Los escasos efectos de la subida del SMI

smi-plastico-vidrioSe echaban de menos esos tiempos en los que los sábados podíamos desayunar leyéndonos los Reales Decretos-Leyes aprobados por el Consejo de Ministros el día anterior. Gracias al apoyo del PSOE al gobierno del PP, en lo que es una Gran Coalición, vergonzosa para los socialistas.

El PSOE va a aprobar con el PP el techo de gasto, antesala de los Presupuestos Generales del Estado que contarán con su apoyo con voto favorable o abstención, lo que haga falta. A cambio de dejar de ser la oposición y pasar a ser un partido de gobierno fuera del Gobierno, los populares han accedido a una subida del 8% en el Salario Mínimo Interprofesional (SMI) para que la Gestora del PSOE tenga algo de vender como si pusiesen un precio a su sumisión.

Dice el texto normativo del BOE de ayer:

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El SMI dejó de ser el índice de referencia para multitud de cuestiones laborales, sociales o administrativas con el Real Decreto-Ley 3/2004, aprobado por un recién elegido Rodríguez Zapatero. Efectivamente aquella norma subió el SMI, pero también descafeinó la subida.

El artículo 1 estableció la desvinculación del salario mínimo interprofesional de otros efectos distintos de los laborales quedando como referencia para diez cuestiones laborales entre las que destacan la inembargabilidad del salario o el límite de responsabilidad del Fondo de Garantía Social, así como las bases de cotización para la Seguridad Social o el cálculo del desempleo. Nació el ya famoso IPREM en el artículo 2.

Lo interesante de toda subida del SMI, que era la repercusión en los salarios superiores al SMI, la inmensa mayoría, fue cortocircuitada porque los Convenios Colectivos que lo empleasen podían seguir con el aprobado con el Gobierno de Aznar para ese año (Disposición Transitoria 2ª). Solamente los que cobraban el SMI vieron subir sus retribuciones.

El modelo que se ha seguido en 2016 es el mismo. Se sube, pero se cortocircuita nuevamente su efecto en Convenios Colectivos, acuerdos y contratos privados y normas no estatales de acuerdo con la voluntad que determine el Gobierno (voluntad que todos sabemos cuál es).

La consecuencia del gran logro de la Gestora del PSOE no es otra cosa que la subida del salario a los que cobran la cuantía exacta del SMI. Si como la prensa publicó hace dos años, recogiendo informes de la OCDE y el FMI, un tercio de los trabajadores españoles ya estaban por debajo del SMI: ¿alguien piensa que si ya están en la ilegalidad con la subida simplemente no se van a quedar aún más lejos? El tema es de Estado de Derecho y eso nadie lo quiere tocar.

La Gestora del PSOE no ha conseguido casi nada para lo mucho, muchísimo que han entregado.

Hay que señalar que la Proposición de Ley, tomada en consideración positivamente por el Congreso, y presentada por el Grupo Parlamentario de Podemos sí reconecta la subida con las normas no estatales, Convenios Colectivos y acuerdos y contratos privados, aunque simultáneamente deja sin repercutir la subida en los sueldos que, en cómputo anual, fuera superior al nuevo SMI. Bastante mejor que lo del PSOE, pero aún insuficiente.

¿Abstenerse es apoyar?

 

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Una de las entradas que más visita ha recibida en los casi diez años de este blog ha sido una titulada “Las consecuencias de la abstención” en la que exponía qué implicaciones tenía para una zona, colectivo, clase social o sexo no ir a votar en las elecciones.

Llevo semanas detectando que esa entrada, siempre con buen número de visitas, se ha disparado, posiblemente porque hay personas que quieren saber qué es abstenerse y qué consecuencias tiene, concretamente en la investidura del Presidente del Gobierno.

Lo primero que hemos de hacer es una precisión terminológica. Cuando hay elecciones si yo no voy a votar me abstendré y si introduzco un sobre sin papeleta seré computado como voto en blanco. En un referendum si no voto igualmente me abstendré, pero si no quiero votar “sí” o “no” tendré una tercera papeleta para expresar el voto en blanco.

En las Cortes Generales, en los legislativos autonómicos y en las corporaciones locales, los representantes electos tienen tres opción para votar: “sí”, “no” o “abstención”.  La abstención aquí equivale al voto en blanco. Si simplemente no van a votar, no serán contando entre los que sí lo han hecho.

Establecido esto. ¿Abstenerse en una votación de investidura significa apoyar la investidura? La respuesta es relativa, pues la abstención tendrá un valor u otro dependiendo de sus efectos, esto es, si la abstención no implica la investidura del candidato, no será un apoyo, pero sí lo será si conlleva la investidura del candidato.

Rajoy obtuvo en las dos votaciones de su investidura fallido 180 noes. Que al menos once noes se conviertan en abstenciones, inviste Presidente a Mariano Rajoy. Sí, abstenerse en este caso es apoyar la investidura de Mariano Rajoy.

