Una realidad paralela

ABC Mas y CUP
Con un inesperado golpe de mano, Artur Mas coloca a una marioneta de President de la Generalitat al que le deja hasta decidido el gobierno, para las aspiraciones de su socio y liquida a una fuerza emergente como la CUP. Todo a cambio de dar un paso atrás y manejar la política catalana desde la dirección de Convergència Democràtica de Catalunya. Además de todo ello consigue que la CUP respalde al nuevo gobierno catalán y hasta pidan perdón por no haberse entregado antes.

En el mundo paralelo de ABC han sido los “antisistemas” (como denominan a la CUP) los que han vencido. La pregunta es cuál hubiera sido una derrota de la CUP: ¿la decapitación pública? La estrategia, torpemente disimulada, es meter miedo a sus lectores, como lleva haciendo décadas, para que no duden de que más vale partido de corruptos conocido que antisistemas por conocer.

La cuestión es que, siguiendo la tradición de este medio, no lo hacen en una editorial o en opinión, sino interpretando de tal manera la información que resulta irreconocible. ABC forma una red de medios que siempre acomodan la realidad a sus intereses y superan lo que es una línea para convertirse en informantes de la ficción. Una ficción rentable electoralmente para el Partido Popular.

Apuntes sobre las elecciones catalanas

Ayer tuvieron lugar las elecciones catalanas adelantadas dos años. Sin mucho tiempo me gustaría compartir algunas reflexiones dispares sobre cosas que me vinieron a la cabeza la pasada noche.

1) La marea soberanista se ha quedado en tres olas y medias. A Mas se le ha castigado por su política diaria, por sus recortes, por poner tasas para todo y para todos, por recortar en los servicios públicos y no recortar en otros sitios. Mas ha querido jugar la baza identitaria y no le salido muy mal.

2) ERC vive nuevamente su momento político ideal. Ellos pueden tirar del soberanismo porque no son los que recortan y pueden criticar los recortes sin hablar de sus responsabilidades cuando sí gobernaron. Pero lo mejor de todo, lo que galvaniza electoralmente a ERC es que el PP esté instalado en La Moncloa.

3) El PSC continúa con su peculiar bajada. No coincido con José Rodríguez en su análisis ya que tengo la convicción de que los resultados históricos del PSC no se deben a su mensaje federalista sino a la intersección entre una fuerte propaganda anticatalana del PP en los noventas y la necesidad del voto útil para sacar a los populares del gobierno y mantenerlos bien lejos en las siguientes elecciones.

4) El PP ha ganado algo, lo cual es meritorio pero poco significativo. A ellos les beneficia el debate soberanista y más cuando no son los que lo han planteado. No nos olvidemos que el sistema de partidos en Euskadi y Catalunya es diferente al del resto de España y que Galicia es un feudo con una oposición dividida en tres candidaturas. ¿Ya nos hemos olvidado de la comunidad más poblada?

5) Que nadie se llame a engaño sobre lo plural del sistema de partidos catalán. Primero hay que señalar que se dan dos ejes (el ideológico y el identitario) y en segundo lugar que la facilidad de acceso al Parlamento la proporciona la circunscripción electoral más proporcional de España (Barcelona con 85 diputados) y que las restantes provincias tengan también un número amplio de diputados. La proporcionalidad provincial no hay que confundirla con proporcionalidad regional ya que nos encontramos precisamente en la Comunidad en la que en dos ocasiones el partido más votado no fue el que más escaños obtuvo y, ahora, el segundo con más escaños tienes menos votos que el tercero.

6) La fragmentación de la izquierda es la tabla de salvación electoral de la derecha. Contad el número de candidaturas por cada bloque ideológico.

7) En medio de una supuesta desafección política y deseos zgeneralizados por un cambio de sistema constitucional, van un 10% más de catalanes a votar. Parece que el problema no es el sistema político o sus procedimientos.

8) A CiU le basta la abstención prudente, silenciosa y medida del PP para gobernar con cierta tranquilidad y no tener que soportar las salidas de tono de ERC.

La derecha ya ha conseguido colocar el debate donde le interesa

El debate político está donde a la derecha le viene bien que esté: en la identidad. Mas y Rajoy se mueven muy bien expresando identidades, naciones, banderas y otras gaitas mientras las zarandajas de la pertenencia y la patria esconden los monumentales, y habitualmente, ideológicos recortes que están practicando.

A Artur Mas le conviene un ambiente polarizado en torno a lo nacional, porque así no se habla ni de cuestiones sociales, ni de problemas económicos y de muchas de las cosas que su gobierno autonómico va haciendo. A Rajoy le conviene por las mismas razones, porque él se mueve en el terreno nacionalista como los de CiU, ya que es nacionalista como ellos pero de otra identidad.

