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Archive for the ‘Centro Político’ Category

Desde el fin de la etapa de Felipe González, el Partido Socialista había perdido posiciones decisivas tanto territoriales, como sociales, como ideológicas. La inmantenible victoria de 1982 se estaba transformando en un repliegue sin fin; la tesis de que España era sociológicamente de izquierda se desvaneció cuando en el año 2000 los populares consiguen una inesperada mayoría absoluta.

El PSOE estaba en franca decadencia, absolutamente perdido y desacreditado ante la sociedad por jugadas palaciegas como la eliminación de Borrell como candidato a la Presidencia.

Pero la mayoría absoluta del PP fue una gran regalo para el PSOE, ya que destaparon el tarro de las esencias de José María Aznar y todos sus dirigentes de algo más de derecha que había pasado por centristas. Una actitud de insultos continuos y arrogancia contra todo el que no pensara como ellos, junto a una increíble implicación en la aventura de la Guerra de Irak (que se quito numerosos apoyos), produjo el escenario para que Rodríguez Zapatero estuviera en condiciones de alzarse con la victoria.

En ese momento en la izquierda y en el centro no había más opciones efectivas para conseguir que el PP saliera del Gobierno. IU permanecía a lo suyo y con un techo muy cercano a su suelo, de forma que para sacar a los populares cualquier voto de izquierda tenía como única opción factible al PSOE. Lo mismo ocurría en el centro, ya que solamente tenía la alternativa de la abstención o votar al PSOE.

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Fue un espejismo y como tal hay que reconocerlo. El PSOE consiguió lo que el PP había logrado unos años antes: agrupar todo el espectro político desde el centro a su extremo ideológico en su candidatura, pero no por sus propios méritos, sino por la falta de una oferta política con opciones.

Si quitamos el espejismo de las Elecciones de 2004 y 2008 queda una gráfica mucho más consistente, explicativa y clara:

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Cuando escucho a los barones del PSOE hablar de opciones electorales, creo que no han visto que el panorama político ha cambiado y, aunque vaya a rectificarse continuamente, no volverá a ser lo que era. Por tanto un elector puede no verse abocado a un partido por la inexistencia de oferta electoral.

Si eliminamos las dos Generales que fueron la apoteosis del Bipartidismo, los datos del PSOE muestran una descenso mucho más coherente.

Los barones del PSOE hace demasiado tiempo que sencillamente están en otra realidad y piensan que pueden llegar a donde no les alcanza y que actual izquierda española es aquella en la que ellos crecieron. De ahí vienen decisiones pésimas.

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La lealtad del votante del Partido Popular ha sido legendaria, al menos hasta ahora. No ha habido nada en el mundo que produjera un hundimiento de los populares y solamente perdían las elecciones cuando había una convergencia astral a favor de la oposición y una parte de los suyos se quedaba en casa el día de las elecciones. Eso sí, a pesar de perder sus derrotas casi siempre sin consistentes.

La estrategia del Partido Popular, desde la famosa refundación que hizo desaparecer nominalmente Alianza Popular, ha sido copar todo el espectro, desde el centro hasta la extrema derecha, para lo cual eliminaron por métodos diversos a partidos nacionales como el CDS y a una cantidad tremenda de fuerzas regionalistas y localistas. La primera consecuencia es que solamente tiene al PP para votar más o menos en consonancia con sus ideas.

Por otro lado la política española está dominada por la tensión “los míos contra los otros”, de forma que da igual qué hagan los míos que siempre serán preferibles a los otros. Es por ello que si bien los votantes del PP castigan a su partido absteniéndose bien lo hacen con mala conciencia o bien no lo hacen porque su abstención castigaría a sus conciudadanos con un gobierno de izquierda.

Una cosa es que un votante de popular diga en una encuesta que está tan harto que se va a abstener y otra que el día de las elecciones se quede efectivamente en su casa y que no le pueda el sentido del deber para con su familia, España y la Iglesia. Se sienten en la obligación moral de evitarnos, con su voto, un mal gobierno que siempre es un gobierno de izquierda.

En ese sentido entiendo la “cocina” del CIS que, en todo caso, registra una importantísima, histórica bajada del PP.

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El otro día hablaba de los motivos por los que el PP no ha querido avenirse a ningún acuerdo con el FAC de Álvarez-Cascos y las causas de su intento indisimulado de aniquilamiento de la nueva formación derechista.

Además de la argumentación de las relaciones personales apuntábamos la posibilidad de que el FAC fuera la puerta a la división de la derecha española en dos formaciones de ámbito nacional, pues fuera de la retórica electoral el FAC, si sale victorioso después de las elecciones asturianas, comenzará a proyectarse en todo el país.

