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Archive for the ‘Nacionalismo’ Category

La izquierda española está mal acostumbrada con los que podemos denominar “derecha hispánica”. La derecha hispánica, representada por el PP, es muy visible, normalmente ofensiva con el que no piensa como ella y tiene sus elementos folklóricos siempre bien presentes.

La derecha periférica tiene una presencia y unos modos, por lo general, desacostumbrados fuera de Euskadi y Catalunya o al menos eso nos parece desde el resto de España. Ello ha llevado a la conclusión de que la derecha nacionalista catalana o vasca no son tan de derecha como la que representa el Partido Popular y ello es una confusión lamentable. Unos buenos modos solamente hablan de la educación que alguien tenga y de la perspectiva cívica que adopte, pero no de su ideología.

El hecho de añadir el nacionalismo a su receta ideológica, es un elemento más de su derecha ideológica. Contra lo que muchos piensan, ser de izquierda debería ser incompatible con el nacionalismo, de modo que alguien de derecha es aún más de derechas si es nacionalista.

PNV, CDC o UDC se han integrado tradicionalmente en los grupos del Parlamento Europeo que se identifican con los partidos de derecha democrática (liberales o populares) sin más problemas.

Podemos tiene gravísimos problemas para entrar en un gobierno con Ciudadanos (también integrado con los liberales europeos), pero no para recabar el apoyo de nacionalistas vascos y catalanes. Y sin duda porque cuando se sale de la meseta el partido morado confunde la izquierda con la derecha, tiene synaesthesia ideológica.

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La izquierda fue internacionalista hasta la Primera Guerra Mundial. En esa maldita fecha, millones de jóvenes dejaron los vidas en los lodazales de Europa y los izquierdistas compartieron el nacionalismo con la derecha política. Hoy en día vemos normal que haya formaciones nacionalistas tanto de izquierda como de derecha.

La CUP es una formación muy de izquierdas y muy nacionalista. El famoso empate en la Asamblea refleja perfectamente este doble alma de la Candidatura de Unidad Popular. Apostar por terminar el “proceso” o pactar con los responsables de la situación económica y social contra la que luchaban. Independientemente de cuál hubiera sido su opción entonces y ahora hubieran traicionado a la mitad de su ser.

La pregunta es ¿por qué han preferido traicionar al alma izquierdista y no al alma nacionalista? La cuestión es compleja pero creo que tiene que ver con la alma postergada. Los nacionalistas y soberanistas fundamentan su postura de que es mejor un Catalunya independiente en la idea de que los catalanes están siendo expoliados por los españoles y que, desde un punto de vista exclusivamente económico, el fin de la “opresión” mejorará la vida de los catalanes. Con independencia no habría crisis, ni corrupción, ni problemas sociales.

La idea creada de que o ahora logran la independencia o tardarán tres siglos, ha calado en los dirigentes de la CUP. Y todo el mundo quiere escribir la Historia. De paso la tremenda alegría del otro sector, especialmente de la derecha españolista, por las decisiones de la CUP también ha ayudado a sus dirigentes a no intentar llegar a la repetición de las elecciones.

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Una de las bases fundamentales sobre la que se ha edificado la hegemonía, a prueba de bombas atómicas (como Zaplana, Camps o Fabra), del PP en la Comunitat Valenciana ha sido la defensa de la “identidad valenciana” frente al “imperialismo pancatalanista”.

La lucha por defender las diferencias entre el catalán y el valenciano ha sido tal que en ocasiones ha rozado el ridículo, siendo la Generalitat una de las pocas instituciones que defiende posiciones radicales tras el acuerdo que “una lengua con dos estándares y denominaciones”.

Pero en el PP no interesan esas cosas como los estándares lingüísticos, porque para ellos la lengua es un arma política: lo que se critica en Catalunya lo hacen ellos con pocas diferencias en Illes Balears.

