Los votantes permanecen

La situación en el PP es muy difícil. Ellos bajan y solamente tienen el consuelo que el PSOE parece estancado. De todas formas todos sabemos que Rubalcaba no va a ser candidato nuevamente, de forma que todo lo que queda por esperar del lado socialista es el revulsivo de un nuevo líder preparado para disputarle la Presidencia a un oxidado, gastado y cansado Mariano Rajoy.

Exageremos y lancemos la hipótesis de que el PP vive en 2015 un descalabro electoral al estilo de la UCD en 1982. Rápidamente muchos pensarían que el panorama político estaría en mano de los diversos y plurales partidos de izquierda existentes. Pero no sería así porque por más que desaparezca la plataforma electoral, los millones de votantes de derecha de este país no de volatizarían y buscarían diferentes opciones. No se olvide que buena parte de los votantes de UCD terminaron en AP (PP).

Si el desastre popular se tornara en cierto y en prácticamente inevitable no podría descartarse que una parte significativa de dirigentes y afiliados conformasen otro formación, con el debido apoyo empresarial y mediático, para que los votantes populares tuvieran a donde ir y no se quedaran en casa. Es evidente que la desafección transformable en votos tiene que ser grande para no sucumbir a las trampas del sistema electoral, pero esa posibilidad siempre está ahí.

Frente a formaciones de izquierda clásicas (como el PSOE o el PCE), la derecha ha preferido ir cambiando sus marcas a lo largo del siglo XX de forma que han cambiado, cuando era necesario, su ropaje organizativo. Naturalmente esa posible nueva fuerza política se situará en el espectro más conservador de los votantes (a los que les fastidia que sigan vigente la ley del aborto o la de matrimonio igualitario), porque los que del ala más liberal o menos conservadora que se vayan y no opten por la abstención seguramente terminarán recalando en UPyD.

Si la derecha se dividiese en unas elecciones generales (I)

El otro día hablaba de los motivos por los que el PP no ha querido avenirse a ningún acuerdo con el FAC de Álvarez-Cascos y las causas de su intento indisimulado de aniquilamiento de la nueva formación derechista.

Además de la argumentación de las relaciones personales apuntábamos la posibilidad de que el FAC fuera la puerta a la división de la derecha española en dos formaciones de ámbito nacional, pues fuera de la retórica electoral el FAC, si sale victorioso después de las elecciones asturianas, comenzará a proyectarse en todo el país.

La división de la derecha es la más secreta pesadilla de los estrategas del PP, que fundamenta su solidísima base electoral en la inexistencia de alternativa para sus votantes. Si la derecha generase un segundo partido, con caras conocidas y poder territorial (municipal y autonómico), el PP podría sufrir un fuerte revés.

Para simular el efecto en unas elecciones general de la aparición de un segundo partido de derecha en el ámbito nacional he tomado los resultados del FAC en Asturias el pasado 20 de noviembre como el alcance máximo que un partido de estas características podría tener.

FAC en Asturias tiene una fuerte implantación: ha gobernado la Comunidad Autónoma y consiguió en las elecciones municipales, 158 concejales, incluso con dos mayorías absolutas.

En las elecciones generales, una nueva convocatoria en las que la derecha volvía a no dejar a nadie en casa con la finalidad de echar a los socialistas, consiguió el FAC el 29,41% de los votos de la derecha en Asturias, lo que se convirtió en un escaño.

Dado que ese nuevo partido a lo máximo que en Geografía Subjetiva creemos que puede aspirar es a ser lo que en 2011 ha sido el FAC en Asturias hemos simulado unos resultados electorales, tomando como referencia los reales pero descontándole al PP ese 29,42% y atribuyéndoselo a una FAC extendida por todo el país y a toda su capacidad.

El caso de Madrid en estas elecciones no nos ha parecido significativo. En la única comunidad donde el reparto ha sido diferente ha sido en Navarra donde en vez de FAC hemos supuesto que el partido competidor era nuevamente UPN por lo que hemos invertido el porcentaje en el reparto de los votos.

