Las contradicciones de Puig

Una de las personas clave de los apoyos de Pedro Sánchez en la Comunitat Valenciana, el alcalde de Burjassot Rafael García, ha anunciado que se presenta a la Secretaría General del PSPV-PSOE frente al actual secretario general y presidente la Generalitat, Ximo Puig, uno de los puntales del Susanismo.

La figura de Ximo Puig es quizá una de las más contradictorias de los barones del PSOE y desde luego con Lambán de los más débiles de todos ellos. Hagamos un breve repaso.

El 28 de septiembre de 2016 Ximo Puig presentó su dimisión como miembro de la Comisión Ejecutiva Federal del PSOE. Pero no fue él ni nadie de su confianza a llevar su dimisión, sino que fue el diputado sevillano Antonio Pradas quien la entregó en Ferraz junto a las otras dieciséis. Susana tan observante de la jerarquía y del protocolo, ninguneó a un secretario general regional y presidente autonómico como si fuera uno más de sus peones en la Ejecutiva del Partido.

Después de varios meses precampaña y de campaña lo que sea el Susanismo se parece mucho al conjunto de frases vacías que Susana Díaz ha ido esparciendo por España durante su derrotada candidatura. A pesar de ellos algunas pinceladas sí podemos dar, al menos a partir de las reacciones de los susanistas a las propuestas de los que sí las hacían (Sánchez y López).

Susana y el Susanismo han mantenido una visión más homogénea de España. Frente al reconocimiento de la diversidad y de la identidad múltiple, ella y ellos han preferido una identidad única con alegres variedades locales. Susana y el Susanismo han recibido el aplauso de la derecha española cuando han traslucido una concepción de España más esencialista que pactista.

Por el contrario Puig desarrolla políticas claramente identitarias o como se denominan en su tierra, políticas valencianistas. Muestra de ello es la nueva política lingüística en Educación donde los centros elegirán si tienen el castellano o el valenciano como lengua vehicular y se abandonará la existencia de línea en las dos lenguas en un mismo centro. Una política lingüística muy alejada de lo que el PSOE-A consiente y que no le hubieran consentido de ganar Susana. Aunque siempre permanecerá la duda que proporción del Valencianismo de Puig es realmente de Compromís.

Es por ello más sorprendente aún que Puig y los suyos quieran controponer ahora el PSPV al PSOE, una posición que nunca han mantenido y a la estela de la independencia de facto que está intentando el PSOE-A. Una señal más que lo que guiaba al Susanismo era el aprecio por sus sillones ya que los defensores de cierta forma de neocentralismo han pasado a querer para su partido un federalismo que le niegan al país.

Susana Díaz se ha presentado como barrera frente al Populismo (Podemos y sus confluencias) y como ella suele hacer se ha puesto de ejemplo, ya que en Andalucía ella se apoya en el centro-derecha de Ciudadanos y no en la izquierda de Podemos (hay que decir que Teresa Rodríguez no dio ningún margen). Pero Díaz era el único caso de gobernante autonómico del PSOE que o bien no hubiera necesitado al PP para la investidura (Vara y Fernández), no lo necesitara para las cuestiones importantes (Page) o que no gobernase con alguna de sus confluencias (Puig, Armengol y Lambán). El Susanismo acusaba a Pedro Sánchez de querer entregar el PSOE a Podemos cuando ellos se habían convertido en los mejores amigos de los “populistas” y allí estaba Puig como barrera del Populismo junto a su vicepresidente Oltra.

La enmienda al documento estatutario procedente de Alicante permitir la disolución de las agrupaciones provinciales en el PSPV dejando solamente las agrupaciones comarcales no es muestra de la defensa de una forma de organización propia, sino solamente de un simple y ruin táctica de cara a los congresos venideros.

Hagamos un poco de historia. Era el 37 Congreso del PSOE. Zapatero acababa de ganar sus segundas elecciones. Blanco gobernaba con mano de hierro como secretario federal de organización y propuso una reforma estatutaria que establecía la eliminación de las estructuras intermedias entre las agrupaciones locales o municipales y las provinciales o insulares, de forma que las agrupaciones comarcales del PSPV desaparecerían. Los socialistas valencianos se opusieron y consiguieron su permanencia.