Siendo importante la lengua no era el único que constituía la “identidad valenciana” que, en manos de los actuales dirigentes, consiste en una mezcla de folklore, lengua y todo lo que sea diferente a los catalanes. Porque no es el aprecio por lo que propio lo que se hace ganar elecciones, sino tener muy claro un enemigo común exterior (con infiltrados) y presentarte como el único muro de contención posible.

Un elemento paradójico que nos trae el colapso financiero de la Comunitat Valenciana es el hecho de que el sector bancario está dejando de ser valenciano y pasando a manos del “enemigo catalán”. La CAM ha sido absorbida por el Banco de Sabadell y el Banco de Valencia por CaixaBank de forma que el sector bancario valenciano ahora es parte del catalán.

Sin duda el PP valenciano continuará con su rentable electoralmente política de “identidad valenciana frente a imperialismo catalán”, pero su mala gestión ha hecho que la Comunitat se quede sin autonomía bancaria. Esto parecerá poco importante, incluso puede que lo sea, pero no deja de ser significativo que se te escape uno de los sectores más importante para una economía.

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El debate político está donde a la derecha le viene bien que esté: en la identidad. Mas y Rajoy se mueven muy bien expresando identidades, naciones, banderas y otras gaitas mientras las zarandajas de la pertenencia y la patria esconden los monumentales, y habitualmente, ideológicos recortes que están practicando.

A Artur Mas le conviene un ambiente polarizado en torno a lo nacional, porque así no se habla ni de cuestiones sociales, ni de problemas económicos y de muchas de las cosas que su gobierno autonómico va haciendo. A Rajoy le conviene por las mismas razones, porque él se mueve en el terreno nacionalista como los de CiU, ya que es nacionalista como ellos pero de otra identidad.

Ambas formaciones lanzarán a sus perros mediáticos a calentar el ambiente: una declaración incendiaria en Barcelona o Madrid eleva el apoyo al gobierno del otro lado por parte de sus ahora flaqueantes núcleos duros de votantes y mientras tanto, con una tupida cortina de humo, se seguirá realizando una política en la que derecha hispana dice creer pero que solamente es capaz de ejecutar a escondidas.

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Basagoiti ha anunciado que el PP deja de apoyar parlamentariamente al Lehendakari de manera que el gobierno vasco presidido por Patxi López que con solamente veinticinco diputados frente a los cincuenta que tiene la oposición compuesta por PNV, PP, Aralar, EA, EB y UPyD. Una situación que suele ser propicia para el adelanto electoral, salvo por el hecho no despreciable de que el Lehendakari consiguió aprobar los Presupuestos para este año 2012.

Creo que las explicaciones que el Presidente del PP del País Vasco recojan casi todas las motivaciones para la ruptura del acuerdo programático que llevó a Patxi López a la Lehendakaritza y que le ha proporcionado sostén parlamentario.

Los populares se han dado cuenta que le están dando a los socialistas un lugar privilegiado dentro de la política nacional, pues el Lehendakari siempre tiene cientos de micrófonos dispuestos a tomar sus declaraciones. En una época en la que el PSOE solamente tiene dos presidentes autonómicos, quitarle uno de ellos es un logro.

Además quitarle una nueva autonomía al PSOE, eliminaría una pieza fundamental en la estrategia opositora de Rubalcaba. El Lehendakari López ya había anunciado recursos de inconstitucionalidad contra determinadas medidas de recorte de Rajoy, por lo que sostener a quien te recurre es poco coherente hasta para alguien del PP.

Pero el caso de Patxi López es realmente especial. La jugada de convertirle en el próximo candidato socialista a la Presidencia del Gobierno está más clara cada, de forma que cada día que permanezca al frente de un gobierno tan significativo y con tanta repercusión como el vasco es un día de campaña que los populares le regalan. Cuando Basagoiti habla de que está más preocupado en cosas de su partido, habla de esto.

