Esa Convergència corrupta

Ahora todos le dice abiertamente a Convergència i Unió (CiU) que era una entidad corrupta, especialmente para acusar a Esquerra de gobernar con ellos, convertidos ahora en el Partit Demòcrata Català (PDC).

De entrada una precisión: CiU era una federación que se rompió y Convergéncia se ha refundado en el PDC y Unió sigue viviendo casi sin representación, pues está fuera del Parlament de Catalunya, fuera del Congreso de los Diputados, fuera del Parlamento Europeo y que sobrevive con los concejales elegidos todavía dentro de CiU.

Se mantiene que CiU era una entidad corrupta desde los tiempos de Pujol y se hace sobre la base de las noticias que dan cuenta de las investigaciones judiciales. De ser cierto, la corrupción de CiU arrancaría desde la noche de los tiempos y se daría cuando ellos apoyaron a presidente del PSOE y del PP en investiduras y en centenares o miles de votaciones parlamentarias.

Quizá ERC tenga que avergonzase por sostener al PDC (ex CDC, ex CiU) en Catalunya porque lo supediten todo a la consecución de la independencia, pero Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero también tendrían que pedir disculpas por ser investido (con voto a favor o abstención) por ellos y sostenidos también una vez nombrados.

Investidura de Felipe González en 1993

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Investidura de José María Aznar en 1996

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Investidura de José Luis Rodríguez Zapatero en 2004

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Investidura de José Luis Rodríguez Zapatero en 2008

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Pura moral perspectivista

Cuando Felipe González o José Luis R. Zapatero sufrieron pitadas durante actos públicos en Madrid, desde el PP se apeló a la libertad de los ciudadanos para expresar su opinión; cuando fueron los presidentes populares los que padecieron y padecen pitadas públicas, escrutan hasta extremos hilarantes el Código Penal para sancionar la conducta o aprueban leyes administrativas sancionadoras.

Para Podemos y su entorno animaron y jalearon los escraches como expresión del hartazgo ciudadanos, pero cuando unos policías municipales se quejan en forma de escrache de la eliminación de unas unidades (realmente de la eliminación del complemento anexo a esas unidades), hablan de acoso.

Populares y podemitas tienen una moral que es en sí pura perspectiva: lo bueno es lo que me beneficia y lo malo es lo que me perjudica. Así se describe la política y la acción del primer y del tercer partido de España. Podemos y el PP se han encontrado y comienzan a necesitarse.

Investidura 2016 (XVIII) No podemos seguir así

“No podemos seguir así” es una de las frases que más se están repitiendo estos días desde determinado sector de la prensa para acelerar el calendario de negociaciones con vistas a llegar a una investidura exitosa. Quieren acortar todos los plazos, para hacer más difícil cualquier negociación, con vistas a propiciar una nueva convocatoria electoral que entienden que beneficiaría al Partido Popular en detrimento de Ciudadanos.

Lo mejor para contextualizar la actual espera es mirar atrás y contabilizar los días transcurridos entre el día de las Elecciones y la publicación del nombramiento en el BOE, que marca el inicio de la Presidencia.

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Mariano Rajoy ha sido el Presidente que ha tardado menos tiempo entre la jornada electoral y el juramento de su cargo: treinta días. Recuerdo que se dieron cierto prisa, y eso que tenían mayoría absoluta, porque querían tener resuelta la investidura y el nombramiento de los ministros antes de las fiestas navideñas.

Los dos periodos mayores entre los comicios y la publicación del nombramiento del Presidente se dieron en los dos mandatos de José María Aznar. Tardó sesenta y tres días en verse en el BOE en la primera ocasión y eso que las negociaciones no fueron nada del otro mundo; pero lo sorprendente fueron los cuarenta y seis días que mediaron entre su primer y segundo mandato cuando ni había cambiado de signo político en el Gobierno y además habían conseguido mayoría absoluta en las Cortes.

Podemos decir que lo “normal” va de los treinta y dos y a los treinta y cinco días. En 1989 González tardó algo más debido a los recursos planteados en algunas circunscripciones y que llevaron hasta a la repetición de las elecciones en Melilla; hubo dieciocho escaños pendientes de asignar cuando se votó la investidura.

Hoy, 31 de enero, han transcurrido cuarenta y dos días desde el 20-D. La gran marca de Aznar aún está a cierta distancia. ¿Se superará?

Cuando alguien tiene que hacer tu trabajo

La falta de mayoría absoluta requería del apoyo de la derecha nacionalista periférica para que la Ley Orgánica de Educación fuese aprobada en las Cortes. El apoyo de estos pasaba, además de por ampliar el margen de decisión de las CCAA, por llegar a un acuerdo con la patronal de la enseñanza concertada que garantizase un “status quo” de la concertada y el sometimiento a la normativa general de estos centros. El Ministerio de Educación, con la ministra al frente, estaba paralizado y parecía que la LOMCE iba a tener que ser aplicada por la imposibilidad de aprobar la LOE.

El portavoz del Grupo Parlamentario Socialista, Pérez Rubalcaba, tuvo que reconducir la situación y hacer unas rápidas y duras negociaciones para conseguir los acuerdos necesarios para que la LOE fue aprobada. Lo consiguió. Pérez Rubalcaba que ya era un pilar fundamental de Rodríguez Zapatero, que terminó incorporándose al gobierno como ministro del Interior, y salió la ministra de Educación a la que habían tenido que sustituir al frente de las negociaciones.