Ambas formaciones lanzarán a sus perros mediáticos a calentar el ambiente: una declaración incendiaria en Barcelona o Madrid eleva el apoyo al gobierno del otro lado por parte de sus ahora flaqueantes núcleos duros de votantes y mientras tanto, con una tupida cortina de humo, se seguirá realizando una política en la que derecha hispana dice creer pero que solamente es capaz de ejecutar a escondidas.

¿Puede un independentista ser un buen católico?

La Conferencia Episcopal ya ha hecho su tradicional recomendación para el voto en las Elecciones Generales (al PP, como siempre). El octavo párrafo del documento es encantador y me hace formular la pregunta que da título a esta entrada: ¿puede un independentista ser un buen católico?

Pero comencemos por reproducir el mencionado párrafo:

8. Recordamos de nuevo que se reconoce la legitimidad moral de los nacionalismos o regionalismos que, por métodos pacíficos, desean una nueva configuración de la unidad del estado español. Y también, que es necesario tutelar el bien común de la nación española en su conjunto, evitando los riesgos de manipulación de la verdad histórica y de la opinión pública por causa de pretensiones separatistas o ideológicas de cualquier tipo.

Llama la atención es el intento de equilibrio que intenta mantener, ya que no condena a los nacionalistas ni a los regionalistas, sino todo lo contrario, les reconoce ‘legitimidad moral’. Esta justificación procede de la acertada idea de que las dos fuerzas nacionalistas (PNV e CiU) tienen elementos confesionales católicos.

Lo que ya no es demasiado explicable es el patinazo de confundir ‘nacionalismo’ con ‘regionalismo’, es decir, que igualar lo que piensan en CiU o PNV sobre la configuración política de Catalunya o Euskadi con lo que piensa Revilla respecto a Cantabria en esta materia. El ‘regionalismo’ no es ‘nacionalismo’, sino una especie de ‘sindicato territorial’.

Buena parte del PNV o una amplia proporción de CiU tienen en perspectiva la independencia de sus territorios, cuestión que parece inadmisible moralmente para los obispos católicos ya que la máxima aspiración nacionalista que aceptan es una ‘nueva configuración de la unidad del estado español’, es decir, una distribución diferente de las competencias entre las autonomías y el gobierno central.

Pero lo mejor está por llegar y es la segunda parte del párrafo, algo así como la ‘cláusula centralista’ del credo niceno-constantinopolitano. La nación española (siempre en minúsculas) es tratado como un ‘a priori’ y no como un ‘a posteriori’ de la historia, por ello hablan los obispos católicos de la necesidad de tutelar, por el bien común, la labor de los historiadores para evitar riesgos que no especifican, no sé si porque quieren ocultarlos, no son riesgos o ellos mismos los desconocen.

Los malos, en todo esto, son los separatistas, que deben ser así como unos nacionalistas malos. Para los obispos ser nacionalista no es malo del todo siempre y cuando no se sea separatista, dicho en otras palabras, mientras se sea un nacionalista que renuncia a tener un estado propio. A partir de este párrafo podemos concluir que es moralmente reprobable, desde la doctrina de episcopado católico español, ser separatista y que un buen católico no puede querer la independencia de La Rioja.

El problema es que, por más que uno remueve la doctrina católica, no encuentra ni en los enunciados pontificales ni en el hacer precedente de la Iglesia nada en este sentido: ¿eran malos católicos los irlandeses que querían la independencia del Reino Unido?

La situación era peor de lo que pensábamos

Artur Mas ha entrado en la Presidencia de la Generalitat diciendo que la situación financiera era peor de la que se esperaban. La situación financiera no es una cuestión de esperanza y CiU tenía, aún en la oposición, el acceso a la documentación y los recursos para analizarla y conocer cuál era la situación financiera de la Generalitat.

Lo que ha hecho Artus Mas no es más que cumplir con una cláusula de estilo cuando hay cambio de gobierno. Cuando uno llega al poder lo primero que tiene que decir justo después de entrar en su despacho es que los anteriores lo han hecho aún peor de lo esperado

Utilizar este ‘lema’ es enormemente útil. En primer lugar te permite aparcar su programa o priorizarlo según te convenga disminuyendo el coste político, porque la causa es ajena a uno mismo. También sirve para enmascarar los fracasos de la propia gestión, ya que la culpa de todo lo tendrá el anterior y uno ha hecho lo que se ha podido.

Artur Mas convertirá este lema en la idea principal de sus tres meses de gobierno para que cuaje y nadie le moleste con nada en los cuatro años restantes de legislatura porque lo bueno será responsabilidad suya (‘a pesar de todo lo he conseguido’) y lo malo proviene del pasado (‘era peor de lo que esperábamos y únicamente hemos podido conseguir que las cosas no empeoren’).