Lo de Cataluña (X): Parlamento cerrado

Los separatistas catalanes quieren dibujar a España como un Estado opresor, donde la democracia es aparente, pero la realidad no tiene nada que ver con su propaganda, que por eso es propaganda. La existencia de una oposición organizada, elegida en elecciones democráticas y que tiene representantes en el legislativo es uno de los elementos que hace posible identificar como democrático un sistema político. El poder legislativo, además de sus funciones legislativas, tiene una función fundamental de control del poder ejecutivo.

Las Cortes Generales, sede del poder legislativo español, está funcionando con total normalidad con todos los diputados y senadores, incluidos los separatistas, en pleno ejercicio de sus funciones y disfrute de los derechos e inmunidades correspondientes a su condición. Los diputados y senadores separatistas preguntan al Gobierno, asisten al Pleno e intervienen en él, en las comisiones, es decir, desarrollan con toda normalidad sus funciones parlamentarias.

Por el contrario el Parlamento de Cataluña ha sido cerrado y no se convocan sesiones. Los diputados de la oposición no pueden realizar sus funciones y los ciudadanos que representan, la mayoría, han sido excluidos de la principal institución representativa del autogobierno catalán. Mientras los dirigentes y caudillos separatistas llevan a su región a un precipicio social, económico y político cierran el paso a la oposición, la silencian institucionalmente para que nadie puede pensar que ellos no representan a toda Cataluña y no solamente a una minoría. Lo primero que hacen los tiranos es cerrar el parlamento.

Lo de Cataluña (IX): Nacionalidades

Uno de los mayores artificios de los separatistas lo hacen con el asunto de la nacionalidad. El argumento es el siguiente: los catalanes continuarán siendo ciudadanos de la Unión Europea porque en todo tiempo podrán recuperar la ciudadanía española de origen en virtud del artículo 11.2 de la Constitución, cosa que sucede en muchos casos de pérdida por adquisición de otra nacionalidad.

Esto es así, pero nada ni nadie impediría a las Cortes Generales aprobar una reforma constitucional, en forma de Disposición Transitoria, que dijera que quienes optasen por la eventual nacionalidad catalana no podrían perderían la condición de españoles de origen a efectos de lo dispuesto en el artículo 11.2. Y ya está. ¿O es que creen que habría que asumir una fraude de nacionalidad de tales proporciones?

Es bastante triste, como en el caso de la garantía de los depósitos, querer dar confianza diciendo que no se romperán los vínculos de nacionalidad con el país del que te quieres independizar, porque todo el mundo percibe que tu nacionalidad no vale nada.

Lo de Cataluña (VIII): La Constitución británica

En un Estado de Derecho un gobierno y un parlamento pueden hacer lo que el ordenamiento constitucional les permite hacer. Si quieren hacer algo diferente deben cambiar antes el orden constitucional en el punto que deseen.

Dependiendo de la facilidad o de la dificultad para modificar una constitución se distingue entre constituciones flexibles (las que son fácilmente reformables) y constituciones rígidas (las que se reforman con dificultad). En ocasiones se ha hablado de constituciones hiperrígidas e incluso de constituciones bloqueadas o con disposiciones irreformables.

La dificultad para reforma una constitución depende de si esta la hace un órgano constituido como es el parlamento, un órgano elegido “ad hoc”, si es necesario o no un referéndum y las condiciones de validez de éste. Es también un elemento cuáles son las mayorías exigidas para aprobar la reforma constitucional.

La Constitución británica que tiene una parte consuetudinaria y otra contenida en disposiciones escritas pertenece a la categoría de las constituciones flexibles: realmente es su arquetipo. Si una ley contiene una disposición que se considera constitucional, para modificarla el Parlamento solamente tiene que aprobar una ley ordinaria y reformada la Constitución.

Esta es la ventaja constitucional que tuvo David Cameron, entonces Primer Ministro, pudo emplear a la hora de pedirle al Parlamento del Reino Unido que ratificase su acuerdo con el gobierno regional escocés. La soberanía parlamentaria y la flexibilidad constitucional lo permitían.

En los países que hemos optado por constituciones rígidas, para protegernos del imperio de la mera mayoría y proteger a las minorías, las cosas no son aparentemente tan fáciles, pero la cuestión es que hay que hacer buena política para concitar mayorías, aunque parezca imposible.

Comparar la decisión británica con la española es de mala fe, porque los presupuestos constitucionales no son los mismos. Y puestos a comparar, hagamos la comparación que proponía Foreign Policy ¿qué haría cualquier gobernador de un estado de los Estados Unidos decidiera celebrar unilateralmente un referéndum de secesión?

