La incomparecencia del candidato

Andan los del PP jugando con las instituciones al tener un candidato regio, Rajoy, que se piensa si ir o no a la investidura. Hay algunos que hasta dicen que las leyes no pueden obligar a alguien hacer lo que no quiere (a ver si cuela ese argumento con la Agencia Tributaria) y que no hay verdadera obligación, si no hay sanción.

Lo que está fuera de dudas es que la Presidente del Congreso tiene la obligación de convocar la sesión de investidura y el plazo es discrecional, que no arbitrario. El candidato puede no comparecer a la sesión, de manera que entiendo que declina el uso de la palabra y que le correspondería a los otros portavoces. Se pasaría a la primera votación y a las cuarenta y ocho horas a la segunda.

Y así conseguiríamos dos cosas: derrotar a Rajoy y que comenzasen a correr los plazos constitucionales.

¿Cumbre?

Los medios, especialmente los muchos favorables al PP, insistieron en la celebración de la “Cumbre euromediterránea” en Barcelona. Estos medios lo presentaban como un gran éxito del Gobierno de Rajoy, pero había algo que no me cuadraba.

Me fije en el “frontis” y resultaba que ponía ni “cumbre”, sino en inglés “Informal Ministerial meeting with Southern ENP partners on the future of European Neighbourhood Policy”.

En castellano los organizadores lo han traducido como “Reunión ministerial informal con los socios meridionales sobre el futuro de la Política Europea de Vecindad”.

En francés “Reúnion ministérielle informelle avec les partenaires du Sud sur l’avenir de la Politique Européenne de Voisinage”.

No digo que la reunión no haya sido importante, significativa o relevante. Pero el término “cumbre” suele emplearse para un encuentro o reunión de los máximos responsables de un país como son sus jefes de Gobierno y/o jefes de Estado.

Dado que oficialmente la “cumbre euromediterránea” era realmente una reunión ministerial informal, que así se expresaba clarísimamente en la cartelería empleada por la organización y que no encaja en el uso periodístico de “cumbre” estamos ante un evidente caso de manipulación informativa o de sencillamente de algunos medios a los que se la han colado.

Tsipras e Iglesias

TsiprasIglesiasAtenas
Pocos días antes de las elecciones griegas, Pablo Iglesias intervino en un multitudinario mitin de Tsipras. Todos los medios del mundo estaban allí para certificar que Podemos y Syriza convergían y tenían el mismo discurso ante la crisis económica. A Iglesias le interesa que en España se le viera junto a un ganador, pero cabe dudar que Tsipras calculara bien las consecuencias de esa innecesaria identificación.

La deuda griega es un problema para sus acreedores que no son otros que los ciudadanos de la Unión Europea. Pero el problema de la deuda griega palidece ante lo que sería un problema serio con la deuda española, que en caso de “default” podría provocar una caída en cascada.

Tsipras sabía que iba a ganar las elecciones y que sería el Primer Ministro. Y en vez de intentar aislar los problemas griegos del resto de los problemas continentales los vinculó, en la persona de Iglesias, sin ninguna necesidad ni electoral ni política.

Tsipras ha reprochado a Rajoy que el gobierno español estaba negociando en clave de política interna. De lo que se da cuenta Tsipras es que él fue quien introdujo la política española en su agenda y especialmente en la negociación.

Foto: eldiario.es

Con rango de Ley

Todos los que hemos estudiado Derecho Administrativo con los magníficos tomos de García de Enterría, actualizados permanentemente por sus discípulos, hemos tomado conciencia de lo peliguado que son las disposiciones reglamentarias con rango de Ley o como se les conoce entre los actos normativos del Estado: el Real Decreto-Ley.

La principal objeción es que el ejercicio de la potestad legislativa por parte del poder ejecutivo enturbia la separación de poderes y solamente sería admisible en casos de “urgente y extraordinaria necesidad”.

Nuestra Constitución, tras una transición política en la que el principal instrumento normativo era el Decreto-Ley, incorporó las salvedades doctrinales y de otras normas constitucionales para hacer de reglamento con rango de Ley algo puramente excepcional y que se justificase por circunstancias tan obvias que fuera incuestionable su uso y la pertinencia de este uso.

Pese a las previsiones constitucionales el gobierno entonces en ejercicio, presidido por Adolfo Suárez, le había cogido gusto al Decreto-Ley y se permitió hasta modificar el Código Penal por esta vía, algo prohibido por la Constitución.

