Del uso de la política extranjera para la política española

Desde que se celebró la primera vuelta de las Elecciones Presidenciales en Francia hay muchas personas que hacen una lectura para la política española, de lo que ha sido un acontecimiento de la política francesa. Evidentemente los sistemas políticas y las dinámicas de estos son comparables, pero siguiendo una metodología y buscando lo comparable, no realizando valoraciones sobre equiparaciones que en muchas ocasiones son arbitrarias y en otras además son falsas.

Además estas aplicaciones lineales, porque sí, de los acontecimientos extranjeros a nuestra política permiten todo tipo de contradicciones, porque se aprovecha cualquier resultado para legitimar las posiciones propias. Y en estos tiempos de Postverdad, desdecirse que no rectificar es posible hacerlo sin vergüenza alguna.

Veamos un bonito ejemplo.

Cuando Matteo Renzi, entonce jefe de gobierno en Italia, vio como su propuesta de reforma constitucional eran rechazada por los italianos, presentó su dimisión como Presidente del Consejo de Ministros y como líder del Partido Democrático.

El eurodiputado español Pepe Blanco comentó este acontecimiento en su cuenta de Twitter poniéndolo en paralelo con la dimisión y regreso de Pedro Sánchez. La marcha que se presumía definitiva de Matteo Renzi la calificaba de lección. Era el 5 de diciembre.

Ayer fueron las primarias para el liderazgo del Partido Democrático. Matteo Renzi se presentó y ganó, desdiciendo la lección que según Pepe Blanco había dado.

Pero el eurodiputado gallego no ha visto una contradicción, sino que se ha congratulado de que Renzi hiciera lo contrario a lo que él consideró ejemplar en diciembre y le dedicó otro tweet donde aparece la palabra fetiche de los aparatchiks del PSOE:

Verse el plumero

La polémica sobre la expresión ‘se le está viendo el plumero’ me ha parecido de lo más ridícula y, siendo malévolo, creo que ha sido aprovechada por unos cuantos cavernarios para llamar homosexual a Rajoy (ellos lo dirían de otro modo) pero no por ellos mismos, sino atribuyéndoselo a José Blanco.

Esta expresión la uso yo bastante a menudo, tanto que me había extrañado que lo hubiera escrito ninguna vez. Le he dado al buscador del blog y me han aparecido dos usos de ‘verse el plumero’ (aquí lo importante es plumero no el verbo).

En la titulada Enseñando el plumero la expresión da nombre a toda la entrada en la que decía que los dirigentes socialistas habían querido lanzar una cortina de humo con el tema de la prohibición de votar en contra de los presupuestos en toda España. La entrada es del 22 de octubre de 2008.

La otra entrada es Los críticos del PP iban de farol, de 6 de junio de 2008, y literalmente decía:

[…] Este diputado leonés tiene toda la razón, porque en un proceso electoral interno no eres nada si no te presentas como candidato y a los críticos del PP ya se les ha visto el plumero de que lo que realmente quieren es condicionar a Rajoy, pero no medirse con él en el Congreso y perder.

En ambas entradas se ve que la expresión en cuestión significa que alguien, a pesar de sus esfuerzos no puede ocultar sus verdaderas intenciones. De hecho en ese momento a nadie le pareció mal la expresión, ni que llamara homosexuales ni a los populares, ni a los socialistas, y eso que tengo buena cantidad de comentaristas que miran con lupa cada línea del blog.

La victoria de Tomás Gómez

Tomás Gómez ha ganado las elecciones primarias dentro del Partido Socialista de Madrid. Si bien es cierto que los criterios y motivaciones que pueden llevar a alguien a votar una opción son múltiples, no es menos cierto que la interpretación unánime de la prensa haya hecho que motivaciones y criterios se reduzcan a uno: la derrota de Zapatero dentro de su propio partido. Y eso es lo que queda.