La división de la derecha es la más secreta pesadilla de los estrategas del PP, que fundamenta su solidísima base electoral en la inexistencia de alternativa para sus votantes. Si la derecha generase un segundo partido, con caras conocidas y poder territorial (municipal y autonómico), el PP podría sufrir un fuerte revés.

Para simular el efecto en unas elecciones general de la aparición de un segundo partido de derecha en el ámbito nacional he tomado los resultados del FAC en Asturias el pasado 20 de noviembre como el alcance máximo que un partido de estas características podría tener.

FAC en Asturias tiene una fuerte implantación: ha gobernado la Comunidad Autónoma y consiguió en las elecciones municipales, 158 concejales, incluso con dos mayorías absolutas.

En las elecciones generales, una nueva convocatoria en las que la derecha volvía a no dejar a nadie en casa con la finalidad de echar a los socialistas, consiguió el FAC el 29,41% de los votos de la derecha en Asturias, lo que se convirtió en un escaño.

Dado que ese nuevo partido a lo máximo que en Geografía Subjetiva creemos que puede aspirar es a ser lo que en 2011 ha sido el FAC en Asturias hemos simulado unos resultados electorales, tomando como referencia los reales pero descontándole al PP ese 29,42% y atribuyéndoselo a una FAC extendida por todo el país y a toda su capacidad.

El caso de Madrid en estas elecciones no nos ha parecido significativo. En la única comunidad donde el reparto ha sido diferente ha sido en Navarra donde en vez de FAC hemos supuesto que el partido competidor era nuevamente UPN por lo que hemos invertido el porcentaje en el reparto de los votos.

El resultado sería el siguiente:


Habría partidos que ganarían escaños a costa del PP, y no sólo FAC, porque al ser menores los cocientes del PP pueden verse superados por cocientes de otros partidos que ahora pasarían a ser mayores.

El resultado más detallado lo podéis encontrar en aquí.

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La primera escisión significativa del PP, desde que los del PDP y los del Partido Liberal abandonasen la Coalición Popular de los primeros ochenta, ha sido la protagonizada por Francisco Álvarez-Cascos en Asturias, donde lleva muchos años luchando infructuosamente por fundar una baronía popular en el Principado.

Esta escisión no solamente le ha arrebatado al PP uno nueva victoria por estruendosa mayoría absoluta, para colarse Álvarez-Cascos y conseguir la Presidencia, sino que en las Elecciones Generales les costó dos escaños en Asturias, el que le quitó el FAC y el que le hubiera quitado el PP al PSOE con todos los votos de derecha.

Tengo la impresión de que hay dos grupo de motivos por los que desde el PP no han querido hacer volver a Álvarez-Cascos al redil, aún reconociéndole plena soberanía en la comunidad asturiana.

El primer grupo de motivos son los personales y los relaciones con la política interna del PP. Álvarez-Cascos lleva más de una década haciendo sangre entre sus correligionarios asturianos, de forma que el número de los resentidos ha crecido tanto que ha posibilitado la anulación de su enorme ascendiente sobre las estructuras nacional del PP.

A esto, también hay que indicarlo, se une que Álvarez-Cascos representa el Aznarismo que Rajoy siempre ha sentido como su amenaza más cercana. Concederle una baronía territorial dentro del PP a Álvarez-Cascos es tanto como darle un territorio franco a todos los amigos de Aznar, naturales adversarios de Rajoy y sus coyunturales apoyos internos.

El segundo grupo de motivos tiene más que ver con la estrategia política externa. El triunfo del FAC, con una tendencia expansiva más allá del Principado de Asturias, pese a que sus 6.624 votos en Madrid el 20-N (la otra circunscripción por la que se presentó) supieron a poco en Oviedo, supondría la consolidación de una fuerza de derecha que solamente competiría con el Partido Popular por los votos.

Ése siempre ha sido el gran temor de los estrategas del Partido Popular: otro partido situado más a la derecha. Este partido perjudicaría al PP que para conservar la base conservadora tendría que renunciar a buena parte del centro o para conservar el centro tendría que renunciar a parte sustancial del voto conservador.

Desde luego, a día de hoy, FAC no es esa alternativa de derecha al PP, pero nadie dice que dejado libremente y habiendo apoyado sus Presupuestos, consolidando su gobierno autonómico, no se hubiera dado mayor protagonismo nacional a esta formación, convirtiéndose en el peor sueño para el futuro electoral del PP. La fragmentación del electorado puede provocar que una conjunto de elecciones claras para el PP se transformen en dudosas, que se pierdan escaños en los restos que antes no se perdían y que tengan que realizar coaliciones políticamente costosas para poder gobernar lo que ahora hacen en solitario. Vamos, lo que al PSOE le sucede con IU en muchas ocasiones.

