Espacio vacío

Cada día queda más claro que el PSOE está dejando un terreno vacío en el espectro político. Su corrimiento a la derecha con la abstención en la investidura y la falta de la menor idea sobre qué hacer van dejando un notable espacio.

En política los espacios vacíos se ocupan rápidamente. Veamos las tres posibilidades a mi modo de ver:

1) Que el PSOE se reorganice, expíe sus pecados ante el electorado en forma de público sacrificio de algunos de los barones (cuanto más importante, mayor será la purificación) y comience a hacer para lo que le votaron sus electores: poner en práctica un programa, lo cual solamente puede hacerse desde el Gobierno.

El hecho de que todos los tiempos en el PSOE pasen por las opciones de Susana Díaz puede darle a ella una ventaja competitiva frente a sus oponentes internos, pero está destrozando aún más al partido.  Además hemos de tener en cuenta que Susana Díaz no es ninguna candidata espectacular, ni siquiera buena; ganó en Andalucía con peores resultados que los de la derrota de Griñán en 2012 y no tiene ningún tirón en el resto del país.

2) Que Podemos vea ese espacio, que lo ven, y decidan tomarlo. Hasta ahora lo que se va detectando es que buena parte de los desafectos del PSOE no van a la formación podemita, sino a la abstención. Es posible que el “sorpasso” ahora sí sea factible, pero la posibilidad de hacerse con una parte significativa del electorado socialista, votos que siempre le han sido fieles, es una oportunidad que parece que Podemos está desperdiciando.

3) Que surja una nueva fuerza para ocupar el espacio de la Socialdemocracia. El comportamiento de los actuales gestores del PSOE está encaminado únicamente a controlar todos los elementos. La mayor parte de la militancia y muchos cargos municipales están más allá del enfado y un proceso que no sea limpio para elegir la dirección del PSOE puede llevar a que decidan que no van a legitimar algo por sí ilegítimo y que prefieren conformarse fuera de su partido. De hecho esta posibilidad está en la mesa y solamente necesita de líderes que den el paso.

Una agonía sin fin

Cuando vi “Seven” en el cine salí tan impresionado que no podía pensar en otra cosa. Recuerdo el descubrimiento de un desaparecido al que el criminal había sometido a una agonía sin fin, lo mantenía con vida solamente para que sufriera.

La estrategia del PP para con el PSOE se parece mucho a ese comportamiento. A los populares le conviene un PSOE medio muerto, pero que no desaparezca y deje hueco que pueda ser cubierto. Necesita que un PSOE y un Podemos sin capacidad de gobierno ni de ponerse de acuerdo mantenga dividido el voto de la izquierda para que pírricas victorias electorales sean automáticamente investiduras de Presidentes.

El PP hará sufrir al PSOE y lo humillará para que los actuales dirigentes no puedan levantar cabeza y la situación interna se encone aún más, pero de vez en cuando soltarán cuerda, aliviarán alguna válvula para que la tensión se relaje y los dirigentes del post 1 de octubre puedan permanecer vendiendo algunas “victorias” absolutamente programadas por el PP.

Segundo acto: quiebra

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Ya todos sabemos que el Comité Federal del PSOE ha decidido apoyar la investidura de Mariano Rajoy gracias a la abstención de sus diputados (139-96-2).

Quiebra externa

El PSOE ha roto con una parte sustancial de los votantes que todavía les queda, un desgaste que a día de hoy, sin consolidarse, va a notarse mucho en las urnas. Una decisión que rompe su discurso y el imaginario de los votantes del PSOE como barrera contra el Partido Popular. Una quiebra con una promesa electoral que es una traición a unos votantes que se les dijo que su voto nunca serviría para investir a Rajoy.

Quiebra interna

El PSOE tiene que decidir el modo en el que se va a llevar a cabo la abstención. Luena ha pedido que no se dé la orden a todo el grupo sino a los estrictamente necesarios. La ruptura de la disciplina de voto puede ser la materialización de una escisión y más si, como se ha dicho, se procede disciplinariamente contra los que mantengan la promesa electoral del Partido y los que respaldan más del 40% del Comité Federal, la mayoría de los militantes y de los votantes. El problema añadido que tiene la dirección es que tiene que encontrar a once voluntarios para hacer algo tremendamente impopular, algo en lo que ninguno de la Gestora puede dar ejemplo porque no es diputado en el Congreso.

Coalición de electores

El diputado aragonés del PSOE, Ignacio Urquizu, publicó hace varios días un interesante artículo en el que exponía cuál debería ser un nicho de electores al que el PSOE no tiene acceso a lo que el autor denomina “los sectores más avanzados de nuestras sociedad” que serían las clases medias, medias-altas de carácter urbano, donde los socialistas son residuales.

El análisis de Urquizu es correcto y certero, pero quizá el objetivo que propone peque de ser parcial. Como él indica el PSOE triunfa en las clases obreras y en las zonas rurales y ése es un electorado que tiene que mantener y, a la vez, ganar el otro.

