La diferencia con 2002

La primera vuelta de las Presidenciales francesas de 2002 fueron una tamaña sorpresa. El ultraderechista Le Pen quedaba segundo, superando por estrecho margen al socialista Jospin, de modo que la Presidencia habrían de disputársela entre Le Pen y Chirac.

Normalmente en las elecciones a dos vueltas, los dos candidatos aumentan sustancialmente los votos porque reciben apoyos que en la primer vuelta fueron a otros candidatos. En la segunda vuelta de 2002 Le Pen subió muy poco (no llegó al 1%), mientras que Chirac alcanzó un 82,21%.

Las encuestas para las elecciones de este año, en las que se da por seguro el pase a la segunda vuelta de la candidata ultraderechista e hija del anterior candidato, Marie Le Pen, añaden una novedad interesante. Independientemente de que el adversario sea el centroizquierdista Macron o el centrederechista Fillon, Le Pen llega de media al 40% en la segunda vuelta, cuando en la primera estiman que estará ligeramente por debajo del 25%. Esto quiere decir que al menos tendrán un 15% de votos o dicho de otra forma por cada diez franceses que piensan votar a Le Pen en la primera vuelta, dieciséis se lo plantean en la segunda.

Habrá una concentración en el candidato no ultraderechista que se dispute El Eliseo con Le Pen, sin duda. Pero esa concentración no será ni de lejos comparable a 2002. Le Pen y sus ideas se han convertido en segunda preferencia, lo cual es muy importante en un sistema político como el francés, y además han roto el cordón sanitario impuesto años antes.

La normalización de la ultraderecha como opción electoral es un cambio sustancial.

Descubriendo un prejuicio electoral

Se han celebrado las primarias de “Los Republicanos”, el partido mayoritario de la derecha francesa. Ha sido un éxito de participación ya que al ser primarias abiertas podía votar en ellas cualquier ciudadanos que se acercarse, pagase dos euros y firmara una declaración de adhesión a los principios del partido. Han votado cuatro millones de personas y como anticipo de la movilización electoral no está nada mal. Todavía queda la segunda vuelta en las que se enfrentarán el ex primer ministro Fillon con Juppé, quien fue su ministro de Asuntos Exteriores.

No sé si será una sensación personal o es más extendida, pero tiendo a pensar que quien logre pasar a la segunda vuelta contra Le Pen será el próximo Presidente de la República Francesa. Todos recordamos aquellas Presidenciales de 2002 donde un Chirac acorralado recibió más del 80% de los votos gracias a tener como contrincante en la segunda vuelta a Jean-Marie Le Pen.

Esto sería lo normal. Pero llevamos muchos acontecimientos fuera de lo normal, o lo de esperable, o de lo sensatamente deseable, como para dar por hecho que las primarias de “Los Republicanos” realmente eran la elección de quien habrá de ser el Jefe de Estado francés.

El espejismo del Zapaterismo

Desde el fin de la etapa de Felipe González, el Partido Socialista había perdido posiciones decisivas tanto territoriales, como sociales, como ideológicas. La inmantenible victoria de 1982 se estaba transformando en un repliegue sin fin; la tesis de que España era sociológicamente de izquierda se desvaneció cuando en el año 2000 los populares consiguen una inesperada mayoría absoluta.

El PSOE estaba en franca decadencia, absolutamente perdido y desacreditado ante la sociedad por jugadas palaciegas como la eliminación de Borrell como candidato a la Presidencia.

Pero la mayoría absoluta del PP fue una gran regalo para el PSOE, ya que destaparon el tarro de las esencias de José María Aznar y todos sus dirigentes de algo más de derecha que había pasado por centristas. Una actitud de insultos continuos y arrogancia contra todo el que no pensara como ellos, junto a una increíble implicación en la aventura de la Guerra de Irak (que se quito numerosos apoyos), produjo el escenario para que Rodríguez Zapatero estuviera en condiciones de alzarse con la victoria.

En ese momento en la izquierda y en el centro no había más opciones efectivas para conseguir que el PP saliera del Gobierno. IU permanecía a lo suyo y con un techo muy cercano a su suelo, de forma que para sacar a los populares cualquier voto de izquierda tenía como única opción factible al PSOE. Lo mismo ocurría en el centro, ya que solamente tenía la alternativa de la abstención o votar al PSOE.

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Fue un espejismo y como tal hay que reconocerlo. El PSOE consiguió lo que el PP había logrado unos años antes: agrupar todo el espectro político desde el centro a su extremo ideológico en su candidatura, pero no por sus propios méritos, sino por la falta de una oferta política con opciones.

Si quitamos el espejismo de las Elecciones de 2004 y 2008 queda una gráfica mucho más consistente, explicativa y clara:

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Cuando escucho a los barones del PSOE hablar de opciones electorales, creo que no han visto que el panorama político ha cambiado y, aunque vaya a rectificarse continuamente, no volverá a ser lo que era. Por tanto un elector puede no verse abocado a un partido por la inexistencia de oferta electoral.

Si eliminamos las dos Generales que fueron la apoteosis del Bipartidismo, los datos del PSOE muestran una descenso mucho más coherente.

Los barones del PSOE hace demasiado tiempo que sencillamente están en otra realidad y piensan que pueden llegar a donde no les alcanza y que actual izquierda española es aquella en la que ellos crecieron. De ahí vienen decisiones pésimas.

No se juega la carrera de Pedro Sánchez

Los medios de la derecha, casi todos los existentes en España, transmiten una y otra la idea de que el “no” de Pedro Sánchez a la investidura de Rajoy se debe únicamente a la necesidad de salvar su posición como secretario general del PSOE.

