Cuando la Socialdemocracia termina en beneficencia

Desde hace algo más de una década el discurso social del PSOE se ha desplazado desde la mayoría de los ciudadanos a los sectores más débiles de la población, de modo que cada vez más las políticas propuestas por los socialistas se restringían a esos sectores más débiles y, con los tiempos de crisis, aún más.

En las sociedades donde la Socialdemocracia forma parte del modo de la autoconcepción de ellas mismas las medidas sociales afectan no a la mayoría de la población, sino a la inmensa mayoría, porque es la única forma de ser políticamente viables.

Nos seamos ingenuos. Una sociedad donde los servicios lleguen a la inmensa mayoría es una sociedad donde los impuestos tienen que ser serios y solamente se puede mantener esa fiscalidad si el conjunto de la sociedad o la inmensa mayoría percibe beneficios y considera que hay un intercambio equitativo. Y equitativo no es recibir exactamente lo aportado, ya que todos entiende cierta asimetría y, además, que socializar servicios los abarata.

El problema se da cuando la fiscalidad no se transforma en servicios para la mayoría, para la inmensa mayoría. Entonces las opciones que proponen una transformación de la fiscalidad, una rebaja generalizada de impuestos, se convierten en atractiva porque la inmensa mayoría comienza a pensar que paga para mantener a unos pocos y que ellos lo pagan todo dos veces, una vez con impuestos y otra con servicios privados ya que no tienen acceso a los públicos.

La Socialdemocracia que realiza este proceso de minoración de sus políticas, que convierte los servicios sociales (para la sociedad) en servicios únicamente para los sectores más débiles coincide con la derecha, que nunca ha renegado de la beneficencia.

La diferencia con 2002

La primera vuelta de las Presidenciales francesas de 2002 fueron una tamaña sorpresa. El ultraderechista Le Pen quedaba segundo, superando por estrecho margen al socialista Jospin, de modo que la Presidencia habrían de disputársela entre Le Pen y Chirac.

Normalmente en las elecciones a dos vueltas, los dos candidatos aumentan sustancialmente los votos porque reciben apoyos que en la primer vuelta fueron a otros candidatos. En la segunda vuelta de 2002 Le Pen subió muy poco (no llegó al 1%), mientras que Chirac alcanzó un 82,21%.

Las encuestas para las elecciones de este año, en las que se da por seguro el pase a la segunda vuelta de la candidata ultraderechista e hija del anterior candidato, Marie Le Pen, añaden una novedad interesante. Independientemente de que el adversario sea el centroizquierdista Macron o el centrederechista Fillon, Le Pen llega de media al 40% en la segunda vuelta, cuando en la primera estiman que estará ligeramente por debajo del 25%. Esto quiere decir que al menos tendrán un 15% de votos o dicho de otra forma por cada diez franceses que piensan votar a Le Pen en la primera vuelta, dieciséis se lo plantean en la segunda.

Habrá una concentración en el candidato no ultraderechista que se dispute El Eliseo con Le Pen, sin duda. Pero esa concentración no será ni de lejos comparable a 2002. Le Pen y sus ideas se han convertido en segunda preferencia, lo cual es muy importante en un sistema político como el francés, y además han roto el cordón sanitario impuesto años antes.

La normalización de la ultraderecha como opción electoral es un cambio sustancial.

Descubriendo un prejuicio electoral

Se han celebrado las primarias de “Los Republicanos”, el partido mayoritario de la derecha francesa. Ha sido un éxito de participación ya que al ser primarias abiertas podía votar en ellas cualquier ciudadanos que se acercarse, pagase dos euros y firmara una declaración de adhesión a los principios del partido. Han votado cuatro millones de personas y como anticipo de la movilización electoral no está nada mal. Todavía queda la segunda vuelta en las que se enfrentarán el ex primer ministro Fillon con Juppé, quien fue su ministro de Asuntos Exteriores.

No sé si será una sensación personal o es más extendida, pero tiendo a pensar que quien logre pasar a la segunda vuelta contra Le Pen será el próximo Presidente de la República Francesa. Todos recordamos aquellas Presidenciales de 2002 donde un Chirac acorralado recibió más del 80% de los votos gracias a tener como contrincante en la segunda vuelta a Jean-Marie Le Pen.

Esto sería lo normal. Pero llevamos muchos acontecimientos fuera de lo normal, o lo de esperable, o de lo sensatamente deseable, como para dar por hecho que las primarias de “Los Republicanos” realmente eran la elección de quien habrá de ser el Jefe de Estado francés.

Espacio vacío

Cada día queda más claro que el PSOE está dejando un terreno vacío en el espectro político. Su corrimiento a la derecha con la abstención en la investidura y la falta de la menor idea sobre qué hacer van dejando un notable espacio.

En política los espacios vacíos se ocupan rápidamente. Veamos las tres posibilidades a mi modo de ver:

1) Que el PSOE se reorganice, expíe sus pecados ante el electorado en forma de público sacrificio de algunos de los barones (cuanto más importante, mayor será la purificación) y comience a hacer para lo que le votaron sus electores: poner en práctica un programa, lo cual solamente puede hacerse desde el Gobierno.