Lo de Cataluña (VII): Artur Mas y el mandato de Tarradellas

Artur Mas es un peso importante en todo esto. Cuando el otro día dijo en la BBC que Cataluña no estaba preparada para declararse independiente porque no podía asumir el control efectivo del territorio ni las funciones de un Estado tenía mucha razón y hubieran hecho el ridículo de proclamar abiertamente y sin suspensión la independencia.

Si Puigdemont hubiera proclamado la independencia, o si la proclama en los próximos días, podremos asistir como los ciudadanos y las empresas siguen relacionándose con la Agencia Tributaria, como las nóminas de los funcionarios catalanes las paga el Ministerio de Hacienda y que todo sigue igual salvo dentro de algunos edificios oficiales donde se cambiarán denominaciones y aparecerán los ministros y los embajadores y el ornato estatal, solamente el ornato.

uno de esos estados que salen en las noticias curiosas, aunque tengan algunos miles de incondicionales a las puertas. Quebrantarán el mandato político de Tarradellas de no hacer el ridículo. El lunes veremos si Puigdemont tiene el valor que de decir sí o no a la independencia. Veremos como el funcionamiento de la sociedad será ajeno a la independencia y como van a hacer un sonoro ridículo cuando “ningún país de nuestro entorno” les reconozca.

Según dicen algunos medios Mas busca la celebración de elecciones y confiar en la fragmentación de los partidos constitucionalistas y en el “gerrymandering” para tener una posición medianamente solvente. Un 155 ilimitado en el tiempo y progresivo puede ser la tumba del separatismo y, una cosa, las masas o masillas no pueden estar movilizadas y entregadas sin fin.

Lo de Cataluña (VI): Palabras

Distinguir entre España y Cataluña es una trampa terminológica del independentismo. Es mejor decir Cataluña y el resto de España.

Otra trampa es hablar de gobierno español en contraposición a gobierno catalán. Es mejor hablar de gobierno central y gobierno regional o autonómico catalán.

La distinción entre españoles y catalanes es fundamental y en mi opinión, respecto a la lengua, es mejor decir castellano que catalán porque llamar español al castellano lleva a poder pensar que quien no habla castellano no es español.

España es España, no “Estado Español”, que además es una terminología con ecos franquistas.

Sustituir “lo estatal” por “lo nacional”.

Cataluña no tiene fronteras, tiene límites regionales. Solamente España tiene fronteras.

No hablar de catalanes, sino de independentistas o separatista.

Lo de Cataluña (V): El agravio inconfesable

Cuando uno quiere romper una relación política lo habitual es plantear una lista de agravios. Después de un montón de años con este tema sabemos que ya no se reclama nada respecto a la lengua y a la identidad cultural porque sencillamente no queda nada por reclamar, porque se tiene todo.

Quedaba el tema del dinero, de las balanzas fiscales, de que Cataluña mantiene a un montón de vagos, de que hay un espolio continuado. Pero de nada de eso se habla, no se menciona, es un tema que ha desaparecido porque es impresentable pretender el reconocimiento internacional a una independencia basada en que no quieres aporta unos céntimos a la beca de comedor de un niño de otra región.

En el documento que se firmó el otro día en el Parlament, y que aún no nos han aclarado qué es, no se cita ni una sola vez la cuestión fiscal entre los agravios. El independentismo catalán esconde su principal reclamación porque no quieren padecer lo que son, una versión nueva de la Padania independiente de Bossi.

Lo de Cataluña (IV): Diplomacia

El sentimiento de superioridad en todos los órdenes sobre el resto de los españoles forma parte fundamental del nacionalismo y del separatismo catalán. No es sentirse o afirmarse diferente y en virtud de esa diferencia decir que les iría mejor en su propio Estado, sino presentarse como oprimidos por unas personas poco europeas, catetas, incultas y dadas a la violencia.

Cada cual construye como mejor le conviene la imagen de adversario, pero una cosa es lo que dices y otra es que te lo creas, porque puedes tener un serio problema.

El separatismo catalán ha pensado que España no tenía ni presencia exterior, ni cauces para hacer llegar su versión, ni personal cualificado para esa misión. Pensaban que el fluido inglés de Romeva y una veintena de chavales con un máster en Relaciones Internacionales iban a derrotar a una diplomacia como la española, con siglos de experiencia, con personal altamente cualificado que sabe actuar en representación del Estado y con intereses convergente con los estados de los que se busca el reconocimiento.

La Diplomacia, en cuestión de horas, dio la vuelta a la percepción internacional de la cuestión. Pienso que ayudó mucho la cantidad de fotos y de las noticias falsas, el hecho de que ocultasen la verdadera situación jurídica de Cataluña y que no tuviesen ni idea de qué hacer. A los diplomáticos le han sobrado cinco días para dejar en evidencia internacional a un movimiento separatista al que nadie cree ya y del que muchos se ríen.