El resultado sería el siguiente:


Habría partidos que ganarían escaños a costa del PP, y no sólo FAC, porque al ser menores los cocientes del PP pueden verse superados por cocientes de otros partidos que ahora pasarían a ser mayores.

El resultado más detallado lo podéis encontrar en aquí.

Una nación conservadora (de Micklethwait y Wooldridge)

John MICKLETHWAIT y Adrian WOOLRIDGE: Una nación conservadora. El poder de la derecha en Estados Unidos. Debate. Barcelona, 2005. 582 páginas

Hace más de un año que leí este libro y siempre he ido postergando hablar de él. Después de las elecciones legislativas, del martes 2, en Estados Unidos creo que es un buen momento.

La tesis fundamental de este libro es que, en este momento, los Estados Unidos son una nación conservadora, como se refleja en el título y que este conservadurismo forma parte tanto de su tradición política como de la construcción social de la nación. Es cierta, y los autores no lo niegan, la fuerza e importancia de la tradición liberal en la conformación y desarrollo de los Estados Unidos, pero mantienen, con buenos argumentos, que el fundamento conservador está presente desde los primeros tiempos.

De especial interés son los múltiples capítulos en los que se explica como el movimiento conservador se ha ido convirtiendo en decisivo en los Estados Unidos y como se ha formulado a través de instituciones universitarias, institutos de investigación, un amplísimo programa de becas, una tremenda acumulación de medios de comunicación y el inteligente aprovechamiento de cualquier hueco para mostrar su visión del mundo.

En una serie de años que irían desde la desastrosa campaña de Barry Goldwater hasta la Presidencia de Bush, que es cuando el libro se escribe han modelado tanto la conciencia social como lo que se considera prestigioso o correcto socialmente, encerrando en el ostracismo el discurso y el programa liberal.

Es un libro, en mi opinión, absolutamente recomendable para conocer el movimiento conservador estadounidense, sus discursos y sus incongruencias, su fuerza y sus debilidades y, sobre todo, para percibir qué le sucede al gran ausente: el liberalismo.

Cuidado con las extrapolaciones

Las encuestas han adelantado correctamente los resultados de las elecciones legislativas en los Estados Unidos y el resultado es que los republicanos se hacen con la mayoría en la Cámara de Representantes, los demócratas conservan su mayoría en el Senado y unos cuantos gobiernos estatales pasan a manos de los republicanos, aunque el más poblado (el de California) será ejercido por un demócrata.

Durante el día de hoy estoy convencido, si no se ha producido ya, que habrá lecturas en clave española del resultados de las elecciones estadounidenses. Es la constante tentación de cualquier tendencia en nuestro país (que es el que conozco) que partiendo de un comportamiento normal se convierte en una idiotez.

Cuando queremos comprender algo que no es a lo que estamos habituados, lo primero que hacemos es una especie de “estructuralismo de andar por casa”, esto es, buscamos los equivalentes en lo que conocemos (la realidad política española). Por ello muchas personas piensan que los demócratas norteamericanos son el correspondiente a los socialistas españoles y los republicanos a los populares españoles.

Esto que es un esquema básico para comprender las cosas, se convierte en problemático cuando salta a los análisis, que tienen que ser más rigurosos, y de la correlación ‘estructuralista de andar por casa’ se pasa a considerar que la victoria de los republicanos es también una victoria de los populares y que los habitantes de España debiéramos tomar ejemplo.

Es más, la extrapolación de resultados de unas elecciones a otras es algo que hay que hacer con mucho cuidado y más por deporte (como escribir un blog) que con una intención seria. Todos sabemos que los resultados de unas elecciones municipales en una localidad normalmente no coinciden con los de las elecciones generales, con los de las autonómicas o con las elecciones europeas. Los votantes actúan según criterios diferentes según se trate de unas elecciones u otras. Si esto ocurre en una sola localidad, imaginadlo a nivel nacional y, sobre todo, si comparamos las elecciones políticas en dos países tan diferentes como España y los Estados Unidos.

Veamos la causa por la que el “estructuralismo de andar por casa” no es válido. Un partido político en los Estados Unidos no equivale ni de lejos a lo que es un partido político en España. Ideológicamente lo que une a republicanos o a demócratas es algo tan vacuo que sólo puede ser categorizado utilizando el concepto del ‘aire de familia’ (Wittgenstein).