Niego la mayor

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José Andrés Torres Mora es diputado socialista por Málaga, profesor de Sociología y publica artículos en prensa y en su blog que a muchos nos resultan siempre de sumo interés. Ha publicado un artículo, en el que apelando a la distinción weberiana entre ética de la convicción y de la responsabilidad, se muestra a favor de apoyar la investidura sobre la base de que es mejor un Rajoy débil y en minoría en el Congreso, que tenga que pactar, que un Rajoy fortalecido que solamente necesitaría pactar con Ciudadanos.

Niego que Rajoy sea débil en la actual composición del Congreso y baso esta negación en los siguientes argumentos:

1)Nuestro sistema constitucional tiene un conjunto de reglas constitucionales que impiden un gobierno parlamentario. Dejan la potestad presupuestaria en manos del Ejecutivo, no quedándole al Legislativo más posibilidades que negociar en inferioridad algunos retoques o sencillamente rechazar el Presupuesto, pero nunca puede proponer un Presupuestos propio, cambiar los gastos entre secciones (ministerios o equivalentes) o aprobar cualquier Ley que suponga un aumento de gasto sin autorización del Gobierno. Además el Legislativo carece de los medios administrativos adecuados para desarrollar un gobierno parlamentario en contraposición al poder administrativo en manos del Ejecutivo (como es lógico).

2) No sólo existen los mecanismos jurídicos y administrativos, sino que la propia dinámica de las diferentes fuerzas políticas impiden una mayoría permanente a la contra del Gobierno. Desde el centro-derecha de Ciudadanos, PNV y PDC (antigua CDC), hasta la izquierda de Podemos, IU y sus confluencias, pasando por la socialdemocracia de ERC o NC, la variedad es tal que las posibilidades de ponerse de acuerdo para hacer algo son pocas, salvo cuando se busca el titular con una votación que solamente dice “no” a algo del Gobierno. Pongamos un ejemplo: es fácil encontrar una mayoría parlamentaria contra las reválidas, pero es imposible encontrarla para proponer una alternativa a las reválidas.

3) El PP tiene un acuerdo básico de Gobierno con Ciudadanos y Coalición Canarias que suman 170 diputados. Allí están las bases para un programa de Gobierno que solamente necesita once abstenciones para ser puesto en marcha medida a media. Y claro, siempre para cada Ley se encuentra a alguien que puede abstenerse porque coincide ideológicamente, porque pacta una disposición adicional que defiende sus intereses o porque va en un paquete de acuerdos. No hay que olvidar que la mayoría parlamentaria actual está a la derecha del centro ya que PP, Ciudadanos, Coalición Canaria, PDC (ex CDC) y PNV suman 183 diputados frente a los 167 diputados de la izquierda.

4) La situación en el PSOE, especialmente la campaña y métodos empleados para provocar la salida de Pedro Sánchez y la poca entidad política y moral de los que han entrado a hacerse cargo del Partido no colocan al PSOE en una buena posición. Las tensiones internas y el estado de sublevación de la militancia que está siendo despreciada públicamente por unos dirigentes electos en listas únicas no auguran nada bueno. Rajoy es más fuerte porque el PSOE es cada día, gracias a la acción de sus presuntos salvadores, más débil. La grave falta a un promesa electoral fundamental va a tener un castigo electoral ineludible.

5) La tremenda campaña de los medios, con los teóricamente cercanos a la cabeza, se repetirá cada vez que el PSOE no se porte como se espera que haga un “partido de Estado”, y si la aprobación de los Presupuestos, una reforma laboral aún más draconiana o un recorte en la pensiones requieren del voto o abstención o ausencia de los socialistas, se repetirá el espectáculo y el secretario general de turno  cederá antes de que Rajoy llame a Felipe González y a Susana Díaz y le monten un 1 de octubre.

6) Se investirá al jefe de un partido que está en los tribunales por tener presuntamente, a nivel nacional, tramas de corrupción institucionalizada desde hacía décadas. Declaraciones indignantes como las de Mario Jiménez que rebajaba la gravedad del caso Gurtel por el mero paso del tiempo, rechinan especialmente en un Partido que ha dicho a través de la Memoria Histórica que el paso del tiempo no absuelve ni elimina el mal.

7) Finalmente el Presidente del Gobierno tiene siempre la posibilidad de disolver las Cortes a partir del 4 de mayo, dependiendo de su más pura conveniencia electoral. De Rajoy hay que esperarlo todo ya que ha estado a nada de poner condiciones para aceptar las abstenciones del PSOE.

¿Es necesario que Rajoy se presente ante el Rey para poder ser nominado como candidato nuevamente?

El Rey tiene que llamar a los representantes de los partidos políticos para informarse de cuál es la tendencia de cada uno a la hora de la investidura. Podría llevar Felipe VI a la conclusión de que Mariano Rajoy cuenta con los votos suficientes y comunicar su candidatura, pues como bien dice un aciago dictamen del Consejo de Estado, la Constitución teleológicamente busca facilitar la investidura.