La estrategia electoral que el FAC ha adoptado equiparando al PP al PSOE es una copia tradicional de la teoría de las dos orillas que en IU campa desde hace décadas. La web del partido es una magnífica muestra de que su estrategia es decirle al votante de derecha que votar al PP es lo mismo que votar al PSOE (el diablo natural), tomando del entorno de IU incluso la denominación PPSOE para ilustrar la teoría de las dos orillas.

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Tengo la sensación de que el PSOE, desde la derrota en las Elecciones Generales, está viviendo un terrible viaje al pasado, un viaje a la primera vez que el PSOE perdió el gobierno por 1996. Es increíble la memoria que tienen las organizaciones o algunos de sus miembros, pero todos los tópicos que aparecieron hace quince años reaparecen hoy, y todos son formulados con la misma creencia en su poder milagroso.

Una de esas expresiones es la necesidad de recuperar la izquierda, de ser más de izquierda y dejar el centro en mano de otros. Algunas personas tienen el convencimiento que haciendo se está más cerca de lo que son la gran mayoría de los españoles, pero esto no es así. De hecho no se está ni cerca de lo que es la mitad del electorado del PSOE.

La mayoría de los españoles se sitúan en áreas centristas, independientemente de lo que uno considere ser de centro. Un giro a la izquierda del PSOE es una separación del lugar política donde se encuentran la mayoría de los españoles. Un giro a la izquierda puede ser sumamente legítimo, pero si lo que se pretende es competir por el electorado más ideológico de IU, lo que se asume a la vez es la pérdida de todas las opciones de gobierno y la cesión del centro-izquierda a otra formación política.

Buena parte de la reconstitución del PSOE como un ‘partido fuerte’ dependerá de si es capaz de conectar con la mayoría de sus potenciales electores, siempre que sepa dónde están.

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La retórica de izquierda culpa a la derechización del PSOE de los resultados en las pasadas elecciones que, a tenor de lo que se puede leer, da la impresión que han cogido por sorpresa a muchos que los que ahora se consideran profetas.

Sinceramente creo que el PSOE no ha perdido por no ser lo suficientemente de izquierda, sino por la existencia de cinco millones de parados y porque se tiene la sensación de que la situación no sólo no mejora levemente sino que empeora, en lo laboral, cada mes.

No se producido un fenómeno clásico: la huida de la izquierda a la abstención. Pienso en ciudades como Sevilla donde el hundimiento del PSOE se ha dado con una subida interesante de la participación.

Los que dicen que el PSOE tiene que recuperar el discurso y las políticas de la izquierda más pura para no perder más elecciones y no ir cuesta abajo, no se dan cuenta que los electores han elegido abrumadoramente una opción política de derecha, en vez de una más a la izquierda del PSOE. Si esto fuera acertado, como indica Lluis Orriols, el problema electoral de los socialistas no se encontraría en los votantes de izquierda, sino en los muchísimos moderados o centro-izquierdistas que se están marchando con todo el equipo al Partido Popular.

Es posible que muchos, conmocionados, se estén dejando llevar por los sentimientos y crean que seguir desplazando al PSOE a la izquierda sea la situación, cuando todas las investigaciones sociológicas indican que los españoles se acercan más a autoposicionamientos menos izquierdistas y más centro-izquierdistas. Puede ser que muchos no propongan otra cosa que un viaje a un desierto electoral que ya está ocupado por IU.

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Si perteneciese a una organización pro-vida, de las que lo creen, no de las que son marionetas del PP o de la Conferencia Episcopal, estaría muy cabreado con las declaraciones de Mariano Rajoy. La única opción para que en España el aborto perdiese toda legalidad se habría esfumado.

Si además de pro-vida fuese del sector ingenuo, me sentiría profundamente engañado, después de haberme manifestado, insultado a ZP con todas mis fuerzas y aplaudido en Madrid a los dirigentes del PP.

Los sectores más duros de los pro-vida saben que Aznar y el PP en su conjunto no cumplieron su promesa de abolir la ley del aborto de Felipe González y que fueron más allá aprobando la píldora abortiva.