Para los populares vascos el elemento simbólico también se ha terminado. Es evidente que el acuerdo entre PSE y PP se basaba en el deseo que ambas direcciones nacionales de quitarle al nacionalismo vascos, en general, y al PNV en especial el monopolio sobre las instituciones autonómicas vascas.

Después de tres años esto ha dejado de importar y ahora el Partido Popular, tanto a nivel nacional como a nivel regional, prefiere cuidar el eje ideológico frente al identitario. Alguien ha debido pensar que alargar la Presidencia del socialista es incrementar los votos de la izquierda abertzale en perjuicio de la derecha nacionalista vasca, que sin duda será una aliada de primer orden en caso de que el PP, a partir de 2015, necesite apoyos parlamentarios (siempre no vivan un desastre a lo UCD).

Y llegamos al centro de todo esto. El PP va a sentir un fuerte desgaste, como el PSOE sigue encajando, de manera que si quieren un gobierno conservador en Euskadi, lo mejor que pueden hacer los populares es intentar que se adelanten las elecciones, y así ellos conservar fuerza suficiente para apoyar a un candidado del PNV frente a uno de la izquierda abertzale.

Hay prisas porque el deterioro económico puede beneficiar mucho a la izquierda abertzale, porque a su mensaje ya conocido se le une uno ‘anticapitalista’ que puede reunir muchos votos del cabreo.

Con un Lehendakari del PNV el PP gana en dos aspectos. El primero es la sintonía a la hora de hacer determinadas políticas. El segundo es que nuevamente hay un nacionalista vasco lo suficientemente nacionalista vasco como para cabrear a su público más españolista y no tan soberanista como para ser un problema constitucional.

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Tengo la impresión de haber escrito ya esta entrada, pero advertido el riesgo del autoplagio inconsciente, continúo adelante.

El otro día el ex director de La Vanguardia, Lluís Foix, escribía una arrebatada entrada contra lo que él considera deseos recentralizadores del nacionalismo español.

El hecho de que el nacionalismo español le ponga de los nervios a alguien que ha dirigido La Vanguardia entra dentro de lo normal, pero lo curioso es que si hurgamos un poco en unas de la reivindicaciones centrales del nacionalismo español es el neocentralismo, es decir, que todas las decisiones importantes vuelvan a tomarse por parte del Gobierno de España.

Cualquier nacionalista español mantiene que cualquier parte del país es tan España como cualquier otra y uno puede encontrar confesos de esta ideología en cualquier parte del país.

Lo curioso es que los grandes defensores mediáticos del nacionalismo español se encuentran en Madrid. Para ellos recentralizar es que la toma de decisiones se haga en Madrid. Y Madrid no es un territorio neutro en intereses, como ninguna otra región o ciudad de España.

¿Recuerdan la polémica y el recurso judicial por el traslado de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones a Barcelona? El gran argumento que se manejó en aquel momento era que a los trabajadores se les cambiaba la vida de golpe, lo cual era cierto. Lo que no se comentaba es que posiblemente casi todos los trabajadores de un organismo nacional eran de una sola región, aquella donde tenía su sede antes de ser trasladada a Barcelona.

¿Por qué los medios valedores del nacionalismo español no proponen que la capital del país se traslade a Barcelona, Bilbao, Oviedo, Pontevedra, Cáceres, Salamanca, Palma de Mallorca, Murcia, Sevilla, Santa Cruz de Tenerife o Ceuta? Entonces yo estaría de acuerdo con el neocentralismo y todas esas gaitas, porque creería que el nacionalismo español al menos es coherente con su postulado básico de ‘Plenitudo Hispanitatis’ para cualquier rincón, y no ocultaría el resquemor al ver a eso que llaman ‘provincias’ tomando sus propias decisiones.

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El otro día en una estupenda entrada, Kanciller corroboraba como era mucho más difícil que las formaciones nacionalistas sufrieran desgaste por su gestión al frente de un gobierno que otras formaciones, que sí lo registraban.

