De Cospedal tiene razón

María Dolores de Cospedal tiene razón en su disputa con Javier Arenas sobre las responsabilidades por el enésimo fracaso andaluz.

Es cierto que Arenas ni preside actualmente el PP en Andalucía, ni ha sido el candidato a la Presidencia de la Junta, pero lo que también es verdadero es que es el hombre fuerte en esta región del Partido Popular, las que más afiliados y diputados aporta a la estructura nacional, y que nada importante se hace dentro del PP-A que no haya recibido el visto bueno de Arenas.

Arenas es un polifracasado. Es cierto que ganó las elecciones andaluzas de 2012, pero en política la victoria solamente lo es si te permite gobernar, lo cual no fue el caso. En sus primeros años como líder de los populares andaluces luchó por transformar el partido, pero se paró en sus propias ideas.

Los cargos públicos que Arenas ha desempeñado, los ha obtenido digitalmente: ministro de Trabajo o vicepresidente segundo del Gobierno. Si hubiera sido un político de partido, sería una carrera brillante, pero Arenas es un político de primera fila y nunca ha ganado electoralmente un puesto ejecutivo y eso sí es un menoscabo.

Arenas es criticado por De Copesdal. Cabe preguntar quién es políticamente De Cospedal. Toda su carrera política ha sido fruto de la designación de los líderes populares. Alguien podría objetar que ella ganó las elecciones autonómicas de 2011 en una plaza socialista, pero sería una verdad a media, porque Castilla-La Mancha era socialista solamente en las autonómicas y porque en 2011 una cabra presentada por el PP hubiera ganado. No hay que olvidar que es de las pocas personas, que yo conozca, que ha estado en dos gobiernos regionales de dos comunidades diferentes.

De Cospedal sabe que solamente dejará de ser una “aparatchik” alimentada del líder si gana las elecciones castellano-manchegas de mayo. Si fracasa y los socialistas recuperan esta comunidad, De Cospedal no tendrá más personalidad y futuro político que el que le sea concedido.

De Cospedal tiene razón, pero los argumentos que se la otorgan son también los que la acusan de los mismos cargos que a Arenas.

Objetivo San Telmo (XV): Confederación de alcaldes

El único líder regional que ha tenido el PP de Andalucía ha sido Javier Arenas. No es buen político, pero ha sido el único que ha sabido trascender las ciudades y las provincias de los conservadores andaluces para ser un poco de todos.

El Partido Popular lo ha hecho electoralmente muy bien en los núcleos más poblados. Con la excepción de Dos Hermanas, gobierna todas las ciudades con más de cien mil habitantes. Buena parte de su éxito ha residido en gastar los ingresos urbanísticos y en gestionar un “localismo de campanario” que se centra en el rechazo al de la provincia de al lado.

Los alcaldes del PP se presentan ante sus ciudadanos como una especies de procuradores de recursos ante la administración autonómica. Y como todos sabemos que hay una suma cero en esto, lo que yo me llevo no se lo lleva otro, lo principal es lo que se obtenga para cada cual, no la existencia de ideas y proyectos que sobrepasen lo municipal o lo provincial.

Es por ello la tremenda contrariedad que le ha supuesto al Partido Popular de Andalucía que los alcaldes no puedan compatibilizar el puesto municipal con ser diputados autonómicos.

Los alcaldes son un estupendo banderín de enganche para las autonómicas, sobre todo para el votante que vota PP en las locales pero que no le convence en las autonómicas. En vez de darle un argumento de dimensión regional, se le potencia el localismo con aquello de que es mejor para el municipio que el alcalde sea diputado autonómico que solamente sea alcalde.

Desde fuera de Andalucía hay teorías de todo tipo para explicar la permanencia del PSOE en el gobierno autonómico desde el inicio de la autonomía. Como siempre que se da estas situaciones hegemónicas no hay que mirar solamente al que gana, sino también al que pierde, que puede que sea la principal causa.

Un proyecto regional no es agregado de intereses locales o provinciales, que normalmente luchan los unos contra los otros. Un proyecto regional es la articulación de estos intereses, matizándolos y modificándolos, para alcanzar objetivos que trascienden lo local o lo provincial.

Hasta que el PP de Andalucía no deje de ser, entre otras cosas, una confederación del alcaldes para convertirse en un partido político no tendrá ninguna opción.

Los criterios cambiantes

Javier Arenas reclama la Presidencia del Parlamento de Andalucía para uno de los diputados del PP. Lo hace basándose en que su formación es la más votada y que, dado que no van a gobernar la Junta, al menos que le dejen con el premio de consolación que sería la Presidencia de la cámara autonómica, cargo importante desde el que entorpecer todo lo que se pueda al nuevo gobierno andaluz.

Lo malo que tiene Javier Arenas es que, además de haber perdido las elecciones cuatro veces, tiene un historial político en Andalucía que desmiente hasta el más pequeño de sus argumentos. En 1994 el partido más votado fue el PSOE, pero sin obtener la mayoría absoluta, de modo que la Presidencia del Parlamento, gracias a un acuerdo entre el PP e IU, fue a parar al líder del tercer partido con más votos, Diego Valderas, el mismo comunista malo que ahora va a apoyar a Griñán en la investidura.

Si en 1994 a Arenas no le valió que el más votado, ni siquiera el segundo, se hiciese con la Presidencia del Parlamento, ¿por qué habría de valer ahora?

Haciendo el ridículo

Si alguien pensaba que me pasaba cuando describía el acabamiento político de Javier Arenas, incluso podía imputarme ciertas dosis de demagogia, se habrá dado cuenta que en el peor de los casos me he quedado bastante corto.

