiones. En la segunda ya decidió que el partido había que remozarlo, quitar a toda la pléyade de caras del régimen franquista y entregar la organización a la siguiente generación que, siendo ideológicamente fiables, tenían otra imagen. De camino se intentó recoger los restos democristianos que todavía daban tumbos por la política española y que habían conseguido algo en la administración comunitaria.

Había vilipendiado a las autonomías, pero eso no le fue obstáculo para presidir una de ellas sin el menor recato y con más parafernalia que cualquier otro presidente regional. Lo ha sido todo menos a lo que se consideraba predestinado por méritos personales y oposiciones aprobadas: ser Presidente del Gobierno.

Sobre sus responsabilidades en la Dictadura no tengo ganas de pronunciarme. Solamente diré que recuerdo como justificó, no hace demasiado tiempo, no sólo el golpe de Estado de Pinochet sino su ulterior dictadura militar donde las opositoras eran violadas con perros.

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