Nadie puede negar que Pedro Sánchez tiene que mantener su posición, pero lo que la prensa de derecha no cuenta interesadamente es que cualquiera que estuviera en el cargo de Pedro Sánchez haría lo mismo, porque no se está jugando la carrera política del líder socialista de turno, sino la pervivencia del PSOE.

La derecha política y mediática juega con la llamada a los intereses superiores de España para dar una puñalada trapera a quienes le piden su apoyo (activo u omisivo) para la investidura: saben que si el PSOE permite que Rajoy sea investido, la pérdida de votos de las últimas elecciones será ridícula comparada con la venidera.

Además los socialistas, aunque los lectores y espectadores de la prensa de la derecha no se den cuenta, tienen un incentivo muy fuerte para votar “no”: el estado de liquidación en el que se encuentra Podemos que puede permitirle recuperar un número interesante de votos, tantos como para disputar al PP la victoria electoral.

El voto del miedo

Hay una rama del Podemismo que intenta montar su explicación del fiasco del 26-J sobre la idea de que los votantes le entregaron su voto al PP por miedo. Lo primero es puntualizar: solamente un tercio de los votantes votaron al PP, de modo que la exigua victoria del PP no pudo ser por la atemorización de la población.

El voto se mueve básicamente en bloque y de los bloques a la abstención. La campaña del miedo del PP no iba dirigida a quitarles votos ni al PSOE ni a Podemos ya que esos votantes, salvo excepciones, están fuera de su alcance. Iba dirigida a restarle votos a Ciudadanos, con quien compite sobre una gran parte del electorado.

Investidura 2016 (XXI): Synaesthesia ideológica

La izquierda española está mal acostumbrada con los que podemos denominar “derecha hispánica”. La derecha hispánica, representada por el PP, es muy visible, normalmente ofensiva con el que no piensa como ella y tiene sus elementos folklóricos siempre bien presentes.

La derecha periférica tiene una presencia y unos modos, por lo general, desacostumbrados fuera de Euskadi y Catalunya o al menos eso nos parece desde el resto de España. Ello ha llevado a la conclusión de que la derecha nacionalista catalana o vasca no son tan de derecha como la que representa el Partido Popular y ello es una confusión lamentable. Unos buenos modos solamente hablan de la educación que alguien tenga y de la perspectiva cívica que adopte, pero no de su ideología.

El hecho de añadir el nacionalismo a su receta ideológica, es un elemento más de su derecha ideológica. Contra lo que muchos piensan, ser de izquierda debería ser incompatible con el nacionalismo, de modo que alguien de derecha es aún más de derechas si es nacionalista.

PNV, CDC o UDC se han integrado tradicionalmente en los grupos del Parlamento Europeo que se identifican con los partidos de derecha democrática (liberales o populares) sin más problemas.

Podemos tiene gravísimos problemas para entrar en un gobierno con Ciudadanos (también integrado con los liberales europeos), pero no para recabar el apoyo de nacionalistas vascos y catalanes. Y sin duda porque cuando se sale de la meseta el partido morado confunde la izquierda con la derecha, tiene synaesthesia ideológica.

La suicida estrategia de los taurinos

Son malos tiempos para los toros. Los toreros no son conocidos por su estilo de toreo o por las faenas, sino por cuestiones ajenas a la Tauromaquia. Los toros no forman parte de los intereses y diversiones de la mayoría de los españoles. Junto a ello hay un fuerte movimiento antitaurino que gana cada día muchas simpatías.

El mundo de los toros lleva mucho tiempo viviendo para dentro. Es un barroquismo pleno de conocimientos, jerga, recuerdos y requisitos que dificulta el acceso al gran público. En vez de acercar el toreo al que no está a favor ni en contra, aficionados y profesionales se han encerrado en sí mismos y se dirigen al público en general con expresiones y palabras que no tienen un significado compartido. Esto no es neutral, sino que el indiferente percibe al mundo del toreo como algo cerrado, vetado para él y por tanto se siente echado de lado.

La falta de unidad entre los actores taurinos ha provocado que su estrategia de comunicación sea pésima. Ante la evidencia de que la Tauromaquia se mantiene gracias al dinero público, ellos hablan de los puestos de trabajo generados, sin darse cuenta que cualquier actividad subvencionada también genera empleo sin que ello justifique “per se” la subvención. Cualquiera podría pedir subvención para promocionar la literatura vietnamita y, si le dan mucho dinero, creará empleos, pero ello no justifica la subvención.

El dinero a los toros y su propia pervivencia se justifica en que es patrimonio de todos, pero para ello tiene que ser patrimonio de todos y no un espectáculo que no es fácil televisar (como busca José Tomás), que es económicamente asequible y sobre todo que no comete la tremenda torpeza de identificarse con una ideología política determinada.

EncuestaToros
Los taurinos han interpretado que solamente tienen defensores en los sectores de derecha-derecha de la sociedad. La ideologización de su afición hace que deje de ser de todos para convertirse en algo propio de quienes comparten esa ideología. Es difícil no caer en los brazos de “los tuyo”, pero si quieres atraerte a la masa de no aficionado que ni quieren la prohibición ni la rechazan, hay que ser transversal (Cross-cutting cleavage).

Como no dejemos de asociar los toros a señores muy de derechas vestidos de verde, los toros desaparecerán por ministerio de la Ley e incapacidad de sus actuales gestores.

Fuente: Simple Lógica a través de Jorge Galindo