La oferta de pacto de gobierno al PSOE es uno de los mayores ridículos políticos que se han hecho en este país desde 1977. No tiene sentido hablar, ni de parlamentarismo, ni de representatividad, ni del alto porcentaje de votos que no le apoyaron y que sí estarían detrás de otro gobierno.

Todo ello son razonamientos que alguien que siente que su carrera política se está acabando no puede atender (tampoco antes se anduvo con finuras intelectuales). Arenas pide a la desesperada algo que contradice lo que sus compañeros asturianos van a hacer y propone a alguien lo menos a cambio de lo más.

Su orgullo y su muy errónea autovaloración le hacen recabar el apoyo de quienes tienen la posibilidad de seguir con la Presidencia con el pobre y pueril argumento de ‘vosotros sois malos y yo soy bueno’.

El problema que tiene Arenas es que, en mi opinión, o se convierte en un triste opositor regional o no tiene demasiadas opciones, porque los acciones internas antes del Congreso de Valencia le dieron poder y pusieron resentidos deseosos de tener la oportunidad de poner una zancadilla y ha llegado el momento.

Está desesperado porque el Principio de Peter o bien le ha dejado de ser propicio, o bien ha ganado alguna competencia.

La derecha sociológica andaluza cansada de Arenas

La tumba política de Javier Arenas no es su incapacidad de conseguir gobernar la comunidad autónoma de Andalucía. Tampoco es su infinita torpeza para relacionarse con su electorado, por no saber convencerle de que defiende sus intereses. La tumba política de Javier Arenas ha sido una portada díscola dentro de las de la prensa de derechas, la del ABC de Sevilla.

Para la mayoría de los periódicos derechistas, Andalucía en sí no importa nada y los andaluces no son más que unas ratas, con apariencia humana y derecho a voto. Andalucía solamente era la última piedra del poder socialista y la derecha quería hacerse con ella. Simple poder.

Para ABC de Sevilla, periódico algo más conservador que las otras ediciones locales de ABC (sí, es posible), Andalucía es su región y donde la política tiene trascendencia en la vida de las personas. El muy conservador ABC de Sevilla ha estallado contra su archiprotegido, Javier Arenas, al que ha amparado desde su época de tránsfuga del PP, donde vio a su suegro cesado como comisario de la Expo, cuando no hacía más que el ridículo en cada comicio o cuando se alejaba de los ideales católicos que inspiran a este medio.

ABC de Sevilla y toda la sociedad conservadora han roto con Arenas definitivamente, están hartos de su forma de ser, de ese sentirse y vivir ‘sobrado’ y no haber empatado ni en la elección a delegado de clase en la guardería. Los conservadores andaluces ya no le pasan ni una más y él se queda sin apoyo social y solamente con su capacidad para trepar para seguir parasitando políticamente.

Elecciones andaluzas 2012 (I) Notas sobre el PP

Uno de los mitos políticos en España consiste en decir que una alta participación beneficia a la izquierda y una alta abstención a la derecha. Hay ya numerosos contraejemplos, pero en esta ocasión los resultados de las Elecciones Autonómicas en Andalucía dejan claro que la abstención o la alta participación pueden perjudicar tanto a unos como a otros.

Cuando lo que se estaba es contando la diferencia que iba a haber entre el PP y el PSOE y la dimensión de lo astronómico de su ventaja, la victoria por mayoría simple del PP sabe mal, sabe tan mal como la derrota, aunque no el ridículo que hubiera supuesto una derrota.

El PP, desde hace mucho tiempo, ha apostado por un modelo de contienda electoral que, en términos generales, les ha resultado exitoso: ocupar todo el espacio político desde el centro-derecha hasta la extrema derecha. Esto hace que, normalmente, para gobernar tenga que conseguir mayoría absoluta y que si no lo consigue continúa en la oposición otros cuatro años más. La frustración que algunos fracasos en su objetivo les hizo mantener la teoría de que gobierne el más votado, pero que ahora es insostenible porque tendrían que ceder el gobierno asturiano a los socialistas.

La fuerza sociológica e ideológica de la izquierda en Andalucía hace difícil esta estrategia toda vez que IU se mantiene con fuerza en el Parlamento de Andalucía. Pero esta estrategia es imposible cuando se esperan lograr la mayoría absoluta por la desaparición del adversario ganando solamente un 2,11% de votos respecto a 2008.

A todo ello hemos de unir que Javier Arenas es el peor candidato que uno puede presentar. No solamente fideliza el voto del adversario o no lo hace desistir, sino que hace que los posibles votantes no pasen de posibles. En la campaña ha cometido un acto de una torpeza digna de un resultado peor: no ir al debate en Canal sur y hacerse un debate él solito en Telemadrid. Uno puede pensar lo que sea sobre Canal Sur, pero si quieres debatir y que te vean es donde tienes que ir y a no a una cadena autonómico que no se recibe en tu región. Y Arenas se irá de nuevo a Madrid a ver si el Presidente Rajoy le da algo y dejará nuevamente al PP de Andalucía en una situación de inútil interinidad.

Y finalmente, en lo que al PP toca, hay que hacer referencia a los más de cuatrocientos mil votos que ha perdido respecto a las Generales de hace cuatro meses. Esas mismas encuestas, y esas mismas interpretaciones, que mantienen al Rajoy en la ‘luna de miel’ daban mayorías absolutísimas a Javier Arenas. Si yo fuera él, me lo haría ver.