Y esto es lo que la cúpula federal del PSOE no ha tenido en cuenta: llegar a las primarias les llevaba a perder más que ganaban. Si hubiese sido elegida Trinidad Jiménez era algo que se hubiera descontado como normal y luego hubiera llegado el batacazo contra Esperanza Aguirre. Pero la victoria de Tomás Gómez, probable como se ha demostrado, conllevaba una derrota de Ferraz. Un mayúsculo error de cálculo que puede plantear serias dudas sobre la capacidad de algunos para dirigir las próximas campañas electorales.

De lo que he podido seguir de la campaña electoral los ejes de Trinidad Jiménez han sido una serie de encuestas en la que se decía que ella era la candidata menos mala, el valor de ser mujer o el hecho de contar con el apoyo de Rodríguez Zapatero. Los ejes de la campaña de Gómez han sido el derecho del PSM a decidir por sí mismo y una imagen de tintes más izquierdistas (una impresión más que un discurso), más próxima al espectro medio de los militantes, que lo que representaba la candidatura de Trinidad Jiménez.

No tengo lugar a dudas que las primarias le han dado una presencia mediática al PSM que antes del verano no tenía. Lo peor que pueden hacen en el PSM es confiarse en la inercia, porque no la hay y más cuando las elecciones son dentro de ocho meses. Mucho trabajo para estar donde hay que estar, para decir lo que hay que decir y para que atraer a las urnas autonómicas a los votantes que puedan propiciar un cambio sustancial tras las elecciones madrileñas.

¿Cuál es la diferencia entre estas primarias y las míticas primarias de Borrell contra Almunia? Tanto Gómez como Jiménez eran candidatos oficiales, aunque de dos oficialidades diferentes, de manera que la victoria de cada uno de ellos iba a estar respaldada por un aparato que iba a trabajar de cara a las elecciones. Gómez, por más que haya servido durante la campaña de las primarias, no es un ‘outsider’, sino un miembro de alto rango del aparato socialista y con mando en plaza, como se ha podido comprobar.

Lo realmente interesante es analizar los resultados agrupación por agrupación y ver no quién ha ganado (cosa que desde anoche conocemos) sino cómo ha ganado, que en esto de las elecciones es delicioso.

Presidente Adjunto

Todos sabemos que una cosa es el diseño institucional y político que se hace sobre el papel del BOE y otra cosa es lo que sucede en realidad. En el fondo es la diferencia que hay entre el Derecho y la Politología cuando ambas disciplinas estudian el funcionamiento de las instituciones.

Desde que José Blanco fue nombrado ministro de Fomento su papel político y mediático no ha parado de crecer. El hecho de que, además de ministro del departamento con más capacidad inversora, sea el vicesecretario general del PSOE (al que se atribuye un control absoluto del ‘aparato’) le coloca en el centro de decisión, muy superior al de un simple ministro de Fomento. Ya pasó con Álvarez-Cascos en la primera legislatura de Aznar.

En estos días Blanco tiene un protagonismo absoluto, tanto por cuestiones propias de si ministerio (controladores y financiación de las infraestructuras), como por pronunciamientos sobre las Primarias del PSM o gracias al lanzamiento de globos sondas (presión tributaria). De hecho José Blanco es el miembro del gobierno que más se le ve en los medios de comunicación a pesar de que el gobierno ha suspendido sus vacaciones y todos están en sus despachos con unos medios de comunicación deseosos de cualquier noticia en pleno mes de agosto.

El actual gobierno de Rodríguez Zapatero está organizado en tres escalones: Presidente, Vicepresidentes y Ministros. Pero Blanco no está en el tercer escalón sencillamente porque él tiene otro rango mayor en el partido que sostiene al gobierno.