En la Megacrisis del PSOE las provincias han estado a favor de Pedro Sánchez, mientras que el aparato regional lo ha estado con Susana. La fortaleza de las provincias ha anulado el poder de Puig y en especial Abalos se ha convertido en el hombre fuerte del PSPV. La idea de Puig es desmantelar la estructura que le sirve de contrapeso, en especial la agrupación provincial de Valencia, para que entre la Ejecutiva del PSPV y las comarcas no haya nada, a sabiendas que las comarcas son demasiado pequeñas para oponerse y muchas para unirse efectivamente. La propuesta de la supresión de las agrupaciones provinciales fue presentada el día 30 de mayo, nueve días después de la derrota de Susana y el Susanismo, y nunca se habría formulado en caso de haber vencido la política andaluza, pues nunca nadie del entorno de Puig sugirió nada en ese sentido.

Jerarca y ninguneado, neocentralista y presoberanista, barrera del Populismo y socio de Compromís, ganador que nunca ha ganado, del PSPV después de que el PSOE les dijese que no y antiprovincialista de conveniencia. Así es Ximo Puig.

Extrañeza, perplejidad y tristeza

La decisión de la Comisión de Garantías del PSOE de conceder la posibilidad de votar a los militantes de la disuelta agrupación local del PSM de Móstoles me ha producido tres impresiones: extrañeza, perplejidad y tristeza.

De agrupaciones disueltas algo sé, por desgracia, y por esta experiencia conozco bastante bien las disposiciones internas del PSOE que regulan esta extrema situación orgánica, especialmente el artículo 72 de la Normativa Reguladora de la Estructura y Funcionamiento General del Partido que dice que:

En caso de disolución de la Agrupación, los antiguos militantes perderán todos sus derechos […].

En el 37 Congreso Federal la federación socialista ceutí no tuvo ningún delegado ya que su única agrupación se encontraba disuelta y, por tanto, ningún militante de la antigua agrupación tenía derecho alguno.

La disolución de una agrupación la decide la Ejecutiva Federal a propuesta de la Ejecutiva Regional, de forma que esta decisión de un órgano federal conlleva una derogación de la decisión de la Ejecutiva Federal.

Lo que más me llama la atención es que, por lo leído en su momento, una de las causas de disolución fue determinadas faltas y problemas relativos al censo de militantes de la agrupación. Curiosamente una causa de disolución, posiblemente la más grave, es hoy rehabilitada y convierte ese censo sospechoso en válido y sin ningún tipo de revisión, de forma que es posible que voten personas con militancia actual en otros partidos políticos.

Es triste esta decisión. Es cierto que los partidos españoles no tienen cultura de primarias y este tipo de decisiones no ayudan en nada a adquirirla. En nada ayuda esto a Trinidad Jiménez a hacerse ni con la ‘nominación’ ni mucho menos con la Presidencia de la Comunidad.

¿Cambios en la Alcaldía de Sevilla?

Todo indica que el Alcalde de Sevilla dejará su puesto tras la Feria de Abril. Un complejo sistema de luchas internas dentro del PSOE en Sevilla ha conseguido que Sánchez Monteseirín, el alcalde sevillano más veces investido de la democracia, deje su puesto antes de las elecciones.

Y es que el PSOE en Sevilla es una de las esas complejas situaciones que el 37 Congreso Federal del PSOE quiso atajar y cuya efectividad todavía no se ha hecho sentir en esta zona del Valle del Guadalquivir.

Al no existir, todavía, ninguna estructura municipal, los órganos provinciales del partido son los que tienen el papel determinante a la hora de marcar el destino de los socialistas de la capital. Evidentemente estos órganos son elegidos por delegados de toda la provincia, de forma que en la capital intervienen personas de otras agrupaciones y e cuyas agrupaciones no tienen intervenir los órganos de la ciudad.

El problema del PSOE, más allá de las cuitas internas y estatutarias, es que ponga quien se ponga ahora en el cargo será una persona prácticamente desconocida para los ciudadanos, por más que haya desempeñado numerosos cargos municipales o autonómicos.

Frente a la estrategia municipal del PP (líderes locales fuertes y reconocibles), el PSOE siempre ha optado por candidatos grises y del aparato. La diferencia es que los alcaldes populares de las capitales andaluzas gozan de sustanciosas mayorías mientras que los socialistas tienen que recurrir a pactos más o menos cómodos. Una estrategia (desconocimiento y cualidades grisáceas) que con Griñán se está demostrando perniciosa.