Artículo 99.1 CE

Después de cada renovación del Congreso de los Diputados, y en los demás supuestos constitucionales en que así proceda, el Rey, previa consulta con los representantes designados por los Grupos políticos con representación parlamentaria, y a través del Presidente del Congreso, propondrá un candidato a la Presidencia del Gobierno.

Lo único importante

A propósito de la megacrisis del PSOE y de todo lo que se está escribiendo y conjeturando, creo que hay mucho ruido, demasiado.

A corto plazo la decisión más importante que tiene tomar el PSOE no es qué se hace con el modelo de Congreso, qué se hace con las primarias a Secretario General o qué papel han de tener los barones territoriales dentro de la organización; no importa si Pedro Sánchez era el demonio o un santo y si Luena iba de frente o no: es irrelevante si Díaz lloró o no, si el otro gritó o no y si era mejor voto secreto o nominal a viva voz.

Hoy, lunes, todo eso es folklore. Lo único importante es si el PSOE va a facilitar o no la investidura de Mariano Rajoy como Presidente del Gobierno. Si lo hace perderá millones de votos, de los que le quedan que son los más fieles, de los que siempre han defendido al partido, de los que más que tu suelo electoral son tus cimientos.

Ha pasado lo que lleva pasando demasiado tiempo

Las situaciones vividas en torno a las maniobras para derribar a Pedro Sánchez de la dirección del PSOE y poder investir a Mariano Rajoy nuevamente como Presidente del Gobierno no son nuevas en este partido. Ni las reuniones tumultuosas o el inventarse las normas estatutarias, aplicando reglas inexistentes e instituyendo autoridades de la nada, son o han sido el pan de cada de numerosas agrupaciones.

A muchos se nos ha echado del partido con estas artimañas de quienes no son nadie fuera de las sedes del PSOE. Los resultados de esta nefasta selección de personal están claros: una pérdida constante de votos en todos los niveles territoriales que se veló temporalmente durante los siete años de Zapatero. Mucho talento jubilado a los treinta, mucho “aparatchik” intentando explotar un capital político cada día más exiguo y luego extrañándose de que el PP les gane cada vez con más diferencia.

Hasta ahora han sobrevivido porque siempre se había mantenido dentro del imaginario: el PSOE como el oponente fundamental al PP. Fuera quien fuera el que se hacía con el control, no se le ocurría tocar ese punto. Ahora se va a quebrar esa pieza fundamental y va a ser muy difícil recomponerla porque no vivimos en la España del Referéndum de la OTAN como cree Felipe González y los que no han visto más país que las sedes del partido.

Roto el imaginario, rota la idea de que tu voto nunca iba a terminar haciendo al PP gobernar, por más que hubiera numerosas cosas discutibles, es complicado reconstruir la confianza de los votantes, que al final son los importantes. En esta crisis los barones han despreciado al votante presente para atraer a un votante futuro que es puramente imaginario, una quimera que solamente existe en la cabeza de estos dirigentes.

Si tuviera que dar una sola medida para recomponer el PSOE, además de seguir en el “No es No”, diría que lo que hay que hacer más pronto que tarde es disolver Juventudes Socialistas. Juventudes lleva demasiado tiempo siendo una organización que lo único que le enseña sus militantes es que hay que ser sumiso al poder, traidor al compañero y que hay una vida estupenda viviendo de puesto político en puesto político hasta que se llega a algo mejor. Susana Díaz es el arquetipo de Juventudes y en su apoyo a Rajoy tenemos el grado de degeneración al que han llegado.

Interés de España y sacrificio compartido

Lo que más ha escamado de la investidura fallida de Rajoy era el hecho de que se utilizasen argumentos como “sentido de Estado”, “responsabilidad”, “patriotismo” o “el bien de los españoles” que solamente exigían sacrificios, inmensos, de los socialistas y no de los que deberían haber dinamizado el proceso, los populares.

Mariano Rajoy y el Partido Popular no han cedido nada. El acuerdo con Ciudadanos les ha otorgado el programa que no tenían en muchísimas materias y en los aspectos donde tenían algo concreto, no se han retirado un milímetro. Con 137 diputados querían ser investidos y gobernar como si hubieran obtenido la mayoría absoluta.

Si investir un Presidente y evitar unas terceras elecciones son un imperativo, el partido con más votos debe asumir sacrificios antes de pedírselos a los demás partidos, porque de lo contrario podremos pensar con sólidas razones que su pretensión es únicamente táctica.

Alfonso Guerra solamente admitía la abstención del PSOE si se daba la de Ciudadanos y la de Podemos, es decir, nadie saca beneficio ni es perjudicado por la decisión. Esta opción no desechada automáticamente porque todo esto no ha ido del interés de los españoles ni de la necesidad de tener gobierno, sino de la vida política de Mariano Rajoy.