Ahora que la crisis económica le ha dado el centro electoral y político que el PP había perdido, Rajoy se está dando prisa por desvincularse de la derecha más religiosa y más conservadora que le han estado llenando de caspa su perfil durante un lustro y le han apartado de La Moncloa. Ahora vuelve el ‘centrorreformismo’ y los conservadores y toda la gente de orden empiezan a ser los juguetes rotos de los peores tiempos de Mariano Rajoy. Así es la política.

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Las encuestas han adelantado correctamente los resultados de las elecciones legislativas en los Estados Unidos y el resultado es que los republicanos se hacen con la mayoría en la Cámara de Representantes, los demócratas conservan su mayoría en el Senado y unos cuantos gobiernos estatales pasan a manos de los republicanos, aunque el más poblado (el de California) será ejercido por un demócrata.

Durante el día de hoy estoy convencido, si no se ha producido ya, que habrá lecturas en clave española del resultados de las elecciones estadounidenses. Es la constante tentación de cualquier tendencia en nuestro país (que es el que conozco) que partiendo de un comportamiento normal se convierte en una idiotez.

Cuando queremos comprender algo que no es a lo que estamos habituados, lo primero que hacemos es una especie de “estructuralismo de andar por casa”, esto es, buscamos los equivalentes en lo que conocemos (la realidad política española). Por ello muchas personas piensan que los demócratas norteamericanos son el correspondiente a los socialistas españoles y los republicanos a los populares españoles.

Esto que es un esquema básico para comprender las cosas, se convierte en problemático cuando salta a los análisis, que tienen que ser más rigurosos, y de la correlación ‘estructuralista de andar por casa’ se pasa a considerar que la victoria de los republicanos es también una victoria de los populares y que los habitantes de España debiéramos tomar ejemplo.

Es más, la extrapolación de resultados de unas elecciones a otras es algo que hay que hacer con mucho cuidado y más por deporte (como escribir un blog) que con una intención seria. Todos sabemos que los resultados de unas elecciones municipales en una localidad normalmente no coinciden con los de las elecciones generales, con los de las autonómicas o con las elecciones europeas. Los votantes actúan según criterios diferentes según se trate de unas elecciones u otras. Si esto ocurre en una sola localidad, imaginadlo a nivel nacional y, sobre todo, si comparamos las elecciones políticas en dos países tan diferentes como España y los Estados Unidos.

Veamos la causa por la que el “estructuralismo de andar por casa” no es válido. Un partido político en los Estados Unidos no equivale ni de lejos a lo que es un partido político en España. Ideológicamente lo que une a republicanos o a demócratas es algo tan vacuo que sólo puede ser categorizado utilizando el concepto del ‘aire de familia’ (Wittgenstein).

La principal consecuencia es que dentro de cada uno de los dos grandes partidos de los EUA hay tendencias muy fuertes, de manera que hay un sector de republicanos y de demócratas que están más cerca entre sí que con las corrientes más ‘duras’ de sus respectivos partidos. El hecho que la elección sea uninominal y no proporcional hace que haya mucho inútil y que haya que escorarse siempre hacia la mayoría que efectivamente va a votar.

La ausencia de una férrea disciplina de partido (cada vez la hay más especialmente entre los republicanos) hace que los votos puedan cambiar de sentido dependiendo de la materia de la que se trate, de las ventajas que cada congresista encuentre en la ley en cuestión y de un conjunto de variables, algunas honestas y otra menos.

La dinámica de las relaciones entre el Presidente y el Congreso (Cámara de Representantes y Senado) es diferente a la de España. El Presidente ni es nombrado por el Congreso ni necesita su confianza, aunque lo precisa para sacar adelante las leyes (aunque cuenta siempre con las ‘órdenes ejecutivas’).

Es difícil que el Congreso haga ‘tragarse’ al Presidente con leyes que no sean de su agrado porque tiene poder de veto que necesita de una fuerte mayoría, que los republicanos ahora no tienen, para levantarlo. O colaboran o habrá una parálisis absoluta de la que el Presidente podrá acusar a los republicanos.

Para concluir: ni Obama es Zapatero, ni el Partido Demócrata es el PSOE, ni el Partido Republicano es el PP, ni el Congreso Federal son las Cortes, ni mucho menos su Senado se parece al nuestro, todo ello con un equilibrio de poder sustancialmente diferente y con un sistema electoral camino de las antípodas del nuestro.

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El Partido Popular en Catalunya tiene una existencia difícil. Con los votantes de izquierda, en una región muy industrializada, tiene poco que hacer, y la mayoría de los votantes de derecha tienen el pequeño problema, para el PP, de ser más o menos catalanistas y prefieren votar a CiU antes que al PP. Le queda la pequeña porción de votantes de derecha no catalanistas.