Es difícil pronosticar el resultado de las próximas elecciones municipales en Sevilla. Dependerá de la capacidad de PP de llegar a la mayoría absoluta, de que el PA pase o no la barrera del 5% y, sobre todo, de que los dos partidos de izquierda puedan o no volverse a coaligar para gobernar.

Monteiserín. Sobre comunicación, política local e interna

Eran los tiempos de las primarias en el PSOE. La militancia se rebelaba en todo el país contra “el aparato” y elegía a candidatos que “el aparato” nunca hubiese imaginado. La primaria para elegir al candidato socialista a la Alcaldía de Sevilla deparó la sorpresa de la elección del entonces Presidente de la Diputación (un desconocido para los sevillanos), Alfredo Sánchez Monteseirín y la derrota de un clásico del PSOE de Andalucía y de Sevilla, José Rodríguez de la Borbolla (ex Presidente de la Junta de Andalucía y ex secretario general del PSOE-A).

El pacto de gobierno entre el PSOE-A y el Partido Andalucista en la Junta de Andalucía se hizo extensivo al Ayuntamiento de Sevilla, y los andalucistas pasaron de apoyar a Soledad Becerril a votar la elección de Sánchez Monteseirín y desde 1999 es el Alcalde de Sevilla. Los dos últimos mandatos ha tenido como necesarios e incómodos socios a los dos concejales de IU. Hoy Sánchez Monteseirín anuncia su renuncia a un cuarto mandato.

La propia estructura del PSOE en las localidades donde hay más de una agrupación (que comienza a modificarse tras el 37 Congreso Federal en 2008) y el hecho de haber llegado y ganado la alcaldía sin el respaldo del aparato del partido, ha hecho de Sánchez-Monteseirín una especie de líder sin partido, de alcalde temeroso de sus propios concejales y de gustoso plato para una guillotina que se afila cada vez que se acerca un proceso electoral. Sus intentos de lograr un afianzamiento dentro del partido han fracasado.

El descontrol de los socialistas sevillanos en cuanto a Comunicación Política y medios de comunicación han conseguido que una gestión que otras partes del país hubiera llevado al alcalde a los altares sea valorada negativamente por la mitad de la población. Una inadecuada elección (o imposición) de concejales y de cargos de responsabilidad ha producido problemas que, muy fácilmente, se hubieran evitado.

Como decía ayer, no basta con querer hacer cosas y hacerlas, hay que hacerlas bien y comunicarlas mejor. La percepción mejora, crece la confianza en el alcalde (en este caso) y las dificultades disminuyen. Si no se controla el aparato, si el reflejo que se tiene en los medios es sistemáticamente negativo, poco importa lo que se haga, porque no será percibido y porque el siguiente paso será aún más difícil.

Las secciones electorales. Una a una

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De lo poco que llevo aprendido en estos meses que intento seguir la política un poco más de cerca una ha sido que las Elecciones se ganan o se pierden por muchas causas, pero que sobre todo que cada voto cuenta.

Como casi todos los fenómenos sociales, el voto puede ser visto desde perspectivas absolutamente generales, observando las grandes tendencias, perspectivas que se centra en el comportamiento electoral de cada grupo e incluso desde una perspectiva lo más cercana posible.

Dice el principio filosófico tradicional que la totalidad de algo no es reducible a la suma de las partes. Es cierto en términos generales, pero no del todo en el resultado de unas elecciones, porque el resultado sí es la suma de cada uno de los votos, por más que como conjunto tenga unas consecuencias que trascienden al acto individual.

En el pasado 37 Congreso Federal del PSOE se tomó la decisión de crear un responsable del trabajo electoral y del seguimiento en cada una de las secciones electorales de nuestro país. Sin duda era un reto importante poder trabajar singularmente cada una de las más de treinta y cinco mil secciones electorales en la que está dividida España.

El hecho de que el trabajo singularizado en cada sección sea un éxito se puede conseguir un resultado de cierta dimensión política. Si se consiguiese diez votos más (algo más que posible) en cada sección, esto supondría más de 350.000 votos más. La relevancia de esta ganancia será menor en las Generales y más en las Europeas y las Municipales, pero nunca desdeñables tampoco en las Generales, ya que hay un puñado de escaños que se deciden por cocientes muy pequeños.

Lo dicho está muy bien e incluso puede tener trascendencia electoral, pero hace falta algo que es muchas veces es casi imposible en un partido político: trabajar mucho y muchas personas, especialmente aquellos que luego van a ir en las listas o aspiran a ello.