Ninguno de los gobiernos ha renunciado a hacer uso del Decreto-Ley y siempre han encontrado su “extraordinaria y urgente necesidad” para justificarlo. Este uso ha sido consentido por el Tribunal Constitucional ya que ha considerado que la “extraordinaria y urgente necesidad” del artículo 86 CE es generalmente una apreciación del gobierno, de manera que solamente en dos ocasiones han sido declarados inconstitucionales estas normas por falta de título habilitante, que es como se llama a la justificación.

La jurisprudencia constitucional considera que no hay “urgente y extraordinaria necesidad” cuando se emplea el Decreto-Ley para definir un régimen jurídico indefinido, como es el caso a mi entender del régimen del Registro Civil.

El Partido Popular tiene mayoría absoluta en el Congreso y en el Senado, por lo que puede legislar a placer en un tiempo relativamente corto de tiempo y sin admitir enmiendas si a ellos no les parece. El Partido Popular ya ni se molesta en remitir proyectos de Ley, a que estos sean informados por los órganos consultivos del Estado y especialmente por el Consejo de Estado, ni a que haya un mínimo debate parlamentario y social. Ellos se conforman por meter las máximas modificaciones normativas posibles en un solo documento, porque el BOE digital aguanta todo, y convalidar el Real Decreto-Ley rápidamente, no sólo imponiendo hechos que se consumarían de todas formas con su mayoría absoluta, sino cerrando la posibilidad del debate de cada una de las cuestiones.

¿Y quién puede parar esto? El Tribunal Constitucional. Nuestro Tribunal Constitucional hace cosas más propias de un juzgado de primera instancia e instrucción que del guardián del orden constitucional: va viendo los casos por orden de entrada y a veces ni eso, durmiendo normalmente el sueño de los justos. Un Tribunal de esta naturaleza no está sometido al orden de entrada sino a la importancia de los asuntos, de forma que los recursos de inconstitucionalidad y las cuestiones deberían tener preferencia sobre el recurso de amparo y resolverse en cuestión de meses, semanas y en el caso de un Decreto-Ley en días, especialmente la cuestión de si se da o no el título habilitante (y no todo puede justificarse con la crisis).

Una sentencia siete años después no tiene sentido y causa, en el caso de que se declare la inconstitucionalidad, más perjuicio que bien. Un sistema como el nuestro solamente funciona si los controles últimos funcionan.

La Gran Estrategia del Partido Popular

Estas líneas son la síntesis de una serie de ideas que me han ido rondando la cabeza los últimos meses. Es solamente una hipótesis de trabajo.

1. Echando de menos a Julio Anguita

Era mayo de 2012. Las Elecciones Autonómicas andaluzas habían arrojado la primera victoria electoral del PP en aquella comunidad autónoma, pero el hecho de no haber alcanzado la mayoría absoluta, como apuntaban todas las encuestas y los resultados de la Generales de 2011, le impidió a Javier Arenas hacerse con la Presidencia de la Junta de Andalucía.

Los socialistas habían aprendido de la experiencia de sus compañeros extremeños y no dieron por hecho que IU les iba a apoyar solamente para que los populares no gobernasen. Además los socialistas andaluces habían vivido, años antes, la feliz experiencia de ver al ahora líder regional de IU convertido en Presidente del Parlamento gracias al voto de los conservadores.

El PSOE de Andalucía se tomó en serio las negociaciones con IU y se marcó un doble objetivo: conseguir su apoyo para la investidura sobre unos acuerdos programáticos fuertes y que hubiera consejeros de IU en el gobierno andaluz. No se quería pasar por la difícil situación de no tener un sólido apoyo y un compromiso con el gobierno por no haber hecho algunas concesiones en su momento. La alternativa a un pacto con IU, en el caso que esta formación desde fuera del gobierno les hiciera la vida imposible, era solamente la celebración de unas elecciones que nadie quería.

Griñán ganó su segunda investidura y Valderas fue nombrado Vicepresidente de la Junta de Andalucía. En términos generales el gobierno de coalición entre el PSOE e IU ha marchado razonablemente bien, con algunas desavenencias, crisis y algo de postureo, y hasta ha sobrevivido a un cambio en la Jefatura del Gobierno.

Entre las filas socialistas el prejuicio respecto de los pactos con Izquierda Unida iba desapareciendo, mientras que en la federación liderada por Cayo Lara parecía mejor participar en gobiernos y poder atribuirse éxitos y alguna medida con relumbrón (los fracasos para otros) que esos votos casi desapercibidos en el Congreso que sirvieron para tomar decisiones relevantes pero que nadie le ha reconocido a IU durante todo el periodo de Gaspar Llamazares.