Creo que al final de la entrada daba con la piedra de toque más allá de las explicaciones sobre el nacionalismo, al decir que formaciones explícitamente estatales se comportaban como los nacionalistas en diversas autonomías.

La política de la identidad, como es común, tienen un elemento positivo (lo que somos) y un elemento negativo (lo que no somos). Lo que somos se define de muchas formas, pero hay elementos como una lengua propia que fortalecen la identidad más que otros elementos culturales. Por ello en las zonas donde hay lengua propia o memoria de instituciones propias es más fácil tener una política de identidad en sentido positivo.

En otras zonas del país, incluso con elementos positivos, se ha ejercido una política de la identidad en sentido negativo, reforzando lo que no somos, es decir, haciendo buena la sentencia del psicólogo de grupos, K. Levin, que decía que ‘nada une más a un grupo que un enemigo en común’.

En determinadas autonomías de nuestro país, sobre la base de querellas inmemoriales o coyunturales, se ha construido una identidad al contrario, una identidad reactiva que ha sido más que exitosa. A esa identidad reactiva le ayuda el hecho de que el ‘enemigo’ suele meter ayudar, entre otras cosas porque los que ejercen una política de la identidad no inventa un enemigo, sino que amplifican a uno potencial.

Se ha hablado mucho del modo de hacer política de las fuerzas explícitamente nacionalistas, pero casi nada del proceder equivalente en determinadas regiones de los partidos explícitamente estatales. Muchas veces la diferencia, para los que hemos vivido y/o conocemos esas políticas regionales, es poca y sirve como criterio hermenéutico de determinados comportamiento electorales que, sin tener en cuenta esa política de la identidad, serían poco explicables o ilógicos.

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Dentro del argumentario general según el cual a los territorios españoles con movimientos secesionistas no les conviene la independencia es que los nuevos estados no podrían entrar en la Unión Europea ya que otros estados vetarían su ingreso para no alentar el secesionismo dentro de su propio territorio.

Sabemos que en Escocia es probable que se celebre un referéndum sobre su independencia del Reino Unido, asunto que merece alguna entrada específica. Ya se ha comenzado a utilizar este argumento sosteniendo que España vetará el ingreso de Escocia en la Unión Europea si se independiza del Reino Unido (cosa que ahora no es tan deseable como antes, dicho sea de paso).

Es un argumento algo simple, ya que si bien un país puede intentar para el ingreso de una antigua región convertida en estado independiente, entonces tiene que justificar que los socios comunitarios deben perder las ventajas que sus empresas tienen en aquella región independizada, ventajas propias de que esa región siga perteneciendo a la Unión Europea.

En la noticia que enlazo se señala la existencia de un contraargumento jurídico, discutible pero defendible también, de que se está dando una sucesión de estados en cuanto a la pertenencia a la Unión Europea, de forma que Escocia pertenecería a la Unión continuando con la pertenencia que ya adquirió el Reino Unido. Argumento iusinternacionalista que sin duda conocen hace tiempos en tierras hispánicas.

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Basagoiti, presidente del PP en el País Vasco, propuso en el Parlamento que se concediera el derecho al voto en las elecciones autonómicas en Euskadi a todos aquellos que habían abandonado Euskadi por la presión terrorista. El debate con el Lehendakari (podéis leerlo aquí) y la respuesta de Patxi López es sencilla: el PP tiene mayoría en el Congreso, que es quien tiene competencia para esas cosas: háganlo.

El líder del PP vasco cifra en más de trescientos mil los vascos que ya no están empadronados en Euskadi y por tanto no votan. Una cifra que compensaría los votos de la ‘Izquierda Abertzale’. La pregunta es: ¿y cómo se decide el que se fue por un motivo o por otro? ¿Quiere dar la posibilidad de un doble empadronamiento? ¿Qué criterios habría que establecer para diferenciar unas bajas de otras en el Padrón?