La principal consecuencia es que dentro de cada uno de los dos grandes partidos de los EUA hay tendencias muy fuertes, de manera que hay un sector de republicanos y de demócratas que están más cerca entre sí que con las corrientes más ‘duras’ de sus respectivos partidos. El hecho que la elección sea uninominal y no proporcional hace que haya mucho inútil y que haya que escorarse siempre hacia la mayoría que efectivamente va a votar.

La ausencia de una férrea disciplina de partido (cada vez la hay más especialmente entre los republicanos) hace que los votos puedan cambiar de sentido dependiendo de la materia de la que se trate, de las ventajas que cada congresista encuentre en la ley en cuestión y de un conjunto de variables, algunas honestas y otra menos.

La dinámica de las relaciones entre el Presidente y el Congreso (Cámara de Representantes y Senado) es diferente a la de España. El Presidente ni es nombrado por el Congreso ni necesita su confianza, aunque lo precisa para sacar adelante las leyes (aunque cuenta siempre con las ‘órdenes ejecutivas’).

Es difícil que el Congreso haga ‘tragarse’ al Presidente con leyes que no sean de su agrado porque tiene poder de veto que necesita de una fuerte mayoría, que los republicanos ahora no tienen, para levantarlo. O colaboran o habrá una parálisis absoluta de la que el Presidente podrá acusar a los republicanos.

Para concluir: ni Obama es Zapatero, ni el Partido Demócrata es el PSOE, ni el Partido Republicano es el PP, ni el Congreso Federal son las Cortes, ni mucho menos su Senado se parece al nuestro, todo ello con un equilibrio de poder sustancialmente diferente y con un sistema electoral camino de las antípodas del nuestro.

Buscando votos en las cloacas

El Partido Popular en Catalunya tiene una existencia difícil. Con los votantes de izquierda, en una región muy industrializada, tiene poco que hacer, y la mayoría de los votantes de derecha tienen el pequeño problema, para el PP, de ser más o menos catalanistas y prefieren votar a CiU antes que al PP. Le queda la pequeña porción de votantes de derecha no catalanistas.

Con diferencia Catalunya es el lugar de España en los que el PP tiene peores resultados y un verdadero lastre para sus opciones de alcanzar el Gobierno de España. Los populares han trabajado varias opciones para conseguir ampliar su espectro de votantes tales como el casposo liderazgo de Vidal Cuadras, que intentó aglutinar a los no catalanistas, o Piqué que dando un leve giro catalanista terminó defenestrado.

La Presidencia de los populares catalanes la desempeña Alicia Sánchez-Camacho, quien derrotó con el apoyo de todo el aparato nacional a Montserrat Nebrera. Esta mujer tiene el enorme mérito de ser la única candidata del PP, en toda España, que siendo la número uno de la lista no consiguió escaño. Una ‘crack’ política.

Como es lógico y esperable todo nuevo cargo de un partido quiere arreglar la situación heredada y entonces, con el equipo que pueda haber reunido, se pone a buscar grupos de ciudadanos en los que pueda calar su mensaje o al menos sean susceptibles de convertirse en sus votantes.

En Catalunya han emergido algunas pequeñas formaciones nacionalistas de extrema derecha que han conseguido concejales, incluso en municipios de cierta relevancia. En las polémicas que han creado han conseguido algún respaldo social, reflejado en las encuestas, y han logrado amilanar a los partidos más establecidos.

Esto debió dar la idea a los ‘estrategas del PP de Catalunya’ de que su espacio debía estar allí, en el que había abierto la extrema derecha catalana y especialmente en los ataques contra los inmigrantes, especialmente si son gitanos.

El Partido Popular de Catalunya ha abandonado el autoproclamado centro reformista que dice tener por principio el PP, pero también ha abandonado los principios liberales, conservadores o católicos que componen el mosaico de los diferentes militantes populares y está bordeando la parte de fuera de algunos límites.