La función que está desarrollando últimamente Blanco es la “Presidente Adjunto”, más aún que la de cualquiera de los tres vicepresidentes. Rodríguez Zapatero vive cada vez más el ‘Síndrome de La Moncloa’ y Blanco es la persona que ha asumido la presencia de primera línea que no tienen ni el Presidente ni los Vicepresidentes. La Adjuntía le permite tomar decisiones o marcar trayectoria, cosa que nadie está haciendo en el actual momento y que los Vicepresidentes ni se les ocurre.

Esto no es nuevo en la vida política española reciente: Alfonso Guerra sí ejerció una Vicepresidencia efectiva en lo jurídico y en lo político en la primera época de los gobiernos de Felipe González (después nadie fue capaz de ello); el ya citado Álvarez-Cascos hizo lo propio en la primera legislatura de Aznar y no pudo ser sustituido en ese papel por Rodrigo Rato por más que el Vicepresidente económico lo buscara. Rubalcaba lo fue en la primera legislatura de Rodríguez Zapatero, pero demasiado cansado, el relevo lo ha tomado Blanco, al que no le faltaban precisamente ganas.

Ya se está claro que se ha resuelto la pregunta que yo mismo me hacía en septiembre del pasado año.

Los controladores ya no son lo que eran

Me ha sorprendido la decisión de los controladores aéreos de no ir a la huelga en pleno mes de agosto. Según han manifestado se han hecho eco de las peticiones del sector turístico al que la huelga le causaría enormes perjuicios. Es la primera vez que los controladores muestran sensibilidad hacia alguien más que hacia ellos mismos y creo que no porque, de repente, hayan tomado conciencia de los enormes perjuicios, entre ellos la gente que se iría al paro, por su huelga.

El cambio de ‘sensibilidad’ viene dado porque están en el centro de la imputación de todo lo que pase, es decir, José Blanco ha conseguido deshacerse de la culpabilización de los retrasos y las cancelaciones y toda la sociedad mira fijamente a los controladores. Es por ello por lo que Fomento no le tiene miedo a la huelga, y sin miedo por parte de fomento la huelga no tiene ningún sentido.

El ministro Blanco ha conseguido lo que otros ministros no pudieron: que nadie le responsabilice por los colapsos provocados por los paros o las bajas de los controladores. Ahora los controladores tienen la presión que antes tuvieron Álvarez-Cascos, Arias Salgado o Magdalena Álvarez (por citar a los últimos responsables de Fomento), presión de los grupos empresariales, de los medios de comunicación, de los grupos de presión y un largo etcétera.

Cuando un servicio público se pone en huelga, la lucha se concentra en quién consigue imputar la responsabilidad a quién. Tanto los empleados del Metro de Madrid como los controladores aéreos han perdido esa batalla y, con ella, la guerra.

Metafísica del adelanto electoral

Hablaba el otro día Jorge Galindo de la estrategia electoral del PSOE en estos tiempos de crisis, basándose en un trabajo del que Maravall era co-autor. Hace tiempo hice una recensión sobre un libro de este politólogo en el que tocaba precisamente este tema, con un enfoque centrado más en el adelanto electoral y los criterios que entran en la decisión.

Maravall exponía cuatro posibles salidas elecciones (yo las expongo muy simplificadas), siempre con el presupuesto de que lo determinante en estas cuestiones es la marcha de la economía:

1) En el caso de que la pérdida de las elecciones sea ‘segura’, conviene adelantar las elecciones si el adelanto haría perder menos diputados al partido en el poder que agotar la legislatura.

2) En el caso de que la pérdida de las elecciones sea ‘segura’, no conviene adelantar las elecciones si el adelanto supondría una pérdida electoral que celebrando las elecciones en su fecha sería menor.

3) En el caso de que la victoria electoral sea ‘segura’, conviene adelantar las elecciones si con el adelanto la victoria es mayor que teniendo las elecciones en la fecha del final de la legislatura.

4) En el caso de que la victoria electoral sea ‘segura’, no conviene adelantar las elecciones si se prevé un mejor resultado agotando la legislatura.