Entre los socialistas existe una tendencia, y no acuso de ello a Urquizu, de considerar mejores los votantes por venir que los votantes presentes y la consecuencia de ello es que se van los que están y no llegan los que no estaban.

Es cierto que el PSOE ha perdido la batalla urbana, universitaria de clase media y clase media-alta, pero la comenzó a perder desde las dos últimas Elecciones Generales de Felipe González y fue precisamente su pérdida la ganancia del PP sobre la que venció electoralmente Aznar.

Pero también es cierto que los votantes actuales reflejan el sostén del partido que si desaparece, desaparecerá el suelo. Los socialistas deben saber cómo ganar capas sociales sin perder otras en lo que es una coalición de electores. Traicionar social o ideológicamente a tus votantes actuales por atraerte votantes potenciales, es un suicidio.

El espejismo del Zapaterismo

Desde el fin de la etapa de Felipe González, el Partido Socialista había perdido posiciones decisivas tanto territoriales, como sociales, como ideológicas. La inmantenible victoria de 1982 se estaba transformando en un repliegue sin fin; la tesis de que España era sociológicamente de izquierda se desvaneció cuando en el año 2000 los populares consiguen una inesperada mayoría absoluta.

El PSOE estaba en franca decadencia, absolutamente perdido y desacreditado ante la sociedad por jugadas palaciegas como la eliminación de Borrell como candidato a la Presidencia.

Pero la mayoría absoluta del PP fue una gran regalo para el PSOE, ya que destaparon el tarro de las esencias de José María Aznar y todos sus dirigentes de algo más de derecha que había pasado por centristas. Una actitud de insultos continuos y arrogancia contra todo el que no pensara como ellos, junto a una increíble implicación en la aventura de la Guerra de Irak (que se quito numerosos apoyos), produjo el escenario para que Rodríguez Zapatero estuviera en condiciones de alzarse con la victoria.

En ese momento en la izquierda y en el centro no había más opciones efectivas para conseguir que el PP saliera del Gobierno. IU permanecía a lo suyo y con un techo muy cercano a su suelo, de forma que para sacar a los populares cualquier voto de izquierda tenía como única opción factible al PSOE. Lo mismo ocurría en el centro, ya que solamente tenía la alternativa de la abstención o votar al PSOE.

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Fue un espejismo y como tal hay que reconocerlo. El PSOE consiguió lo que el PP había logrado unos años antes: agrupar todo el espectro político desde el centro a su extremo ideológico en su candidatura, pero no por sus propios méritos, sino por la falta de una oferta política con opciones.

Si quitamos el espejismo de las Elecciones de 2004 y 2008 queda una gráfica mucho más consistente, explicativa y clara:

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Cuando escucho a los barones del PSOE hablar de opciones electorales, creo que no han visto que el panorama político ha cambiado y, aunque vaya a rectificarse continuamente, no volverá a ser lo que era. Por tanto un elector puede no verse abocado a un partido por la inexistencia de oferta electoral.

Si eliminamos las dos Generales que fueron la apoteosis del Bipartidismo, los datos del PSOE muestran una descenso mucho más coherente.

Los barones del PSOE hace demasiado tiempo que sencillamente están en otra realidad y piensan que pueden llegar a donde no les alcanza y que actual izquierda española es aquella en la que ellos crecieron. De ahí vienen decisiones pésimas.

Sociología electoral básica

El PSOE ha perdido millones de votantes que se han ido a Podemos.

Hoy se plantea que para recomenzar el PSOE hay que permitir la abstención de Mariano Rajoy y así muchos de los votantes que dejaron de coger la papeleta de la rosa se sentirán con motivos para volver a votar a los socialistas. Debe ser que el electorado de Podemos está lleno de personas que realmente quiere que Rajoy sea Presidente y que introduce la papeleta morada por juego.

El PSOE solamente puede recuperarse por la izquierda. A la derecha está taponado por Ciudadanos que le ha quitado un filón interesante. Cuando Podemos daba muestras de flaqueza gracias a la determinación de la dirección socialista, los “críticos” quieren la Gran Coalición, que será la fosa de su partido.

¿Dónde piensan los críticos recuperar votos? ¿Entre los espectadores de las tertulias de 13TV? ¿Entre los que votan a los partidos de la derecha? Es el único sitio que les queda, porque investir a Rajoy supone una desconexión absoluta con su base social y una traición a un electorado al que se le prometió que eso no pasaría.

El voto del miedo

Hay una rama del Podemismo que intenta montar su explicación del fiasco del 26-J sobre la idea de que los votantes le entregaron su voto al PP por miedo. Lo primero es puntualizar: solamente un tercio de los votantes votaron al PP, de modo que la exigua victoria del PP no pudo ser por la atemorización de la población.

El voto se mueve básicamente en bloque y de los bloques a la abstención. La campaña del miedo del PP no iba dirigida a quitarles votos ni al PSOE ni a Podemos ya que esos votantes, salvo excepciones, están fuera de su alcance. Iba dirigida a restarle votos a Ciudadanos, con quien compite sobre una gran parte del electorado.