En todo caso, sería simpático que esos trescientos mil vascos que están en el exterior de Euskadi pero dentro de España, no votaran lo que Basagoiti piensa que votarían en caso de poder hacerlo en Euskadi.

Pero lo realmente interesante de esta pregunta al Lehendakari no es la idea en sí, que el PP puede aprobar si le parece bien, sino que es la idea que el PP maneja para cuestionar los previsibles resultados de las próximas elecciones vascas.

El nacionalismo vasco va a arrasar. Es probable que el sucesor de Patxi López sea de la Izquierda Abertzale o del PNV apoyado por esta fuerza. La mayoría social y la parlamentaria puede que coincidan después de las próximas elecciones y eso parece que inquieta, con serios motivos, a Basagoiti. ¿Cuestionar el cuerpo electoral es la mejor estrategia?

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La Conferencia Episcopal ya ha hecho su tradicional recomendación para el voto en las Elecciones Generales (al PP, como siempre). El octavo párrafo del documento es encantador y me hace formular la pregunta que da título a esta entrada: ¿puede un independentista ser un buen católico?

Pero comencemos por reproducir el mencionado párrafo:

8. Recordamos de nuevo que se reconoce la legitimidad moral de los nacionalismos o regionalismos que, por métodos pacíficos, desean una nueva configuración de la unidad del estado español. Y también, que es necesario tutelar el bien común de la nación española en su conjunto, evitando los riesgos de manipulación de la verdad histórica y de la opinión pública por causa de pretensiones separatistas o ideológicas de cualquier tipo.

Llama la atención es el intento de equilibrio que intenta mantener, ya que no condena a los nacionalistas ni a los regionalistas, sino todo lo contrario, les reconoce ‘legitimidad moral’. Esta justificación procede de la acertada idea de que las dos fuerzas nacionalistas (PNV e CiU) tienen elementos confesionales católicos.

Lo que ya no es demasiado explicable es el patinazo de confundir ‘nacionalismo’ con ‘regionalismo’, es decir, que igualar lo que piensan en CiU o PNV sobre la configuración política de Catalunya o Euskadi con lo que piensa Revilla respecto a Cantabria en esta materia. El ‘regionalismo’ no es ‘nacionalismo’, sino una especie de ‘sindicato territorial’.

Buena parte del PNV o una amplia proporción de CiU tienen en perspectiva la independencia de sus territorios, cuestión que parece inadmisible moralmente para los obispos católicos ya que la máxima aspiración nacionalista que aceptan es una ‘nueva configuración de la unidad del estado español’, es decir, una distribución diferente de las competencias entre las autonomías y el gobierno central.

Pero lo mejor está por llegar y es la segunda parte del párrafo, algo así como la ‘cláusula centralista’ del credo niceno-constantinopolitano. La nación española (siempre en minúsculas) es tratado como un ‘a priori’ y no como un ‘a posteriori’ de la historia, por ello hablan los obispos católicos de la necesidad de tutelar, por el bien común, la labor de los historiadores para evitar riesgos que no especifican, no sé si porque quieren ocultarlos, no son riesgos o ellos mismos los desconocen.

Los malos, en todo esto, son los separatistas, que deben ser así como unos nacionalistas malos. Para los obispos ser nacionalista no es malo del todo siempre y cuando no se sea separatista, dicho en otras palabras, mientras se sea un nacionalista que renuncia a tener un estado propio. A partir de este párrafo podemos concluir que es moralmente reprobable, desde la doctrina de episcopado católico español, ser separatista y que un buen católico no puede querer la independencia de La Rioja.

El problema es que, por más que uno remueve la doctrina católica, no encuentra ni en los enunciados pontificales ni en el hacer precedente de la Iglesia nada en este sentido: ¿eran malos católicos los irlandeses que querían la independencia del Reino Unido?

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