Hoy viéndola en la televisión buscando gitanos rumanos por las calles de Badalona he visto el ridículo político andando en busca de un ‘cara a cara’ que ofrecer a las televisiones. Alicia Sánchez-Camacho debería avergonzarse de lo que está haciendo y el Partido Popular debería impedir que su formación en Catalunya pueda ser calificada, con toda propiedad, como un partido de extrema derecha.

Giro liberal en Polonia

Tras la muerte accidental del Presidente de Polonia, hace unos meses, el pasado domingo se celebraron las elecciones presidenciales que han provocado la desaparición del último bastión del poder ultraconservador en aquel país, que no era otro sino la Presidencia de la República.

Los liberales han vencido en las elecciones y su candidato, Komorowski, será el nuevo jefe del Estado polaco. Esta victoria electoral no sólo tiene las consecuencias normales de un resultado electoral y de un cambio de escenario político que se da cuando el partido en el poder lo pierde. Esta victoria electoral, en medio de una gran abstención, es también la expresión de dos formas de plantear la vida política y social.

Los gemelos Kaczynski, uno de los cuales se presentaba como sucesor de su fallecido hermano, representan una combinación nada saludable de clericalismo, estatalismo y de aislacionismo. Una expresión de una mentalidad y de una ideología que pretendía que Polonia fuera una reeditada ‘reserva espiritual de Occidente’.

El derrotado conservadurismo polaco representa una visión de la realidad donde la sociedad y la política deben de vivir bajo los dictados y la alta dirección del clero católico. Una concepción confesional de la sociedad donde no hay espacio para los que no comparten apreciaciones que si son privadas son fruto de la elección personal, pero que si se convierten en públicas terminan por menoscabar gravemente a la libertad individual.

El conservadurismo polaco busca tener un estado fuerte que sea capaz de tener controlados a los ciudadanos. De hecho el poder de la instituciones públicas se ha reforzado con los gobiernos y la presidencia conservadores, hasta el punto de intentar utilizar los archivos estatales de la época comunista para comenzar una inmensa e interminable ‘caza de brujas’ con la única finalidad de terminar con todos los oponentes políticos.

Finalmente los conservadores han intentado que la permanencia a la Unión Europea no afecte en lo más mínimo a su proyecto. Han dificultado todo lo que han podido el proceso de ratificación y ulterior entrada en vigor del Tratado de Lisboa, han intentado obstaculizar (con la simpatía del ex Presidente Bush) el proceso europeo de toma de decisiones y, con perjuicio hacia el propio país, han renunciado a la mayor parte de los fondos europeos, de manera que los polacos tienen motivos para envidiar hasta a Marruecos por sus carreteras.

La victoria de los liberales no ha sido rotunda, aunque sí con mayoría absoluta, lo cual es lógico tratándose de una segunda vuelta. El país ha quedado política y electoralmente dividido entre un norte y un oeste liberal y europeísta y en un sur y un este conservador y aislacionista.

Pese a que los sondeos eran muy favorables a los liberales, el candidato conservador solamente ha sido derrotado por unos cinco puntos, ya que se ha aprovechado de la ola de simpatía producida tras la muerte de su hermano (que tenía una valoración de únicamente el 20% antes de morir) y por el crucial apoyo de los poderosos medios de comunicación de la Iglesia Católica.

Liberalismo futbolero

Cuando el Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas dictó sentencia en el celebérrimo “Caso Bosman” numerosos defensores del fútbol patrio se echaron las manos a la cabeza diciendo que la imposibilidad de poner coto a los fichajes de jugadores extranjeros comunitarios supondría el final de nuestra maltrecha selección.

Todos ellos (y nosotros) teníamos en la mente que ningún jugador español podría volver a jugar en equipos de máximo nivel si no había una severa restricción en el mercado. La realidad ha sido otra y muchos jugadores españoles, con pocos perspectivas de progreso en España, han podido salir incluso a formarse en otras ligas, y la selección española ha brillado como hacía décadas que no lo hacía.

Si no es conveniente extrapolar los resultados de unas elecciones a otras, tampoco lo que sucede en un segmento tan peculiar del mercado laboral como es el fútbol, pero cuando uno lo piensa le entra cierta tendencia “liberalizadora”.