La segunda parte (la previsión) depende a su vez de las previsiones de crecimiento de la economía y del empleo. Sintéticamente creo que ésta es la ‘metafísica’ de la estrategia electoral de José Blanco.

¿Alguien me podría decir quién es el verdadero número dos de Zapatero?

En una de las recientes entradas trataba sobre la situación de los vicepresidentes norteamericanos, para terminar preguntando: ¿alguien me podría decir quién es el verdadero número dos de Zapatero? Me remitía a una nueva entrada y ésta es la nueva entrada.

Voy a empezar la búsqueda del segundo de a bordo de Zapatero. Si empezamos con el Gobierno ya empezamos a tener problemillas, porque hay dos vicepresidentes que si bien están clasificados ordinalmente, tienen esferas de responsabilidad tan diferente que el orden parece más de protocolo y que realmente funcionan paralelamente.

La consecuencia es que habrá días en los que tendremos la tentación de que el número dos es María Teresa Fernández de la Vega y otros en los que es Pedro Solbes, dependiendo de los titulares. Incluso el Vicepresidente Solbes vio la competencia en su materia de la Oficina Económica del Presidente, con el ahora ministro Sebastián al frente (del que hay quien dice que él es verdadero número dos).

Pero dentro del Gobierno no hace falta tener una Vicepresidencia para ser el número dos o parecerlo. Ésta es la impresión que Pérez Rubalcaba ha cuando asumía sobre sí algunas de las cargas más pesadasdado durante buena parte del primer mandato de Zapatero, cuando asumía sobre sí algunas de las cargas más pesadas, delicadas y malqueridas del ejecutivo.

Si el asunto del número dos lo examinamos desde la perspectiva del PSOE, entonces está claro que este lugar lo ocupa Pepe Blanco, el recién elegido vicesecretario general. Pero, claro, en la vida interna de los partidos las cosas son más complicadas que una simple jerarquía y hay que tener en cuenta el paso de los dos territorios más importantes del PSOE, Andalucía y Cataluña, y la capacidad que tienen sus respectivos dirigentes para dictar o condicionar determinadas decisiones.

Finalmente tenemos un tercer escenario. El grupo parlamentario que sostiene al Gobierno y que preside, aunque no ejerza de tal, el Presidente Zapatero. El segundo del grupo parlamentario es el ex ministro José Antonio Alonso y él es el encargado primario de llevar las negociaciones con los otros grupos parlamentarios para conseguir la aprobación de las leyes que el Gobierno lleva a las Cortes.

La conclusión, muy por encima, es que Zapatero tiene muchos números dos y que en ocasiones compiten por tener un lugar bajo el sol. Todo esto sin hablar de la nube de asesores que puede haber en el Gabinete de Presidencia o de los que tienen hilo directo con La Moncloa.

Esta pluralidad de “segundones” es un escenario magnífico para que el que está en primer lugar se mantenga, porque los segundones lucharán por mantenerse sobre los otros mientras que nadie se plantea dejar de ser el segundo para ascender.

El problema viene cuando hay que plantear una sucesión, ya que el número de los posibles recambios no será ni reducido y asimétricamente posicionados. Habrá una lucha despiadada que puede que se cierre en falso. Pero hay sucesiones que son sobrevenidas, es decir, que acontecen accidentalmente y que no se prevén ni de lejos, por lo que la carencia, en ese momento, de un sustituto claro y reconocido por todos puede ser casi una temeridad.

En los primeros tiempos de la Presidencia de Felipe González la línea sucesoria estaba clarísima y recaía plenamente y en todos los aspectos en Alfonso Guerra. Tras la dimisión de Guerra comenzó la división de los números dos en las esferas antes referidas y cuando llegó el momento de la sucesión hubo que improvisar hasta lo esperpéntico. Aznar heredó del segundo Felipe González la idea de que se presidía mejor sin tener un número dos, optando por el “dedazo” para su sucesión.