Pese a que las encuestas que se publican, y que los medios las cocinan convenientemente, parecían no mostrar demasiadas heridas para el PP, más allá de un descenso no acompañado por un ascenso del PSOE. En la calle Génova bien sabían que las diferencias eran más escasas y que IU recogería muchos de los votos que los socialistas perdieran, con la diferencia de que esos votos no se quedarían reducidos a un perdido grupo parlamentario, como en los tiempos del Anguitismo, sino que podrían converger en una coalición como la andaluza, como la experiencia asturiana y, más remotamente y con sus peculiaridades, como el tripartito catalán.

Pudiera ser que los socialistas no superasen a los populares en las próximas generales o que quedasen empatados, pero la certeza de que el gobierno de coalición les arrebataría La Moncloa hizo que planteasen una estrategia de amplio alcance.

2. Controlando los medios

A lo largo de los años el Partido Popular ha sabido estar amparado por grandes grupos mediáticos, mientras que su oponente, el PSOE, ha visto como sus apoyos mediáticos se venían abajo en crisis empresariales causadas por la estupidez de los derechos futbolísticos.

La realidad es la siguiente. Los españoles emplean la televisión para informarse, después la radio, los periódicos y finalmente están los de Internet. Quien controla la televisión, controla las noticias y las opiniones que reciben la inmensa mayoría de los españoles. Nada más llegar a la Presidencia, Rajoy liquidó la RTVE neutral y de calidad y puso al frente a un ex abogado del Estado que está ejerciendo a la perfección tu tarea de comisario político, hundiendo los índices de audiencia de Televisión Española.

Pero eso no importa, porque el que no quiere TVE no tiene alternativas: puede irse a Atresmedia o a Mediaset. Allí recibirá, con modulaciones, el mismo mensaje que quiere el Gobierno que reciban, porque en estos años de crisis hay que llevarse bien con el primer inversor publicitario del país y si no que se lo digan a Pedro J.

Alguien podría decirme que La Sexta no hace lo que estoy diciendo, pero yo le invitaría a la siguiente reflexión. Tras el hundimiento de los promotores de La Sexta, la cadena fue comprada por el Grupo Planeta que tiene al archiconservador periódico La Razón, la emisora de televisión para bienpensantes de derecha Antena 3 o la cadena de radio para bienpensantes de derecha Onda Cero. El Grupo Planeta se ha identificado siempre con la derecha más neta de España y nunca iba a permitir, ni por dinero, que un medio de su propiedad le hiciera el juego a la izquierda.

El Grupo Planeta y el Partido Popular se encontraron con un tesoro cuando La Sexta cayó en sus manos: una audiencia de izquierda dura, el sector izquierdista del PSOE y la mayoría de IU.

Como son personas listas no cometieron la enorme torpeza de cambiar radicalmente la línea editorial del medio y transformarla en la enésima televisión conservadora. La cambiaron de una forma sumamente sutil, dándole un giro más a la izquierda, de forma que el PSOE entrase dentro de su campo de tiro. Ante un público para el que el PP es el demonio, cualquier equiparación con el PP es hundirte. Y comenzó Jordi Évole y las infinitas tertulias televisivas a mandar el mensaje del PPSOE, de que son la misma mierda, de que el PSOE tiene que renovarse hasta dejar de ser un partido socialdemócrata, etc.

Una labor de zapa que día a día va dando sus frutos y se comienza a herir al núcleo duro del PSOE y también, aunque en menor medida, al núcleo duro de IU al que le darán fuerte después.

El control mediático consigue maravillas como las que hemos visto los días posteriores a las Elecciones Europeas: tres de cada cuatro votantes votan a la oposición y el tema es la situación de crisis en los principales partidos de la oposición y no la pérdida escandalosa de votos del en el partido del gobierno, el cual tiene al 75% de los ciudadanos en contra.

3. Fragmentación de la izquierda

El peligro de una coalición postelectoral, y no sólo a nivel nacional, entre el PSOE e IU no se conjugaba con la estrategia de atacar al PSOE porque esos ataques eran rentables para IU y el amigo Anguita ya no estaba. Se imponía fragmentar aún más la izquierda, atacar a todos simultáneamente e introducir un tercer elemento.