Con diferencia Catalunya es el lugar de España en los que el PP tiene peores resultados y un verdadero lastre para sus opciones de alcanzar el Gobierno de España. Los populares han trabajado varias opciones para conseguir ampliar su espectro de votantes tales como el casposo liderazgo de Vidal Cuadras, que intentó aglutinar a los no catalanistas, o Piqué que dando un leve giro catalanista terminó defenestrado.

La Presidencia de los populares catalanes la desempeña Alicia Sánchez-Camacho, quien derrotó con el apoyo de todo el aparato nacional a Montserrat Nebrera. Esta mujer tiene el enorme mérito de ser la única candidata del PP, en toda España, que siendo la número uno de la lista no consiguió escaño. Una ‘crack’ política.

Como es lógico y esperable todo nuevo cargo de un partido quiere arreglar la situación heredada y entonces, con el equipo que pueda haber reunido, se pone a buscar grupos de ciudadanos en los que pueda calar su mensaje o al menos sean susceptibles de convertirse en sus votantes.

En Catalunya han emergido algunas pequeñas formaciones nacionalistas de extrema derecha que han conseguido concejales, incluso en municipios de cierta relevancia. En las polémicas que han creado han conseguido algún respaldo social, reflejado en las encuestas, y han logrado amilanar a los partidos más establecidos.

Esto debió dar la idea a los ‘estrategas del PP de Catalunya’ de que su espacio debía estar allí, en el que había abierto la extrema derecha catalana y especialmente en los ataques contra los inmigrantes, especialmente si son gitanos.

El Partido Popular de Catalunya ha abandonado el autoproclamado centro reformista que dice tener por principio el PP, pero también ha abandonado los principios liberales, conservadores o católicos que componen el mosaico de los diferentes militantes populares y está bordeando la parte de fuera de algunos límites.

Hoy viéndola en la televisión buscando gitanos rumanos por las calles de Badalona he visto el ridículo político andando en busca de un ‘cara a cara’ que ofrecer a las televisiones. Alicia Sánchez-Camacho debería avergonzarse de lo que está haciendo y el Partido Popular debería impedir que su formación en Catalunya pueda ser calificada, con toda propiedad, como un partido de extrema derecha.

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El otro día, lo confieso, vi el inicio de “La Noria”. Se planteaba la posibilidad de que toda la polémica en torno al patrimonio de José Bono fuera una jugada de Zapatero para eliminar a un posible competidor por el liderazgo del PSOE. No sé cómo devino el programa, pero el planteamiento de esta tesis me hizo especial gracia, ya que yo llevo tiempo rumiando una “jugada” contraria.

Bono lleva esperando su momento desde que perdió, por un puñado de votos de los delegados del 35º Congreso Federal del PSOE. Zapatero siempre lo ha tenido a mano y pese a que le dimitiese con trompetas y tambores del Ministerio de Defensa le confirió la Presidencia del Congreso de los Diputados. Unos interpretan que esto fue pura necesidad (Bono representa una cuota del PSOE que tiene que estar presente) y otros que Bono es el ‘sucesor natural’ de Zapatero más allá de especulaciones de cualquier tipo.

A mí todo esto de la historia del patrimonio de Bono me parece que se debe más a la segunda interpretación. En primer lugar porque el PP se ha comportado tímidamente conformándose con hacer ruido mediático pero sin tomar medidas judiciales, salvo una vaga petición a la Fiscalía para que investigase, después de que el mismo Bono le hubiera remitido información de todo su patrimonio al Ministerio Fiscal. Si algo hubiera habido, más allá del hecho de que puede tener un patrimonio sustancioso, hubiéramos visto alguna querella o del PP (menos probable) o de alguno de los querellantes habituales en nuestra escena política.

La razón por la que el PP ha dirigido toda su artillería con José Bono no es otra que la de cerrar el paso a una sucesión de Zapatero, ahora o en la candidatura a la Presidencia, de forma que no tengan que enfrentarse con un candidato más espinoso, en las circunstancias actuales, que el actual Presidente.

A nadie se le oculta que una candidatura de Bono sería todo un problema para los conservadores (más antes de los recortes que ahora), ya que es un político apreciado dentro de muchos de los votantes ‘centristas’ del PP y podría hacer daño en un sector necesario para tener éxito electoral. La gran duda es si lo que gana el PSOE por el centro compensa lo que iba a perder por la izquierda, pero a tenor de los hechos parece que en el PP no tienen ninguna duda: bajo ningún concepto quieren a Bono enfrente y por eso intentan echarle todo lo que encuentran contra él.

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