Descubriendo intereses

papeletas

Tengo la impresión de que poco ha cambiado entre las campañas de las primeras elecciones democráticas en España, tras el final de la Dictadura, y las actuales, si exceptuamos naturalmente cuestiones técnicas. La misma utilización de Internet es más noticia por lo novedoso que por lo que tiene de efectivo.

Como todos los partidos juegan a lo mismo, las campañas son efectivas y aquello de que “siempre se está en campaña” no deja de ser un aforismo que queda bien, pero poco más.

El partido que sepa ir a los votantes y a sus intereses, conseguirá romper las urnas, al menos hasta que los demás comiencen a hacer lo mismo, pero tendrá la ventaja estratégica de haber sido el primero y de cierta experiencia que tiene un valor incalculable cuando nadie la tiene.

Además de los intereses que todos tenemos y que manifestamos en las encuestas, jerarquizándolos según el momento informativo, hay intereses con los que realmente nos comprometemos. Hay personas que participan en ciertas cosas, tienen intereses por su profesión o a causa de ella, otros se suscriben a revistas y mil cosas más, todo ello perfecta cognoscible siempre que se ponga el interés necesario.

El partido que sea capaz de hablarle a la gente de los intereses suyos y de recibir la respuesta de estos tendrá un anclaje en la sociedad difícilmente removible. Y ojo, no estoy hablando de hacer clientela con asociaciones más o menos afines que esperarán una hermosa subvención como premio a su fidelidad.

El PSOE aprobó en su último Congreso Federal la figura del agente de sección (si mal no recuerdo). Es el grado de concreción, al menos teórico, que se ha dado en España y pretendía que el partido tuviese una persona encargada de cada sección electoral del país, es decir, de la zona de ciudadanos que se incluyen en una mesa electoral. No sé ni cuanto ni como se ha hecho, si se ha hecho algo.

Tejer esa red de relaciones entre las personas (no la sociedad abstracta ni mucho menos la sociedad civil) y un partido puede ser esencial para el éxito electoral y una política diferente en una época que parecía abocada a la impersonalización, pero que nos está dando unas posibilidades de singularización como nunca antes habíamos hecho.

Este trabajo requiere inversiones en medios y personas, junto a un control exhaustivo del trabajo y de la consecución de objetivos a cortísimo plazo. Este trabajo es verdaderamente de todos los días y sin gloria visible, pero puede transformarse en crucial.

Aborto y procedimiento

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Juan José Rodríguez Ibarra ha publicado un interesante artículo en “El País” sobre el procedimiento que el gobierno está siguiendo en la reforma de la legislación relativa al aborto, así como las dudas que a él le suscita la posibilidad de que una menor de edad pueda abortar sin consentimiento de sus padres.

Coincido con Rodríguez Ibarra en algunos aspectos y en otros no. Sí coincido en su crítica procedimental, pero personalmente la ampliaría. El establecimiento de una “ley de plazos” no estuvo en el programa electoral del PSOE para las Elecciones Generales de 2008, tampoco estaba en el documento-marco del 37 Congreso y se introdujo en los trabajos congresuales a través de un anuncio público por parte de la CEF en una clara manifestación de o-lo-aceptáis-o-damos-el espectáculo-a-todo-el-país-en-pleno-mes-de-julio-sin-otra-noticia-para-rellenar-un-telediario.

Con la resolución congresual en el bolsillo, el gobierno se ha olvidado de que los delegados del 37 Congreso no representaban a los ciudadanos y que a los ciudadanos no se les dio ocasión de considerar una “ley de plazos” a la hora de depositar su voto el 9 de marzo de 2008.

Rodríguez Ibarra reclama una marcha atrás en el procedimiento seguido:

Entiendo que éste es un problema sobre el que debería pronunciarse el PSOE a través de su máximo órgano de dirección entre Congresos, es decir, mediante debate y votación en el Comité Federal. Si la propuesta de la ministra resultara aprobada, parece necesario que el debate se abra a la sociedad y concluya con un referéndum, donde sea la soberanía nacional la que decidiera con su voto.

También dice Rodríguez Ibarra algo con lo que estoy totalmente de acuerdo: los militantes y los votantes de izquierda son moralmente más conservadores que sus dirigentes, como hoy nos lo enseñan en La Moqueta Verde. En este tema creo que hay una asimetría entre la representación parlamentaria y lo que piensan los ciudadanos: un referendum no sería una mala idea.