Pululaba por los canales de televisión un profesor con coleta, discurso contra la casta y exoneración de los ciudadanos, ferviente del comunismo latinoamericano y de todo lo bolivariano que era el candidato ideal. Se hace un tertuliano habitual, se le da cancha, él funciona correctamente y comienza a seducir desde La Sexta y Cuatro (donde quedan núcleos en extinción de nostálgicos de PRISA) al electorado de izquierda.

Los medios de comunicación que tienen una audiencia más zurda le hacen una campaña tremenda y lo tienen en toda tertulia posible. La repercusión de extiende a la red, pero siempre con base en la televisión que es lo realmente importante.

Vienen unas Elecciones Europeas donde la circunscripción única permite que se aproveche hasta el último voto y donde los llamamientos al voto útil son ridículos. Pablo se anima, hace varios trucos de primarias, y encabeza una lista que es la sensación de la aburridísima noche electoral del 25M.

Automáticamente los medios ensalzan a Pablo y Podemos como si hubieran ganado y el electorado de izquierda, que tiene cada cosa, se vuelve loco. Los dos partidos grandes comienzan a querer ser más Podemos que Podemos y a hacer el tonto en el intento. Las encuestas, aunque parecen no saber que los escaños se reparten por provincias poco pobladas en lo general, apuntan a que Podemos puede tener un grupo parlamentario generoso. Ya una coalición a tres se hace imposible y más con elementos maximalistas como Pablo y los suyos.

4. La Gran Coalición

Antes de las Elecciones Europeas, para complementar el efecto Podemos, los populares se lanzaron a comentar que Rubalcaba sería un gran Vicepresidente del Gobierno en el futuro ejecutivo de coalición entre el PP y el PSOE. Si examináis las declaraciones de los populares sobre esta posibilidad, ellos únicamente contemplan la Gran Coalición si ellos son los socios mayoritarios y nunca si son los minoritarios porque saben que es el suicidio para quien no tenga la Presidencia y se adjudique la labor de todos.

La mera idea de Gran Coalición espantó a muchos sectores de militantes y votantes socialistas, que se les han tenido que ver de todos los colores con los del PP en sitios nada agradables para ser de izquierda y del PSOE como la Comunitat Valenciana, Murcia o Madrid.

5. Sistema electoral

Guste o no, a mí no me gusta, el sistema de la LOREG es el que tenemos y el que se utilizará para elegir el próximo Congreso de los Diputados. Aunque todo el mundo hable de la “Ley D’Hontd” lo que hace realmente mayoritario al sistema son las muchas provincias de escasa población donde no votar a uno de los dos partidos con más votos es tirar tu voto.

Si el segundo partido pierde muchos votos, lo ganaré directamente el primero porque el ascenso del tercero, cuarto y quinto partido será insuficiente y más si el tercero también puede perder fuerza a favor de un hipotético cuarto. Unas elecciones con PSOE, IU y Podemos destrozándose entre ellos es la mejor forma de que, aún perdiendo votos, el PP aumente su representación parlamentaria.

6. Recomponer las bases

Las bases del PP están tocadas. No en vano han perdido puntos porcentuales como ellos no recuerdan. Los jubilados, gran apoyo de los populares, no se esperaban estos hachazos de los que creían sus grandes valedores y esos señores nunca olvidarán quien les hizo pagar nuevamente los medicamentos.

La estrategia del PP para recuperar votantes se centra en transmitir una sensación de recuperación económica, pero es difícil porque esta crisis no se encumbre con mentiras contables.

Las líneas van por cuestiones identitarias, ofrecidas en bandeja de plata por la derecha catalana y vasca, y ahora la defensa de la Monarquía escondida bajo la idea de defensa del orden constitucional. Dos de sus grandes temas, aborto y ETA, están aparcados porque han detectado oposición en el primer caso y hartazgo en el segundo.

Pero lo que más fuerza les va a dar a los populares va a ser el miedo a la extrema izquierda. La operación de lanzamiento de Pablo Iglesias y de Podemos tiene, además del objetivo de fragmentar más el voto de izquierda, el objetivo de asustar a los votantes de derecha y que les haga pensar que el hacimiento de su hijo en clase es menor que si gobernase el de la coleta y que merece la pena pagar más por los medicamentos porque al menos los hay, porque si llega al poder el de la coleta no habrá ni medicinas como en Venezuela.

El miedo es una fuerza poderosa y puede movilizar a quien no se espera. Si los populares y sus dóciles medios saben transmitir miedo, entonces podrán recuperar mucho terreno.