La actual Vicepresidenta del Gobierno ha asumido la dirección de la mayor crisis de salud pública de la historia reciente de España, visto que la ministra de Sanidad no ha sabido ni dar un rueda de prensa, ni tener un hospital preparado para tratar a los enfermos repatriados, ni hacer respetar a la profesional contagiada por el cúmulo de incompetencias bajo su dirección.

Hay importantes diferencias entre los dos casos mencionados en esta entrada. La primera es que lo que la entonces ministra de Educación no fue capaz de sacar adelante fueron las negociaciones de una ley educativa, que si bien es importante, no es vital ni perentoria. La segunda diferencia es que el problema del Ébola lo ha causado el gobierno actual. La tercera es que en el primer caso nos encontramos con un gobierno serio y en el segundo con la “Verbena de la Paloma” que se reúne todos los viernes.

El hombre que debió haber sido Presidente y que no debe intentarlo

El actual secretario general del PSOE está llevando adelante una acertada estrategia de cara a que su partido esté en condiciones de ganar las próximas Elecciones Generales. Sé que soy de los pocos que hace esta valoración, pero creo que es la correcta y los indicadores de opinión pública comienzan a dar resultados.

Parte de esa estrategia pasa por unas Primarias cercanas a la fecha previsible de las Elecciones Generales con un doble objetivo. El primero es que un candidato elegido con demasiada antelación se expone a ser quemado por los medios de la derecha mediática; en segundo lugar, hay que decirlo, porque tendrá menos conflictos internas con el partido como se dieron en el pasado; en tercer lugar porque unas primarias cercanas a los comicios suponen un impulso interesante a efectos de movilización.

Pérez Rubalcaba tiene que vencer la difícil tentación de presentarse en las primarias y más cuando quede claro que la victoria electoral es casi segura. No dudo de que mereciera ser Presidente, pero no debe serlo ahora. Rubalcaba genera mucho rechazo y eso reduciría la potencial ventaja.

Ha pasado el tiempo para que Rubalcaba pueda ser Presidente. Debió serlo, porque Zapatero bien pudo haberle cedido la Presidencia el año antes de las Elecciones y darle la teórica ventaja de presentarse como Presidente y no el chivo expiatorio. Pero eso no sucedió y el tiempo no puede retrotraerse.

Enmarañados a la estructura

Pérez Rubalcaba decidió, por razones insondables, unir su devenir político al frente de la Secretaría General del PSOE a Elena Valenciano y a Óscar López, vicesecretaria general y secretario de organización respectivamente.

Óscar López fue adjunto de Blanco cuando éste era el número dos de Rodríguez Zapatero. Era el diputado perdedor por Segovia y nunca se sabe que hubiera ganado nada electoralmente hablando. Al llegar Marcelino Iglesias como secretario de organización él cayó sobre la secretaría regional de Castilla y León y después de un desastre electoral considerable fue premiado con un ascenso tras el Congreso de Sevilla.

Según él mismo ha reconocido en una entrevista en El País no tiene a donde ir volver si deja la política, porque no tiene otra dedicación. Óscar López es un ejemplo arquetípico de los productos que nacen y florecen desde la organización juvenil de los socialistas con la única finalidad de aportar no se sabe bien qué al partido.

Con Elena Valenciano nos encontramos con algo parecido: una persona que desde la organización juvenil ha removido todos los obstáculos para llegar a la cúspide del partido sin mérito político, profesional o electoral que se le pudiera reconocer.

Óscar López, consciente de ello, autoriza una moción de censura con un concejal que siendo alcalde y parlamentario regional del PP acosó a otra concejala de su formación y que fue condenado por ello.

Un tópico dentro del partido es que las críticas deben hacerse a través de los cauces internos, cauces que o bien son inexistentes, no se reúnen habitualmente, son irrelevantes o sus decisiones no son obligatorias. Los que están en el poder interno quieren lógicamente cauces internos.

Los secuaces de Valenciano y López llevan semanas clamando contra cualquier crítico y el domingo Valenciano se despacha en El País calificando a Carme Chacón como de ‘desleal’ y no da explicaciones de las causas por las que la vicesecretaria general tiene menos obligaciones de discreción pública que un militante o un simpatizante. Y para remata arguye la antigüedad como criterio para permanecer en el caso de que el secretario general se vaya.

El problema de la era de Rubalcaba no es que él se vaya a ir, que se va a ir. El problema es que alrededor de Rubalcaba ha proliferado una fauna con un perfil igual o similar al que tienen López y Valenciano, un grupo que considera que mantiene no se sabe qué llama sagrado, que incluso piensan que hacen un buen trabajo cuando ni es bueno ni es trabajo y que, sobre todo, aspiran a permanecer sin que les afecte un resultado electoral o una decisión congresual.

Valenciano y López deben dimitir y el PSOE debe hacer todo lo posible para que este perfil político (sin méritos académicos, profesionales ni electorales) no siga prosperando dentro del partido como lo está haciendo y dañando la estructura fundamental de la formación, no ya porque su gestión sea algo más que mala, sino porque espantan e impiden que otras personas de mayor valía entren en el partido y reciban encargos de importancia.