El hecho de que todos los tiempos en el PSOE pasen por las opciones de Susana Díaz puede darle a ella una ventaja competitiva frente a sus oponentes internos, pero está destrozando aún más al partido.  Además hemos de tener en cuenta que Susana Díaz no es ninguna candidata espectacular, ni siquiera buena; ganó en Andalucía con peores resultados que los de la derrota de Griñán en 2012 y no tiene ningún tirón en el resto del país.

2) Que Podemos vea ese espacio, que lo ven, y decidan tomarlo. Hasta ahora lo que se va detectando es que buena parte de los desafectos del PSOE no van a la formación podemita, sino a la abstención. Es posible que el “sorpasso” ahora sí sea factible, pero la posibilidad de hacerse con una parte significativa del electorado socialista, votos que siempre le han sido fieles, es una oportunidad que parece que Podemos está desperdiciando.

3) Que surja una nueva fuerza para ocupar el espacio de la Socialdemocracia. El comportamiento de los actuales gestores del PSOE está encaminado únicamente a controlar todos los elementos. La mayor parte de la militancia y muchos cargos municipales están más allá del enfado y un proceso que no sea limpio para elegir la dirección del PSOE puede llevar a que decidan que no van a legitimar algo por sí ilegítimo y que prefieren conformarse fuera de su partido. De hecho esta posibilidad está en la mesa y solamente necesita de líderes que den el paso.

Una agonía sin fin

Cuando vi “Seven” en el cine salí tan impresionado que no podía pensar en otra cosa. Recuerdo el descubrimiento de un desaparecido al que el criminal había sometido a una agonía sin fin, lo mantenía con vida solamente para que sufriera.

La estrategia del PP para con el PSOE se parece mucho a ese comportamiento. A los populares le conviene un PSOE medio muerto, pero que no desaparezca y deje hueco que pueda ser cubierto. Necesita que un PSOE y un Podemos sin capacidad de gobierno ni de ponerse de acuerdo mantenga dividido el voto de la izquierda para que pírricas victorias electorales sean automáticamente investiduras de Presidentes.

El PP hará sufrir al PSOE y lo humillará para que los actuales dirigentes no puedan levantar cabeza y la situación interna se encone aún más, pero de vez en cuando soltarán cuerda, aliviarán alguna válvula para que la tensión se relaje y los dirigentes del post 1 de octubre puedan permanecer vendiendo algunas “victorias” absolutamente programadas por el PP.

Segundo acto: quiebra

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Ya todos sabemos que el Comité Federal del PSOE ha decidido apoyar la investidura de Mariano Rajoy gracias a la abstención de sus diputados (139-96-2).

Quiebra externa

El PSOE ha roto con una parte sustancial de los votantes que todavía les queda, un desgaste que a día de hoy, sin consolidarse, va a notarse mucho en las urnas. Una decisión que rompe su discurso y el imaginario de los votantes del PSOE como barrera contra el Partido Popular. Una quiebra con una promesa electoral que es una traición a unos votantes que se les dijo que su voto nunca serviría para investir a Rajoy.

Quiebra interna

El PSOE tiene que decidir el modo en el que se va a llevar a cabo la abstención. Luena ha pedido que no se dé la orden a todo el grupo sino a los estrictamente necesarios. La ruptura de la disciplina de voto puede ser la materialización de una escisión y más si, como se ha dicho, se procede disciplinariamente contra los que mantengan la promesa electoral del Partido y los que respaldan más del 40% del Comité Federal, la mayoría de los militantes y de los votantes. El problema añadido que tiene la dirección es que tiene que encontrar a once voluntarios para hacer algo tremendamente impopular, algo en lo que ninguno de la Gestora puede dar ejemplo porque no es diputado en el Congreso.

Coalición de electores

El diputado aragonés del PSOE, Ignacio Urquizu, publicó hace varios días un interesante artículo en el que exponía cuál debería ser un nicho de electores al que el PSOE no tiene acceso a lo que el autor denomina “los sectores más avanzados de nuestras sociedad” que serían las clases medias, medias-altas de carácter urbano, donde los socialistas son residuales.

El análisis de Urquizu es correcto y certero, pero quizá el objetivo que propone peque de ser parcial. Como él indica el PSOE triunfa en las clases obreras y en las zonas rurales y ése es un electorado que tiene que mantener y, a la vez, ganar el otro.

Entre los socialistas existe una tendencia, y no acuso de ello a Urquizu, de considerar mejores los votantes por venir que los votantes presentes y la consecuencia de ello es que se van los que están y no llegan los que no estaban.

Es cierto que el PSOE ha perdido la batalla urbana, universitaria de clase media y clase media-alta, pero la comenzó a perder desde las dos últimas Elecciones Generales de Felipe González y fue precisamente su pérdida la ganancia del PP sobre la que venció electoralmente Aznar.

Pero también es cierto que los votantes actuales reflejan el sostén del partido que si desaparece, desaparecerá el suelo. Los socialistas deben saber cómo ganar capas sociales sin perder otras en lo que es una coalición de electores. Traicionar social o ideológicamente a tus votantes actuales por atraerte votantes potenciales, es un suicidio.