Las movilizaciones posteriores a la abdicación regia, del estilo del 15M, ayudan a la estrategia electoral del PP. Si después del 15M el Partido Popular obtuvo mayoría absoluta, después del nuevo proceso constituyente en Sol y su república federal, igualitaria, autogestionaria, indigenista, plurinacional, homeopática, asamblearia, medioambientalista, etc, etc el PP puede conseguir los dos tercios necesarios para reformar la Constitución.

¿Y qué podemos decir de Vox? Es la única piedra que tiene el PP en el camino, pero ha demostrado poco empuje electoral. El apagón mediático ha ayudado mucho a su fracaso porque sin base social o sales en los medios nacionales o no existes. Vox morirá el día que el PP llame al voto útil frente a la extrema izquierda.

Leer

Los peores profesores que he tenido en mi vida son los que se dedicaban a leer unos apuntes en clase y que además no podías sacarlos de ahí ni con una preguntas, ni una petición de ejemplificación de lo leído que no de lo expuesto. Eran tipos de los que siempre he pensado que realmente no sabían de lo que estaban hablando.

Imagínense que van al médico a recoger los resultados de sus pruebas y el médico, ante ellos, le lee una chuleta y cuando usted le pregunta saca otra chuleta y la lee. Que al preguntarle al tendero por el precio de los productos tenga que leerlos uno a uno. Que al intentar informarse de la marcha de sus hijos en el colegio, el maestro les lea una hoja y no separa darle cuenta de nada de lo que no esté en esa hoja. Que el empleado de banca, para informarle de las condiciones de su nueva cuenta, las lea sin levantar los ojos del papel y nuevamente ante preguntas le vuelva a leer el papel. Que el ingeniero no sepa nada si no lo lee.

Que el Presidente del Gobierno no sea capaz de hablar de nada sin leerlo. No lo imagines, está pasando.

No le consentiríamos eso ni al médico, ni al tendero, no al maestro, ni al empleado de banca ni a nadie; pensaríamos que es tonto o que está riéndose de nosotros. ¿Por qué se lo consentimos a un Presidente del Gobierno?

Alguien podría objetar es lo que se dice y no si se lee o no, que hablar sobre la capacidad de hablar sin leer no deja de ser quedarse en lo externo, en lo superficial. Yo soy de los que piensan que todos los aspectos de la vida, lo superficial y lo de fondo tienen mucho que ver y que no pueden separarse tan fácilmente.

Pero sobre todo pienso que uno necesita leer lo que no sabe, lo que no está convencido. Cuanto mayor es el desconocimiento, mayor es la necesidad de leer. Cuando alguien utiliza ideas propias, solamente necesita leer detalles, datos, cifras, nombres, pero no todo; pero cuando uno lo que está leyendo es lo que otros le dicen que tienen que decir y hacer, entonces se agarra al papel como su salvación ya que si lo deja, lo pierde o no lo sigue, no será capaz de decir absolutamente nada.

¿Queremos un Presidente que no sepa de lo que está hablando? ¿Es presentable Presidente que tiene que formular la contrarréplica leída y redactada anteriormente a lo que replica porque es un absoluto incapaz? Sé que Rajoy es registrador de la propiedad, como si eso fuera garantía de nada y como si los tontos no pudieran aprobar cualquier oposición.

La derecha ya ha conseguido colocar el debate donde le interesa

El debate político está donde a la derecha le viene bien que esté: en la identidad. Mas y Rajoy se mueven muy bien expresando identidades, naciones, banderas y otras gaitas mientras las zarandajas de la pertenencia y la patria esconden los monumentales, y habitualmente, ideológicos recortes que están practicando.

A Artur Mas le conviene un ambiente polarizado en torno a lo nacional, porque así no se habla ni de cuestiones sociales, ni de problemas económicos y de muchas de las cosas que su gobierno autonómico va haciendo. A Rajoy le conviene por las mismas razones, porque él se mueve en el terreno nacionalista como los de CiU, ya que es nacionalista como ellos pero de otra identidad.

Ambas formaciones lanzarán a sus perros mediáticos a calentar el ambiente: una declaración incendiaria en Barcelona o Madrid eleva el apoyo al gobierno del otro lado por parte de sus ahora flaqueantes núcleos duros de votantes y mientras tanto, con una tupida cortina de humo, se seguirá realizando una política en la que derecha hispana dice creer pero que solamente es capaz de ejecutar a escondidas.